noviembre 2016

17:30
Estamos hechos para la comunión, porque somos creados a imagen y semejanza de Dios. Esa es nuestra dignidad y por eso el ansia de plenitud siempre tienen que ver con el crecer de nuestros encuentros, nuestras relaciones, nuestro ser con los demás. El Adviento es entrar en esa dimensión de la Vida ofrecida por el mismo Dios. Es, en definitiva, dejar que sea su poder el que nos transforme, nos divinice, nos haga participar de su mesa. Eso es lo (Para leerlo completo haga click en el título. )

17:11


Jueves 01 de Diciembre de 2016
De la feria
Morado.
Primera semana de Adviento.

Antífona de entrada         cf. Sal 118, 151-152
Tú estás cerca, Señor, y todos tus caminos son verdaderos. Yo sé, desde hace mucho tiempo, que tú estableciste para siempre tus mandatos.

Oración colecta    
Señor y Dios nuestro, muestra tu poder y ven a socorrernos con tu fuerza, para que tu misericordia nos conceda lo que nuestros pecados nos impiden alcanzar. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas       
Dios nuestro, acepta los dones que recibimos de ti y ahora te presentamos; que esta ofrenda realizada en el tiempo presente, sea para nosotros anticipo de la salvación eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión       Tit 2, 12-13
Vivamos en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre, que fructifique en nosotros la celebración de los santos misterios con los que tú nos enseñas a amar y adherirnos a los bienes eternos, mientras peregrinamos en medio de las realidades transitorias de esta vida. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        Is 26, 1-6
Lectura del libro de Isaías.
Aquel día, se entonará este canto en el país de Judá: Tenemos una ciudad fuerte, el Señor le ha puesto como salvaguardia muros y antemuros. Abran las puertas, para que entre una nación justa, que se mantiene fiel. Su carácter es firme, y tú la conservas en paz, porque ella confía en ti. Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una Roca eterna. Él doblegó a los que habitaban en la altura, en la ciudad inaccesible; la humilló hasta la tierra, le hizo tocar el polvo. Ella es pisoteada por los pies del pobre, por las pisadas de los débiles.
Palabra de Dios.

Comentario
El anuncio del profeta contrapone dos modos de vida. Uno es el de la ciudadela inaccesible, la villa infranqueable, donde algunos viven encerrados, confiados en su propio poder. Otra manera de vivir es la de la ciudad de puertas abiertas, donde viven los justos, que no confían en sus propias fuerzas sino en el poder de Dios. ¿Cómo queremos vivir?

Sal 117, 1. 8-9. 19-21. 25-27a
R. ¡Bendito el que viene en Nombre del Señor!

¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres; es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los poderosos. R.

“Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor”. “Esta es la puerta del Señor: sólo los justos entran por ella”. Yo te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. R.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad. ¡Bendito el que viene en Nombre del Señor! Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor: el Señor es Dios, y él nos ilumina. R.

Aleluya        Is 55, 6
Aleluya. Busquen al Señor mientras se deja encontrar, llámenlo mientras está cerca. Aleluya.

Evangelio     Mt 7, 21. 24-27
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande.
Palabra del Señor.

Comentario
Al igual que en la primera lectura, la roca es un signo de apoyo firme, que no se tambalea ni se cae. La palabra “fe”, justamente tiene como antecedente una palabra hebrea que significa “apoyarse sobre algo firme, como una roca”. Construimos la vida desde la fe, nos apoyamos en lo que no se moverá nunca: Dios.

Oración introductoria
Jesús mío, aquí estoy para escucharte. Ahora que apenas inicia este tiempo de preparación para recibirte, te entrego mi corazón como mi primer y más apreciado regalo. Te regalo un corazón abierto para escucharte verdaderamente; que estén mis oídos atentos a tu Palabra sabia, llena de amor y misericordia. Que escuche para hacer de tu Palabra auténtica vida. Protégeme, por tanto, de toda distracción material y superficial en este tiempo para llenarme de Ti. Que invite a los demás a estar contigo, Único y Verdadero Bien de mi vida. Gracias por último, por permitirme ahora tener un corazón abierto.

Petición
Señor, te pido humildemente un corazón sabio, un corazón consciente de que Tú eres lo primero y lo más grandioso de mi vida.

Meditación 

Hoy, el Señor pronuncia estas palabras al final de su "sermón de la montaña" en el cual da un sentido nuevo y más profundo a los Mandamientos del Antiguo Testamento, las "palabras" de Dios a los hombres. Se expresa como Hijo de Dios, y como tal nos pide recibir lo que yo os digo, como palabras de suma importancia: palabras de vida eterna que deben ser puestas en práctica, y no sólo para ser escuchadas —con riesgo de olvidarlas o de contentarse con admirarlas o admirar a su autor— pero sin implicación personal.

Se nos invita a meditar con seriedad sobre la infinita distancia que hay entre el mero “escuchar-invocar” y el “hacer” cuando se trata del mensaje y de la persona de Jesús. Y decimos “mero” porque no podemos olvidar que hay modos de escuchar y de invocar que no comportan el hacer. En efecto, todos los que —habiendo escuchado el anuncio evangélico— creen, no quedarán confundidos; y todos los que, habiendo creído, invocan el nombre del Señor, se salvarán: lo enseña san Pablo en la carta a los Romanos (cf. Ro 10,9-13). Se trata, en este caso, de los que creen con auténtica fe, aquella que «obra mediante la caridad», como escribe también el Apóstol.

Pero es un hecho que muchos creen y no hacen. La carta de Santiago Apóstol lo denuncia de una manera impresionante: «Sed, pues, ejecutores de la palabra y no os conforméis con oírla solamente, engañándoos a vosotros mismos» (Stg 1,22); «la fe, si no tiene obras, está verdaderamente muerta» (Stg 2,17); «como el cuerpo sin alma está muerto, así también la fe sin obras está muerta» (Stg 2,26). Es lo que rechaza, también inolvidablemente, san Mateo cuando afirma: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21).

Es necesario, por tanto, escuchar y cumplir; es así como construimos sobre roca y no encima de la arena. ¿Cómo cumplir? Preguntémonos: ¿Dios y el prójimo me llegan a la cabeza —soy creyente por convicción?; en cuanto al bolsillo, ¿comparto mis bienes con criterio de solidaridad?; en lo que se refiere a la cultura, ¿contribuyo a consolidar los valores humanos en mi país?; en el aumento del bien, ¿huyo del pecado de omisión?; en la conducta apostólica, ¿busco la salvación eterna de los que me rodean? En una palabra: ¿soy una persona sensata que, con hechos, edifico la casa de mi vida sobre la roca de Cristo?

