Articles by "Padre Leandro Bonnin"

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En estas charlas, me propongo ofrecer elementos conceptuales y espirituales para transitar esta época con la mirada puesta en Cristo y en fidelidad a su Palabra, en el respeto por la dignidad inviolable de toda persona humana.

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Lunes 13 de Julio, 19:00 hs

“El Amor se regocija con la Verdad”
“Toda verdad, la diga quien la diga, procede del Espíritu Santo” (Tomás de Aquino)
Los elementos positivos de la perspectiva de género
CRÍTICA a la PERSPECTIVA DE GÉNERO devenida en Ideología
Aspectos políticos, filosóficos, psicológicos, médicos y educativos

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Lunes 20 de Julio

Nuestra propuesta antropológica: “los creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer”
Pinceladas de Teología del Cuerpo.
El Magisterio de la Iglesia ante la Ideología de Género.
La enseñanza y actitud cristiana ante la homosexualidad.
¿Qué podemos hacer?
Propuestas para la Familia en el ámbito de la educación familiar, en el ámbito civil y en el ámbito espiritual.

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El padre Leandro Bonnin es sacerdote católico de Paraná, desde 2005. Profesor Superior en Filosofía y Ciencia Sagrada. Bachiller en Teología. Diplomado en Educación Sexual Integral por la Universidad Austral. Ha dictado conferencias sobre Ideología de Género y Educación de la sexualidad en varias provincias argentinas. Es autor de una docena de libros, entre ellos, “La familia ante el desafío de la Ideología de Género” (2019) y “La vida es siempre un bien, 2da ed” (2020)

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A partir de mañana Jueves 25 de junio comenzaré una serie de catequesis sobre la Eucaristía.

Serán los jueves, domingos y martes, a las 19 hs, y tendrán una duración de 30 minutos cada una.

Seguiré el riquísimo desarrollo del Catecismo de la Iglesia Católica, que abarca temáticas bíblicas, teológicas, históricas, litúrgicas, espirituales, ecuménicas.

Si bien no tengo una titulación específica en el tema, fui profesor de liturgia durante 9 años en un ISFD, y tengo tres libros sobre la temática. Creo que las charlas pueden ser valiosas e interesantes.

Serán en vivo, pero los videos quedarán en mi canal de YouTube padreleandro para verlos en cualquier momento.

Gracias por ayudarme a difundir!

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07:35

En la proximidad de la Fiesta de Corpus Christi (en Argentina se celebra el domingo 14) quiero compartir con ustedes en video los capítulos de mi librito “El Gran Tesoro. Catequesis sobre la Misa para niños de Primera Comunión”.

En cada video podrás encontrar una breve catequesis sobre la preparación de la Misa, o sobre cada uno de los momentos de la celebración.

El lenguaje es sencillo y directo: tengo delante de mí aun niño de 9 o 10 años, e intento usar ejemplos que puedan hacer más accesible el misterio de la Eucaristía.

Te dejo los enlaces a cada capítulo que ya fue subido en mi canal. Cada día irá apareciendo uno nuevo. Podés suscribirte al canal para que te aparezcan las notificaciones en tu celular.

Introducción

PRIMERA SECCIÓN

PREPARACIÓN PARA LA MISA Y RITOS INICIALES

Cap. 1.

¿Por qué tengo que ir a Misa todos los domingos?

Cap. 2 ¿Cómo puedo prepararme bien para la Misa?

Cap. 3 Entrar en la casa de Jesús con alegría y respeto.

Cap. 4 El que canta bien…reza dos veces…

Cap. 5 Tu cuerpo también hace oración.

Cap 6 Es hermoso pedir perdón y saberse perdonados

Cap 7 ¡Gloria a Dios en el Cielo…y en la tierra paz a los hombres!

SEGUNDA SECCIÓN

LITURGIA DE LA PALABRA

Cap. 8 ¡Silencio!

(Te recuerdo: si te suscribes al Canal, te irán apareciendo cada día las notificaciones de nuevos videos)

11:35

Continúo en este post compartiendo con ustedes más respuestas que encontré hace unos años en mis redes sociales a la siguiente pregunta:

Si tuvieras un amigo seminarista, y tenés la oportunidad de hablar con él unas horas antes de ordenarse sacerdote, le dirías algo así:

“Querido amigo, en el nombre de Jesús y por el gran cariño que te tengo, quiero pedirte que CUANDO SEAS SACERDOTE SIEMPRE RECUERDES ESTAS CINCO COSAS, que para nosotros, los laicos, son muy importantes en un cura: …

Viviana

1-Que sea fiel a Jesucristo y al Evangelio.
2-Que cada vez que celebre la Eucaristía podamos ver en él, el inmenso amor que le tiene a Jesús.
3- Que se esfuerce por ser Santo y nos ayude a ser Santos.
4- Que rece con nosotros, contagiándonos un inmenso amor a la Virgen María.
5- Que en sus homilías , hable de Jesucristo ,nos instruya en la fe y que nunca tenga miedo de decir la verdad!!!!!!

Dora

 1. Amor a la Eucaristía y enseñar a adorar a Jesús a los niños.
2. Siempre tener tiempo para confesar.
3. Celoso de su ministerio.
4. Ser como es Ud. Padre, humano y cercano.
5. Venerar a María Sma con gran devoción.

María Alejandra

- Qué desde su lugar si ve actos impíos de otros sacerdotes, los denuncie. Dando por sentado que él no los cometería.
- Que en sus sermones no mezcle la política partidaria.
- Que siempre tenga tiempo para escuchar una confesión. A veces, cuando no se da en el momento, se da marcha atrás.
- Que predique con el ejemplo.
- Que recuerde que la iglesia es un hospital para pecadores

Teresa

- Que nunca dejes de mirar a Jesús a los ojos en la Eucaristía.
- Nunca, nunca te niegues a confesar a alguien.
- Siempre que puedas hasta presente en la horas santas con tus fieles.
- Cuando sientas quiero estas a punto de caer en tentación vete, es mejor parecer cobarde que perder a todo un pueblo.
- Nunca, nunca dejes de predicar el evangelio

Nancy

1. Entrega plena y confianza en Dios.
2. Homilías claras, tratando temas actuales de la comunidad.
3. Conocer las familias de la comunidad. Cada comunidad vive realidades distintas.
4. Amar a los niños. Acompañar la catequesis y a todos los grupos parroquiales.
5. Acompañar a los jóvenes

Silvana

Cuando seas sacerdote siempre recuerda que:

1- Si necesitas que ore por vos, cuentas conmigo.
2- Trata de no tener preferidos y si los tienes que no se note ante la comunidad.
3- Practica la paciencia con nosotros, pero no te olvides de orientarnos con amor y corregirnos en privado.
4- Los laicos también somos capaces de aconsejar para el bien de la Comunidad.
5- Eres necesario, pero descansa cuanto te sea posible. El Señor sabe que no puedes con todo.

Mercedes

Hablar con VERDAD, con AMOR (aún ante la crítica), Cumplir el primer mandamiento. Me sobran dos, que los uno a mis hermanos en lo que publicaron.

Cynthia

Necesitamos Sacerdotes Santos,
- que nos acerquen a Dios,
- que nos enseñen de Dios,
- que nos inspiren,
- que nos ayuden a no perder la Fe
- y a volver a confiar en su palabra.
Dios Bendiga a cada uno de ellos.

Ana María

 1- Fidelidad al Evangelio y al Magisterio de la Iglesia.
2- Amor y respeto incondicional a la Eucaristía.
3- Amor a María
4- Cercanía con los laicos, especialmente con los más necesitados.
5- Perseverancia.
Y por supuesto le diría que rezaré por él.

Alfonso

Que la Viña no es tuya, que las Ovejas no son tuyas, te han sido confiadas, no olvides ser Sacerdote antes que administrador, Conferencistas o Comediante. Habla del Pecado, de la Conversión y el Sacrificio. NUNCA DEJES DE ORAR. NUNCA DEJES DE CELEBRAR LA MISA CON FE. CUANDO ESTES CONSAGRANDO DATE TIEMPO DE MEDITARLO Y AMAR EL MOMENTO. Se Santo no buena gente, Se Santo no condescendiente, se Santo antes que buena gente… Y no permitas que los Lobos se acerquen aunque parezcan inofensivos…

Lili

Que sea siempre fiel a su vocación. ..pase lo que pase por su vida….

Y ese “sacrificio” le dará fortaleza para desarrollar sus dones y ser imagen del Señor. ..no solo con la PALABRA acompañada de las OBRAS ….

Y siempre con nuestro apoyo y con la oración constante de “todos” los creyentes…bendiciones!

Graciela

Que en él podamos ver a Jesús, que se dé a todos con cariño por igual sin favoritismos y que sea recto donde debe serlo para no confundir a nadie, que respete la Eucaristía aunque pierda amigos, que sea un buen confesor y se aleje del amor al dinero. Que ame a la Virgen María y la haga respetar.

Daniel

1. No vuelvas de tu vocación un oficio rutinario y muerto.

2. Hasta una reunión con el Papa debes interrumpir si un fiel necesita recibir el sacramento de la reconciliación.

3. No hagas del santo sacrificio de la Eucaristía un espectáculo.

4. No te dé miedo de enseñar la doctrina y la moral como es. Sin eufemismos. Sin matices. Sin relativismo. No estás para agradar a la gente sino a Dios.

5. SIEMPRE. SIEMPRE con Pedro.

María del Valle

Que rece, que sin oración no se puede conocer y cumplir la voluntad de Dios.
Que sea fiel a su vocación porque Dios le mantendrá eternamente su llamado.
Le recordaría que los sacerdotes son los hijos más mimados de María.
Por último, le diría muchas gracias por responder a su vocación, los laicos los necesitemos y rezamos por ustedes.

Carito

Fidelidad, coherencia, entrega, sabiduría, sacralidad, valor y amor a la verdad

Nelly

Disponibilidad para impartir los sacramentos, homilías sencillas, amor a Mamá María, caridad con su comunidad y solemnidad en las Eucaristías

Ro

-Que sea un sacerdote con a olor a oveja y que no las descuide.
- que recuerde que las ovejas que debe apacentar son de Jesús.
-que este siempre dispuesto a confesar a las almas porque la Confesión es el sacramento que nos reconcilia con Dios y nos acerca a Él.
-que tenga AMOR a la Eucaristía.
- que sea un sacerdote que se pone en las manos de MARIA.
- que sea sacerdote para todas las ovejas de su rebaño.
_ que pida siempre que recemos por él para que sea un sacerdote

Cari

_ queremos sacerdotes alegres
_ no olvides que Dios te sostiene aún aunque te equivoques
_ eres humano y los humanos pecamos pero eso no te aleja d tu Ministerio, al contrario te hace más cercano a nosotros
_ trata de hacernos sentir como en casa cada vez que vamos al templo
_ no des la Misa apurado

Norma

1. Fidelidad al llamado de Dios.
2. Atento a tu Rebaño en todo.
3. Visitar a los enfermos.
4. Ser apolítico porque en el rebaño hay de todos colores (Distintos Partidos)
5. Ser como Ud. Lo es. (Es verdad. Un Buen Pastor)

Lucre

Yo le diría que es muy valiente en elegir el Camino de Jesús.
Le diría también que voy a rezar para que no suelte la mano de María
Le pediría cercanía con las personas
Muchas lindas y reconfortantes homilías.
Y le daría un abrazo de agradecimiento grande

Mary

1- que confíe en la Virgen y deposite en Ella todo. Que nuestra Mamita es mediadora maternal de todas las gracias.
2- mucha oración, ayuno y penitencia. La oración es la llave que abre todas las puertas.
3- fidelidad y lealtad en el cumplimiento de tus votos.
4- sé santo, para que puedas conducir al pueblo de Dios, a la santidad.
5- y cuando ya estés ordenado y seas sacerdote, me tienes que confesar.

