Articles by "Padre Javier Olivera Ravasi"

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El Padre Raúl Sánchez, abogado, teólogo y sacerdote colombiano radicado en Estados Unidos hace ya varios años es un personaje del todo particular: apologeta, claro, directo e incansable evangelizador, hace tiempo que viene usando los medios de comunicación para transmitir las enseñanzas de la Iglesia con parresía, pedagogía y hasta buen humor.

En la presente entrevista nos hablará acerca de su vida y apostolado para,

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

Domingo 15/10/2020 a las 18 hs. de ARG

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06:39

Nuestro amigo y hermano, el padre Federico Highton, hace años que viene estudiando el fenómeno del budismo tibetano. Como misionero en el lejano oriente, ha tenido la oportunidad de compartir parte de su vida con esta cosmovisión que tanto se ha metido últimamente en Occidente, al punto que, en breve, publicará un libro -a nuestro juicio- único en lengua española: Del yoga y el mandala al femicidio ritual”.

En el presente vídeo nos habla de un fenómeno bastante extendido hoy en día, aún en ambientes cristianos, para,

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

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06:41

El 12 de Octubre del corriente año publicábamos aquí el macabro descubrimiento de los sacrificios rituales infantiles por parte de los incas, ese imperio pre-colombino que, más de una vez, intenta mostrársenos como una de las grandes civilizaciones de la era prehispánica. El artículo reproducía un texto de un diario liberal, La Nación, normalmente adepto a todo lo que sea políticamente correcto. 

Esta vez es otro diario de análoga tendencia, aunque de menor calidad, el que reproduce otra investigación acerca de sacrificios rituales incaicos (esta vez, de llamas), al decir:

“En un yacimiento en Perú donde tenían lugar sacrificios rituales hallaron pruebas contundentes que representan la primera evidencia arqueológica que vincula a los antiguos incas con esta práctica (…). Las llamas eran el animal predilecto de la civilización incaica o inca para los sacrificios, ya que “su valor ritual sólo podía ser superado por el de los seres humanos.

El análisis no reveló pruebas de cortes en la garganta ni en el diafragma, amplía el estudio. Eso sugiere que las llamas podrían haber sido enterradas vivas. De hecho, las patas atadas también puede apoyar esta interpretación" (Diario Clarín, 27/10/2020).

Se ve que, con el tiempo, va cayendo el mito progre del paraíso terrenal, en consonancia con la naturaleza, de nuestros “hermanos” precolombinos…

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

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18:39

La actual ideología de género, como muchas otras ideologías, ha hecho que, en muchos casos, los que más sufrieran las consecuencias fuesen, entre otros, los mismos homosexuales.

En la presente entrevista conversaremos con la Dra. Patricia Schell, psicóloga, terapeuta y filósofa dedicada a intentar sanar al hombre integral desde una perspectiva científica y católica para,

Que no la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE

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06:39

Publicamos aquí el testimonio de uno de nuestras lectoras que, nacida en el judaísmo, terminó convirtiéndose a la Fe católica.

El testimonio es largo, pero vale la pena.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE


Quería conocer la verdad de lo que me pasaba y LA VERDAD salió a mí encuentro

A mi hijo

Mi nombre es Gabriela, nací el 6 de diciembre de 1960, en Rosario, Pcia de Santa Fe, Argentina, en el seno de una familia judía. Aunque mis padres no fueron practicantes, yo desde toda la vida tuve total conciencia de que era judía, era como si de las mismas paredes de la casa emanara en cascadas de Agua Viva el perfume de Jesús y María. Íbamos a la Sinagoga para las fiestas más importantes, para las bodas que nos invitaban y los Bar Mitzvah (rito por el cual el varón a los 13 años ya es considerado adulto y puede comenzar a participar de la liturgia) en Pesaj siempre comíamos matze, en la sopa o también con dulce de leche estaba muy bueno y aunque mi familia no era muy unida, nos sentábamos juntos en la Sinagoga (los hombres abajo y las mujeres en la platea) para nuestras fiestas más importantes y celebrábamos el Año Nuevo todos juntos y nos visitábamos. Fui al preescolar a la escuela judía y aunque la primaria la hice en la pública, para la secundaria volví a la escuela judía. Además concurría al club judío, mis amigos lo eran y ésto era muy importante, pues llegada la época en que los chicos y las chicas comienzan a pensar en un noviazgo, lo peor que podría haberle hecho a mí madre, hubiera sido tener un novio goy (no judío), aunque también tuve amigos en el barrio. El único abuelo que conocí, el padre de mi madre, vivía en Buenos Aires y cada tres meses más o menos nos venía a visitar, hacía defiltefish (comida típica) y se la pasaban hablando en idish (dialecto de los judíos en Europa) todo el tiempo y como yo no sabía, no me enteraba de nada…. Todas éstas cosas las cuento para dejar claro, que aunque mis padres no fueron practicantes, el hecho de pertenecer al pueblo judío, lo aprendí desde siempre, estaba tan arraigado a mi personalidad como ser mujer, por ejemplo.

Pero lamentablemente mi hogar no fue un sitio seguro, creo que mis pobres padres tenían profundas heridas afectivas, que hicieron que no pudieran atendernos bien a mi hermano y a mí, y que quedemos a expensas del demonio, expuestos a sufrir traumas, que por ejemplo a mí, me marcaron fuertemente… La experiencia que me marcó más, mucho más, fue un abuso sexual de un hombre extraño, doblemente extraño, porque no le conocía y extraño por sus malas artes y entre el  abuso y la reacción de mi pobre madre, que al verme entrar llorando desconsoladamente se asustó e hizo muchas cosas dominada por el susto, me produjo un shock emocional que me desbordó totalmente. Hace unos días, en la fiesta del Ángel de la Guarda, creo que entendí que el mío ya ofrecía a Jesucristo todos mis sufrimientos, por lo cual le estoy tan, tan agradecida. Pasé una infancia muy sola, sin explicaciones de ningún adulto sobre lo que me había pasado, abandonada, aunque no quitó que sea sociable, creo que era una niña que disfrutaba experimentando, observando, me encantaba la vida a pesar de todo, los colores, los rayos del sol, la música, los animales… También crecí con el fantasma del pederasta, siempre con mucho miedo y confusión.

Creo que tengo un temperamento muy melancólico, que al mismo tiempo que propició que las heridas anidaran en lo más profundo de mi alma, también que mis sentidos internos estuvieran muy abiertos, así que pronto percibí que había una realidad invisible a los ojos naturales. En mi casa no recuerdo a mis padres haber pronunciado la palabra Dios, salvo si se les caía algo pesado en el pie. Pero Él estaba presente, podría citar muchas experiencias misteriosas, que en medio del sufrimiento, que fue muy, muy intenso, me permitieron seguir adelante, como una voz que resonaba en mi corazón “Sigue", digo con  San Agustín: “Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.”

Así, con una gran sensibilidad que Dios me dio, crecí entre el embelesamiento por todo lo bello y una personalidad amenazada por la inseguridad, la desconfianza y la rebeldía, ésta última iba a marcar mucho mi adolescencia.

En medio de una gran confusión, Dios me daba una sed por conocer la verdad, que era el motor de mi día a día. La vida  quería abrirse paso en mí, me gustaba el rock argentino, iba a los recitales, Sui Generis era mi locura, corría detrás de los músicos para pedirles un autógrafo y luego empapelada la pared de mi habitación. Me hacía batiks muy bonitos y tantas cosas, pero la inseguridad se convirtió en una fuente de sufrimiento, en un obstinato.. Siguiendo la costumbre judía, de que los jóvenes al acabar la Escuela Secundaria, conozcan la Tierra Prometida, mi hermano pasó un año en Israel y al regresar a casa, la idea de irse a vivir para siempre cobró fuerza, hasta que se hizo realidad y él “hizo aliá” con unos 21 años, quedándome como hija única. Muchos años después, en 1992, murió mi padre y mi madre cayó en una profunda depresión. Gracias a Dios mi hermano pudo llevársela con él al kibutz, donde vivió muy bien atendida hasta el 2007, cuando murió. Humildemente, Dios me acostumbró a sentir su cercanía a través de tantas providencias que son mi bastón, entonces ya bautizada me alegraba diciendo: mi madre y mi hermano viven en Israel y para mis adentros pensaba en Jesús y María, que son también mi Hermano y mi Madre.

Cuando cursaba el último año de la secundaria, conocí a T y nos pusimos de novios, frecuentábamos el mismo grupo en un club judío, él también había tenido una infancia muy traumática, que sin darnos cuenta nos atrajo, pero también nos unió tremendamente el arte. Él era pianista y comenzaba a dar sus primeros conciertos, luego se decantaría por la composición y dirección orquestal; me enamoré de él viéndole tocar el Claro de luna de Beethoven. Yo después de abandonar el sueño de irme a vivir a Israel a estudiar sociología (pues era una apasionada sionista, pero la inseguridad y desconfianza, entiendo ahora, hicieron que desechará ese sueño, a pesar de que mi hermano ya se había ido a vivir a Israel) me decidí por el estudio del arte e hice el Magisterio de Artes Visuales.

Nuestro noviazgo fue muy difícil y no hacíamos lo que agradaba a Dios, porque los dos estábamos heridos y no le conocíamos. De su mano aprendí a gustar de la música clásica, recuerdo algunas conversaciones en las que comparábamos la música y la pintura, de verdad tocábamos el cielo con la punta de los dedos. Creo que Dios me llamó siempre a través sobre todo de la belleza, sin duda Él estaba conmigo, pero tarde le iba a amar… (otra vez me ayuda San Agustín a ver lo que bullía en mi corazón)

Nos casamos el 10 de enero de 1982…por lo civil y religioso, en la Sinagoga de Rosario, así las dos familias quedaron contentas… Nosotros, que ya frecuentábamos los ambientes artísticos, nos habíamos alejado de la Comunidad Judía, pero ese silbo amoroso que resonaba en mi corazón, me seguía persiguiendo… Los dos podíamos tener un poco de idea del bien y del mal, pero desconocíamos del todo la noción de pecado.