El Señor quiere enseñarnos a poner un fundamento sólido, cuyo cimiento proviene del esfuerzo por poner en práctica sus enseñanzas, viviéndolas cada día en medio de los pequeños problemas que Él tratará de dirigir. 

Por tanto, tengamos un corazón abierto a la Palabra de Dios en este tiempo y no temamos compartir nuestra reflexión con aquellos que nos rodean, ya que todo hombre está llamado a conocer la Verdad, a conocerle a Él íntimamente y alcanzar la Eternidad con Él y en Él.

Propósito
Haré una oración espontánea junto con algún ser querido (hijo, hermano, marido, esposa, pariente, amigo...) donde le pida a Dios que me conceda la gracia de prepararme auténticamente para la Navidad.

Diálogo con Cristo
Jesús mío, Tú conoces bien mi vida, conoces quién soy y no hay nada oculto ante Ti. Gracias porque hoy puedo acercarme más a Ti. Dame la fortaleza necesaria para ser constante en mis propósitos y para que viva con alegría este día, pues lo comparto contigo. Por favor, que cada día te conozca más, para amarte más y darme más a los demás. "Pidamos a Dios con confianza la sabiduría del corazón por intercesión de Aquella que acogió en su seno y engendró a la Sabiduría encarnada, Jesucristo, nuestro Señor. ¡María, Sede de la Sabiduría, ruega por nosotros!"

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17:11


Edmund Campion (24 de enero de 1540 – 1 de diciembre de 1581) fue un sacerdote católico, jesuita y mártir que es santo y uno de los Cuarenta mártires de Inglaterra y Gales.

Nacimiento y estudios

Edmund Campion nació en Londres, Inglaterra, el 25 de enero de 1540. Fue hijo de un librero católico llamado Edmundo, cuya familia se convirtió al anglicanismo.

De niño se hicieron planes para que entrara en el negocio de su padre, estudiando gramática en la escuela y en el Hospital de Cristo.

Cuando María I de Inglaterra fue proclamada en Londres como reina, él era un escolar que tomó a su cargo la salutación en latín para su majestad: Sir Thomas White, lord mayor, le asignó una beca para el Colegio de San Juan de la Universidad de Oxford, la que aceptó pasando a ser uno de los primeros alumnos, graduándose a los dieciséis años.

Campion se distinguió en Oxford en 1560, cuando dio una oración en el responso de Amy Robsart, y otra vez en el funeral del fundador del mismo colegio, Sir Thomas White. Tomó el juramento del Acta de Supremacía en ocasión de su titulación en 1564. Por doce años seguido e imitado, y no hubo otro hombre como él y Newman en la universidad inglesa. Tomó ambos grados y comenzó como Tutor.

En 1566, dio la bienvenida a la Reina Isabel al llegar a la universidad, y ganando un respeto duradero. Fue elegido de entre los estudiantes para dirigir el debate público frente a la reina. Para el momento en que la reina había dejado Oxford, Campion se había ganado el patrocionio del poderoso William Cecil y también de Robert Dudley Conde de Leicester, pronosticado por algnos a ser el próximo esposo de la joven reina. Se hablaba de Campion considerándolo en un futuro el Arzobispo de Canterbury, en la recién establecida Iglesia Anglicana.

En 1568 Edmund fue designado Procurador Subalterno (Junior Proctor) y nombrado Orador (Speaker) y luego Investigador (Sought) en Oxford.

Rechazo del anglicanismo

Edmundo Campion comenzó a tener complicaciones religiosas; pero con la persuasión de Richard Cheyney, obispo de Gloucester, aunque repitiendo doctrinas católicas, recibió la orden del diácono en la Iglesia Anglicana. Por dentro "tuvo remordimiento de conciencia y execramiento de mente." Los rumores sobre sus opiniones comenzaron a esparcise y dejó Oxford en 1569 para dirigirse a Irlanda tomando parte en la propuesta de fundación de la Universidad de Dublín.

Irlanda

Edmundo Campion fue contratado como tutor para Richard Stanihurst, hijo del Presidente de la cámara de los comunes en el parlamento irlandés, asistió a la primera sesión de esta cámara, que incluyó una sesión parlamentaria. Vivió como parte de la familia de Stanihurst en Dublín y tuvo conversaciones diariamente con el presidente estando a la mesa.

Campion fue transferido bajo recomendación de Stanihurst a la casa de Patrick Barnewall en Turvey en The Pale (región de Irlanda), quien reconoció de haberlo salvado del arresto y subsecuente tortura de parte del partido protestante en Dublín. Por cerca de tres meses eludió a sus perseguidores, dándose a conocer como el Sr. Patrick y ocupándose en escribir sobre la historia de Irlanda.

Sacerdote católico

Edmund Campion huyó al continente europeo, iniciando una peregrinación a la ciudad de Roma.

Luego se unió a los jesuitas de la orden religiosa de la Compañía de Jesús, a la muerte del Padre General San Francisco de Borja, y siendo recibido por el Padre Mercurianus se ordenó sacerdote en 1578.

Durante el tiempo de su formación jesuítica estudió y trabajó en las ciudades de [[Bohemia], Praga y Brunn en Moravia.

Retorno a Londres y martirio 

Edmund Campion retornó a Londres como parte integrante de la misión de los jesuitas en dicha isla, cruzando el Canal de la Mancha disfrazado como un comerciante de joyas. En Londres escribió una descripción de su nueva misión en la que explicó su trabajo desde el punto de vista estrictamente religioso y no político. Entre otras obras escribió su famoso "Decem Rationes" (Diez Razones). Así empezó a ser conocido como el jactancioso Campion. Desplegó una gran actividad religiosa contra la iglesia de Inglaterra y a favor de la Iglesia católica y del papa, como la única fe verdadera, incitando a muchos católicos a permanecer leales a su fe.

Todo ello condujo al arresto de Edmundo y a su encarcelamiento y tortura en la Torre de Londres, y finalmente al martirio. Murió el 1° de diciembre de 1581, siendo ahorcado, destripado y descuartizado en Tyburn. Las partes de su cuerpo fueron expuestas en cada una de las cuatro puertas de la ciudad como advertencia a otros católicos.

Sus reliquias se encuentran hoy en día en las ciudades de Roma, Praga, Londres, Oxford, Stonyhurst y Roehampton.