Juana

Que sea completamente fiel a la iglesia, que sea entregado de cuerpo, mente y corazón a la virgen María, que jamás olvide que sus manos consagradas deben bendecir siempre ,que jamás olvide el inmenso privilegio de hacer presente a Jesús en la eucaristía, que hable de los novísimos ,que doble sus rodillas en constante oración , que cada que se le mire a él veamos a Jesús!

Ezequiel

Yo te diría hermano:
1.Que seas consiente de lo que vas a hacer.
2.Que creas eternamente en Jesucristo Maestro y Pastor.
3.Que seas fiel al tus pensamientos.
4.Qué estés en común unión con el Evangelio.
5. Que seas feliz en tu santidad respetándote y respetando al prójimo.

Rosana

No sé si llego a 5 cosas…
Le pediría que no pierda la alegría
Que nunca diga no si no hay un muy buen motivo, cuando le pidan por sacramentos
Que salga de la parroquia, que toque la puerta de los parroquianos, que tome mate en la plaza con los jóvenes
Que organice campeonatos de bochas y de fútbol y de barriletes…

Julio y Mary

Que no nos abandonen en el camino…que los sintamos cerca y nos contagien de amor a Dios a la vida y al prójimo…y nosotros nos comprometemos a orar por ustedes y comprender que son seres humanos con buenos y malos días.

Andrea

Que sea el rostro amoroso del Señor para cada persona que llegue a él Que se tome el tiempo necesario para conversar y estar con Jesús porque nadie puede dar lo que no tiene. Que la Santa Misa sea el momento más hermoso e importante de su día y que lo demuestre. Que si es párroco, haga lo posible porque a cualquier hora del día las personas puedan ingresar de alguna forma al templo para estar con el Señor a pesar de la inseguridad. Que se tome el tiempo para confesar para poder ayudar a reflexionar a los que se acercan a recibir ese sacramento.

María

1. Que en su camino refleje a Jesús, que busque siempre agradarle a él. Que el agrado de los hombres no lo va a tener siempre, pero si busca el Bien, a Él encontrará.

2. Que busque que los jóvenes se enamoren de Jesús, y que formen familias santas, o sean religiosos santos.

3. Que no se olvide de los más ancianos, muchas veces olvidados por todos.

4. Que siempre cuente con sus amigos laicos, y que nos empuje a ayudarlo en todo lo que necesite.

5. Que recurra a María ante todas sus necesidades, y que nos la haga encontrar a los demás

Analía

Que sea valiente.
Que sea fiel a su vocación.
Que su vida sea ejemplo de santidad para nosotros.
Que nunca pierda la humildad.
Que tenga especial atención hacia los pobres y los desvalidos.

Alicia

Su fidelidad a Cristo y a La Iglesia. , su entrega personal Ministerio que le fue confiado. , que este siempre atento al rebaño que tiene que llevar a buen término, que visite los enfermos y que tenga tiempo para escuchar( no solo en la confesión)

Ali

 1 Ama y haz lo quieras. 2 Pon atención amorosa y se firme en el sacramento de la reconciliación. 3 Sé atento, humilde y amable porque tu vida será el único evangelio que algunos verán en su vida. 4 Contó conmigo. 5 Gracias por tu futuro servicio, gracias por tu Sí.

Juan Carlos

Oración, caridad, acompañamiento, escucha del otro, fidelidad al Señor

Griselda

Le diría que:

1- No oculte su amor a la Santa Eucaristía.

2- Se refiera a la Santísima Virgen con mucho amor.

3- Procure siempre una escucha atenta al que tiene a su lado.

4- Aunque te cueste trata de ser siempre paciente y cuando te equivoques se humilde, eso son verdaderos ejemplos que cualquier laico quiere imitar.

5- Saluda cordialmente a todos sin distinción.

María Teresa

Que seas perseverante , paciente, amigo , sencillo y enamorado de Jesús!!!

Julia

1.que nos enseñe a buscar la santidad
2.que nunca ,nunca descuide sus oraciones
3.que sepa decir no, y por qué y no se retracte, solo por quedar bien o por temor a que se alejen
4.que sean fieles a la doctrina de la iglesia
5.que tenga celo por lo Sagrado
6.Amor inmenso a la Adoración y a la Virgen
7.que exija transparencia a todas las instituciones

María Beatriz

Yo le diría que cada día ponga su vida en manos de Jesús y María; que sea consciente de que es modelo para sus hermanos ( aunque sabemos que es humano, muchos le van a exigir demasiado…); que sea igual en el trato con todos, algunos serán más cercanos pero no debe hacer diferencias porque eso puede ofender y alejar; que se sienta parte de la Comunidad y no dueño del Templo, de las Celebraciones y sobre todo, que en vez de hablar tanto de cargar la cruz y aceptar el sufrimiento, diga que ser cristiano es hacer con aceptación y alegría lo que Dios nos pide porque nos ama!!!

Mónica

Que podamos ver, en él, a Jesús. Que viva según las mociones del Santo Espíritu. Que se deje inspirar por Él en las homilías y consejos que dé a sus fieles. Que enseñe y transmita con claridad, que Jesús está vivo en el Sagrario y en el Santísimo Sacramento, que nos escucha y atiende todas nuestras necesidades. Que enseñe la fe con su ejemplo y sus obras.

Inés

1- Que demuestre el amor a Jesús Sacramentado en cada oportunidad que se le presente. Eso apuntala nuestra Fe.
2- Que se dé a todos
3- Que no pierda oportunidad para hacer catequesis.
4- Que tenga paciencia y sobre todo confianza…
5- Que cuente con mi oración. Y si lo puedo ayudar en otras cosas también😊

Carina

No te olvides que sos un pastor que conduces un gran rebaño, no pierdas la sensibilidad y la humildad. Que tu misión es trasmitir el evangelio, debes contagiar tu energía, y animar a los fieles a participar, que seas ejemplo a seguir, entre todos podemos hacer cosas, para el bien de la iglesia

Rosana

A un curita que en los últimos años previos a su ordenación estuvo en mi parroquia, yo le pedí que usara siempre, como en ese entonces, la sotana que le quedaba tan bonito!!!

Laura

 Fe, esperanza y caridad. Que no las pierda, con esas 3 tenemos un sacerdote santo, fiel, alegre, servicial, ufff. Testimonio de Cristo

19:35

La semana pasada compartí unas charlas destinadas a matrimonios, con el título “Matrimonios Santos en el Espíritu Santo".

El objetivo de las mismas fue ofrecer un espacio de reflexión para los esposos en preparación a esa gran fiesta litúrgica, invitándolos a renovar su unión matrimonial a la luz de las enseñanzas de la Iglesia y bajo la acción del Paráclito.

Les dejo los enlaces a los tres videos, en la descripción de los mismos podrán encontrar las guías en powerpoint o word, así como un pequeño esquema de cada charla.

Santos, ¿"a pesar” de estar casados o “gracias al” matrimonio?

SUMARIO 1. “Sean perfectos como el Padre Celestial es Perfecto” 2. Santos, ¿"a pesar de” estar casados o gracias al Matrimonio? 3. La esencia de la Santidad Cristiana. 4. La esencia de la santidad conyugal 5. Algunas preguntas para reflexionar. a) ¿Quiero ser santo? b) ¿Estoy dispuesto a abrirme más a la acción del Espíritu Santo para que Él me santifique? c) ¿Estamos dispuestos a reconocer cada uno, sinceramente, cuáles son los obstáculos que estamos poniendo para que se manifieste en nosotros la Santidad conyugal?

Sumario: 1. Luces y sombras del sexo y el amor a) Sexo, impulso sexual y relaciones sexuales en la cultura y en el matrimonio. b) El amor en la cultura y en el matrimonio. c) Las tentaciones en el matrimonio cristiano 2. Comprender el sexo y el amor desde la Teología del Cuerpo. a) El Hombre originario: creados sexuados y para amar, a imagen y semejanza de Dios Amor. b) El Hombre histórico: los efectos del pecado de los orígenes y la obra salvífica de Jesús. 3. Sanar el sexo y el Amor en el Espíritu Santo a) Agua que purifica b) Unción que sana las heridas y suaviza c) Fuego que elimina la frialdad y renueva la caridad. d) Viento que orienta e impulsa. 4. “Cada uno hablaba… según el Espíritu les permitía expresarse”.

Sumario 1. Espiritualidad cristiana, espiritualidad conyugal, santidad conyugal. 2. La Trinidad, la Pascua y la Eucaristía como escuela de espiritualidad. 3. Una vía fecunda para seguir creciendo: la Liturgia de los cuerpos. 4. Gozar plenamente de la sexualidad, bajo la acción del Espíritu Santo Creador

04:19

La Alegría del llamado

Descubrí el llamado de Dios para ser sacerdote cuando tenía 14 años. Fue una mañana de octubre de 1994, en una hermosa parroquia de un pequeño pueblo provinciano. Fue el día D de toda mi existencia, marcada desde siempre por la fe y desde entonces por una idea fija: ser sacerdote y “ganar almas” para Cristo.

Durante toda mi adolescencia y durante cada año del Seminario Menor -hice dos- y Mayor -siete años de formación académica, más unos meses en una parroquia- estuvieron animados por ese mismo deseo: conquistar muchas, muchas almas para el Señor. En mis sueños juveniles, soñaba con la misión Ad Gentes, con el martirio y dejarme devorar por las fieras como Ignacio de Antioquía, con realizar grandes sacrificios por el Señor y las almas. Puedo decir sin mentir que estaba dispuesto a todo, especialmente en las tardes o noches de más fervor y consolación: a dejarme matar, a dejarme insultar, a aceptar cualquier destino y trabajo que se me encomendara, a vivir pobre, etc.

“El Sacerdote es un hombre despojado. El Sacerdote es un hombre crucificado. El Sacerdote es un hombre comido” decía un cartel que hice imprimir a mi hermano, con las primeras impresoras color domesticas que llegaban a nuestra zona, ideal sacerdotal expresado por el p. Chevrier y tan anhelado en esos tiempos.

Y puedo asegurar que la inmensa mayoría de los seminaristas con quienes compartí la formación tenían sueños y anhelos similares: algunos los expresaban con este lenguaje -más “tradicional"- otros con palabras o un estilo diferente. Pero en nosotros existía esa disposición fundamental, expresada en la palabra que el ritual nos manda decir en cada instancia ante el llamado del Obispo: “Adsum. Aquí estoy”

Los ideales y el paso del tiempo

Si miro mi vida sacerdotal, estos casi 15 años, debo reconocer que el Señor siempre ha sido fiel, siempre ha seguido llamándome y dándome todas las gracias necesarias… pero mi respuesta no es ni por casualidad la que soñé.