Estoy intentando ofrecer, para gloria de Dios, mi testimonio de conversión a Jesús y tengo miedo de ocultar algo principal: que los más miserables, somos los preferidos del Señor, con esto quiero subrayar la abundancia de pecado, sufrimiento y dolor en mi vida, porque Jesús vino a rescatar a los que estamos enfermos, además el Señor todo lo hace muy bien y creo que yo era como uno de los leprosos de Israel, cuando vivió entre nosotros. Claro que cuando la gracia nos toca es un regalo maravilloso que hay que corresponder, para que no se pierda. Cuando Beethoven va anunciando la melodía principal en el 1er Movimiento de sus Sinfonías (forma sonata), me di cuenta una vez, que imita a Dios, porque Él hace eso en nuestras vidas.

Antes de dejar atrás mi infancia y adolescencia, haré referencia de al menos dos experiencias que inclusive las entendí después de mi conversión, quiero decir con esto que nadie pasa de reconocer a Cristo y a su Iglesia en el centro de su vida y de la Historia, si no viene la gracia de lo Alto en su ayuda… Debía tener unos 14 años, había leído un artículo sobre los tres grandes “pablos", Neruda, Picasso y Casals. Esa noche tuve un sueño, yo estaba en el pequeño patio de mi casa y miraba hacia la terraza y sintiendo una atracción, subí. Al llegar arriba, había tres señores sentados alrededor de una mesa redonda, uno de ellos se dio la vuelta y me miró, y con la mirada me decía ¡cuánto nos vas a hacer esperar! Yo muerta de miedo, a pesar de todo, me di cuenta que era una queja de amor. Entonces me di la vuelta y bajé las escaleras… Cuando me convertí, aquel sueño como que completó su significado, fue para mí una prefiguración de la Santísima Trinidad, aunque el que se dio la vuelta siempre intuí que fue san Pablo. A los 17 años más o menos, comencé a pintar, a un cuadro en lápices de colores, le puse el título de “Juegos dialogales"… y fue uno de los primeros que llevé a enmarcar emocionada, eran Tres Figuras geométricas que mediante yuxtaposiciones, se comunicaban… ¡Una caricia de Dios Uno y Trino!

Era una niña, luego adolescente judía, con muchos problemas, pero Dios me habitaba de alguna manera que sólo Él sabe.

Otro recuerdo, fue un día en que en mi casa hubo muchísima discusión, terrible, yo entré a mi cuarto desesperada y me vi como salida de no sé dónde, con una Biblia en las manos, recuerdo bien, de pie, al lado de la ventana, por donde entraba la luz. Entonces leí, y lo que leí era Éxodo 20, los 10 Mandamientos… Tuve un gran alivio, porque me dieron una guía segura, recuerdo cuánta paz de cielo me embargó y cuánto me aprovecharon. Realmente es verdad cuando el Señor dice, que una madre puede abandonar a sus hijos, pero Dios nunca los abandonará. Isaías 49,8-15

T y yo nos casamos el 10 de enero de 1982, la boda en el Shil la recordaré siempre con emoción, creo que muy en el fondo de mi corazón, escuchaba el eco del futuro, cuando por la misericordia de Dios, iba a llegar a otro Altar, al de la Iglesia, para recibir el Bautismo.

Para ese entonces los dos “hacíamos psicoanálisis", quedaba hasta bien entre los amigos, daba como un glamour… Pero gracias a Dios, aunque no estaba con Él pero Él estaba conmigo, pronto caí en la cuenta que yo no iba porque estaba de moda, sino que necesitaba ayuda. El 14 de febrero de 1985 nació M, nuestro hijo… Junto con el encuentro con el Amado de nuestras almas Jesucristo, unos 15 años después, es lo más grande y hermoso que me sucedió en la vida, Dios y mi hijo son mis dos amores.

No estoy poniendo a mi hijo en el mismo lugar que Dios, porque delante de Él, somos sus hijos. M se dice ateo hasta hoy y yo espero en los Sagrados Corazones de Jesús y María su conversión.

En octubre de 1986, los tres nos vinimos a vivir a España, fijando nuestra residencia en un pueblo hermoso de la Costa Brava. Aquel fue el escenario de mi conversión… Allí comienza mi pequeña historia de salvación, historia de amor, repletísima de misericordia de Dios, que se abajó hasta mi infierno y se hizo mi esclavo, por amor, amor loco del Hijo del Padre.

El matrimonio comenzó a fallar… Nunca nos lo hubiéramos imaginado que nos pasaría a nosotros… aunque la crisis ya era permanente.

Siempre recordaré  el primer día que pasé en el nuevo domicilio, ¡fue una Nochebuena del año 1995! Bendito sea Dios, porque siempre estuvo de estas maneras a mí lado para acompañarme, sembrando mi día a día de providencias. Cantaré eternamente tus misericordias Señor”

Los primeros años de mi vida de divorciada, reconozco que fui muy protegida por Dios, mucho… Realmente podría haber acabado muy, muy mal. Un trabajo que ya hacía de casada, lo continué haciendo, los Talleres de expresión artística o de dibujo y pintura. En el colegio de EGB más antiguo del pueblo, comencé con un Taller de cerámica como actividad extraescolar. Había dos hermanitas que se apuntaron dos o tres años seguidos, esto propició que comenzase una hermosa amistad con su madre. A través de ella, iba a ser que el Salvador comenzase a acelerar el paso. S no era creyente, si un alma grande, pero un poco en el mundo de la Nueva Era, aunque no en el corazón de este movimiento. Yo quería saber qué me pasaba, buscaba denodadamente la verdad. S me propuso hacer una técnica que constaba de 10 sesiones y puedo asegurar que es tan grande la misericordia de Dios para conducirnos con paciencia a su Corazón, que hasta de terapias y caminos del ámbito de la Nueva Era se valió, haciendo resonar en mi corazón, su silbo amoroso… En una de esas sesiones, la vela comenzó a chisporrotear mucho, pero no podíamos mirar porque debíamos mantener los ojos cerrados. Al acabar la sesión, la sorpresa fue enorme, pues la cera había quedado con una perfecta forma de corazón. Siento mucho no haber guardado ese corazón… la desconfianza me lo impidió, pero me fui pensando en mi ángel de la guarda, se ve que algo sabía de él. Es que Dios está enamorado de los hombres y no escatimó regalos para conquistar mi pobre corazón. Pv 8-31

S me habló de una amiga suya, que era muy buena en esta terapia de la respiración, que se llamaba “rebirthing", pero que vivía en Gerona, capital. Me dio su teléfono y al poco tiempo la llamé y concertamos una cita que recuerdo entrañablemente, fue en el bar de la estación de autobuses de Gerona.

Creo que si ésto fuera un libro, aquí comenzaría el segundo capítulo. En la conversación, yo le expliqué a N también mi situación laboral-económica, que estaba a punto de colapsar y ella me explicó que una tía suya que vivía en una Residencia, por diferentes motivos, iba a venir a vivir a su casa. Esta coyuntura fue del todo providencial, me mudé a su casa y comencé a trabajar cuidando a la tía. Pude seguir con las actividades extraescolares y esto posibilitó que mi hijo y yo pudiésemos seguir viéndonos todas las semanas. Pienso que Dios se comportaba como un enamorado anónimo, que va enviando sus ramos de flores y va sembrando en el corazón la esperanza de que Alguien le ama muy especialmente y en el horizonte la idea de que todo iba a salir bien.

Creo que a N le pareció muy gracioso que una judía trabajase en su casa, y aunque ella no era practicante, al igual que yo también buscaba afanosamente la verdad. Igual traía una botella de agua bendita de la Iglesia, como asistía a la conferencia de un maestro de budismo o chamán, mucha gente buena está en búsqueda de la verdad, de la paz interior. Verdaderamente yo estoy en deuda eterna con Dios, porque a mí me infundió la voluntad de llegar hasta la plena verdad en Cristo.

Un día N me explicó que había un grupo de gente que se reunía el día 4 de cada mes, en torno a una vidente que decía que se le aparecía la Virgen, y que esto pasaba en un sitio llamado Torre Gironella, detrás de la Catedral. De más está decir que yo no tenía idea de que éstas cosas existían, muy vagamente tenía noticias de quién era María la Madre de Dios, aunque haciendo un salto a la infancia, quizá a mis 10 años, hubo una vez que mi madre se burló entiendo, de la Maternidad Virginal de María, y muy misteriosamente recuerdo que me enfadé mucho con mi madre… fui a mi habitación al rincón donde había un cuadrito y que era una poesía a la madre y era ese un rincón donde yo me refugiaba cuando en mi casa se armaba una gorda… No sé qué habrá sido de ese cuadrito y tampoco sé por qué yo lo asocio a la Virgen, Nuestra Señora.

Volviendo a la invitación de N, como yo buscaba la verdad con ansia, le dije que si. Ahora tendría que escribir lo que sigue de rodillas, porque allí, en Torre Gironella, comenzó mi conversión, y fue así:

Llegó el día y nos dirigimos al sitio. El lugar es muy bello, un paraje natural, con jardines y vistas muy hermosas. También posee una historia que se remonta a los romanos y sucesivamente a las distintas épocas históricas. Parece que durante la Inquisición, un grupo de judíos, se encerraron y se inmolaron antes de caer en manos de sus perseguidores. De esto me enteré un poco después y despertó más mi interés.