Santidad 
Fue beatificado el 9 de diciembre de 1886 por el papa León XIII. Siendo finalmente canonizado como santo, en Roma el 25 de octubre de 1970 por el papa Paulo VI, como uno de los cuarenta mártires de Inglaterra y Gales. Su fiesta litúrgica se celebra el 1° de diciembre de cada año.

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17:11


OFICIO DE LECTURA - JUEVES DE LA SEMANA I - TIEMPO DE ADVIENTO
Del propio del Tiempo. Salterio I

SEGUNDA LECTURA

Del Comentario de san Efrén, diácono, sobre el Diatéssaron
(Cap. 18, 15-17: SC 121, 325-328)

ESTAD PREPARADOS, CRISTO VENDRÁ NUEVAMENTE

Para que los discípulos no le preguntaran sobre el tiempo de su venida, Cristo les dijo: Por lo que se refiere a aquella hora, nadie sabe nada; ni los ángeles del cielo ni siquiera el Hijo. No toca a vosotros conocer el tiempo y la ocasión. Lo ocultó para que estemos prevenidos y para que cada uno de nosotros piense que ello puede tener lugar en su propio tiempo. Pues si Cristo hubiera revelado el día de su venida, ésta se hubiera tornado un acontecimiento indiferente y ya no sería un objeto de esperanza para los hombres de los distintos siglos. Dijo que vendría, pero no dijo cuándo, y por eso todas las generaciones y épocas lo esperan ansiosamente.

Aunque el Señor estableció las señales de su venida, sin embargo, en modo alguno conocemos con exactitud su término; pues estas señales aparecen de muy distintas maneras y pasan, y algunas de ellas todavía perduran. Con la última venida pasará algo semejante a lo que pasó con la primera.

Así como los justos y los profetas esperaron al Mesías pensando que se había de manifestar en su tiempo, también hoy cada uno de los cristianos desea que llegue en sus propios días. Cristo no reveló el día de su venida, principalmente por esta razón: para que todos comprendieran que aquel a cuyo poder y dominio están sometidos los números y los tiempos no está sujeto al destino ni a la hora. Pero el que desde toda la eternidad había determinado este día y describió detalladamente las señales que lo precederían ¿ cómo podía ignorarlo? Por eso con aquellas palabras invitó a considerar sus señales, para que, desde entonces y para siempre, las generaciones de todos los siglos pensaran que su venida podría acontecer en su tiempo.

Estad en vela, porque cuando el cuerpo duerme es nuestra naturaleza la que domina y obramos no guiados por nuestra voluntad, sino por los impulsos de nuestra naturaleza. Y cUando un pesado sopor, por ejemplo, la pusilanimidad o la tristeza, domina al alma, ésta es dominada por el enemigo y, bajo los efectos de ese sopor, hace lo que no quiere. Los impulsos dominan a la naturaleza y el enemigo al alma.

Por lo tanto, el Señor recomendó al hombre la vigilancia de todo su ser: del cuerpo, para que evitara la somnolencia; del alma, para que evitara la indolencia y la pusilanimidad, como dice la Escritura: Despertaos, como conviene; y: Me levanté y estoy contigo; y también: No desfallezcáis. Por eso, investidos de este ministerio, no sentimos desfallecimiento.

RESPONSORIO    Is 55, 3-4; Hch 28, 28

R. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: * lo he puesto como testigo mío ante los pueblos, caudillo y soberano de naciones.
V. Esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles, y ciertamente que lo escucharán.
R. Lo he puesto como testigo mío ante los pueblos, caudillo y soberano de naciones.

ORACIÓN.

OREMOS,
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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16:41


OFICIO DE LECTURA - JUEVES DE LA SEMANA I - TIEMPO DE ADVIENTO
Del propio del Tiempo. Salterio I

V. Escuchad, naciones, la palabra del Señor.
R. Y proclamadla en todos los confines de la tierra. 

PRIMERA LECTURA

Año I

Del libro del profeta Isaías 10, 5-21

EL DÍA DEL SEÑOR

¡Ay Asur, vara de mi ira, bastón de mi furor! Contra una nación impía lo envié, lo mandé contra el pueblo de mi cólera, para entrado a saco y despojarlo, para hollarlo como barro de las calles. Pero él no pensaba así, no eran éstos los planes de su corazón; su propósito era aniquilar, exterminar naciones numerosas. Decía:

«¿No son mis ministros reyes? ¿No fue Calno como Cárquemis? ¿No fue Amat como Arpad? ¿No fue Samaría como Damasco? Como mi mano alcanzó aquellos reinos, de ídolos e imágenes mayores que los de Jerusalén y Samaría. Lo que hice con Samaría y sus imágenes, ¿no lo voy a hacer con Jerusalén y sus ídolos?»

Cuando termine el Señor toda su obra en el Monte Sión y en Jerusalén, castigará el corazón orgulloso del rey de Asiria, la arrogancia altanera de sus ojos. Él decía:

«Con la fuerza de mi mano lo he hecho, con mi saber, porque soy inteligente. Cambié las fronteras de las naciones, saqueé sus tesoros y derribé, como un héroe, a sus jefes. Mi mano cogió, como un nido, las riquezas de los pueblos; como quien recoge huevos abandonados, cogí toda su tierra; y no hubo quien batiese las alas, quien abriese el pico para piar.»

¿Se envanece el hacha contra quien la blande? ¿Se gloría la sierra contra quien la maneja? Como si el bastón manejase a quien lo levanta, como si la vara alzase a quien no es leño.

Por eso, el Señor de los ejércitos meterá enfermedad en su gordura; y debajo del hígado le encenderá una fiebre, como incendio de fuego. La luz de Israel se convertirá en fuego, su Santo será llama: arderá y consumirá sus zarzas y sus cardos en un solo día. El esplendor de su bosque y de su huerto lo consumirá Dios de médula a corteza, un consumirse de carcoma. Árboles contados quedarán de su bosque, un niño los podrá numerar.

Aquel día, el resto de Israel, los supervivientes de Jacob, no volverán a apoyarse en su agresor, sino que se apoyarán sinceramente en el Señor, el Santo de Israel. Un resto volverá, un resto de Jacob, al Dios guerrero.

RESPONSORIO    Jl 2, 1. 2; 2Pe 3, 10

R. Tiemblen los habitantes del país: que viene, ya está cerca el día del Señor. * Día de oscuridad y tinieblas, día de nube y nubarrón.
V. Vendrá el día del Señor como un ladrón: entonces desaparecerán los cielos con estruendo, los elementos abrasados se disolverán y la tierra con todas sus obras dejará de existir.
R. Día de oscuridad y tinieblas, día de nube y nubarrón.