Y si miro a mi alrededor, suelo encontrarme con un panorama similar. Algunos de mis compañeros de formación abandonaron el ministerio sacerdotal. Algunos que comenzaron con enorme ímpetu y notable entrega se fueron “instalando", poco a poco, en una vivencia cansina, rutinaria y melancólica de la propia vocación.

“La Gloria de Dios y la Salvación de las almas", aquel ideal por el cual un día dejamos todo y entregamos la vida, por momentos dejaron de ser esa suerte de “imán", esa fuerza que era capaz de movilizarlo todo, de ponernos en camino, de impulsarnos más y más hacia lo alto y a los pies de nuestros hermanos, para “lavarlos” movidos por el amor.

Esta crisis que vivimos hoy como Iglesia desnuda, entre otras cosas, nuestro propio estado interior. ¡Qué feo cuando los fieles laicos nos ven apáticos, insensibles o incluso prejuiciosos con sus deseos de celebrar, de adorar, de reconciliarse!

¡Qué triste si nosotros, los pastores, a quienes los fieles nos llaman “padre", parecemos mucho menos entusiasmados por “apacentar” y “cuidar” a nuestras ovejas e hijos que un “laburante” por su trabajo, un comerciante por su dinero, un político por el poder!

¿Será que hemos perdido el “celo apostólico"? ¿Que ya no nos importa “salvar almas"? ¿Que justificamos nuestra pereza con elaborados argumentos teológicos y pastorales?

Es, tal vez, que nuestra FE se ha debilitado. Que ya no creemos en el poder de la Eucaristía como sí creen nuestros fieles, que ya no valoramos tanto la Reconciliación como ellos sí la valoran… que ya no tendemos a la vida eterna como alguna vez lo hicimos, y nuestros fieles sí lo hacen.

La comodidad, la acedia y la pereza pueden tomar sofisticadas apariencias: pueden esconderse alguna vez tras la “asistencia social", ejercida sin Cristo, al margen de Cristo, escondiendo a Cristo. La caridad cristiana ha movido a los santos a hacer grandes obras al servicio de los miserables en todas las dimensiones de la miseria humana: pero nunca en desmedro de la sublime e irrenunciable misión de anunciar al único Salvador y ofrecerlo a los demás. O la variante “psicologista", la de reducir mi predicación, mis consejos y mis charlas espirituales en sesiones de psicoterapia, siempre más “cómoda” que la invitación a la conversión, o el anuncio del Crucificado. He caído, claro, una y mil veces.

Pero hay otro escondite aún más sutil: el de situarme en el estrado del juez implacable de todo y de todos, el de esgrimir la valentía como único valor supremo, el de emitir anatemas a un lado y a otro, un poco -a veces- con la tentación de autocomplacencia, en especial cuando encontraba “aplaudidores” a cada una de mis airadas peroratas… La de convertirme en un teórico de la pastoral y no “dejarme comer” -como decía Chevrier- por las necesidades de las almas concretas. He caído en esto, claro que sí, y pido clemencia al Señor.

Mi querido lector:

Escribo este post no para que -como sucede a veces, pero esta vez no voy a permitir- aparezca una catarata de comentarios contra curas, obispos y papas, contra el Concilio, contra los cardenales Oullet y los obispos alemanes y contra todo aquello que suponemos es causa de esta situación.

Tampoco lo escribo para “dar lástima", ya que soy muy, muy feliz siendo sacerdote.

Hoy le doy gracias al Señor porque en este tiempo de Coronavirus me ha hecho ver con mucha claridad esto. Porque en estos días -atendiendo a algunos fieles en la parroquia o en sus casas- me he dado cuenta de la Gloria y la Maravilla que es el Sacerdocio.

Hoy comparto estas línas para pedirte: reza por los sacerdotes. Por los que te caen bien y por los que no. Por los que te ayudaron y por los que te dieron “palos". Por los virtuosos y los viciosos.

Los “casos extremos” en el clero suelen ser infrecuentes: santos y pecadores consumados hay sólo alguno en un gran grupo. La inmensa mayoría somos hombres frágiles, que alguna vez recibimos un llamado, que entregamos la vida con alegría pero a quienes los fracasos, las dificultades, nuestras negligencias y las de quienes debían cuidarnos, los pecados y heridas no sanados… pueden haber sumergido en la tibieza, espiritual -primero- y apostólica.

En este tiempo, te invito a que “adoptes” a algún sacerdote. A que lo animes con algún mensaje de aliento, a que le hagas saber que necesitas la Gracia que sale de sus manos… a que reces más intensamente por él… 

Para que -como reza la bella oración a la Virgen del Rosario de Paraná- “se encienda en nuestros corazones un fuego que jamás se extinga". Ese fuego que Jesús vino a traer a la Tierra y que -también hoy- desea que esté ardiendo.

01:40

En medio de situaciones difíciles, volver a las fuentes de la doctrina católica nos trae siempre claridad y paz. Nos ordena, nos serena, nos provoca y nos “aguijonea” a ser mejores.

La situación actual, en la cual las Misas celebradas en las parroquias no pueden contar por ahora con la presencia de los fieles ha suscitado diversas manifestaciones y expresiones, sobre todo en las redes sociales.

Algunos fieles han expresado su anhelo de participar en la Santa Misa con pedidos virtuales dirigidos a las autoridades civiles y -este es el caso al que me refiero- a los obispos. A su vez, algunos obispos han respondido públicamente a esta petición, al igual que algunos sacerdotes.

Mi opinión personal, en concordancia con lo que enseña el Código de Derecho Canónico y el Catecismo de la Iglesia Católica, se resume en lo siguiente:

# Que los bautizados tienen derecho a los sacramentos si los piden razonablemente y con las debidas condiciones (c. 213)

# Que los fieles laicos “tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas.” (c. 212 .3)

# Que los pastores debemos, en este contexto difícil, hacer lo posible para brindarles “asistencia espiritual” como -por otra parte- nos permite el Gobierno Nacional Argentino (artículo 2 del Boletín Oficial del 20 de Marzo de 2020)

# Que por el momento y teniendo en cuenta que en Argentina no están permitidos los eventos no sólo religiosos, sino también culturales, recreativos y deportivos, no estamos -al menos no aún- en una situación de “persecución religiosa". Tampoco se nos está privando del ejercicio del derecho de la Libertad religiosa, al menos que yo sepa. Los eventos religiosos que impliquen congregar fieles “caen” bajo la misma regulación que todos los demás eventos, no se nos impide reunirnos por motivos de fe sino por una medida sanitaria más amplia.

Lo que me permito sugerir a los fieles –en relación a los obispos y sacerdotes- y también me atrevo a sugerir a mis hermanos sacerdotes y a los obispos –aunque no sé si alguno me leerá, ;) - es que evitemos los JUICIOS TEMERARIOS.

¿Qué son estos juicios?

El catecismo dice que “se hace culpable de de JUICIO TEMERARIO el que, incluso tácitamente, admite como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo” (2477)

Tal vez me equivoco, tal vez estoy cayendo yo en esto que señalo, pero en algunos textos y mensajes –tanto de fieles como de pastores- me parece ver algo de “juicio temerario”: suponer o dar a entender sin fundamento suficiente que el otro “hace tal cosa” porque “es esto o aquello”. No voy a poner ejemplos, que ustedes podrán inferir.

A mis hermanos laicos, los animo a ayudar a los sacerdotes a descubrir cómo ejercer ese ministerio de “asistencia espiritual” en el marco de la actual normativa.

A mis hermanos sacerdote, los animo a que pidamos a Dios el don de la creatividad para que sin descuidar la salud de nadie hagamos lo posible para atender a nuestros fieles. Para que ellos -nuestros fieles, los que nos sostienen con su oración, los que nos sostienen económicamente, los que trabajan “a la par nuestra”, los que le “ponen el pecho” a la experiencia difícil de ser cristiano hoy- no se queden con la sensación de que su reclamo no nos “hace mella” porque “sabemos por qué lo hacen”. Y mucho menos lleguen a sentir que los juzgamos o los condenamos.

Como siempre, ojalá que esta situación, incluso teniendo puntos de vista diversos, sea una oportunidad para que nuestros hermanos no creyentes puedan ver al Pueblo de Dios -fieles y pastores- y decir “miren como se aman".

P. Leandro Bonnin.

05:09

Este será, probablemente, un Triduo Pascual completamente singular en la vida de todos, pero de modo especial de los sacerdotes.

Sin Misa Crismal en la Catedral, sin confesiones en abundancia, sin celebraciones con multiplicación de monaguillos y ministros, sin ensayos de coros y salmistas, sin micrófonos y equipos de sonido que fallen a propósito, sin noches heroicas y via crucis vivientes y sin tantas otras cosas más…

Un Jueves Santo singular, donde -aparentemente- casi todo lo que “llenaba” las jornadas previas a la Pascua ahora no estará. 

Y si bien cada uno de nosotros ha ido encontrando el modo de dar sentido y finalidad a las horas del día en cuarentena, y por más que las redes sociales y otros medios de comunicación nos ayudan a estar en contacto, nada iguala la experiencia sublima de lavar los pies a tu comunidad, o conmoverte al ver con qué amor besan la cruz, o recibir algún que otro hijo pródigo en un demorada y contrita confesión. O la experiencia sublime de ingresar en una iglesia a oscuras con el cirio encendido y multitud de velitas moviéndose sigilosas en la noche, antes de que el Exultet resuene con fuerza. No, nada iguala eso.

Pero no me quejo, no, de ninguna manera. También hoy quiero decir: “Gracias, Señor. FIAT”

Porque en realidad, ninguna de las experiencias que describí someramente -aún en su belleza e intensidad- se acerca al Misterio inaudito que SÍ podremos vivir este año los sacerdotes, cada sacerdote: repetir una vez más las palabras de la Institución, con el realismo de la noche del Jueves: “HOY, la víspera de su pasión, tomó el pan en sus santas y venerables manos”

Y HOY escuchar, nuevamente, las palabras que el Maestro dice, con fuerza creadora: “HAGAN ESTO EN MEMORIA MÍA".

En ese instante de la consagración seguimos siendo plenamente sacerdotes. Hostias con Jesús, como nos recordaba el Arzobispo esta mañana.

Y en ese instante, mis queridos hermanos, como siempre, pero especialmente esta vez, los presentaremos al Señor. 

Elevaremos la patena en las ofrendas y en la Elevación y en ella entregaremos al Padre también sus vidas, la de los ancianos y niños, la de los sanos y enfermos, la de los fervorosos y los alejados.

Allí, mañana y el sábado por la noche, y el domingo, seremos puente, mediadores, sacerdotes.

Este Jueves Santo, recen por nosotros, tan indignos y tan privilegiados.

Pidan a María que seamos fieles.

Y que estemos a la altura de lo que la Providencia pueda pedirnos en este tiempo, incluso -y sobre todo- si somos invitados a dar la vida.