Pero ese día,  empecé a divisar de lejos al grupo de personas y a medida que me fui acercando me di cuenta que ¡había algunos arrodillados! ¿qué hacían así? ¡Nunca había visto algo así!… Pensaba yo y ya al lado de ellos,  fijé mi mirada en uno, percibí muy fuerte su actitud de súplica, tan fuerte que quedé absorta, desde ese momento ya no me acuerdo de N que venía conmigo. Debo decir que esa actitud de súplica fue digamos el pistoletazo de salida de mi conversión. Los que creen en Dios, se arrodillan… se humillan ante Dios y confían en Él… yo había tenido experiencias de Dios, sin saber que eran de Dios y quizá pensé que de verdad alguien hermoso y sobrenatural, me amaba como un Padre… Ellos, me enteré tiempo después, estaban rezando el Rosario y al acabar rezaban el Vía Crucis detrás de la Torre Gironella, y ese día les seguí, pues yo ya había mordido el anzuelo y quería saber más. Les acompañé en cada estación, escuchando lo que iban diciendo, entonces sentí que dentro de mi ya habían sido preparadas de antemano 14 cajas vacías, para ese día proveerlas de contenido. Al mes siguiente volvimos a concurrir el día 4, pero después, en mis tiempos libres, comencé a visitar la ermita yo sola…

Al momento que estoy escribiendo, después de que pasaron 19 años de mi bautismo, creo que es bueno y necesario decir que por pura gracia, Dios sigue empeñado en mi sanación, quiero decir que todavía sigo andando el.camino de la sanación y hoy me dejó entender que en mi memoria hay un cortocircuito, esos hechos ocurridos en mi infancia se concatenaron de tal manera, que parecería que Dios me castigó enviándome al pederasta ¡Que nadie se escandalice! Más bien sirva para poner de relieve la terrible confusión que éstas experiencias pueden dejar en el corazón. Así a la luz de éste conocimiento, puedo entender que en esas visitas sucesivas que comencé a hacer a la Torre Gironella, sin esperar ya el 4 de cada mes, fue un hito el día que por fin me atreví a arrodillarme. El ir acercándome al Misterio de Amor de Dios era una necesidad grande de mi alma, pero al mismo tiempo, mis miedos y desconfianzas hicieron que muy de a poco vaya dando pequeños pasitos. El día que me atreví a arrodillarme, a ver qué pasaba, volteaba mi cabeza para ver si venía alguien, pues sentía mucha vergüenza. Pero la determinación de seguir adelante vencía. Pasaron los meses de invierno y llegó la primavera, entre medio fueron pasando muchas cosas, encuentros, conversaciones, cosas de la vida cotidiana y muchas que iban marcando lo que mucho tiempo después aprendí que fue mi camino de conversión. Una constante fue el empeño con que en mi conciencia Dios me iba empujando hacia el definitivo encuentro de amor. No sé si queda claro, en la práctica se constata que Dios solo necesita de nuestro si, todo después lo va haciendo él… él da el querer y el obrar.

Cuando llegó el mes de mayo, en el cual Gerona se embellecía con flores, con sus patios abiertos en el  “Mes de las flores” (no se prioriza el Mes de María), N me comunicó que como la Generalitat daba la posibilidad de ingresar durante los meses de verano en una Residencia a personas dependientes, que hayan estado cuidados en sus domicilios, para que su familia pueda descansar, la tía iba a pasar el verano en una Residencia, por lo cual ya me avisaría en septiembre si acaso me seguía necesitando. Como me pagó muy bien, me vi con una buena suma de dinero y sucedió que me vino muy fuerte la idea de que era el momento de conocer Israel, Eretz Israel, estar con mi madre y hermano y cumplir con el sueño de todo judío de conocer la Tierra Prometida. Se lo comuniqué a N y me animó a realizarlo, cosa que le agradeceré toda la vida siempre. Cuando llamé a mi hermano, todo fue maravilloso ¡Santo Dios! En mi corazón estaba M mi hijo y la espina del dolor, pero siempre latía en mí la esperanza del reencuentro (cuando M nació, el obstreta se quedó muy asombrado, porque el cordón umbilical era larguísimo, nunca había visto uno tan largo, desde ya le había dado tres vueltas a su cuellecito, sin hacerle daño. Y entonces sentí en mi corazón “un día se alejará de ti, pero no te preocupes porque el cordón umbilical es muy largo". (M y yo hoy estamos muy alejados y la verdad que ese pensamiento me llena de esperanza en medio del dolor) Todavía recuerdo vivamente cuando compré el billete de avión, en una agencia de Halcón Viajes, en Gerona ¡lo recuerdo con mucha alegría! Creo que Dios estaba apretando el acelerador.

Estuve en Israel dos meses, desde el 24 de junio, hasta el 24 de agosto, como en el pueblo había aprendido a celebrar San Juan y era una fiesta que me hacía mucho eco porque hablaba de dejar lo viejo y coger lo nuevo, antes de irme a dormir esa noche especial, hice una mini fogata en el jardín de mi madre. Voy a referirme a dos o tres experiencias para mí como principales, porque fueron tantas, que debería escribir 20 páginas sólo para contaros eso dos meses. A los dos días o tres, mi madre me acompañó a la ciudad más próxima, Haifa. Allí contraté excursiones, pues yo no sabía nada de que existía algo que se llamaba peregrinación. Con gran sorpresa mía y de mi madre, quise ir a la Basílica de la Anunciación, de la Natividad, el Kineret y ¡al Santo Sepulcro! Además de a otros sitios queridos, como el Mar Muerto y especialmente el Muro de los Lamentos. Mi abuelo de niña, me había regalado una cajita de música, que en la tapa tenía una foto del Muro de los Lamentos y él me había explicado qué era y yo albergué la esperanza de conocerlo. Mi infancia fue muy dolorosa y ese nombre, Muro de los Lamentos hacía mucho eco en mi.

Israel a pesar de mis grandes miedos e inseguridades, fue mi hogar, me sentí muy resguardada. Las excursiones, casi todas, salieron de Jerusalén y el kibutz estaba en el norte. Era una aventura de taxi hasta Haifa y autobús hasta Jerusalén y ni que hablar de las vueltas, una aventura… ¡Gracias Padre porque me preparabas  todo!

Ya mencioné que no hay conversión sin gracias y a veces extraordinarias, no porque yo por ejemplo sea especial o extraordinaria, no, no, todo lo contrario, ¡Jesús tuvo que derrochar conmigo paciencia y comprensión, para conducirme a pesar de mi miedo, desconfianza e inseguridad!

El día de la excursión al Muro de los Lamentos, imaginaros cómo estaba yo, mi corazón latía fuerte, tenía gran expectativa. La guía nos advirtió que sólo nos iba a dar algo así como 15 min, que no nos iba a esperar y que no nos aconsejaba que quedemos solos en Jerusalén y menos por la tarde… Cuando el autobús llegó, me quedé sobrecogida ante la vista de la explanada del Muro. Apenas bajamos, corrí, corrí y corrí y al llegar apoyé la frente en el Muro, entonces sucedió que la piedra se me hizo blanda como una almohada y descansé, descansé. De repente sentí un beso en el hombro, me di la vuelta al instante y no había nadie alrededor mío. Todavía tenía que meter entre las rendijas algunos papelitos que me habían dado amigas, lo hice muy rápido pues me acordé de la guía y su advertencia. Corrí hacia el sitio y pude unirme a mi grupo por los pelos… Recuerdo que se me acercaban niños para venderme cosas, fueron tan incisivos y eran pobres, que acabé comprándoles un libro sobre la Ciudad Santa, cuál fue mi sorpresa, cuando ya de vuelta vi que estaba escrito en alemán… pero se lo regalé a S, que era alemana. Está experiencia me metió más hondo el anzuelo del Amor de Cristo, fue un dardo de amor divino ¿Es que hay Alguien que verdaderamente me ama? Durante los dos meses se sucedieron muchas y entrañables vivencias… En otra excursión, ésta vez a Tiberíades, en hebreo Kineret, el conductor nos iba contando cosas de los lugares por donde pasábamos. Me llamó la atención el pueblo de Magdala, no me acuerdo si sabía algo ya sobre santa María Magdalena. Miré para ver el pueblo, pero al no ver nada, pensé que era muy pequeño y ya había pasado. Mirando hacia el horizonte, era un sitio de suaves estribaciones, de repente me llamó la atención un reflejo, como si alguien estuviese jugando con un espejito y pensé “por aquí pasó Jesús” y sentí un gran confort. Jesús es todo un caballero, que manda ramos de flores a su amada, pues él es el Amor de nuestras almas.

Llegó el final de la visita a Israel, digamos que cuando me fui, Israel era más Tierra Santa y menos Israel y estaba determinada a conocer quién era Aquel que me enviaba flores, su aroma ya era irresistible. No soy experta, pero la conversión me parece como un proceso que va de un estado semiinconsciente, o quizá inconsciente, luego semiinconsciente y hasta que acaba  surgiendo en la conciencia, como la imagen bella de una  gran ballena emergiendo de lo profundo del océano.

Ya de vuelta en España, me había propuesto examinarme para tener el título de auxiliar de enfermería, esto me hacía bien, porque me daba la sensación de estar con los pies en la tierra. Aprobé el examen, estoy segura que la Divina Providencia actuó para ello, pues mis compañeros habían pasado un año preparándose y yo sólo cerca de un mes y no soy superdotada, tengo una inteligencia media, muy normalita. Una vez cumplido este requisito, me lancé al segundo, que fue ir al monasterio de la Comunidad de las Bienaventuranzas que queda en San Martín de Canigó, Francia. N me había hablado de este sitio y de esta Comunidad, inclusive en Israel yo rememoraba esas conversaciones con ella y se me había quedado en el corazón. Así que conseguí el teléfono y llamé, fue la primera vez de bastantes más, que tuve que explicar lo que me estaba sucediendo a una persona que pertenecía a la Iglesia, no teniendo yo prácticamente ni idea de qué era la Iglesia. Me emociono porque yo contaba lo que me estaba pasando y la contestación fue que me recibían y me esperaban, que podía pasar allí un largo fin de semana, fue el comienzo de otra etapa, todavía no era el “Fiat” pero se iba acercando. A esta experiencia le sucederían muchas más, yo lo resumiría todo como una pesquisa, averiguando quién era “ese” que me enviaba flores, hermosas flores, quién era “ese” que me amaba, que me miraba, que se fijaba en mi. Pues la única manera de amarnos a nosotros mismos y a los demás, es sabiéndonos amados por Él, es un conocimiento salvífico que tardé muchos años en descubrir. De todas esas experiencias qué iban a seguir, solo me referiré a dos o tres, intentaré que sean las más importantes desde el punto de vista que sean las que más me empujaron al “Fiat". De esa visita a San Martín de Canigó, me quedó la amistad con una monja que fue el ángel que me pusieron, porque hablaba español. Con ella iba a comenzar una correspondencia, la Hna M fue verdaderamente mi madrina de bautismo, aunque llegado el momento no pude contactarla para que lo sea. En las cartas que yo le escribía le iba contando mis dificultades afectivas que por aquella época distaban muchísimo de estar resueltas, también le contaba los pasos que iba dando en lo que yo todavía no sabía era mi camino de conversión y entonces en una de las cartas que ella me contestó, una frase fue como un dardo ardiente que se me clavó en el corazón, es una frase que luego iba a escuchar o a leer muchas veces y que seguramente todos vosotros también, pero aquella primera vez  fue como dicha por el mismo Corazón Inmaculado de María: “si supieras cuánto te ama Jesús".