Año II

Del libro del profeta Isaías 16, 1-5; 17, 4-8

SIÓN REFUGIO DE LOS MOABITAS. CONVERSIÓN DE EFRAIM

Enviad corderos al soberano del país, desde la Peña del desierto al monte Sión. Como aves espantadas, nidada dispersa, van las hijas de Moab por los vados del Arnón. Danos consejo, toma una decisión; adensa tu sombra como la noche en pleno mediodía; esconde a los fugitivos, no descubras al prófugo. Da asilo a los fugitivos de Moab, sé tú su escondrijo ante el devastador.

Cuando cese la opresión, termine la devastación y desaparezca el que pisoteaba el país, se fundará en la clemencia un trono: sobre él se sentará con lealtad, bajo la tienda de David, un juez celoso del derecho, dispuesto a la justicia.

Aquel día, la gloria de Jacob será humillada y enflaquecerá la carne de su cuerpo. Será como cuando el segador toma a brazadas la mies y su brazo siega las espigas; como se espigan los rastrojos del valle de Refaím y queda sólo un rebusco; como al varear el olivo quedan dos o tres aceitunas en lo alto de la copa y cuatro o cinco en las ramas fecundas -oráculo del Señor, Dios de Israel-.

Aquel día, el hombre mirará a su Hacedor, sus ojos contemplarán al Santo de Israel; y ya no mirará los altares, hechura de sus manos, ni contemplará las estelas y cipos que fabricaron sus dedos.

RESPONSORIO    Jr 33, 15. 16; Is 16, 5

R. Suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y practicará el derecho en la tierra. * Y será llamado: «El-Señor-nuestra-justicia».
V. Se fundará en la clemencia un trono: sobre él se sentará con lealtad un juez celoso del derecho, dispuesto a la justicia.
R. y será llamado: «El Señor-nuestra-justicia».

SEGUNDA LECTURA

Del Comentario de san Efrén, diácono, sobre el Diatéssaron
(Cap. 18, 15-17: SC 121, 325-328)

ESTAD PREPARADOS, CRISTO VENDRÁ NUEVAMENTE

Para que los discípulos no le preguntaran sobre el tiempo de su venida, Cristo les dijo: Por lo que se refiere a aquella hora, nadie sabe nada; ni los ángeles del cielo ni siquiera el Hijo. No toca a vosotros conocer el tiempo y la ocasión. Lo ocultó para que estemos prevenidos y para que cada uno de nosotros piense que ello puede tener lugar en su propio tiempo. Pues si Cristo hubiera revelado el día de su venida, ésta se hubiera tornado un acontecimiento indiferente y ya no sería un objeto de esperanza para los hombres de los distintos siglos. Dijo que vendría, pero no dijo cuándo, y por eso todas las generaciones y épocas lo esperan ansiosamente.

Aunque el Señor estableció las señales de su venida, sin embargo, en modo alguno conocemos con exactitud su término; pues estas señales aparecen de muy distintas maneras y pasan, y algunas de ellas todavía perduran. Con la última venida pasará algo semejante a lo que pasó con la primera.

Así como los justos y los profetas esperaron al Mesías pensando que se había de manifestar en su tiempo, también hoy cada uno de los cristianos desea que llegue en sus propios días. Cristo no reveló el día de su venida, principalmente por esta razón: para que todos comprendieran que aquel a cuyo poder y dominio están sometidos los números y los tiempos no está sujeto al destino ni a la hora. Pero el que desde toda la eternidad había determinado este día y describió detalladamente las señales que lo precederían ¿cómo podía ignorarlo? Por eso con aquellas palabras invitó a considerar sus señales, para que, desde entonces y para siempre, las generaciones de todos los siglos pensaran que su venida podría acontecer en su tiempo.

Estad en vela, porque cuando el cuerpo duerme es nuestra naturaleza la que domina y obramos no guiados por nuestra voluntad, sino por los impulsos de nuestra naturaleza. Y cuando un pesado sopor, por ejemplo, la pusilanimidad o la tristeza, domina al alma, ésta es dominada por el enemigo y, bajo los efectos de ese sopor, hace lo que no quiere. Los impulsos dominan a la naturaleza y el enemigo al alma.

Por lo tanto, el Señor recomendó al hombre la vigilancia de todo su ser: del cuerpo, para que evitara la somnolencia; del alma, para que evitara la indolencia y la pusilanimidad, como dice la Escritura: Despertaos, como conviene; y: Me levanté y estoy contigo; y también: No desfallezcáis. Por eso, investidos de este ministerio, no sentimos desfallecimiento.

RESPONSORIO    Is 55, 3-4; Hch 28, 28

R. Sellaré con vosotros alianza perpetua, la promesa que aseguré a David: * lo he puesto como testigo mío ante los pueblos, caudillo y soberano de naciones.
V. Esta salvación de Dios ha sido enviada a los gentiles, y ciertamente que lo escucharán.
R. Lo he puesto como testigo mío ante los pueblos, caudillo y soberano de naciones.

ORACIÓN.

OREMOS,
Muestra, Señor, tu poder y ven a socorrernos, para que la abundancia de tu misericordia nos alcance los bienes que nuestros pecados han retardado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

CONCLUSIÓN

V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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Pocos escritos me han producido más alegría que mis dos posts de elegía a Fidel Castro. ¿Por qué? Pues porque he sentido la emoción de las víctimas que se han puesto en contacto conmigo para agradecerme mis reflexiones. Os aseguro que he sentido, de verdad, esa emoción agradecida.

Sea dicho de paso, la Elegía a Fidel Castro (I parte) ha sido el segundo post más leído de toda la historia del blog desde el año 2006: de momento, a esta hora, 50.341 visitas.

He leído las declaraciones de los obispos acerca de su óbito. Me parecen perfectas. No pienso que ellos sean menos valientes, sino que ellos deben ser más prudentes. Mi post quería ser el desahogo de tantos cubanos que sólo pueden aspirar a una justicia supraterrena.

En realidad, no es que los obispos sean más prudentes. Ellos se adecuan a la situación de una iglesia rehén. Y yo me adecuo a consolar a las víctimas.

Por otra parte, mis palabras estaban medidas milimétricamente, cada palabra había sido pesada. Aunque si de nunciatura o un obispo cubano me hubieran pedido que las sacara de mi blog para evitar problemas con el régimen, lo hubiera hecho al momento. Ya lo he dicho antes, se trata de una iglesia rehén.