P. Leandro Bonnin.

19:34

Tal como informa Aleteia, en estos días se publica un nuevo libro-entrevista al Papa Francisco. Comparto el análisis que el Papa Francisco hace sobre la Ideología de Género, en la misma línea de sus anteriores intervenciones -y en la línea del análisis de Benedicto XVI en el discurso a la curia de 2012-.

Sus palabras son de un enorme valor en este tiempo, sobre todo porque aún hay quienes en la Iglesia Católica piensan que este es un tema menor. El Papa lo señala, por el contrario, como uno de los males más graves de esta época. Vale la pena retenerlo y meditarlo. Y difundirlo.


– En cada época histórica el mal se manifiesta de diferentes maneras. Según usted, en este momento histórico, ¿cuál es la manera más específica como el mal se hace presente y actúa?

Una de estas es la teoría del Gender. Pero quiero precisar inmediatamente que diciendo esto no me refiero a quienes tienen una orientación homosexual. El Catecismo de la Iglesia Católica nos invita, al contrario, a acompañar y a tomar cuidado pastoral de estos hermanos y de estas hermanas. Mi referencia es más amplia y se refiere a una peligrosa raíz cultural. Esta se propone implícitamente querer destruir de raíz ese proyecto creatural que Dios ha querido para cada uno de nosotros: la diversidad, la distinción. Convertir todo en homogéneo, neutral. Es el ataque a la diferencia, a la creatividad de Dios, al hombre y a la mujer. 

Si yo digo esto de manera clara, no es para discriminar a nadie, sino simplemente para poner en guardia a todos contra la tentación de caer en el que fue el proyecto loco de los habitantes de Babel: anular las diferencias para buscar con esta anulación un único idioma, una única forma, un único pueblo. Esta aparente uniformidad les llevó a la autodestrucción, porque es un proyecto ideológico que no tiene en cuenta la realidad, la verdadera diversidad de las personas, la unicidad de cada uno, la diferencia de cada uno.

No es la anulación de la diferencia lo que nos hará más cercanos, sino la acogida del otro en su diferencia, en el descubrimiento de la riqueza de la diferencia. Es la fecundidad presente en la diferencia lo que hace de nosotros seres humanos únicos a imagen y semejanza de Dios, pero sobre todo capaces de acoger al otro por lo que es y no por aquello en lo que queremos transformarle.

El cristianismo siempre ha dado prioridad a los hechos antes que a las ideas. En el Gender se ve que se quiere imponer una idea a la realidad, y esto de manera sutil. Quiere minar la base de la humanidad en todos los ámbitos y en todas las declinaciones educativas posibles, y se está convirtiendo en una imposición cultural que en vez de nacer desde abajo es impuesta desde lo alto desde algunos Estados como único camino cultural posible al que adecuarse.

00:58

¿Puede ser la ordenación de viri probati (varones probados) una respuesta a las necesidades de la Iglesia?

Antes que nada, debo decir que no he leído y probablemente no pueda leer por ahora el libro “Desde lo profundo de nuestros corazones”. No pretendo con estas líneas ponerme ni a favor ni en contra del Card. Sarah, de Benedicto XVI ni de Francisco, sino enfocar el tema dando “dos pasos hacia atrás”, o, si prefieren, “alejando el zoom” de la simple cuestión “curas casados sí-curas casados no”.

También debo decir que asumo plenamente lo que hasta el momento ha enseñado el Magisterio de la Iglesia en relación al celibato y el sacerdocio en el rito latino. Especialmente claras son –a mi entender- las enseñanzas de Pablo VI en la Sacerdotalis coelibatus. Allí el papa Montini repropone dos principios fundamentales que hunden sus raíces en la Tradición y la Escritura, y siguen –y seguirán- vigentes hasta la Segunda Venida.

Esos dos principios son: (1) el celibato y el presbiterado son carismas distintos, que (2) la Iglesia latina ha decidido unir por encontrar grandes motivos de conveniencia.

(1)  Que sean dos carismas distintos significa –esto quiero decirlo con toda claridad- que la ordenación de varones casados es posible, no es contraria a ningún dogma de fe ni contradice algún mandato de Jesús. Hay personas que reciben el carisma del celibato sin recibir el presbiterado; y hay personas que fueron llamadas al matrimonio y también reciben el carisma del presbiterado. Así acontece en las Iglesias católicas de rito oriental, donde algunos presbíteros son hombres casados previamente. Su ministerio tiene el mismo “rango”, eficacia y valor para las almas que el de los sacerdotes célibes, tanto orientales como latinos.

(2) Que la Iglesia latina haya decidido unir ambos carismas –es decir, que sólo ordena presbíteros a quienes manifiestan ser llamados y eligen el celibato por el Reino- significa que como Madre y Maestra, motivada por razones teológicas profundas –la imitatio Christi especialmente- y por razones prácticas –la mayor libertad y disponibilidad que otorga el celibato- ha sostenido esa disciplina durante siglos, a pesar de muchas presiones e incluso consciente de las dificultades de cada época. Vale aclarar que esas razones no son de índole económico ni político –como nos quieren convencer algunos- sino místicas y evangelizadoras.

Por todo lo dicho, para mí está claro que si el Papa decidiera abrir la ordenación a hombres casados no haría nada contrario a la fe, nada contrario a la moral, ni nada –por otro lado- que no suceda ya en la Iglesia católica en sus ritos orientales y otras situaciones excepcionales. Si eso ocurriera, seguirían existiendo varones que recibieran ambos carismas –celibato y sacerdocio- con lo cual no se daría –como alguno vaticinaba apresuradamente- “el fin del celibato”. En ese sentido, eso considero no tan acertadas algunas críticas que dicha posibilidad ha recibido en los últimos días.

Alejando el zoom

Mi reflexión gira ahora y quiere orientarse hacia la cuestión  inicial, la que no debemos olvidar nunca, porque para eso existe la Iglesia: ¿favorecería la ordenación de hombres casados la misión evangelizadora que Cristo nos confió? ¿Es ella una solución, más aún, la solución a la alarmante reducción del número de creyentes y de practicantes, no sólo en la Amazonía, sino en toda la Iglesia?

Dicho de otro modo, ¿es la escasez de sacerdotes la causa del triste retroceso de la Iglesia católica en todo el mundo occidental?

La respuesta, en mi opinión, es un rotundo no.

Siempre según mi opinión –de la cual me hago cargo- el deterioro de nuestras comunidades cristianas y de las mismas instituciones eclesiales tiene otro origen más profundo: el debilitamiento de la fe en un amplio sector de la Iglesia.

Porque si es verdad que “el mundo se descristianiza” – de lo cual solemos acusar al “secularismo” y al “relativismo”- ¿por qué los grupos evangélicos y pentecostales crecen y están vivos en Amazonia y en otros lugares, también en Argentina?

Mi impresión es que ellos –con sus deficiencias de doctrina y de método- están convencidos de la Palabra de Dios. Convencidos del Evangelio. Convencidos de Cristo. Ellos verdaderamente creen en sus promesas, y por eso son obedientes a sus mandatos. Ellos consideran las exhortaciones de Jesús y San Pablo como palabras que directamente Dios dice a sus corazones, y se sienten impelidos a anunciarlo a otros, sin demasiados rodeos.

En la Iglesia católica, en las últimas décadas, algunas veces nos hemos avergonzado del Evangelio. Nos hemos sentido inferiores, nos hemos dejado dominar por complejos, y ese acomplejamiento nos ha paralizado.

Opino que no es solamente un problema de coherencia y de testimonio de vida, el cual es también clave. Es necesario ir a las raíces, y reconocer que hemos perdido frescura cuando hemos perdido convicción, y hemos perdido convicción porque nuestra fe se ha debilitado.

Si la sal pierde su sabor…

Y llego al momento más crítico del presente artículo artículo: muchas veces nuestra convicción se deterioró porque hemos dejado entrar la ambigüedad y la confusión en la manera de hablar de Dios. Hemos querido caerle bien a todo el mundo, nos hemos enganchado en todas las modas de lenguaje y acentos, hemos querido ser abiertos, tolerantes e inclusivos, y hemos acabado por dejar afuera… a Jesús, al verdadero Jesús.

Lo puedo expresar de otro modo, más autobiográfico: cuando conocí a Jesús a fondo y sentí su llamado a ser sacerdote, me atrajo la completa, la absoluta certeza con la que alguien me dijo “sólo en Jesús hay salvación… Él es Dios hecho hombre, Camino, Verdad y Vida… en la Iglesia Católica vas a encontrar todos los medios para salvarte… la moral cristiana es difícil pero es perfecta, porque viene del mismo Dios que nos creó”. La Iglesia que me anunció ese Evangelio tenía fragilidades morales, claro que sí: pero era una roca firme en cuanto a la verdad que anunciaba.

Yo creo –pasado un cuarto de siglo-  que hemos cometido el error de ir vaciando el anuncio, admitiendo sincretismos peligrosos –cultos paganos mezclados con la fe cristiana, ideas de izquierda y de lobbies en documentos de organismos eclesiales- que nos han hecho cada vez menos fuertes y menos creíbles.

En la base de todos esos sincretismos, creo que está una exégesis bíblica que se viene empeñando hace ya casi un siglo por debilitar el carácter histórico de los Evangelios. Entonces, si en realidad Jesús no dijo “Yo soy el Pan de Vida”, sino que es una idea posterior puesta en su boca, ¿sería capaz de morir por la Eucaristía? Y así podríamos seguir con las palabras de Jesús sobre el Matrimonio, o las de Pablo sobre la Homosexualidad, o las de toda la Biblia sobre el Cielo y el Infierno.

Muchas crisis sacerdotales se han originado también en esa crisis de fe y del anuncio. Muchos que traicionaron su celibato –con escándalo o sin él- comenzaron por traicionar la adhesión al Maestro pero quizá –y esto es duro decirlo- fueron previamente traicionados por teólogos “maestros de la sospecha”, que ofrecieron un andamiaje conceptual endeble y por momentos blasfemo, incapaz de sostener la opción de vida de un consagrado…

Como contrapartida a esta situación, he de decir que allí donde la Palabra de Dios es anunciada en su integridad, donde los evangelizadores no tienen miedo de ir contracorriente, donde no se pretende “amoldarse al mundo” sino que se acepta con gozo el ser distintos, las comunidades son vivas, son fuertes, surgen vocaciones a la consagración… y hasta crecen numéricamente.

Mi propuesta: conversión, conversión, conversión

La verdadera reforma que necesitamos todos –yo el primero, indigno pecador- es convertirnos de nuevo más y más a Cristo. Los llamados a un servicio especial en la Iglesia necesitamos volver a soñar y a elegir la santidad. A ser santos nos invita Cristo.

Si reaparece la santidad como meta y horizonte, si no tenemos miedo de abrazar el Evangelio tal cual y desde su centro –Jesucristo y su Pascua, la Eternidad-  sin desviar nuestra mirada en cuestiones secundarias, lo demás viene por añadidura.

En ese marco, el Señor conceda al Santo Padre la sabiduría para decidir lo que Dios quiera para su Iglesia en este tiempo, con la mirada puesta en el Cielo, no en la opinión del mundo ni en presiones ideológicas.

