26 de agosto. Lunes de la XXI semana durante el año.

Ícono san Pablo predicando.

Ícono san Pablo predicando.



1. (Año I) 1 Tesalonicenses 1,1-5.8-10


Después de nueve semanas en que hemos ido siguiendo la historia de Israel en los Libros del AT, hoy pasamos al NT.


Esta semana leemos la primera carta que Pablo escribió a la comunidad cristiana de Tesalónica. Es el escrito más antiguo que se conserva del Nuevo Testamento, fechado hacia el año 51, apenas veinte años después de la muerte de Jesús. Los evangelios todavía no se habían escrito, pero se estaban predicando oralmente y aquí, en las primeras cartas de Pablo, ya se respiran y resumen.


Tesalónica, puerto de mar, la actual Salónica, era la capital de la Macedonia romana, al norte de Grecia. Allí había permanecido Pablo unos meses y había fundado una comunidad cristiana, ayudado por Silas. Se convirtieron, no los judíos, sino unos paganos griegos, con envidia de los dirigentes de la sinagoga judía, que promovieron un alboroto popular contra Pablo, que le obligó a huir (nos lo cuenta Hch 17,1-9).


En las dos cartas que Pablo escribió a los Tesalonicenses, les alaba por la buena orientación de su vida y, a la vez, les exhorta a seguir por ese camino y a corregir algunas desviaciones, como, por ejemplo, la excesiva preocupación por la inminente venida final del Señor, que a algunos parece que les incitaba a no trabajar.


a) Se ve que Timoteo, enviado por Pablo a Tesalónica, habla traído buenas noticias sobre la marcha de la comunidad, y por eso empieza la carta con palabras de alabanza: han sabido acoger la llamada de Dios y la salvación que les ha conseguido Jesús, han abandonado los ídolos que antes adoraban y ahora son famosos por «la actividad de su fe, el esfuerzo de su amor y el aguante de su esperanza», aguardando la venida última de Jesús. Ya aparecen aquí las tres virtudes fundamentales de los cristianos, que luego se llamarían «virtudes teologales»: la fe, la esperanza y la caridad.


El apóstol recuerda que «cuando se proclamó el Evangelio en Tesalónica, no hubo sólo palabras, sino, además, fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda»: ahora se ven los frutos en la vida de la comunidad.


b) Alguien que nos conozca personalmente, y conozca nuestras comunidades, ¿nos podría felicitar como Pablo a los de Tesalónica? ¿podría decir que la dirección general de nuestra vida es la acertada y que estamos bien orientados en lo principal?


Una comunidad cristiana llena de fe, de caridad y de esperanza, puede hacer gozosamente suyo el salmo: «Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la asamblea de los fieles… el Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes».


Al mismo tiempo, los cristianos debemos dar un testimonio profético en medio del mundo.


¿Podría Pablo decir de nosotros: «vuestra fe en Dios ha corrido de boca en boca»? Una familia cristiana, una comunidad religiosa o parroquial, deben ser luz y fermento en medio de la sociedad, un signo viviente del Evangelio de Jesús: ¿se notan en nuestro estilo de vida la fe, la esperanza y la caridad por las que era conocida la comunidad de Tesalónica, a pesar de haber recibido una formación un poco precipitada?


2. Mateo 23,13-22


a) Los ataques de Jesús contra los fariseos empezamos a leerlos el sábado pasado («no hacen lo que dicen») y van a continuar durante tres días, con una serie de lamentaciones que les descalifican: «ay de vosotros…».


Las acusaciones de Jesús son muy directas:


- no entran en el Reino, ni dejan entrar a los demás: porque no quieren reconocer al que es la Puerta, Jesús, y atosigan al pueblo con interpretaciones rigoristas;


- con el pretexto de oraciones, «devoran los bienes de las viudas»;


- hacen proselitismo, pero cuando encuentran a una persona dispuesta, no la convierten a Dios, sino a sus propias opiniones;


- caen en una casuística inútil, por ejemplo, sobre los juramentos, perdiendo el tiempo y angustiando a los fieles con cosas que no tienen importancia.


Son «guías ciegos y necios». Mal van a poder conducir al pueblo.


b) Con las personas normales, por débiles y pecadoras que sean, Jesús no se suele mostrar tan duro. Pero sí, con los que son -deberían ser- guías del pueblo, o constituidos en autoridad: «vuestra sentencia será más severa».


Los que tenemos alguna responsabilidad en la vida de la familia o en el campo de la educación o de la comunidad eclesial, tenemos mayor obligación de dar ejemplo a los demás, de no llevar una «doble vida» (entre lo que enseñamos y lo que luego hacemos), de no ser exigentes con los demás y tolerantes con nosotros mismos (la «ley del embudo»), de no ser como los hipócritas, que presentan por fuera una fachada, pero por dentro son otra cosa…


Las acusaciones de Jesús nos las hemos de aplicar a nosotros, porque dentro de cada uno puede esconderse un pequeño o gran fariseo. ¿Qué actitudes farisaicas descubro en mí? Repasemos la lista y respondamos sinceramente si se nos podría tildar de «guías ciegos y necios», si buscamos «prosélitos» para vanidad nuestra más que para bien de los demás o para gloria de Dios, si perdemos el tiempo en inútiles discusiones de palabras, si hemos matado el espíritu con una casuística exagerada…


«Vuestra fe en Dios ha corrido de boca en boca» (1ª lectura I)


«El Señor ama a su pueblo y adorna con la victoria a los humildes» (salmo I)


«Ay de vosotros, guías ciegos: vuestra sentencia será más severa» (evangelio)




Secciones:

Publicar un comentario

[facebook][blogger]

SacerdotesCatolicos

{facebook#https://www.facebook.com/pg/sacerdotes.catolicos.evangelizando} {twitter#https://twitter.com/ofsmexico} {google-plus#https://plus.google.com/+SacerdotesCatolicos} {pinterest#} {youtube#https://www.youtube.com/channel/UCfnrkUkpqrCpGFluxeM6-LA} {instagram#}

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.
Javascript DesactivadoPor favor, active Javascript para ver todos los Widgets