No hace falta decir que desconozco cuál ha sido el destino ultraterreno concreto de Fidel Castro. Ni lo sé ni lo supongo. Tampoco me alegraría su condenación, para nada. Pero sí que quiero hacer notar que los manuales católicos de moral recuerdan que sobre los primeros principios morales no cabe la ignorancia inculpable más que, en todo caso, como máximo, durante un muy breve tiempo. Después resulta imposible cometer esos actos con ignorancia inculpable.

Fidel Castro cometió de forma pública, reiterada e impenitente innumerables actos que por su misma naturaleza resultan incompatibles con la salvación eterna de su espíritu: fueron actos que conllevan la muerte espiritual del alma.

Ante esos actos, la única solución para revertir tal situación de muerte espiritual radicaría sólo en una intervención directa de Dios. Si se arrepintió o no es algo que sólo saben ahora los moradores del cielo y del infierno.

Según una errada interpretación de Amoris Laetitia, Castro podría decidir privadamente con su capellán si conculcar los más básicos derechos de los hijos de Dios sería lícito, siempre que se realice bajo la condición de hacerlo bajo una convicción muy fuerte. La respuesta de San Juan Bautista, de San Agustín, de Santo Tomás de Aquino, de Santo Tomás Moro y de Juan Pablo II sería tajante: hay actos que son irreconciliables con la salvación eterna del alma. Es decir, el sujeto debe elegir si prefiere realizar ese acto (uno solo basta) o salvar su alma.

Una vez hecha la elección el paso de los años, la vejez u otros actos buenos no anulan el hecho de la muerte del alma. En verdad, en verdad lo digo, que Dios se haya apiadado de su desdichada alma.

La situación de los 11 millones de hijos de Dios que viven en Cuba es triste y cruel. Y esos 11 millones de historias se concentran todas en la responsabilidad de una sola alma que hace tres días fue juzgado por Dios.

Algunos han dicho que le espera el juicio misericordioso de Dios. La afirmación es correcta, pero me permito matizar esa afirmación, y lo hago con toda seguridad: a Fidel Castro le esperaba únicamente el juicio de Dios. Hay un tiempo para la misericordia y hay un tiempo para el juicio. O se logra misericordia antes del juicio o ya no se logra después. Hay un momento en que, en verdad, los demonios dicen con tono severo: ya es tarde. Hay un momento en que los ángeles callan y dan la espalda. Hay un momento en que el Dios Amor da la espalda.

Yo mismo cité el versículo de Santiago 2, 13: Porque el juicio será sin misericordia para el que no ha mostrado misericordia.
Es decir, la Palabra de Dios nos asegura con su autoridad que hay juicios sin misericordia. Lo repito: Dios nos ha asegurado que a algunos los juzgará sin misericordia. Dicho lo cual, en esa tierra de siervos que es Cuba, pueden realizar todos los homenajes que deseen. He escuchado esta noche en las noticias que explicaban el recorrido que iban a hacer sus cenizas por la isla. El único recorrido que me interesa es el que ha hecho su alma hace tres días.

Hay un recorrido larguísimo que puede durar siglos antes de que con toda humildad, dolor y lágrimas se presente para postrarse ante el Trono que hay en medio de los salvos. Hay otro recorrido brevísimo, directo y que es la caída horrorizada al Abismo.

¿Cómo acabar este post? ¿Qué palabras pueden poner punto final a una situación personal que quizá no tenga fin? Voy a acabar con dos versículos. Dos versículos que no afirmo (ni niego) que se apliquen a Fidel Castro. Pero sea cual sea la sentencia dada sobre Fidel, la Palabra de Dios siempre es la verdad:


Porque, en verdad, es justo para Dios pagar con aflicción a aquellos que os afligen. (...) Estos sufrirán el castigo de la eterna destrucción, separados de la presencia del Señor y la gloria de su poder (2 Tesalonicenses 1, 6 y 9).

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Escribe Pablo Cabellos a propósito del fallecimiento de Rita Barberá: Se impone, pienso que de modo importante, el ser verdaderamente humanos, la humanidad por encima de todo.
La muerte de Rita Barberá habrá sido su eterno descanso, pero no puede ser nuestro descanso actual, nos será negado, si no efectuamos una seria reflexión sobre tamaño acontecimiento. Voy a tomar unas notas de parlamentos expuestos en estos días. 
Yo no me atrevería a señalar lo expresado por Paco Vázquez, alcalde socialista de La Coruña durante años, afirmando que ha sido un asesinato civil, ni sé siquiera −aunque se remite a hechos− si ha hecho bien Aznar al asegurar que se pierde a una valenciana que trabajó más de treinta años por su tierra y por España, y como es otro hecho, el lamento de que Rita Barberá haya muerto siendo excluida del partido al que dedicó su vida.
Es deplorable la actitud de Cristina Cifuentes exigiendo que se fuera de todas partes, cuando probablemente la que sobra es ella, por la deriva inducida a su partido en Madrid. Me parece que sus planes y leyes no son votables por los creyentes madrileños. Baste pensar en las basadas en la Ideología de género para la que hizo aprobar una de las leyes más duras de este tipo que "genera una profunda inseguridad jurídica y representa una eventual amenaza para las libertades indigna de un Estado de Derecho”. Organizaciones civiles, sociales y educativas englobadas en la Plataforma por las libertades han enviado un escrito al Defensor del Pueblo para que se presente un Recurso de Inconstitucionalidad contra otra perla de Cifuentes: la Ley LGTBI con sus imposiciones a los colegios.