Durante el año siguiente además de trabajar y seguir con mis talleres, la pesquisa se transformó en una obsesión, no todas las obsesiones son malas, ¡ésta era muy buena! Un buen día comencé a ir a Misa, no recuerdo qué me llevó, nadie me dijo que vaya, pero no sé, comencé a ir. La Misa fue mi primer catequesis… no faltaba ni un día, solía ir a las 7 y durante la semana se celebraba en una Capilla pequeñita lateral. En aquella época había Sagrario tanto en la Iglesia como en la Capilla lateral. Solía celebrar el que era Vicario Parroquial, un sacerdote que se llamaba como un Rey Mago, creo que era Melchor,  Mosén Melchor, yo le entendía muy poco, porque además de celebrarla en catalán, aunque yo entendía bien el catalán, pero su pronunciación y hablar rápido… pero me fijaba en sus gestos, y en su mirada, y la mía iba de él a una imagen de la Virgen Nuestra Señora, y de Ella a él otra vez, por supuesto que todavía no entendía la Eucaristía, el Santísimo Sacramento del Altar, pero de esa manera la Misa fue mi primer catequesis.

Me había comprado una moto nueva, era una Piaggio azul, preciosa, porque había comenzado a trabajar llevando los papeles de las distintas oficinas del Ayuntamiento a todas las casas, por todos los barrios del pueblo. Estoy segura que por eso le di mucho trabajo a mi ángel custodio, para cuidarme en cada bocacalle, pues siempre tuve que luchar contra la tentación del suicidio. La moto tenía una maleta detrás dónde guardaba los papeles que tenía que repartir. Un día se acercaba la hora de la Misa, y aún tenía mucho trabajo pendiente. Entonces me vi de repente ante el dilema: si seguía repartiendo perdía la Misa, y si no, me las iba a tener que ver al día siguiente con la jefa ¿cómo explicarle que no había acabado de repartir todo? Estaba de pie al lado de la moto, con la carpeta llena de papeles en mis manos.  Entonces se apoderó de mí una determinada determinación, como diría la Santa Madre Teresa; cogí la carpeta, abrí la maleta, la metí dentro, cerré la maleta, me subí a la moto y me puse rumbo a la Iglesia que estaba al final de una calle muy empinada. Recuerdo que la subí a mucha velocidad y cuando llegué aparqué la moto en la plaza de la Iglesia, puse el candado y entré, o sea que fui a Misa. Cuando acabó y me vi otra vez en la Plaza de la Iglesia, al lado de mi moto,  estaba muy aturdida, pasé un rato sin poder reaccionar, hasta que fui consciente de que algo fuera de lo común estaba ocurriéndome. El viento del Espíritu Santo soplaba fuerte, entonces al volver a casa se formó en mi la decisión de volver a San Martín de Canigó otra vez. Pero cuando llamé por teléfono y me pusieron con la Hermana que había sido mi ángel, ella me dijo que habían abierto una casa en España y que para mí era mejor ir allí, porque no iba a tener problemas con el idioma. La casa estaba en un pueblo de Toledo, Puente del Arzobispo, llamé y acordamos la fecha, pero esa vez no fui. No sé, yo que había sido capaz de irme hasta más allá de la frontera de España, ahora tenía miedo, pienso que todavía no era el momento. Mientras tanto seguía mi pesquisa, para ese entonces ya hablaba con Mn Miguel Ángel, el Párroco, que siempre estuvo muy disponible para escucharme. También viajaba a menudo a Barcelona a hablar con el Rabino. Hablaba con uno y con otro, ¿Os dais cuenta cómo iba cambiando mi vida el Señor, a medida que me iba acercando a mi Fiat? Una de las veces que me encontré con el rabino y le conté que iba a Misa cada día, recuerdo con mucha ternura lo que me dijo, fue algo así como un padre al que una hija le cuenta que comenzó a salir con un chico, me dijo:  “Vale, vale, pero que no pase de ahí ¿eh?” ¡Y sí que iba a pasar de ahí!

La parroquia estaba dedicada a Santa María, en un lateral había un retablo con pinturas de ángeles y una peana vacía, pero yo observaba que la gente ponía velas, entonces toda llena de vergüenza puse mi primer vela. Cuál fue mi sorpresa el domingo siguiente cuando al entrar a la iglesia veo que hay un ambiente festivo, entonces me di cuenta que la capilla lateral estaba especialmente adornada, y que la peana ya no estaba vacía, sino que había una imagen de la Virgen, era la Virgen del Rosario. Averigüé que había estado en restauración y que ese día volvía a la Iglesia, y pensé ¡que sin darme cuenta le había puesto una vela a la Virgen! Otro día el Párroco en la homilía habló de la Virgen, y dijo que Ella tiene el oficio de llevarnos a Jesús, entonces en mi corazón le dije: ¡si eso es verdad, llévame a mí a Jesús! Era sábado, había ido a Misa con el carrito de la compra pensando en hacerla en el mercadillo de payeses y me dirigí allí. Cuando estaba llegando en medio del alboroto de la gente, vi a lo lejos que se acercaba un chico muy jovencito mendigando, tenía un aspecto angelical. Yo nunca había dado limosna, pero me vi llevada a hacerlo, busqué rápido una moneda, pero cuando ya estaba casi enfrente mío, una señora se me quiso adelantar, entonces intenté ser más rápido que ella y puse la moneda en las manos del muchacho, él a cambio me entregó una estampa, mi primer estampa, fue de San Juan de Dios y tenía una oración en italiano que empezaba: Oh Signore Gesù… en la imagen se veía a la Virgen con los brazos abiertos y bajo su manto a  San Juan de Dios con todos sus hijos. Entonces pensé, sí que María me llevó a Jesús y a éste santo comencé a encomendarme. Mi vida estaba muy desordenada, así que Dios me puso el padre adecuado.

Yo quería saber qué me pasaba y Jesús que era la meta, también se hacía guía e iba suscitando en mi cada vez más y más interés. Así fueron sucediéndose los días, llenos de pequeñas coincidencias y de momentos en que me invadía una inmensa alegría después de algunas de esas experiencias. El brío que iba cobrando en mi vida este camino, hacía que pudiese con todas las dificultades, las angustias, ansiedades e inseguridades que sentía. Llegó una coyuntura en la cual me dije, ahora si es el momento de ir a Toledo y tengo que aprovecharlo. Volví a llamar, ésta vez  a Puente del Arzobispo directamente y todo fue a pedir de boca. Cuando en los pasos que fui dando, todo venía así, rodado, veía la voluntad de Dios, pero otras veces que el avanzar se volvía dificultoso, me parecía que Dios probaba mi determinación por obedecerle, entonces insistía. En esta ocasión tuve que ocuparme de disponer mi partida, iba a estar ausente una semana y para ello tuve que organizarlo, que todo quedará bien atado. Para ello me atreví a tomar decisiones por mi cuenta, mi conciencia me decía ¡Adelante! Estás haciendo bien. YO me acuparé de todo ¡Y entonces me animé! Estaba buscando la verdad y al final vino a mi encuentro.

El viaje a Puente fue toda una prueba de fe, era actuar “segura contra toda inseguridad"… Si, Dios creo que ya me había regalado el don de la fe, que me posibilitó actuar poniendo la confianza en Él, en contra de toda desconfianza mía.  Hacia Toledo, ciudad que me hablaba de castillos, torres, caballeros y sangre derramada por mis hermanos judíos en la Inquisición, pues la idea que yo tenía era muy equivocada. Viajé un 30 de octubre de 2000, lo recuerdo muy bien porque otro 30 de octubre volé de Argentina a España y sobretodo porque es el cumpleaños de mi querida mamá, que en paz descanse. Tuve que hacer trasbordo en Talavera de la Reina, llegué a Puente en autobús. Las imágenes de ese viaje, como fotografías, se me quedaron grabadas en la retina. Me estaban esperando, la Comunidad tenía un matrimonio como “Prior", al descender del autobús vi sus caras sonrientes y amables que me transmitieron confianza. Pensad que muchos de nosotros estamos muy acostumbrados a ese momento que vamos a hacer Ejercicios Espirituales o un Retiro y nos acogen siempre con amor, pero aquel era para mi el primero, es verdad que ya había estado un fin de semana en San Martín de Canigó, pero aquello ocurrió muy al principio, ésta vez mis espectativas habían crecido mucho, así como sin ser casi nada conciente, mi conocimiento del misterio del Amor de Dios. La Comunidad ocupaba la Ermita donde se hallaba nada más y nada menos que ¡la Patrona de Puente! Nuestra Señora de la Bienvenida ¡de la Bienvenida! La Ermita está dentro de un pequeño Monasterio que ellos restauraron y era como una casita de muñecas ¡Qué hermoso era! Ana me condujo a mí habitación (celda), cuando entramos la vi muy bella, toda de hermosas maderas, tan acogedora, que me eché a llorar, creo que fue una catarsis. Repetía y repetía ¡sólo quiero ser una buena madre! Porque ese fue el propósito que me movía, volver al pueblo curada y poder ser la madre que mi hijo merecía, pero ya nunca más iba a volver a vivir en Cataluña. Ana me dejó sola, diciéndome que me esperaban a la cena. La Comunidad se despertaba de madrugada, porque tenían Adoración de 6 a 8 de la mañana, pero por esta vez me dejaron dormir más, era el 31 de octubre, víspera de Todos los Santos, pero yo era ignorante de eso. Esa mañana me uní a ellos para el rezo de Laudes… Me pusieron un Libro de las Horas en las manos, la primera vez. Por supuesto que no tenía ni idea de lo que me habían dado, pero uno intenta imitar al resto ¡Las primeras veces qué perdido que está uno! Así, intentando acertar una, ya habían llegado al Benedictus y entonces cuando escuché las primeras palabras “Bendito sea el Señor, Dios de Israel” , suspiré muy profundamente y sentí ¡Estoy en casa! ¡Por fin encontré mi Casa! Pero no que había encontrado mi lugar en esa Comunidad, ese problema aún no existía en mi horizonte, lo que sentí fue la Iglesia, ¡La Iglesia era mi Casa!