Si no miramos de frente estos problemas –opino yo- las reformas disciplinares serán solo “parches” que de ninguna manera detendrán aquellos procesos que todos lamentamos.

Sin olvidar aquella impactante frase del Maestro: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?” (Lc 18, 8)

19:55

La Iglesia, y en particular el sacerdocio ministerial, viven tiempos difíciles.

No es fácil establecer paralelismos con otras épocas, ya que no podemos tener una idea completamente exacta de cómo se vivía y actuaba. Pero creo que tampoco es estrictamente necesario: nos basta confrontar lo que hoy ocurre con la Palabra divina y las grandes intuiciones de la Tradición.

Entre todas las realidades complejas de este tiempo, me preocupa de modo especial la creciente certeza que hoy podemos tener sobre el grave problema de la homosexualidad en los Seminarios y entre miembros del clero.

Les recomiendo vivamente este video que corresponde a la parte final de una conferencia sobre las estrategias del nuevo orden mundial. La he subido a mi canal con autorización de su autor, movido por mi creciente inquietud.

Fray Nelson expone con claridad algo que si me lo contaban hace 15 o 20 años hubiera rechazado como una teoría extravagante. Fundamentalmente su argumento es este: personas homosexuales, plenamente conscientes de su tendencia y muchas veces con experiencias previas de relaciones con personas del mismo sexo, han accedido al ministerio sacerdotal. Algunas veces han ocultado su condición, otras veces la han desarrollado de modo clandestino en los seminarios y, en los casos más grave, la han desarrollado abiertamente con otros seminaristas e incluso sacerdotes en ese tiempo de formación.

El problema no radica solamente en que –como se ha demostrado hasta el cansancio- existan mucho mayores posibilidades de que un sacerdote homosexual abuse de menores de edad o intente vivir relaciones homosexuales con adultos mientras ejerce el ministerio. Esto es de por sí algo de una gravedad inaudita.

El problema es aún más grave: en algunas diócesis y congregaciones religiosas estos miembros del clero suelen organizarse al modo de una “mafia”, intentando ocupar puestos de relevancia y toma de decisiones, e impidiendo que otros que no comparten y rechazan su accionar accedan a esos lugares. Estos sacerdotes promueven y recomiendan a quienes forman parte de su “club”, y relegan y descalifican a quienes no están allí incluidos.

Y existe aún otro riesgo. Es posible que detrás de declaraciones de algunos organismos –como la Pontificia comisión bíblica- u homilías de importantes jerarcas –como la que enlazo aquí- no haya sólo ni principalmente un punto de vista teórico, sino el intento de justificar bíblica o pastoralmente el propio desorden, presentándolo como normal y contradiciendo así la Escritura y la entera Tradición.

Todo esto se expone con su habitual claridad en el video cuyo enlace comparto aquí. No dejen de verlo, porque de lo contrario no se comprenderá la conclusión que aquí quiero esbozar.

¿Qué podemos hacer?

La situación es muy desalentadora. Sé que para algunos esta realidad puede ser motivo de escándalo, o de una dolorosa decepción. No obstante, creo que es necesario que la afrontemos de una vez por todas. Y creo que todos los fieles laicos pueden hacer algo.

1. En primer lugar, oración y penitencia, para que el Señor purifique su Iglesia y la libre de “lobos disfrazados con piel de cordero”. Oración por los obispos para que sean fuertes, para que no toleren situaciones inmorales o incluso perversas, para que no “impongan las manos” a cualquier candidato, sea cual sea la necesidad pastoral. Oración por la perseverancia de los que tienen verdadera vocación y recta intención, los cuales, muchas veces, han abandonado su camino vocacional desanimados por estas inesperadas situaciones que alguna vez le toca vivir.

2. En segundo lugar, si los fieles laicos son testigos directos de situaciones de inmoralidad, especialmente de relaciones homosexuales de sacerdotes, deben hablar. Es difícil pensar un camino armonioso, pero creo que lo primero sería hablar con la persona e instarlo a que abandone el ejercicio del ministerio y deje de ofender al Señor con su conducta. También es un paso necesario hablar con otro sacerdote con algún vinculo de amistad o de autoridad. Sería lo normal poder hablar con el obispo de ese sacerdote, presentando un testimonio por escrito –con dos copias, llevando en una el sello del recibido- solicitando una rápida actuación

3. Lamentablemente la experiencia indica que en la Iglesia nos ha costado reaccionar ante situaciones de esta índole. Es evidente que habría que intentar proteger lo más posible la fe de los simples, pero si agotadas todas las instancias anteriores no se logra que el sacerdote revierta su conducta, se puede pensar su publicación y publicidad como un último recurso. Sé que esto es opinable y discutible, pero también lo que hemos vivido en los últimos 20 años nos muestra que sólo cuando algunos hechos inmorales o delictivos toman pública notoriedad –medios de comunicación social, redes- las autoridades actúan ante la presión recibida. Me duele tener que escribir esto, y espero que quede claro que sólo sería éticamente válido una vez intentadas las anteriores instancias, siempre que medie la certeza de la conducta inmoral percibida.

4.   Un último punto: de ninguna manera y bajo ningún punto de vista los fieles laicos alentarán el ingreso al seminario o la vida religiosa de jóvenes u hombres que hayan tenido una vida homosexual activa. Es más: el documento de la Santa Sede que aborda este tema de manera específica se expresa así:

“la Iglesia, respetando profundamente a las personas en cuestión, no puede admitir al Seminario y a las Órdenes Sagradas a quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la así llamada cultura gay.”

Es un tema debatido si un joven que experimentó una tendencia homosexual sólo temporaria (períodos de confusión) pero nunca la llevó a los actos, puede ser admitido. Algunos piensan que esos episodios temporales (es decir, no “profundamente arraigados”) pueden ser trabajados con “herramientas” y ayuda espiritual y psicológica, permitiendo a la persona alcanzar el suficiente equilibrio y madurez humana y cristiana y una vida virtuosa, en la armonización de su impulso sexual. Así se expresa el citado documento:

Si se tratase, en cambio, de tendencias homosexuales que fuesen sólo la expresión de un problema transitorio, como, por ejemplo, el de una adolescencia todavía no terminada, ésas deberán ser claramente superadas al menos tres años antes de la Ordenación diaconal.

Pero queda fuera de duda que un joven que haya tenido cualquier tipo de actividad homosexual en su infancia, adolescencia o juventud no puede ser admitido en un seminario o noviciado, y mucho menos ordenado.

De esto se deriva una consecuencia bien concreta, especialmente para los fieles laicos: si conoces con certeza a alguno que haya vivido esa situación y esté en un camino formativo, aunque sea doloroso, debes poner en conocimiento a sus formadores y el obispo del lugar, pero no es posible que esa persona continúe su proceso.

Recemos para que el Señor nos dé a todos la luz y la fortaleza para servirlo con pureza de corazón, de conciencia y de vida.

Que la Madre y Reina de los sacerdotes nos anime a alcanzar una plena fidelidad a las enseñanzas de su Hijo.

18:37

La tan ansiada libertad

Cualquier persona que comience a adentrarse en el lenguaje de la perspectiva de género, probablemente quedará impresionado por la fuerza con la que se destaca la “autopercepción” y la “autodeterminación”.

En textos de sus autores más conocidos se suele dar a estas categorías que nombran un valor prácticamente absoluto al momento de determinar la identidad de género. Así está reflejado, por otra parte, en el ordenamiento jurídico argentino: el factor “autos”, lo que el sujeto percibe o decide es incuestionable, sagrado.

Una persona “tiene derecho a ser reconocida y tratada” de acuerdo a esa autopercepción y decisión, con todas las consecuencias legales que van aparejadas. Y esta misma persona puede, sin necesidad de dar explicaciones ni fundamentar por qué, autodeterminarse en sentido contrario, cambiando su género –en el DNI y en el plano somático- cuantas veces lo desee.

En el fondo, la identidad de género es algo que yo puedo sentir, percibir y elegir libremente. A este factor tan protagónico hoy podríamos llamarlo –a efectos y didácticos- simplemente Libertad: mis sentimientos y emociones, mis pensamientos y decisiones en relación a mi identidad.

Los “malos de la película”

La insistencia en lo que el sujeto “percibe” y “decide” (factor Libertad) va de la mano muchas veces con el rechazo frontal, explícito e irreconciliable de otros dos factores, que vienen a ser como los “malos de la película”: la biología y la cultura, entendiendo cultura como toda huella que deja la sociedad y la educación recibida en nosotros (los mandatos familiares), a nivel consciente e inconsciente.  

Creo que se puede advertir una solapada desconfianza y una sospecha radical hacia todo lo que viene “dado”: el cuerpo y el “género impuesto por la sociedad”.

Ser libre parece significar liberarse de la “tiranía de lo biológico” y de los “roles heteronormados”, transmitidos éstos últimos culturalmente por la familia y la sociedad. Desde esta visión, alguien sería más inequívocamente libre cuanto más capaz de rebelarse, y menos libre cuanto más acepta.

Se anuncia y celebra, por ejemplo, que la “expresión de género” (es decir, como cada persona expresa su identidad de género en el modo de vestirse, arreglarse, comunicarse, etc) “puede ser algo completamente nuevo”. Me impactó cuando leí por primera vez este “completamente nuevo”. De algún modo se me venían a la mente tantas escenas de mi infancia: “cantás re parecido a tu papá”, “hablás igual que tu mamá”, “me hacés acordar a tu abuelo”. Expresiones que, en esta comprensión de lo humano y la identidad, lejos están de ser deseables.

Una nueva antropología.

Llegados a este punto, podemos darnos cuenta que en la perspectiva de género hay mucho más que una serie de consejos para defender los derechos de las minorías, o comprender las personas en sus diferencias. Benedicto XVI decía hace ya más de 20 años, con tono profético de una “auténtica y propia filosofía del hombre nuevo”, y en 2012 usaba la potente expresión de “revolución antropológica”, que implica una rebelión contra lo biológico.

El individuo aparece así como una especie de substancia intelectual y racional, como una voluntad de poder y conocer, que se relaciona con lo corpóreo y lo histórico de modo libre y extrínseco.  

Personalmente me resulta muy llamativo y hasta fascinante advertir el movimiento pendular innegable en la antropología de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Si durante las primeras fases de la revolución sexual lo preocupante era el reduccionismo biologicista de corte hedonista  –comprender y explicar a la persona principalmente desde su dimensión material y sus tendencias instintivas- hemos llegado con la antropología de género al extremo opuesto. Para decirlo con Benedicto XVI: “Ahora él –el hombre- es sólo espíritu y voluntad”

Se ha criticado históricamente a la Iglesia católica por una suerte de “desprecio del cuerpo” o por proponer una mirada sobre el ser humano demasiado “angelista”. Lo cierto es que en la actualidad, la visión antropológica imperante supone una negación de lo corpóreo prácticamente inédita en la historia del pensamiento, reeditando así las más radicales expresiones del racionalismo del siglo XVII.

Intentando ver la parte oculta del iceberg

Indagando las causas de esta manera de comprender lo humano, me ha sucedido ir encontrando una serie casi interminable de factores, por lo que elegir algunos es una tarea compleja.