¿Es esa la deriva del PP? ¿Cómo se conjuga con el Ministro de Justicia al declarar que siente que en los últimos meses Barberá haya sufrido tanta crítica injustificada y se hayan dicho tantas barbaridades que cada uno tendrá sobre su conciencia? Sólo fue defendida públicamente por María Dolores de Cospedal, un tanto profética al expresar que no pararían hasta matarla de un infarto. ¡Qué distinta la actitud de la familia de Rita! En el Rosario y la Misa que el pueblo valenciano ofreció por su Alcaldesa. Presidió el Cardenal Cañizares con acertadas y medidas palabras. El pueblo, su pueblo, abarrotó la Catedral en sus pasillos y exteriores. Y al final, Totón Barberá −hermana de Rita− dio las gracias y afirmó que el único juicio que importa es el del Altísimo. Los asistentes aplaudieron durante más de tres minutos.
Personalmente fui invitado por la familia a concelebrar con el Cardenal y tres sacerdotes más en el funeral de la familia al que asistió el Presidente del Gobierno, la Presidenta de las Cortes, Cospedal, Villalobos y quizá alguno más. Los lugares preferentes estaban reservados para la familia. Y ésta exhibió un buen hacer, que marca ese sendero arduo, pero posible, del respeto, la convivencia y la humanidad. Intervinieron un montón de sobrinos, por ejemplo, haciendo las oraciones de los fieles uno a uno: ninguna referencia contra nadie. Al final, una sobrina leyó una carta a su tía en la que sólo esbozó el acoso que sufrió. Y luego se aplaudió a Rita, durante muchos minutos. Se había proclamado el Evangelio de las Bienaventuranzas y el Cardenal hizo una breve alusión a los perseguidos por causa de la justicia.
Esta muerte no puede caer en saco roto. Entresaco de unas palabras hechas anónimas por las vueltas dadas de unos a otros: Hoy. AL CIERRE, sólo tengo luto y tristeza. Hoy se me murió una amiga. Hoy murió una gran española y una gran valenciana. Hoy murió una gran Alcaldesa de mi pueblo… Rita fue la mejor Alcaldesa de Valencia de largo, mejor que Carlos III para Madrid. Desatascó el inmovilismo paleto en el que estaba sumida la capital del Turia, y la hizo despegar... Hizo que los valencianos nos sintiéramos orgullosos de nuestra capital… Estuvo en las tradiciones puramente valencianas… Tenía un corazón tan grande que no le cabía en el pecho, y ese corazón no soportó el linchamiento injusto al que le sometió una sociedad desquiciada… una parte de la sociedad intoxicada, que la trató como a una delincuente. Hace tiempo que perdimos la presunción de inocencia.
En esa misma nota se afirma que se impone una reflexión, a la vez que dice a Rita: ya estás en la Luz… donde no tiene cabida el rencor ni el odio, acuérdate de los valencianos. Se impone la meditación moral de qué resta del hombre alejado de Dios; pero también del que cierra sus puertas al alejado. Se impone la reflexión de que es posible la convivencia con todos, sin dedicarnos a reproducir las dos Españas o las que sean. Se impone el respeto por el contendiente político aunque se tengan ideas antagónicas. La falta de respeto nunca se justifica. Y se impone, pienso que de modo importante, el ser verdaderamente humanos, la humanidad por encima de todo. Propiciar, aunque se haga de modo indirecto un deceso de este calibre, es inmoral tanto puesto como condición para un pacto como la aceptación del mismo.
Hay aquí  asuntos que cuento por lo que cuentan, pero que no son míos en cuanto sacerdote. Tal vez en cuanto amigo que ha vivido una parte del drama y ha visto el admirable comportamiento de una familia ejemplar.
Pablo Cabellos Llorente en lasprovincias.es.

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Un diseño divino, más allá de todas las tradiciones y diversidades culturales; un diseño de fondo, con gran belleza, que es preciso descubrir al vivirlo.
Frecuentemente nos quedamos admirados ante la belleza de un paisaje: la limpidez del cielo, el movimiento de las olas marinas, la palpitación de un bosque, el concierto matutino de unas aves. Son armonías que llaman a la puerta de nuestra sensibilidad estética.
También las armonías de la persona humana y de sus peripecias nos deleitan o nos sobrecogen. Destaca entre ellas la grandiosidad del amor. “La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia. Como han indicado los Padres sinodales, a pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio, «el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia». Como respuesta a ese anhelo «el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia»” (Papa Francisco. Exhort. Apost. Amoris laetitia, n. 1).

Contemplamos la vida sencilla de una familia, a la que el amor presta un encanto cotidiano. “Atravesemos entonces el umbral de esta casa serena, con su familia sentada en torno a la mesa festiva. En el centro encontramos la pareja del padre y de la madre con toda su historia de amor. En ellos se realiza aquel designio primordial que Cristo mismo evoca con intensidad: «¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer?» (Mt 19,4). Y se retoma el mandato del Génesis: «Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne»” (2,24) (Amoris laetitia, n. 9).
Hay aquí un diseño divino, más allá de todas las tradiciones y diversidades culturales. Es un diseño de fondo, con gran belleza, que es preciso descubrir al vivirlo. “Los dos grandiosos primeros capítulos del Génesis nos ofrecen la representación de la pareja humana en su realidad fundamental. En ese texto inicial de la Biblia brillan algunas afirmaciones decisivas. La primera, citada sintéticamente por Jesús, declara: «Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó» (1,27). Sorprendentemente, la «imagen de Dios» tiene como paralelo explicativo precisamente a la pareja «hombre y mujer»” (Amoris laetitia, n. 10).
El amor humano, limpio y generoso es el tema de fondo de la mayoría de las poesías y canciones populares. “La pareja que ama y genera la vida es la verdadera «escultura» viviente −no aquella de piedra u oro que el Decálogo prohíbe−, capaz de manifestar al Dios creador y salvador. Por eso el amor fecundo llega a ser el símbolo de las realidades íntimas de Dios (cf. Gn 1,28; 9,7; 17,2-5.16; 28,3; 35,11; 48,3-4)” (Amoris laetitia, n. 11).
En este sentido son muy expresivas las palabras de san Juan Pablo II: «Nuestro Dios, en su misterio más íntimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor. Este amor, en la familia divina, es el Espíritu Santo».  La familia no es pues algo ajeno a la misma esencia divina. Este aspecto trinitario de la pareja tiene una nueva representación en la teología paulina cuando el Apóstol la relaciona con el «misterio» de la unión entre Cristo y la Iglesia (cf. Ef 5,21-33)” (Amoris laetitia, n. 11).
Es la persona, que sale de sí misma, para amar de veras al otro, “el encuentro con un rostro, con un «tú» que refleja el amor divino y es «el comienzo de la fortuna, una ayuda semejante a él y una columna de apoyo» (Si 36,24), como dice un sabio bíblico. O bien, como exclamará la mujer del Cantar de los Cantares en una estupenda profesión de amor y de donación en la reciprocidad: «Mi amado es mío y yo suya […] Yo soy para mi amado y mi amado es para mí» (2,16; 6,3)” (Amoris laetitia, n. 12).
Un varón y una mujer se enamoran, deciden unir sus vidas, y surge así una realidad nueva, llena del encanto de la vida. “De este encuentro, que sana la soledad, surgen la generación y la familia. Este es el segundo detalle que podemos destacar: Adán, que es también el hombre de todos los tiempos y de todas las regiones de nuestro planeta, junto con su mujer, da origen a una nueva familia, como repite Jesús citando el Génesis: «Se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne» (Mt 19,5; cf. Gn 2,24)” (Amoris laetitia, n. 13).
En el hogar familiar se vive y se aprende  lo más importante de la vida: se aprende a amar a las personas por sí mismas, sin necesidad de credenciales. “Allí aparecen, dentro de la casa donde el hombre y su esposa están sentados a la mesa, los hijos que los acompañan «como brotes de olivo» (Sal 128,3), es decir, llenos de energía y de vitalidad. Si los padres son como los fundamentos de la casa, los hijos son como las «piedras vivas» de la familia (cf. 1 P 2,5)” (Amoris laetitia, n. 14).
El amor hace que se lleve a cabo un enriquecimiento mutuo. “Los padres tienen el deber de cumplir con seriedad su misión educadora, como enseñan a menudo los sabios bíblicos (cf. Pr 3,11-12; 6,20-22; 13,1; 22,15; 23,13-14; 29,17). Los hijos están llamados a acoger y practicar el mandamiento: «Honra a tu padre y a tu madre» (Ex 20,12)” (Amoris laetitia, n. 17). Deberes que son mucho más que deberes: realización de un bellísimo diseño divino, más allá de todas las deficiencias humanas.
Rafael María de Balbín