Me explicaron que iba a seguir el ritmo de ellos, así que al día siguiente, o sea 1º de noviembre, Solemnidad de Todos los Santos, que no sabía, iba a madrugar para estar a las 6 en la Iglesia. Tenía que abrigarme mucho, coger la linterna que me habían echo traer, salir sigilosamente de la habitación, sin nada, nada de ruido. Enfocar la linterna hacia abajo para no encandilar a nadie y por el pequeño claustro, entrar a la Iglesia. Para mí fue muy encantador todo. Cuando salí de mi habitación, vi las lucecitas de los Hermanos y Hermanas en hilera y me parecían luciérnagas. El paso por el claustro, que era exterior aún más encantador… la noche, el cielo estrellado, la Ermita original, donde un pastor encontró la imagen de la Virgen y le dijo ¡Bienvenida! y le quedó así la advocación, así a Puente del Arzobispo todos sois bienvenidos por la Patrona, la Santísima Virgen.

Mi corazón, mi mente y mi alma estaban por ser transformados por la gracia de Dios, Santísima Trinidad. Cada vez que cuento este episodio -en el cual Dios Uno y Trino me estaba por hacer suya, me pongo de pie, pero ahora no podré-  Al entrar en la Iglesia, quedé sumergida en la oscuridad, al mirar hacia el Altar sólo vi dos lucecitas, que se me antojaron eran los Ojitos del Niñito Jesús… me acordé de la belleza del teatro negro de Praga, ese encanto tan maravilloso. Por la luz de mi linterna pude ver que todos se iban sentando, había bancos y sillas, cada uno escogía el que más le apetecía, yo elegí una silla y me senté. Pero antes de sentarme miré hacia donde estaban las lucecitas y le dije al Señor ¡Para qué carajo me hicistes venir hasta aquí! ¡Desde mi pueblo de Cataluña, hasta aquí! Lo siento, sé que le hablé mal a Dios, pero me salió así y me senté. Pasaron no sé, dos, tres minutos y sucedió que sentí con mi cuerpo que bajé, descendí y cada vez que cuento lo que pasó después, digo lo mismo, que no podría contarlo si al cabo de un tiempo no hubiera sentido con mi cuerpo la sensación contraria, de subir otra vez. Es como si hubiera bajado a un valle y luego hubiera subido.¿Qué pasó digamos, en el valle? Pues lo que sucedió me dió el Norte, o sea hacia dónde estamos orientados los hombres, hacia el Señor. Todo lo que viví, no tocó mis sentidos exteriores, o sea que no escuché nada ni vi nada, ni olí, ni sentí nada de nada ¿Dónde estuve? ¡Qué sé yo! Para poder explicarlo digamos que percibí un movimiento, una energía frente a mí a la izquierda, que iniciaba un movimiento lento, lento, curvo hacia la derecha y cuando llegaba al otro extremo todo se había vaciado, todo se había volcado de manera que nada quedaba a la izquierda, y entonces iniciaba el movimiento al revés, hacia la izquierda y pasaba lo mismo. Esto se repitió muchas veces y el arco que surcaba de un lado a otro era perfecto y hermoso. Todo en medio de un absoluto silencio. Esto fue todo y cuando como dije subí, volví en mí. Abrí los ojos y constaté que todo seguía igual, pero no. Miré el reloj y eran las 7.45 o sea que solo faltaba ¼ de hora para que acabase lo que me habían dicho era la Adoración. No recuerdo con qué orden, de qué me percaté primero, segundo… pero también me fijé en que nadie se había dado cuenta de lo que me pasó, y eso fue un alivio,  también con grandísimo susto, me di cuenta que ¡Había amanecido! La luz entraba a raudales por los ventanales de la Iglesia y vi al Señor, quiero decir, al Santísimo Sacramento del Altar, a la Eucaristía, estaba en el medio de las dos lucecitas que ahora veía que eran velas. Salimos de la Iglesia y yo estaba muy como mareada. No le conté a nadie lo ocurrido, pero el efecto fue inmenso. Desde ese día, ya no necesité más búsquedas, toda entera, toda mi alma, toda mi mente, todo mi cuerpo, toda, quedó orientada hacia la Eucaristía, pues todo eso me había sucedido en mi primer adoración, aún sin saber que Jesucristo se quedó con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, en la Eucaristía. Detrás del altar, estaba Nuestra Señora de la Bienvenida.

Es misterioso, pero me parece recordar que al primero que se lo conté, unos tres meses después, fue al sacerdote que me bautizó, a don Demetrio Fernández, era el Párroco de Santo Tomé, algo así como dos años después la Santa Madre Iglesia lo ordenaría Obispo y comenzaría su nuevo ministerio en la Diócesis de Tarazona. Él me explicó que lo que yo tuve había sido una gracia Trinitaria, totalmente intelectual. Luego lo entendí un poco más leyendo a la santa Madre Teresa de Jesús. Ella explica que hay veces que Nuestro Señor Jesucristo, en su magnanimidad, regala gracias de las más extraordinarias, porque son totalmente intelectuales, suspende en nosotros todos nuestros sentidos exteriores, se las regala a un alma para atraerla a Él y que si el alma digamos que la desperdicia, como que no hace caso, entonces Dios que nos dio la libertad, no insiste. Bueno, yo no me imagino que hubiera desechado esa luz, hubiera sido imposible. Entonces dije que lo entendí, que fue el Padre y el Hijo por el Espíritu Santo, donándose totalmente. Y cuando yo explico lo que viví en aquella mañana de Todos los Santos, explico que nunca, nunca había visto cosa igual. Que cuando nosotros nos comunicamos, en una conversación, aunque queramos ser del todo sinceros, siempre estamos eligiendo qué decir y que no, por las dudas no nos entiendan o vayamos a caer mal, etc. Pero aquello no, entonces supe que verdaderamente existe el Amor, el darse totalmente al otro y es bello, muy bello, infinitamente bello y me inflamó en Esperanza, comencé a vivir de las Promesas de Jesucristo. Y el Señor no me sanó, no, lo que hizo fue darme la brújula, Él mismo y me dijo: Por Aquí. ¡Alabado sea Jesucristo y la Virgen María su Madre! ¡Maranatha! ¡Ven Señor Jesús! Gracias, gracias, gracias… Otros títulos del Señor, para mí son Norte, Brújula, Por Aquí ¡Él que es el Camino, la Verdad y la Vida! Cuando rememoro aquella gracia, me viene por ejemplo la imagen de un manantial que fluye sin nada que lo disturbe o disculpad, me viene un partido de tenis, cuando ninguno de los dos tenistas pierde una pelota, y hay silencio y sólo se oye el ruido del rebote en la raqueta. Así, absoluta claridad, así será la visión beatífica de la cual ya gozan Todos los Santos en el Cielo. Vosotros Bienaventurados, que ya miráis a Cristo cara a cara, rogad por nosotros. Amén. Aleluya.

Ésta experiencia marcó un antes y un después, al haber conocido el poder amoroso  de Dios sobre mi, pasó que me pareció tan apasionante, que quise ser suya y sólo suya para siempre. Aunque esto me sucedió rodeada de personas consagradas, tenía una idea muy, muy somera de lo que era dar ese paso, pero ya no habría marcha atrás, era lo que estaba buscando y lo encontré y no lo iba a soltar ya jamás. Estaba en efervescencia y fue un estado loco de enamoramiento, que me duró años y aún hoy, toda aquella época está presente en mí como si fuera ayer, aunque con el tiempo digamos que se va asentando. Soy tan pobre, tan impotente, tan llena de faltas e imperfecciones, que las maravillas que el Señor hizo por mí, me obligan por amor a querer cumplir en todo su voluntad, proclamando que Jesucristo resucitó y acordándome que sin Jesús no soy nada.

Se anunció que a la semana vendría a visitarnos el Fundador de la Comunidad, así que me decidí a hablar con él, le diría que me quería quedar con ellos. Yo no conocía que existía toda la realidad de las diferentes Órdenes, etc., ni de las Parroquias, me movía a querer quedarme allí, el Tesoro que había encontrado. El Fundador en la conversación que mantuvimos ¡me dijo que si! ¡me dijo que si! Entonces acordamos que volvería a mi casa, para poder arreglar mis cosas…. Y que en 15 días estaría de vuelta. Me dieron una lista de cosas que tenía que traer cuando volviese, parecida a esas que les dan a los padres para que preparen la mochila de sus hijos cuando se van de colonias. Me acuerdo muy bien de la despedida, especialmente con el Hermano que me llevó a la estación, al cual le dije algo así: ¡Volveré! Pensando en el Sagrario, que era el Tesoro que había encontrado. MT 13-44 Bueno, no es el lugar para hacer teología ni reflexiones psicológicas, sólo que Jesucristo tiene tantos amantes como amadores tiene y para cada uno es suyo ¡Es maravilloso! Nos explican los sacerdotes que el amor de Jesucristo Hijo de Dios, Segunda Persona de la Santísima Trinidad es infinito y apasionado por cada uno de nosotros, de igual manera Èl, para cada uno de nosotros es Único.