No obstante, quiero aventurar al menos 3 líneas por las cuales entiendo puede comprenderse mejor la instauración y aceptación de esta visión:

1. Creo que un factor relevante es que en muchas personas su propia experiencia en relación a la cultura ha sido negativa y dolorosa. Estilos educativos muy rígidos y sin una adecuada distinción de lo esencial y lo secundario, vivencias de situaciones familiares marcadas por la violencia o por la distorsión de lo masculino y femenino, suelen favorecer en las personas actitudes de enojo y resentimiento que podrían conducir a la rebelión. La ideología de género y la promoción de esta “revolución antropológica” ofrecen como un “andamiaje conceptual” a la propia vivencia, generando a la vez un sentido de solidaridad con otras personas que han vivenciado algo similar.

2. El influjo de la dialéctica hegeliana y marxista: este influjo es innegable en algunas de las principales autoras de género, quienes utilizan abundantemente contraposición, la lucha y el conflicto y hasta los mismos términos que los citados filósofos. Las categorías de “lucha” y “revolución” fueron aplicadas al principio a “proletarios contra burgueses” fueron aplicadas en un segundo momento a la lucha entre las “clases sexuales”, “mujeres contra varones”. En los últimos años, el pasaje del feminismo al postfeminismo ha implicado aplicar esa misma dialéctica a los elementos configuradores de la persona. Simplificando un poco, creo que podemos decir que en relación a la sexualidad la lucha y la liberación se da entre lo “elegido” (autodeterminación) frente a la opresión de lo “dado” (biología y cultura). En el pensamiento de Hegel, el factor “antítesis” está llamado a “superar” la tesis; Marx, en cambio, al trasladarlo al campo de la economía y la historia, lo entendió y aplicó más bien en el sentido de negar, “derrotar” o “anular”. Así parece que ha pasado a las posturas más extremas de la ideología de género. Es por eso que en la ideología de género no hay alianza posible entre lo dado y lo libre: lo libre debe negar lo recibido.

3. La incidencia del pensamiento de Nietszche y Sartre: la insistencia del primero en la “voluntad de poder” y del segundo en la negación de una “naturaleza humana” (el hombre es libertad sin esencia) parecen ser una de las matrices más profundas de las antropologías actuales. Yo soy mi libertad. Yo elijo y decido, autónomamente, mi identidad. Todo lo que podría limitar mi libertad –lo dado- es, necesariamente, algo a cuestionar y de lo que sería deseable liberarme.

Se me hace bastante claro, finalmente, que en el concepto de libertad está la “madre de todas las batallas”. La ideología de género propone –en la línea sartriana- una libertad absoluta. Aliada de algún modo con la visión marxista, es necesario luchar para “liberar” al ser humano de la biología y la cultura. No solo en aquellos casos en que las experiencias hayan sido negativas, sino en todos, porque incluso quienes no tienen conciencia de ello, también han sido víctimas de una imposición.

En defensa de los injustamente acusados

Quisiera afirmar ahora con mucha fuerza algo que me parece de suma importancia: la suposición de que la biología y la cultura son esencialmente malas es errónea, infundada e injusta.

La biología es simplemente eso: bios, vida corporal, que inicia y crece guiada por leyes guardadas en el núcleo de cada célula. Está claro que no es solo “genitales” –como insisten hasta el cansancio algunos que postulan la ideología de género- sino mucho más. Es la maravilla de la información cromosómica y genética, es la dimensión gonadal, neurohormonal y cerebral, es la increíble interacción de un sinnúmero de factores químicos y fisiológicos que –naturalmente- se armonizan y equilibran. Todos esos elementos dan lugar a cuerpos modalizados masculina y femeninamente, de múltiples maneras,  desde el cromosoma 23 hasta los caracteres sexuales secundarios. De modo que podríamos decir que no existe el “ser humano” en abstracto, ni la “persona humana” como si fuera algo “neutro”: existen varones y mujeres.

Esa biología implica una serie innegable de inclinaciones afectivas e intelectuales innegables, más aún desde el auge de las neurociencias. Ligadas a esa bios podemos reconocer con bastante facilidad y objetividad maneras de sentir, de relacionarse con los demás, de pensar, de actuar, de proyectar el futuro. Inclinaciones, predisposiciones y tendencias que son transculturales, pasibles de ser verificadas en cada rincón de la Tierra. Rebelarse contra ese bios –que tiene “dentro” un “logos”, es decir, un sentido, y que yo puedo descubrir, reconocer y asumir- es sencillamente un error.

El segundo elemento, la cultura, es, en todo caso, un fenómeno ambivalente. Está claro que hay estereotipos de género negativos, y maneras de comprender la masculinidad y la feminidad completamente equivocadas; todos sabemos que existen en las culturas de los pueblos normas sociales injustas y que por momentos se ha dado a ciertas pautas –vestimenta, maquillaje, peinado, modales- un valor absoluto del que en realidad carecen…  Está claro que en algunas familias algunos “mandatos” han sido impuestos sin considerar la originalidad personal y con una fuerza que para muchos ha sido traumatizante. Pero de ahí a considerar que “todo lo cultural es negativo y te quita libertad…” hay un abismo.

Es más: hay una serie de elementos estereotipados y mandatos que no solamente no son equivocados ni negativos, sino que son positivos y más aún necesarios. Porque en el seno de una cultura –transmitida especialmente en hábitos y costumbres familiares- nacemos, crecemos, desplegamos lo que somos, vamos eligiendo y conformando definitivamente nuestra identidad. Ciertos estereotipos que cada cultura gesta en torno al modo de ser varón y mujer son de una gran ayuda para ese proceso. Nos facilitan el camino. Nos orientan y nos dan sentido de pertenencia.

Hacia un intento de síntesis:

Para la Ideología de Género, la identidad se define únicamente por el factor Libertad.

Identidad de género = Libertad (autopercepción y autodeterminación)

La antropología personalista, en cambio, sin negar ese factor, propone la siguiente “fórmula”

Identidad de género = (B)iología + ©ultura x (L)ibertad.

Percibir lo biológico y lo cultural, asumir lo biológico y lo cultural –purificado de sus elementos imperfectos- es el camino armónico para asumir y vivir la identidad -de género serena, alegre, fecunda.

El desafío que tenemos por delante, a mi entender, es doble:

Por un lado, en plano intelectual, debemos invitar a reflexionar sobre los fundamentos filosóficos que sustentan esa visión. Y animarnos a señalar sus inconsistencias o, al menos, la parcialidad y los reduccionismos de su mirada. Debemos tener la lucidez y la capacidad comunicativa para poner de relieve todo lo que desde el punto de vista teórico está quedando afuera, de manera especial el impacto de la biología en la vida real.

El segundo desafío es más difícil y a la vez apasionante: consiste en mostrar con nuestras vidas y nuestras relaciones que la ecuación B + C + L puede resultar muy plenificante, puede ser –y en muchas historias lo es- un camino de realización personal excelente.

Es mostrar que rebelarse contra la biología y desarraigarse totalmente de la cultura, además de absurdo, es imposible. Es innecesario. Y no nos hace bien.

22:16

Podría haber dicho al salir de aquella casa, una mañana gris, tiempo atrás.

Allí vi a un hombre frágil, debilitado por la enfermedad y los años, dolorido y sereno a la vez. 

Vi y escuché a su esposa hablar de él con ternura, con admiración, con gratitud. La vi secarse las lágrimas al contarme que no podía saber siempre lo que le pasaba -porque él casi ya no hablaba-, pero ella se daba cuenta de cómo se sentía. La escuché feliz hablando de sus hijos y narrando sus gestos de amor hacia su padre, la escuché confiada y realista en la adversidad.

Vi a los dos juntos, él acostado, ella sentada al borde de la cama, acariciándolo mientras le daba la Unción y él -entre lágrimas- recibía la absolución y rezaba, a su manera.

Y vi en la cabecera de su cama dos fotos, tan pequeñitas como elocuentes. 

Una en blanco y negro, del día de su boda, cortando juntos la torta, rebosantes de juventud y alegría, abrazados y sonrientes, hermosos y fuertes. 

La otra en colores, en un aniversario, abrazados y sonrientes, rebosantes de vida y hermosos en su madurez.

Y los miré de nuevo allí presentes, y los vi, juntos, tan juntos y unidos -o incluso más- que entonces.

Amándose hasta el final, en la prosperidad como en la adversidad, en la salud como en la enfermedad… Una carne, un corazón, una alma.

Y VI EN ELLOS A DIOS, al Dios amor, al Dios fiel, al Dios fecundo… con mis propios ojos.

Y le di gloria por amarnos tanto e invitarnos a vivir por y en el amor.

P. Leandro Bonnin

06:09

Bueno, octubre me inspira, así que me largué nomás a escribir mi “librito” sobre “LA FAMILIA ANTE EL DESAFÍO DE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO".

Les pido que recen por mí, para que lo pueda hacer bien y pronto.

Les dejo la introducción, espero que a muchos les dé ganas de leerlo.

——

Presentación

EL CAMINO ES EL AMOR

En mi adolescencia me gustaba mucho cantar, y al haber transitado esa etapa en grupos juveniles –y luego el seminario-, mi memoria está poblada de letras y melodías hermosas, cargadas de sentido, cuya hondura sólo años después logré desentrañar.

Una de las canciones que más me atraía y sigue atrayendo es aquella que al finalizar cada estrofa decía: “LO SABEMOS, EL CAMINO ES EL AMOR”. Una y otra vez se repetía esa frase, en tonos menores y mayores, como para que quedara claro.

Pues bien: el presente librito sobre el tema LA FAMILIA ANTE EL DESAFÍO DE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO es fruto de una serie de charlas que vengo dando desde hace un año aproximadamente. A lo largo de estos meses el Señor me fue mostrando que si bien la batalla en la que estamos inmersos es una batalla real, es dura y es decisiva –está en juego la felicidad y la salvación eterna de las futuras generaciones- no debía olvidarme de algo esencial: “EL CAMINO ES EL AMOR”

Esta afirmación quiere ser –como imitando la armadura de clave al principio de una partitura partitura- la definición del sentido y el tono de este escrito, así como señalar lo que anhelo pueda suceder en cada lector: que logremos amar más y mejor, a Dios, a nuestra familia, a nuestra Patria, e incluso a quienes hoy están en el error. Escribo por amor también a ellos, con la certeza de que muchos quizá nunca han experimentado o descubierto el verdadero amor.

No esperes encontrar, entonces, en esta obrita, burlas, ridiculizaciones, y ni siquiera juicios temerarios ni menos aún calumnias. En la batalla cultural tenemos enemigos, que quieren imponer exactamente lo contrario que nosotros, pero a ellos, a cada uno, Jesús nos invita a amarlos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes los persiguen”

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“EL AMOR SE REGOCIJA CON LA VERDAD”

En el memorable capítulo 13 de la Primera Corintios, se nos insiste en la centralidad del amor con acento inequívoco. Resuenan con fuerza en mi interior cada vez que lo leo aquellas palabras de Pablo: “Si no tengo amor, no soy nada” ¡No soy nada!