09:43

Encontré este texto en internet: 


“¿Qué pasaría si…
  • …si la próxima vez que estuviera haciendo cola en una tienda, en lugar de mirar el móvil, entablara una conversación con las personas a mi alrededor o les sonriera?
  • …si la próxima vez que tuviera que esperar dos minutos en un semáforo en rojo, en lugar de comprobar mis mensajes, aprovechase para hacer unas respiraciones profundas?
  • …si la próxima vez que tuviera 15 minutos libres, en lugar de comprobar mis mensajes, aprovechase para organizar una velada especial con mi mujer?
  • …si la próxima vez que tuviera 30 minutos libres antes de irme a dormir, en lugar de echar un vistazo a los perfiles de mis amigos, leyese una obra maestra de la espiritualidad que me cambiase la vida a mí y a las personas que tengo alrededor?
  • …si la próxima vez que estuviera en el comedor de empresa, en lugar de comprobar mis mensajes, entablase una conversación con alguno de mis compañeros y me interesara por su vida?
  • … si durante los anuncios de televisión, en lugar de revisar quién me ha escrito en los últimos minutos, me levantase de un salto y me tirase a hacerles cosquillas a mis hijos y a jugar al 'pilla-pilla' con ellos?
  • …si la próxima vez que tuviese una hora libre durante el fin de semana para relajarme, en lugar de revisar mis correos atrasados, me pusiera una música bonita y me dejase llevar por su belleza?
  • …si la próxima vez que conociese a una persona, en lugar de buscar información sobre ella en Facebook al volver a casa, apostase por la aventura y el misterio que supone conocerla pasando tiempo de verdad con ella?”
Internet no es malo de por sí, pero las ventajas que ofrece no deben hacernos olvidar que la vida es corta, el mundo inmenso y que hay muchas cosas importantes e interesantes que hacer. Somos seres de carne y hueso con un cuerpo físico anclado en el mundo real en donde tenemos una vida que vivir.

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07:32
El Adviento es caminar en esperanza. Y todo caminar supone el gozo de hacerlo y las dificultades que deben ser sorteadas. No hay vida sin pruebas… pero no estamos solos: esa es nuestra fortaleza. La Iglesia hoy reza por nosotros, sus hijos, para tener la asistencia divina en las pruebas de la vida: En el video lo explico de manera muy sencilla y breve: la Fuerza Divina nos acompaña… simplemente debemos invocarla más seguido… ¿no? Etiquetas: encontrar a Jesús, liturgia, (Para leerlo completo haga click en el título. )

07:32
El tiempo de Adviento tiene que ver con una espera creyente. Esperar al Dios Vivo que vendrá en los tiempos finales. Y esa espera la hacemos desde la memoria del acontecimiento de la Navidad. La Corona de Adviento, en su progresivo iluminarse, nos va indicando ese camino. También las oraciones de las Misas de cada día nos enseñan a disponder nuestro espíritu. Por eso vamos a compartirlas como imagen cada día y vamos a meditarlas juntos, para que sea senda (Para leerlo completo haga click en el título. )

07:08

Dr. Mario Caponnetto

 

 

Fidel Castro ha muerto. Rezamos por su alma. Pedimos que la infinita misericordia de Dios, a quien negó, del que abominó y cuyo Santo Nombre procuró, en vano, desterrar del alma y de la tierra de los hombres que padecieron el yugo de su tiranía, le haya finalmente alcanzado. Pedimos, fervientemente, que esa absolución que con tanta arrogancia exigió a la historia -y que ésta le negará para siempre- le haya sido otorgada por el Señor de la Historia.

En estos días de su muerte se han dicho y escrito multitud de cosas, casi todas disparatadas e insensatas, salvo escasas excepciones. Reléveme el lector de intentar cualquier antología de tales dichos; convengo, por cierto, en que esa antología resultaría, a la postre, un acabado muestrario de la estupidez, la hipocresía y la perversidad del mundo contemporáneo. Pero quede el intento en otras manos y en otros ánimos. El mío, mi ánimo, va por otro lado. Personalmente la muerte de Castro ha reavivado recuerdos, ya muy lejanos en el tiempo, pero siempre presentes con una presencia a flor de piel como la de un dolor o la de un amor que no pasa.

No tenía aún veinte años cuando advino al mundo la que se dio en llamar la Revolución Cubana. Me tocó vivirla desde mi puesto de joven militante del Nacionalismo Católico, el mismo en el que sigo ahora y en el que, si Dios me  da su gracia, pienso permanecer hasta el último día. Desde ese puesto puedo decir que aquella generación de los sesenta que soñó, luchó, cantó, mató y murió bajo la fascinación de la Cuba castrista, no fue en absoluto, mi generación. Mis camaradas y yo, los que soñábamos con una primavera en Argentina, fuimos unos verdaderos outsiders, unos extraños. Los aguafiestas de la gran bacanal revolucionaria que transformaría al mundo.