 De vuelta al pueblo, lo más importante que hay que remarcar es que yo estaba realmente loca, rematadamente loca de amor ¡Y mis heridas afectivas estaban purulentas! Pero ya  sabía que había UNO que me amaba y tenía mucho trabajo por delante, realmente era tirar a la basura toda una vida desordenada y sin rumbo, para volver a Puente del Arzobispo y abrazar mi nueva vida, con todo mi corazón puesto en Jesucristo Sacramentado. En esos 15 días habré sacado 4 o 5 días seguidos de esas bolsas de basura grandes que se usan para las comunidades de propietarios, me desprendí de muchísimas cosas… Después todo “mi equipo de ceramista", herramientas, esmaltes, tornito, etc, se lo regalé a uno de los conocidos ceramistas del pueblo y ocurrieron muchas coincidencias, a través de las cuales Dios se hacía presente. Por ejemplo regalé hasta muebles a la Parroquia y una familia los recogió rápido, tan rápido que nos conocimos, eran rusos y habían llegado a España hace muy poco ¡Eran del mismo pueblo de la abuela paterna de mi hijo.! ¡Increíble! Cuando vivía éstas providencias, que Dios me acostumbró a ellas, entiendo de verdad que Él, en su infinita ternura, sabiendo de mi mayúscula inseguridad, me lo hacía hasta fácil acompañándome así, así…  Otro problema fue vender la moto y que aún no estaba pagada del todo, así que esperaba poder hacerlo con la venta. El vendedor me dijo que veía imposible que saliera en tan poco tiempo ¡Él se quedó sorprendido cuando pasados pocos días apareció el comprador! No me alcanzó para pagar todo el crédito, pero quedó muy poquito, que gracias a Dios pude cancelar en poco tiempo. Viví muchas experiencias más, como quedarme en un rincón de la Iglesia y presenciar emocionada la primer boda católica o tener un choque con una de mis amigas, que era católica, pero aunque alejada de la Iglesia ¡le cayó muy mal que la exhortara en corresponder al amor de Jesucristo, diciéndome ¡que ella había recibido el bautismo de bebé!.. que ¡qué me creía! Corazón de Jesús, en vos confío. Capítulo aparte fueron tres hechos, uno, la liberación que sentí, como si muchos demonios hubieran salido de mi cuerpo Lc 8-1, cuando me quitaron el DIU que llevaba ¡Creo que muy pocas veces una ginecóloga y sus enfermeras habrán visto una mujer tan contenta después de que le hayan quitado un DIU! No sabía si compartir esta parte, pero si el Evangelista San Mateo, no ocultó de la genealogía del Salvador, que el hijo del Rey David, Salomón nació de la mujer de Urias MT 1,6 ¿por qué voy a ocultar mi vida desordenada antes de Jesucristo? Así se luce su gracia infinita en mi, pecadora. Aleluya. Bendito sea Dios. Me dejo muchas cosas en el tintero, pero quiero compartir lo doloroso que siempre fue la separación con M, aquél pensamiento que se formó en mi corazón apenas él nació “un día os separaréis, pero no te preocupes, el cordón umbilical es muy largo", me alentaba.

No recuerdo la fecha exacta de mi regreso a Puente del Arzobispo, debió ser el 20 de noviembre más o menos… Me habían hecho comprar el Catecismo de la Iglesia, que era un libro muy grande para mi… también llevé la Imitación de Cristo, que compré el mismo día que el Catecismo, porque una vez, allí en la Iglesia del pueblo, se deslizaron unos papeles justo cuando estaba saliendo, era como una mañana de Resurrección. El papel quedó donde le daba el rayo de sol que entraba por la puerta entreabierta. Entonces lo recogí y me quedé leyéndolo ¡Era el boletín de una causa de beatificación! qué pena que no recuerde de quién. Hacía mención del Kempis, después que me trajeron el Catecismo, no sabía si me iba a alcanzar el dinero y pedí tímidamente ¿Tenéis un libro que se llama la Imitación de Cristo? ¡Yo no sabía que era famoso y un super clásico de la espiritualidad católica! ¡Qué sorpresa me llevé cuando me lo trajeron! ¡Tán pequeño y tán importante! Fue una enseñanza práctica de hacia dónde me dirigía, como Dios, importantísimo, que se despojó de su condición divina, para hacerse pequeño como nosotros.

Comencé a compartir el día a día de la Comunidad, algunas cosas  me gustaron mucho, otras me gustaron menos y otras no me gustaron nada, hubo de todo. Influían pienso mis heridas, mis ideas preconcebidas, también influiría que estaba como un bebé que comienza a descubrir el mundo, todo era nuevo para mí y yo no sé si en todas las comunidades se hace de la misma forma, pero a mí me dejaron muy sola, seguramente esa era la táctica, que Dios Espíritu Santo me vaya guiando. Me voy a detener solo en dos o tres aspectos, hubo uno que comenzó a molestarme mucho, y a medida que pasaban los días me daba cuenta que ese no era mi lugar. Comenzó esa situación tan dura que todos los católicos vivimos y que se llama “qué quiere Dios que haga". Aunque faltaba todavía un trecho largo para que llegara el bautismo, así que pienso que era lo primero que Dios quería para mi, pero eso no estaba ni en el horizonte, aunque tiempo después me enteré que era el plan de la comunidad, que me bautice allí, para eso por ejemplo, había tenido que llevar el Catecismo, pero nunca me lo dijeron con claridad y la verdad que no aparecía aún como dije en mi horizonte. Un día estaba durmiendo y algo hizo que me despierte, me incorporé de repente y escuché una voz como de trompeta que me dijo: ¿Por qué tanto miedo al demonio? Belén 6.6… esto quedó guardado en mi corazón, como María guardaba todas esas cosas en su Inmaculado Corazón Lc 2,51 y lo iba a entender más tarde. De ésta experiencia me quedó una sensación que Aquel que me amaba era muy poderoso. Pero creo que las gracias que recibimos nunca las entendemos de una vez para siempre, que pasa algo parecido como con la Leccio Divina, cada vez nos dicen algo nuevo. A través de una serie de circunstancias dejé Puente del Arzobispo, pero no quise volver al pueblo, mi corazón estaba inflamado del espíritu del cántico espiritual de San Juan de la Cruz cuando dice:

“¿Adónde te escondiste,

amado, y me dejaste con gemido?

Como el ciervo huiste,

habiéndome herido;

salí tras ti, clamando, y eras ido.”

Así fue que comencé una peregrinación por España. Primero me dirigí a Toledo ¡me atraía mucho conocerla! Llegué en autobús, habiendo perdido mi carpeta de dibujos, se me había quedado en el taxi cuando me dejó en la estación de autobuses de Talavera de la Reina y como el autobús que iba a Toledo ya estaba saliendo y era el último, el taxista hizo que pararse para que yo pudiera subir y como fue todo tan rápido, perdí la carpeta. Cuando llegué a la estación lo primero que hice fue llamar a mi hijo para que sepa dónde estaba y me quedé más tranquila. Luego cogí un taxi y le dije —lléveme a las monjas que lavan la ropa— creo que el taxista se quedó patitieso. Ésto era porque en Puente había una chica que estaba haciendo una prueba, me había contado su experiencia, para mí todo lo que tenía que ver con búsquedas vocacionales no lo entendía, pero  me quedó que había estado en Toledo en un Monasterio y que esas monjas lavaban ropa. Está claro para mí que Dios estaba  asistiéndome, o mi ángel de la guarda, porque el taxista lo que hizo fue llamar a sus compañeros y preguntarles ¿conocéis qué monjas en Toledo lavan ropa? ¡De verdad! Entonces me dijo cuales eran, ellas mismas, meses después, me regalaron la corona preciosa que llevé en mi bautismo. Le dije al taxista que quería antes de ir tomarme un desayuno, entonces me dejó en el bar más cerca del Monasterio. Pues todo aquello fue algo parecido a un viacrucis, ¡porque tenía tres maletas! y me enfrenté a los adoquines de Toledo, así me senté en el bar, con todas mis maletas y hasta un sombrero hermoso que traía puesto, que era tipo cowboy y me lo había comprado en el kibutz, cuando estuve en 1998. Era todo una aventura, tomé mi café con leche y me dirigí a éste Monasterio, pero imaginaros las calles de Toledo, está clarísimo que lo encontré porque mi ángel de la guarda me guiaba. Cogía una maleta, caminaba dos metros, regresaba a coger la otra, las juntaba y así iba adelantando. Cuando llegué a la puerta era de noche y cuando me atendieron a pesar que les expliqué y les expliqué lo que me pasaba, me dijeron que lo sentían mucho pero a esa hora ya no abrían la puerta a nadie y que siguiendo recto, doblando, subiendo, había un Albergue y que quizás ahí pudiera pasar la noche. Pues otra vez cogí mis maletas y así iba avanzando poco a poco y otra vez está claro que mi ángel de la guarda me llevó hasta la puerta del ¡albergue de transeúntes de las Hijas de la Caridad! y llamé, por una ventana salió una Hermana y me dijo –ya está cerrado, no se puede entrar– así que me senté en un escalón y miré al frente y descubrí una de esas benditas cruces que están puestas en las paredes de Toledo, y dije Señor, si tú has hecho tanto por mí, cómo no voy a pasar yo la noche aquí, mirando tu hermosa cruz bendita. Pero comenzaron a sucederse una serie de cosas entre los vecinos, que parece que se asustaron porque me vieron allí sentada en una noche de invierno. Pues al final llegó la policía, que caballerosamente me invitaron a  subir al coche y me llevaron a un hostal muy bonito ¡Dios mío! que quedaba en el barrio de la parroquia de Santo Tomé, donde meses después iba a recibir el Bautismo. El Señor me iba anunciando el futuro. Al otro día regresé al Albergue a hablar con las Hermanas y como iba a suceder muchas veces simplemente les conté lo que me estaba pasando y que quería ser monja. Las Hermanas me explicaron que por la noche me iban a cerrar la puerta de la habitación por fuera, que no me preocupase, yo acepté. Me llamó poderosamente la atención un gran cuadro, que era el descendimiento de Jesús de la Cruz.