Sin embargo, se me había pasado por alto muchas veces una expresión que hace poco tiempo redescubrí: “El amor se regocija con la verdad”.

En esta frase encontramos unidas dos realidades vitales, que atraviesan nuestra existencia cotidiana: amor y verdad. Realidades que no siempre sabemos unir: decimos la verdad sin amor, o amamos renunciando a la verdad.

Si el amor se regocija con la verdad, podemos decir también que “el amor se entristece con el error y la mentira”.

Y si el mismo San Pablo nos invita a “estar siempre alegres”, está claro que no hay verdadera alegría fuera de la verdad. Y que si queremos ser servidores de la alegría de nuestros hermanos, hemos de analizar y denunciar el error, y hemos de desenmascarar la mentira.

Al combatir el error, y especialmente el error funesto de una falsa antropología, estoy seguro de estar haciendo un servicio a la libertad de las personas. Jesús nos ha dejado una expresión perfecta de la unión de estos aspectos: “Conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Jn 8, 31-32)

La Antropología que proponen quienes difunden la perspectiva de género se presenta como si fuera liberadora. Pero al ser errónea, y al contener también omisiones que no pueden ser involuntarias, acaba –como toda falsa antropología- sumergiendo al hombre en nuevas y peores esclavitudes.

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UN CAMINO ABIERTO

Tal vez te parezca que mis aspiraciones son demasiado elevadas. Espero estar a la altura del propósito inicial, y lo haré recorriendo un camino que tendrá los siguientes pasos.

1. Cómo es la antropología de género

2. ¿Antropología, perspectiva o ideología?

3. Origen de la ideología de género: filosofía, pseudociencia, feminismo, geopolítica… El nuevo orden mundial.

4. Las fases del proceso de reingeniería social en Argentina.

5. Las verdades enloquecidas de la Antropología de género.

6. Crítica desde la filosofía, la medicina, la psicología y la política.

7. “Los creó varón y mujer”: la antropología bíblica y su actualidad.

8. La actitud cristiana ante quienes experimentan atracción al mismo sexo.

9. ¿Qué podemos hacer? Pistas educativas, cívicas y espirituales.

A lo largo del escrito citaré diversos autores que son fuente de muchas de mis afirmaciones. No obstante, no quiero poner en tus manos una obra científica y de difícil lectura. Muchas veces citaré afirmaciones –todas chequeadas- de diferentes pensadores, pero será tarea tuya buscar el lugar exacto en sus obras.

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COMPRENDER LA FRAGILIDAD HUMANA, ABRAZAR LA COMPLEJIDAD DE LA VIDA

La frase es del Papa Francisco en la exhortación “Amoris Laetitiae”, y si bien hablé del amor al inicio, quisiera concretar aún más esta dimensión.

Este librito no está escrito en contra de las personas que sienten atracción hacia su mismo sexo, o que tienen confusión o dudas sobre su identidad sexual. No está escrito en contra de quienes han elegido ese estilo de vida.

Conozco a muchos hermanos que viven en alguna de esas circunstancias, y he encontrado en muchos de ellos personas hermosas, llenas de vida, solidarias, talentosas, que hacen de su vida un don para los demás. Muchos experimentan sufrimiento por los sentimientos que los habitan, en algunos hay historias de dolor tremendas.

Tengo la satisfacción personal –como, estoy seguro, la tienen la inmensa mayoría de mis hermanos sacerdotes- de no haber maltratado, estigmatizado, ofendido ni discriminado a nadie por su condición o estilo de vida. No soy homófobo, ni propongo la criminalización de la homosexualidad, ni propongo un discurso de odio.

Pero tengo también la satisfacción de haber intentado siempre –y seguiré haciéndolo- mostrarles el camino hacia Jesús, y anunciarles la Buena nueva sobre el amor humano y la sexualidad, convencido de que ese es el camino de plenitud.

Sería feliz si alguno de ellos encontrara en estas páginas motivos para mirar el futuro con esperanza, con la certeza de que el Amor de Dios, su Bondad infinita, los espera en el Paraíso.

A María, a quien veneramos como “Madre del Amor Hermoso”, nos alcance vivir la verdad en el amor, y el amor en la verdad.

Padre Leandro Bonnin

30 de septiembre de 2019

11:27

Quienes hablamos contra la antropología que se quiere imponer por la educación y las leyes solemos ser acusados de exagerados, de “fundamentalistas”, de estar peleando con “molinos de viento” que en realidad no existen, de no estar “entendiendo nada"… Algunos dicen “la ideología de género no existe”, hay sólo “estudios de género” y que estos son un avance innegable en la comprensión del complejo fenómeno humano.

Ciertamente los “estudios de género” y una atención mayor a la dimensión psicológica y cultural de la identidad sexual de la persona son un elemento valioso. Pero ciertamente la extrapolación de esos aspectos, la negación de la evidencia científica en el campo de la biología y la pretensión de imponer esa visión a todos hacen que los “estudios de género” tomen la forma de una “ideología”.

Si alguien quiere saber qué es la ideología de género (1) y contra qué antropología estamos batallando, la tiene sintetizada en este gráfico que comparto. El mismo es un folleto que expone lo que hoy se entiende por “diversidad sexual”, utilizado en Argentina para difundir y explicar los diferentes conceptos vinculados a la temática.

No voy a hacer un análisis exhaustivo de cada afirmación. Señalaré algunos errores groseros y falsedades tan notables que no se pueden minimizar, manteniéndome siempre en el ámbito de la biología, aunque es claro que se podría aportar mucho más desde la filosofía y la teología.

Los errores que quiero señalar están en la base de la IG, y tienen que ver con una descripción y comprensión reduccionista del sexo y del papel de la biología, y con la separación total de la dimensión corpórea y la identidad personal.

1. El gráfico que muestra a la persona, al referirse la palabra “SEXO“, señala sus genitales. En la explicación que aparece a la derecha se explica que el sexo “se asigna al nacer según la presencia de genitales externos y se ordena de manera binaria en el sistema médico-legal de modo que un ser humano suele ser identificado como femenino (mujer) o masculino (hombre)".

La definición es muy curiosa, ya que hoy cualquiera de nosotros sabe que el sexo genital es (cronológicamente hablando) la quinta manifestación del sexo en el ser humano. Nadie duda hoy de que cada uno de nosotros tiene un sexo desde el primer instante de la fecundación, y lo determina el espermatozoide que se une al óvulo, formando el cigoto, que ya es sexuado.

Ese sexo cromosómico está determinado por el patrón XX o XY presente en el núcleo de todas las células del organismo.

De acuerdo al sexo cromosómico (y el sexo genético derivado de él) se formarán en el embrión testículos (en el caso de los XY) u ovarios (en el caso de las XX). A esta diferenciación se la conoce como sexo gonadal.

La embriología moderna ha demostrado fehacientemente que estas gónadas ya comienzan a actuar en la vida intrauterina produciendo hormonas y que, por ejemplo, en el caso de los XY, los testículos producen testosterona desde la semana 8 y aún antes. A esta dimensión se la llama sexo hormonal.

En ambos sexos, a partir del sexo cromosómico, genético, gonadal, hormonal se desarrolla el sexo genital, lo que implica el desarrollo de órganos internos y externos.

Definir el sexo como algo “asignado al nacer” es un retroceso de varios decenios y hasta siglos en el conocimiento científico. Pero claro, totalmente coherente con el principio de la IG según el cual “nada es natural, todo es cultural".

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2. Otro gravísimo error del folleto es -al hablar del sexo- afirmar que existen tres clases de personas: hombres, mujeres e intersexuales. Cuando describe a las “intersexuales” señala que “hay personas cuyo cuerpo no es fácilmente catalogable de acuerdo a esta división binaria. A estas personas se les llama intersexuales. De cada 20 000 recién nacidos, aproximadamente 1 es intersexual”.
Incluir la clasificación “intersexuales” junto a varones y mujeres es una falacia muy evidente, y esto por dos motivos.

a) En primer lugar, porque la “intersexualidad” descrita aquí se refiere únicamente a la ambigüedad genital, dejando de lado todas las demás dimensiones del sexo ya mencionadas. Debe quedarnos claro: un “intersexual”, más allá de la morfología de sus genitales externos tiene un sexo genético absolutamente definido. Cada una de sus células lleva el sello de su sexo, el cual es una condición originaria, irrevocable e ineludible.

b) En segundo lugar, porque la “intersexualidad” no es un tercer sexo sino una patología, una enfermedad. Es producto de una malformación, como lo es la espina bífida, la polidactilia o una cardiopatía congénita.

En este caso parece ser evidente la intención de confundir los ámbitos de la salud con la no-salud, desdibujando los límites, con la finalidad de generar confusión y “romper” el “rígido esquema binario y heteronormado” (la frase la invento yo, no aparece en el folleto, pero le he leído casi textual en otros lugares) contra el cual se dirige con todas sus fuerzas la IG. Pero por más que el esquema “binario” a muchos les parezca rígido, es imposible hacerlo desaparecer, y forma parte esencial de la vida humana, en su radical inserción al mundo natural.

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3. Por último –al menos por ahora- es sumamente interesante algo señalado en el recuadro inferior, porque constituye el núcleo conceptual de la IG: “La orientación sexual, la identidad de género, el sexo y la expresión de género constituyen aspectos importantes de la vida de las personas y, si bien están interrelacionados, son dimensiones independientes entre sí”.

Es este el meollo de la cuestión, y aquí radica –entonces- una de las tareas más importantes para recuperar el equilibrio. Hay aquí un equívoco –o una mentira- fatal, porque esos “aspectos importantes de la vida de las personas” no son independientes entre sí.

Los adelantos en las neurociencias, por ejemplo, confirman que en el momento del nacimiento el cerebro humano no es unisex, anatómica ni funcionalmente.
La llegada de las hormonas a las neuronas (como se señaló más arriba) induce la feminización o masculinización del cerebro, lo que se traducirá en rasgos diversos que pueden llegar a detectarse hasta en niños de 1 día.
Los estudios de Baron-Cohen, Lippa y Lytton y Rommey, por ejemplo, han demostrado -con datos empíricos- diferencias conductuales entre el sexo femenino y masculino en ambientes completamente diversos, costumbres y estratificaciones.

Además de su acción en la configuración del “cableado” del cerebro –con las consecuencias emocionales, cognitivas, sociales, que eso conlleva-, la acción de las hormonas a lo largo de toda la existencia ejercerá una influencia innegable, de modo especial en la pubertad y adolescencia.

Decir simplemente que “están interrelacionados pero son independientes entre sí” es minimizar la influencia, y es establecer un dualismo antropológico que muchas veces llega a constituirse en contraposición entre biología y psicología.


Soy consciente de que algunas personas experimentan muchas dificultades para vivir armónicamente estas diferentes dimensiones. Para algunos, la incomodidad con su propio cuerpo y la dificultad para percibirse a sí mismo en sintonía con su dimensión física representa un gran sufrimiento. Sé perfectamente que en algunas personas la orientación sexual no se despliega en consonancia con la dimensión heterosexual complementaria evidente en el cuerpo.

Todos sabemos que es necesario un proceso para configurar y desplegar tanto la identidad sexual como la orientación, y que en ese camino puede haber tropiezos, avances y retrocesos.