Después vino la guerra y nos arrastró a todos. La Cuba castrista fue la cabecera de playa de la guerra revolucionaria del comunismo y el centro de operaciones de la subversión continental. Las democracias, sobre todo Estados Unidos, jugaron un papel fundamental en el triunfo del castrocomunismo. Sin ese apoyo, aquel esperpéntico “ejército” de bandoleros mal armados y peor conducidos, jamás hubiera entrado en La Habana. Nos hicieron creer que Castro había engañado a Estados Unidos. ¡Nada menos que la primera potencia del mundo engañada por un fantoche desaliñado de una isla perdida en el Caribe! He aquí la gran mentira: nadie engañó a nadie. Pasó lo de siempre: los banqueros del Poder Internacional del Dinero financiaron al comunismo, unos y otro al servicio de la Revolución Anticristiana. Lo mismo que en Rusia en 1917. Así Castro estableció el baluarte comunista desde el que esparció la guerra revolucionaria a todo el Continente. Los débiles estados hispanoamericanos, sumidos en su esencial contradicción histórica y en su coesencial corrupción ¿cómo iban a hacer frente a la avalancha revolucionaria? La historia es conocida; una vez más reléveme el lector de reiterarla aunque sí recodaré dos cosas: la primera, que la guerra armada terminó (mal para el castrismo), la Unión Soviética se hundió y volvieron las democracias en las tierras hispanoamericanas. La segunda, que quienes habían combatido y derrotado al castrismo con las armas fueron diezmados, encarcelados y condenados al oprobio eterno; Fidel Castro pasó a ser el niño mimado del Nuevo Orden Mundial y hoy los plañideros del stablishment lloran su muerte.

Los hombres de mi generación somos contemporáneos no tanto de Castro sino de la configuración de su mito, más allá de la enorme distancia que separaba al mito de la realidad del personaje. ¿Qué es lo que atraía de esta figura legendaria y mítica, en aquellas décadas de los sesenta y setenta, a los jóvenes y no tan jóvenes de entonces? Era un acendrado sentido de lo heroico y de lo épico que se vivía y se respiraba en el ambiente.

Fidel Castro (y Guevara) eran la encarnación de la utopía, el vehemente deseo de transformar el mundo, de hacer nacer el hombre nuevo, el revolucionario. Esa utopía tenía un nombre propio: el socialismo marxista en sus varias versiones. Hacia la consumación del socialismo se encaminaba ineluctablemente la historia y oponerse a ello era necedad, era condenarse a quedar fuera de la historia, cerrar los ojos a los signos de los tiempos. A esta utopía había que sacrificarlo todo, la vida incluso y no sólo la propia sino la de cuantos fuese necesario inmolar.

Quienes por la gracia de Dios más que por propio mérito, no sucumbimos al espejismo de la utopía comunista, procuramos hacer frente a esta ola revolucionaria. Lo hicimos desde diversas perspectivas. En mi caso personal, como ya dije, me animaba esencialmente la visión católica que llevaba no sólo a enfrentarse al comunismo declaradamente ateo sino, además, a ciertos sectores católicos, eclesiales, que por desgracia habían abrazado las tesis marxistas sustituyendo la Fe católica por la utopía revolucionaria. Y en este último aspecto, se mezclan inevitablemente la historia y la propia vida: ¡cuántos camaradas nacionalistas fueron llevados a matar y morir por obra de los curas guerrilleros! ¡Cuántos desgarros, cuánta muerte cercana! ¡Cómo olvidar a aquel condiscípulo de las lecturas tomistas que perpetró uno de los peores atentados de montoneros! (De paso, ¿no sería oportuno reiterar el pedido de mi esposa de abrir los otros archivos vaticanos?).

Eran tiempos de lucha. Los círculos juveniles a los que yo pertenecía oponíamos al mito de Castro y del Che, que se iba configurando no sólo a través de la propaganda sino también por medio de la literatura considerada de vanguardia (recuerdo entre otros, el cuento de Julio Cortázar, Todos los fuegos el fuego, la novelística del boom latinoamericano, etc.), la figura de los verdaderos héroes y la esperanza cristiana que es lo opuesto a las utopías.

Y así decíamos con José Antonio, el Fundador de Falange Española asesinado por el comunismo en España, que a los pueblos no los mueve sino los poetas; por eso era preciso levantar frente a la poesía que destruye la poesía que promete. Castro representaba esa poesía que destruye: era la contrafigura del héroe, la antítesis del guerrero que combate en guerra justa.

Esta fue la experiencia de mi juventud. Esos eran los tiempos cuando las figuras del Che y de Castro se consolidaban como el icono de una épica utópica, sangrienta, enemiga de Dios y enemiga del hombre. Eran días trágicos, llenos de confusión, en los que tantos se dejaron arrastrar por esta épica utópica y optaron por el camino de la guerra revolucionaria. El resultado está a la vista: aquel delirio revolucionario dejó tras de sí una estela de sangre y de luto cuyas secuelas nos golpean hasta hoy.

La guerra subversiva que enlutó a la Argentina y a casi a todos los países de nuestra Iberoamérica tuvo en Castro, antes que a un estratega o comandante, el componente mítico, imprescindible en toda guerra. Esto explica el fanatismo revolucionario que llevó a tantos a abrazar una vida llena de peligro, de incomodidades, de sacrificio: el Che, un aristócrata que abandona todo, combatiendo en la selva, con su asma a cuestas, constituía la fuerza moral que movilizaba ese heroísmo suicida y homicida que llevó a tantos a matar y a morir.

Ese fue, y es, el verdadero Castro que acaba de morir: la poesía que destruye, el odio como motor de las acciones, la utopía como meta, el hombre nuevo como contrafigura blasfema y sacrílega del hombre nuevo cristiano del que nos habla San Pablo.

Pues bien, todos estos recuerdos acudieron a mi memoria mientras oía hablar de la mortalidad infantil en Cuba, de la salud cubana, de la educación en la Isla, de la falta de libertad de expresión, de si ahora Cuba se hará con los beneficios de la democracia, de si la paz del Papa sobrevivirá Trump, de si los fusilados fueron tres mil o si sólo murieron por alguna enfermedad venérea…

Los hombres de mi generación no entendemos demasiado de estas cosas sobre todo cuando se juega el destino de la Civilización; nos vimos envueltos en una batalla que fue ante todo espiritual, metafísica: en efecto, en esos días se enfrentaban dos visiones del mundo cuya dilucidación definitiva sólo era posible a la luz de la gran idea agustiniana de las dos ciudades.

Todo esto suena un tanto anacrónico en este mundo de hoy, en esta posmodernidad que ha declarado la debilidad del pensamiento y ha decretado el fin de todas las batallas.

Pero ante la muerte de Castro me empecino en evocar, todavía, esa batalla metafísica porque, pese a todo, hay algo que sigue dando guerra: el imperio de la mentira y del infierno que de ella se sigue. Castro ya no está pero Cuba sigue existiendo; y su existencia es el desafío de quienes sostenemos el Reinado de Cristo, la auténtica libertad y la dignidad del hombre. Mientras exista Cuba no podemos llamarnos al descanso: la batalla continúa.

Dr. Mario Caponnetto

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