Por la noche me desperté y noté que la habitación estaba muy iluminada por una luz misteriosa y fijándome en el cuadro noté que algo brillaba, entonces me fui acercando ¡Y vi que justo en la Llaga del Costado había un alfiler! Me turbé mucho, sentí el dolor de Nuestro Señor y con mucho temor y temblor alargué el brazo y ¡le quité el alfiler! Fui muy desagradecida, igual como me había pasado aquella vez con el corazón que había quedado en la vela, no guardé con cuidado el alfiler.

 Las Hermanas me pusieron en contacto con la Asistenta Social del Albergue, a la cual le volví a repetir lo mismo, entonces ella me mandó a hablar con la Superiora de una Congregación que le llamaban “las Hermanas del Servicio Doméstico", porque luego me enteré que atendían la inmigración que ya era muy grande, e intentaban ubicar a las chicas en el servicio doméstico. Pues a esta Madre le volví a contar todo, entonces ella me dijo –estás huyendo del mundo– para resolver tus problemas no tienes que huir del mundo, tienes que volver a tu casa.  No recuerdo lo que le contesté, pero yo no quería volver a mi casa, recordar que ya había conocido a Cristo, Nuestro Señor y no le quería soltar. Entonces lo que hizo ella fue enviarme ¡al Monasterio de los Padres Carmelitas Descalzos! Es posible que yo le haya hablado de la Comunidad de Puente, y que había descubierto a Santa Teresita del Niño Jesús, la verdad que ellos se nutrían de la espiritualidad carmelitana, en fin puede ser la razón por la cual me envió a los Padres Carmelitas, que fue muy providencial. La Madre me dió un buen plato de sopa y me dirigí al Convento, eran las tres cuando golpeé a la puerta del Monasterio.

La primera vez que pisaba una típica plaza de un Carmelo de Padres Carmelitas. El encanto del Espíritu Santo me invadió, todo era luminoso y muy hermoso, llamé a la puerta, me atendió un Padre, mucho más tarde supe que era el Padre Prior, pero me dijo que volviese otro día, que ahora no me podían atender. Entonces yo insistí y no recuerdo bien, pero seguro que le conté toda la historia otra vez, se le ablandó el corazón y me hizo pasar, le pregunté si podía esperar en una Capilla y así fue que conocí por primera vez la Capilla pequeña del Monasterio, ahí esperé, esperé, y esperé, hasta que entró un Fraile por la puerta, iba a ser la primera vez que veía al Padre Antonio Benéitez, el que se convirtió en mi primer Director Espiritual y que luego iba a ser mi Padrino de bautizo, al que le debo muchísimo, el que me escuchó con paciencia infinita, el que leyó cartas y cartas, con muchas páginas, el que siempre estaba dispuesto a escucharme, personalmente y por teléfono, atenderme y guiarme. Yo no tenía ni idea de la figura del Director Espiritual, pero no hacía falta, Dios me lo había puesto. Me atendió toda la tarde, mientras estábamos en la Capilla hizo un gesto que me llenó de paz; de repente se levantó, fue hasta el Sagrario, y abrió un poquito la puerta, yo en ese momento vi como el Espíritu Santo se desparramaba por toda la Capilla y pensé –qué bueno– lo que yo hable tendrá más credibilidad, algo así pensé. A él también le conté mis heridas de infancia y también la gracia, como ya la empecé a llamar, o como la llamo, de Puente del Arzobispo y como pasaba el tiempo me invitó a entrar al comedor de los frailes y ahí me dio una merienda. Entonces me dijo: a usted lo que le va a venir bien es conocer a las Hermanitas de Belén, éstas Hermanas vivían en Huesca, Zaragoza. Inmediatamente cogió el teléfono y mirando en una agenda llamó, y no escuché bien lo que les dijo, ya estaba muy cansada, pero acordó que yo las llamase, así hice al día siguiente y me contestaron que me esperaban. Como ya sabía cuál era mi destino, me despedí del Albergue de Toledo muy agradecida, pero quise pasar primero por el Cristo de La Vega, ese Cristo que tiene un brazo bajado de la Cruz, porque una ex alumna mía del Taller de Arte del pueblo, al enterarse que iba a Toledo, me abrió su corazón contándome un recuerdo muy entrañable que tenía de ese sitio y que si por favor iba le comprara una grabación o un libro donde estuviera el Poema del Cristo de La Vega. Así que vino un taxi a la puerta del Albergue y cargamos las maletas. El destino era la estación de autobuses y tenía que hacer escala en Madrid, para seguir viaje a Zaragoza. Le dije que primero fuésemos al Cristo de La Vega, me dijo que vale, pero que era seguro que estaría muy cerrado por el día que era o la hora, no recuerdo, la cuestión es que fuimos y providencialmente nos atendió el cuidador y me abrió las rejas, el taxista me esperó. Entramos a la Iglesia, me explicó todo, la belleza del Cristo me impactó y mi corazón ardía ¡Que Tú también seas testigo de mi amor! Compré esos recuerdos para mi ex alumna y ya en el taxi nos dirigimos a la estación de autobuses.

Para estar lo más posible en la verdad, quiero agregar que había en mí siempre una fuerte inclinación a la desconfianza y una fuerte tentación a estropearlo todo, a realizar un acto que yo no lo llamaba pecaminoso, pero así era la tentación. Ya hablé de mi inseguridad y muchas veces es el atenuante de ¡tantas caídas! ( es como un obstinato, que viene de la música: una técnica de composición consistente en una sucesión de compases con una secuencia de notas de las que una o varias se repiten exactamente en cada compás)

Al llegar a Madrid, fue la primera vez que llamé al Padre Antonio, recuerdo que la conversación fue acerca del silencio de Jesús en su Vía Crucis, me llegaba al corazón que a pesar de las burlas, los latigazos, los empujones, Él no abría la boca, no vociferaba, no insultaba, iba como un cordero manso, al matadero. MT 12,18 La meditación de la vida de Jesucristo, nos va vendando la herida.

Ya en el último tramo de mi viaje, de Huesca a Sijena, se había hecho muy de noche, habremos llegado después de las 10.  El conductor del autobús paró en la plaza de Sigena, que me pareció más pequeña que el autobús. Me ayudó a bajar las maletas, volvió a subir, marchó, se extinguió el ruido del motor  y me quedé ahí sola en la oscuridad, en una plaza de un pueblo desconocido y tuve miedo. Empecé a mirar a mi alrededor y me dirigí a unas casas, toqué el timbre en la primera, al poco tiempo me atendieron y expliqué que me estaban esperando las Hermanitas de Belén, el Monasterio estaba a unos 2 kilómetros. Entonces el hombre me dijo:  –ahora te llevo, no te preocupes. Salió, me saludó, me dijo que tenía que avisarle a su mujer y me llevaba. A los 5 minutos cuando estábamos cargando las maletas en el coche, me explicó que ¡Era el demandadero de las monjas! ¡Sentí la presencia de Dios! Cuando llegamos al Monasterio y las Hermanas abrieron la puerta y nos recibieron, fue grande su sorpresa al verme llegar con su demandadero. Lo primero que vi, fue el Icono de la Santísima Trinidad de Rublev y en ese momento creo que entendí aquellas palabras que había escuchado en Puente: “¿Por qué tanto miedo al demonio? Belén 6.6. Pensé, claro, cuando nació el Niño Dios, rompió el número de la Bestia.

Me acogieron en una celda que todavía era antigua, como la de ellas, que se llamaba Santa Teresita, con ellas estuve hasta unos días antes de Nochebuena. Lo más hermoso e importante que me pasó, fue que un día al entrar a la cocina había un hombre sentado, vestía un hábito para mí desconocido y como no podíamos hablar porque la espiritualidad de ellas es cartujana, entonces me pareció una aparición, es verdad que le vi comer, ¡pero era tan hermoso su Santo Hábito! Después cuando fui a Misa reconocí que era el mismo que estaba celebrando y entonces me dije, mañana hablo con él y le cuento todo lo que me está pasando y así fue, a la mañana siguiente le dirigí la palabra y entonces supe que era un trapense, que venía de la Trapa de San Isidro de Dueñas y que estaba haciendo un Retiro de preparación. Aceptó hablar conmigo y concertamos una hora para el día siguiente, en la conversación le conté también de mis heridas y recuerdo una frase que me dijo, me edificó mucho: “Déjese besar por Cristo, Él es todo un Caballero” La figura del sacerdote es Jesús entre nosotros.

La vida en el Monasterio de las Hermanas estuvo repleta de pequeñas gracias, iba conociendo a la Iglesia a medida que caminaba, en todos los detalles, observando su vida comunitaria, su liturgia, visitando la Capilla que tenían ya vestida de  Adviento. Cuando pasaba el tiempo en la celda, había una puerta que no se utilizaba y comencé a escuchar detrás de la puerta una voz que repetía: Jesús, Jesús, Jesús, me imaginé que había una Hermana del otro lado y la comencé a imitar, yo también comencé a repetir Jesús, Jesús, Jesús y así Dios mismo me enseñó a utilizar las jaculatorias ¡Bendito sea! En una Eucaristía el Padre Gerardo hizo algo que me descolocó, cuando iba a proclamar el Evangelio tomó el libro entre sus manos y desde el ambón cruzó todo el Coro de las Hermanas que eran varios metros y vino hasta donde estábamos los feligreses ¡y seguía con el Libro en alto! Vi que las personas comenzaban a hacer fila e iban besando el Evangelio… yo pensé, todavía no estoy bautizada ¡eso no lo puedo hacer! Pero me había muerto de ganas, cuando volví a hablar con el Padre me preguntó por qué no lo había besado y le conté y me enteré que las Hermanas se habían preocupado. Por la tarde cuando fui a rezar Vísperas me arrodillé con toda devoción, besé el libro en el Icono de San Pablo y mi corazón se quedó en paz.