Pero difundir entre los jóvenes la idea de que estas “son dimensiones independientes entre sí”, y que “existen tantas combinaciones entre éstas como personas hay en el mundo, las mismas que pueden ir variando a lo largo de la vida” es GENERAR CONFUSIÓN, SEMBRAR INSEGURIDAD, igualar armonía con disarmonía, favorecer la fragmentación de la persona, y ocultar el lado más dramático de la cuestión: las personas en las cuales estos aspectos están armonizados presentan muchos menores problemas de salud mental y física que aquellas que por condición o por opción de vida están desarticulados.

Concluyendo este primer intento de análisis, quiero dejar en claro nuevamente que tengo el máximo respeto y aprecio hacia toda persona, y de ninguna manera quiero con estas líneas atacar a quienes por diversas razones tengan dificultades en el ámbito de su identidad sexual, sino todo lo contrario.

Pero a esta altura es bastante evidente que cuando la ideología desea imponerse, no vacila ni siquiera en negar los datos científicos o tergiversarlos.

Lo realmente valiosos para nuestros niños y jóvenes no es presentarles la persona como una especie de proyecto que pueden construir libremente: es invitarlos a aceptar lo que ya son, aceptar su identidad –que no es sólo la autopercepción, sino que incluye el cuerpo- y desplegarse armoniosamente de acuerdo al orden inscrito en la propia naturaleza.

Ecología humana, podríamos llamarlo, que nos invita al respeto de las leyes del Creador.

(1) Para el análisis y la crítica que propongo me inspiro fundamentalmente en una conferencia dictada por la Dra. Zelmira Bottini de Rey en Paraná el 23 de Mayo de 2019, y en uno de sus artículos referidos a la Educación sexual integral.

00:23

Comparto con ustedes un breve texto que elaboré para la materia “Psicología y Familia", de la Licenciatura en Ciencias para la Familia. Debíamos hacer una síntesis sobre las notas de la persona humana sobre un texto de Ricardo Yepes Stork, y elegí vincularlo con este sublime poema que ennoblece el cancionero folklórico argentino.


Los artistas y pensadores de cada siglo han compuesto, pintado y escrito miles de obras para referirse al hombre. Muchas son de profundidad y belleza sublime, y, sin embargo, ninguna de ellas han logrado ni podrán lograr nunca abarcar a la persona en su totalidad.

No sólo porque cada “alguien” existente es una todo multidimensional, sino –principalmente- porque la persona es un misterio. Lo que vemos e intuimos de cada uno es sólo como la “punta del iceberg” de ese absoluto limitado que es cada miembro de nuestra especie. Hay siempre una plus ultra inalcanzable, no sólo en el concepto del ser humano en general, sino en cada individuo singular.

Consciente de eso, quiero intentar desentrañar la categoría de persona –magistralmente descrita por Ricardo Yepes Stork- valiéndome de una obra cumbre del folklore argentino. Una poesía que al ritmo de chacarera manifiesta intuiciones que pueden dirigirnos con precisión a alguna de las notas clave de la antropología, al misterio del hombre, que es la sal de la vida.

Su mismo título, “La pucha con el hombre”, expresa el asombro que todo pensador experimenta ante la complejidad del humano, que parece ser un eco de aquél “¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?” del salmista.

La primera nota de la persona humana es la intimidad, constituida por un cúmulo inmenso de experiencias y recuerdos pero no anclada en el pasado. Es una intimidad creativa. El interior del hombre es “monte denso”, intrincado, rico y variado; es “vida y manantial”, fuente de continua novedad. Su vida íntima está habitada  no sólo por el eco de lo sensible –memoria e imaginación- sino también por acciones propiamente espirituales, como son sus pensamientos y voliciones, originadas en sus facultades superiores, la inteligencia y la voluntad.

Su mundo íntimo, su ser más profundo, no está destinado a quedarse enclaustrado. La persona tiende naturalmente a manifestarlo y lo hace fundamentalmente a través de su cuerpo que es y posee. Queda claro, no obstante, que somos cuerpo pero no sólo cuerpo. La distinción entre éste y el principio vital que lo anima es una experiencia común a todo ser humano, y es esbozada en nuestra canción por la genial expresión: “el hombre nace y muere a veces sin vivir”. Nacer y morir son funciones de todo organismo viviente: nacen y mueren también las plantas y los animales, lo hacen –y el hombre también- sin elegirlo. Vivir, en cambio, en la visión del poeta, supone un acto interior del alma, del yo, que “habita” en el cuerpo. Similar dualidad –no dualismo- se asoma en otra espléndida metáfora: “fruta es que llega a pasa sin madurar”. Así, hay cuerpos arrugados por el paso del tiempo que albergan espíritus que no han alcanzado su plenitud, ni mucho menos.

Claro que la persona no se manifiesta en el vacío: en su capacidad de expresarse late el anhelo de que su lenguaje –implícito o explícito, gestual o verbal- sea acogido por otra intimidad. Más aún: no llegaríamos a comprendernos como personas si no existiese un tú que acogiese en su propia e irrepetible intimidad aquello que manifestamos. El poema de Trullenque expresa esta dimensión en dos versos bien pulidos: “Es un camino que anda solo bajo el sol, sendero trajinado por sueños de amor”. El hombre es una soledad porque sólo yo soy yo mismo, porque hay una identidad intransferible, pero a la vez es un sendero trajinado por sueños de amor, es anhelo de comunicación, de comunión, de diálogo.

Y al mencionar el amor, percibimos que no es sólo una tendencia espontánea de la sensibilidad –amor como pasión, como movimiento del concupiscible, como reclamo automático del otro que me fascina y completa- sino que en el ser humano es sobre todo capacidad de dar, más aún, de darse a sí mismo. El amor recibido –con todas sus manifestaciones físicas, afectivas y espirituales- y el amor dado como efusión de uno mismo en el otro, define así a la persona humana y señala lo más específico suyo. Un gran hombre y filósofo, que también fue papa y fue santo, señaló con palabras inmortales: “el hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente”. (Juan Pablo II)

La última nota que define a la persona ya apareció insinuada en todo lo anterior, y es su libertad. Porque al poco reflexionar sobre nosotros mismos nos damos cuenta de que no alcanzamos nuestra plenitud si no decidimos hacerlo, si no elegimos bien, si no descubrimos cuál es el fin de la vida, y nos encaminamos hacia él a través de decisiones correctas. La felicidad y el gozo, mencionadas en nuestra canción, no se alcanzan fácilmente. El hombre suele desperdiciar la felicidad: cuando la tiene, la busca en otro lado. Trullenque parece como atormentado por la idea del uso de la libertad. Afirma sobre el hombre que “es una falta envido su corazón”. La falta envido es en el truco una jugada que define partidos: podés ganar todo o perder todo en una sola decisión. Así es el corazón humano, donde se define lo más importante de nuestra esencia, del cual surge el obrar propiamente humano.

La historia y nuestra propia experiencia nos enseñan que la libertad es lo más alto del ser humano, lo que lo hace diferente a todas las demás creaturas y sin embargo es un riesgo. Nuestra canción constata que el hombre es “muy capaz de dar la vida o de matar”, capaz del heroísmo y el altruismo más generoso o del egoísmo supremo que consiste en eliminar a un igual. La dimensión ética –es decir, la cualificación de un acto como bueno o malo, conforme a nuestra dignidad o no- se manifiesta con fuerza en esa bifurcación, así como en las siguientes: “es luz y sombra; tierra arada y arenal”. Puede elegir iluminar u oscurecer; puede ser terreno fértil en el que germinen potentes las semillas de verdad y bien, o ser desierto reseco e infecundo.

Este hombre, en su miseria y grandeza –caña pensante, lo llamó Pascal- es en su libertad capaz de realizarse o denigrarse. En esa inexplicable y misteriosa mixtura de todos los componentes del universo radica su esencia, no siempre aceptada ni mucho menos comprendida. Algunos pensadores han querido descomponerlo, eligiendo sólo la dimensión espiritual o sólo la material, haciendo de él un ángel –encerrado accidentalmente en un cuerpo- o un homínido un poco más sofisticado. Algunas veces la cultura y nosotros mismos hemos intentado ser serafines o primates, o, incluso, dioses. Pero ninguna de estas impostaciones logra hacernos tocar y vivir lo que somos y lo que estamos llamados a ser. “La pucha con el hombre, querer ser tantas cosas, y nunca es más que cuando tan solo es él”

La persona experimenta el gozo intenso en muchas realidades y, sin embargo, ninguna de ellas lo sacia por completo, no pudiendo reposar en ninguna de las cosas que le ofrecen algún efímero placer. Porque la persona humana es, en su misterio, capacidad de lo infinito, anhelo de la trascendencia. Por eso dice el poeta que “tiene alma de guitarras encordadas de estrellas…” Hay en nuestro interior un anhelo de cielo, de perfección, que sólo un ser perfecto y eterno puede llegar a colmar.

Ese anhelo –al ser natural- no puede ser vano. No podríamos desear lo infinito si de alguna manera lo infinito no existiese y –sobre todo- si no tuviéramos algún tipo de nexo con ello, o con él. Tenemos el alma encordada de estrellas, en el fondo, porque provenimos del cielo, porque no somos más que “la fantasía que Dios creó”. Porque –como dijo un gran conocedor del alma humana- “nos hiciste, oh Dios, para Ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que no descanse en Ti”. En nuestra realidad corpóreo-espiritual experimentamos una sed que hace vibrar de deseo todo lo que somos, como hace ya tres milenios expresó el salmista: “mi corazón y mi carne suspiran por el Dios viviente”.

Es por eso que me atrevo a decir que toda visión de la persona humana que pretenda encerrarlo en esquemas más pequeños que el infinito ha de ser considerada como una amenaza para el hombre y un acto criminal.

El hombre nace y muere, a veces, sin vivir, 
Camina, desde el niño al viejo, sin gozar 
De eso que él mismo le llama felicidad 
Y si la tiene aquí la va a buscar allá. 

Tropieza tantas veces, en una misma piedra. 
Fruta es que llega a pasa sin madurar. 

Si tiene tira o quiere tener mucho más. 
Es un misterio y es de la vida la sal. 
Tiene alma de guitarras 
Encordada de estrellas 
Y es una falta envido su corazón. 

Sólo se diferencia del reino animal, 
Porque es el hombre el único capaz de odiar. 
Pero mientras el hombre, se asombre y llore y ría, 
Será la fantasía que Dios creó. 

Es una lágrima de niño y de crespín, 
Es monte denso, copla vida y manantial 
Es muy capaz de dar la vida o de matar, 
Es luz y sombra, tierra arada y arenal. 
La pucha con el hombre 
Querer ser tantas cosas 
Y nunca es más que cuando tan sólo es él. 

Es un camino que anda solo bajo el sol, 
Sendero trajinado por sueños de amor. 
Tiene alma de guitarras 
Encordada de estrellas 
Y es una falta envido su corazón. 

Sólo se diferencia del reino animal, 
Porque es el hombre el único capaz de odiar. 
Pero mientras el hombre, se asombre y llore y ría, 
Será la fantasía que Dios creó.

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