El tiempo que Dios me regaló con las Hermanitas de Belén acabó un día antes de la Nochebuena del 2000, pero en reunión con ellas les dije que no era todavía el tiempo de volver a mi casa, entonces me buscaron con mucha generosidad dónde podía seguir yo esta peregrinación, y al día siguiente me dieron las buena noticia que lo habían encontrado, mi próxima estación sería Játiva, en Valencia. La despedida fue muy entrañable y coincidimos con el Padre Gerardo, con lo cual viajé con él hasta Zaragoza, ahí nos dividimos, él hacia Palencia y yo hacia Valencia. Mi alegría siempre era grande, ¡el poder hacer un trecho del camino con un sacerdote! Realmente sin la fuerza del Espíritu Santo, nunca podría haber hecho todo aquello.  Como tenía tiempo para esperar el próximo tren, dejé las maletas en una casilla y fui a visitar otra vez el Pilar, o sea que de ida y de vuelta pasé por el Pilar, embargada de gran entusiasmo por visitar a la Santísima Virgen. El sitio donde iba a vivir en Játiva se llamaba Hogar de San José y era para personas sin hogar, estaba regentado por Sor Remedios, una Terciaria Franciscana, con ella pase tres semanas ayudándola en todo lo que podía. Játiva tiene una Abadía, que es la Seo, una especie de Catedral particular para Játiva, comencé a ir a Misa todas las mañanas y los Canónigos cantaban las Laudes con la Misa. ¡Era muy solemne! Todo iba calando hondo, hondo en mi. En Játiva fue la primera vez que le escribí al Papa Juan Pablo II, recuerdo cuando metí la carta tan emocionada por la boca de un león en forma de buzón y entre una cosa y otra…

¡Un día sucedió que nació en mí el deseo de ser bautizada! ¡Fue en Játiva donde el Señor me dio la gracia de sentir el deseo de pedir el bautismo a nuestra Santa Madre Iglesia!

Entonces me di cuenta que era el tiempo de volver a mi pueblo. Cómo había compartido ya muchas cosas aunque el tiempo fue corto, la despedida con Sor Remedios fue muy sentida, ella necesitaba ayuda y se encontraba muy sola, muchas veces pensé si no tendría que haber vuelto allí después de mi bautismo, pues ya eran dos veces que Dios me regalaba el vivir con los más pobres y marginados que verdaderamente son sacramento de su presencia.

¡Lo primero que hice ya en el pueblo fue hablar con  Mosén Miguel Ángel,   contarle todo y pedir el bautismo!

El acogió con mucha alegría mi petición y escribió al Obispado, entonces comenzó un tiempo de espera, pero en mi corazón resonaba Toledo. Me explicó que si quería, que no era obligación, pero que la Iglesia me invitaba a pedir cita con el Señor Obispo y lo hice, recuerdo que cuando entré al Obispado de Gerona y vi el faenar, más sacerdotes y luego estar en la presencia por primera vez de un Príncipe de la Iglesia, fue increíble y maravilloso y a la vez estaba muerta de miedo, pero él Señor Obispo, Monseñor Camprodón me habló con cariño y me tranquilizó y me dio su bendición.

Un día estaba durmiendo la siesta y me desperté escuchando un coro de ángeles, no los vi, pero los escuché. Y cantaban: ¿De qué color es el caballo multicolor? Imagínense qué hermoso canto… No cantaban de qué color es el caballo blanco de San Martín, no ¿De qué color es el Caballo multicolor?

Cuando yo tenía el Taller de Arte para adultos, en las primeras clases les explicaba algo que a mí me seducía: La mezcla de colores en la luz, da la luz blanca, mientras que la mezcla de pigmentos de todos los colores da el negro” Entonces contesté: Según, puede ser de color blanco o negro y uno es Jesucristo y el otro el demonio. Asi Nuestro Señor Jesucristo me seducía y yo corría atrás de su perfume

Un día entré al despacho de Mosén y le dije: quiero bautizarme en Toledo y si pudiera lo haría en el Vaticano, porque tiene que ser una Gran Fiesta y muchos aviones escribir en el cielo, Jesús es el Señor, Jesús resucitó, Jesús ama a la humanidad ¡es el Mesías! ¡es el Mesías! Me contestó Mosén Miguel Ángel que justo ese día había llegado la carta del Obispado otorgándole el permiso para que yo sea bautizada, confirmada y recibiera la primera comunión, pero que si yo sentía qué tenía que ser en Toledo, que adelante y me animó mucho, tal es así que me regaló un cheque para que tuviera el dinero para poder viajar a Toledo, me dijo que era un cheque que le habían dado esa mañana en el Obispado y que le habían dicho que lo usará en la Parroquia para lo que más sea necesario. Me acuerdo que también me dijo que a mí me costaba mucho pedir, eso no es humildad, puede ser soberbia, en mi caso creo que era una mezcla de todo, también de miedo, inseguridad, desconfianza… pero contra todo eso confiaba en aquel que me manifestaba su Amor. Esperé a que mi hijo cumpliese años y al día siguiente cogí el tren a Toledo. Ese viaje creo que fue mi primer noche oscura, cuando me vi yendo para Toledo, la verdad es que no sabía qué estaba haciendo, ni qué estaba pasando, ni de qué se trataba mi vida, parecía que nada hubiese pasado, se oscureció todo ¡entonces puse el automático! Quizá me ayudó San Juan de la Cruz desde el Cielo a guiarme sólo por la decisión que había tomado ¡Ir a pedir el bautismo a Toledo!

Esto creo que es una historia de amor, en Játiva me había hecho socia de la biblioteca y encontré las Obras Completas de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jesús y lo comencé a leer con mucho interés y el Espíritu Santo me ayudaba a ir entendiendo.

Cuando llegué a Toledo como ya conocía aquel Hostal de la primera vez, me alojé allí, era ya de noche, pero a la mañana siguiente me dirigí al Convento de los Padres Carmelitas a presentarme al Padre Antonio.. Cuando llegué estaba temblando, sudorosa y muerta de miedo y le dije: Padre Antonio, vengo a pedir el bautismo. Así conocí uno de las muchas virtudes del Padre, porque salimos de tour por Toledo y él que es muy sabio, comenzó a explicarme la historia de los edificios, de los monumentos, hasta que de repente se paró y me dijo: éste es el Obispado, ahí me di cuenta que con tanto paseo se me habían pasado todos los nervios. Él entró y yo  esperé fuera, al salir me dijo que el Señor Vicario en éste momento no me podía atender, pero que me atendería el día siguiente a las 10. A partir de ese momento el Padre Antonio se apartó y ya no intervino, siempre le estaré agradecida por éste gesto, porque me daba seguridad de que lo que estaba sucediendo era obra de Dios.

¡Qué nervios ir a hablar con el Vicario General de la Archidiócesis de Toledo! Me había explicado el Padre Antonio, que ya me iba explicando todo, que era después del Sr Cardenal Francisco Álvarez Martínez, quién tiempo después iba a aceptar mi petición de Bautismo, el más importante. Yo seguía con el automático, pues ya sabéis, la gran inseguridad. Cuando me encontré con el Señor Vicario a la mañana siguiente, volví a repetir todo lo que me estaba pasando y pedí mi bautismo. Siempre recordaré una frase como enigmática que me dijo: –Estás sola ante el peligro– y me ayudó a resolver el problema de mi alojamiento en Toledo. Como creo que también le dije que me parecía que sentía una llamada a ser monja, será por eso que me llevó a través de muchos pasillos del Obispado hasta el despacho de don Ángel Rubio, que era en aquella época el Vicario de Religiosas. Así que delante de don Ángel volví a repetir toda la historia, ésto se parecía a las idas y venidas de los discípulos del Señor en la mañana de Resurrección. Un 20.2 La verdad es que cuando rememoro todo aquello, confieso que sucedió tal cual, no agrego nada, siempre me acompañaba por dentro y por fuera el deseo de ver, de conocer la verdad, de amar para siempre, siempre, siempre a Jesús, he quedado con una deuda infinita de amor que sólo con amor se paga Me pesa que mi respuesta todavía no esté a la altura de su entrega de Amor Misericordioso. El Señor lo tenía todo preparado, don Ángel me invitó a la Misa que celebraba todas las mañanas en la Residencia Universitaria de las Madres Agustinas de Santa Úrsula, gracias a su mediación, allí viví hasta que el Señor tuvo a bien que llegara el día señalado de mi Bautismo y unos días más.

Las monjas agustinas eran de clausura, pero su carisma era tener una Residencia Universitaria que dada la realidad, las chicas casi ya optaban mejor por alojarse en pisos, aunque todavía había un buen grupito. Una preocupación que compartí con ellas, que tenía ese lado injusto, la incertidumbre que de alguna manera mostraba la realidad de la sociedad que cada vez fue dándole más la espalda a Dios y esto también se hacía notar en la Residencia. Tenía una Capilla dónde estaba el Santísimo, entonces pasaba largos ratos allí, don Ángel después de celebrar marchaba al Obispado. Las Hermanas me dieron el trabajo de atender la Iglesia a los visitantes, ¡porque había un hermoso Retablo de Berruguete sobre la Visitación de la Virgen! Para obtener algún dinero más, las Hermanas pedían un donativo que era mínimo, como la sacristía  estaba prácticamente en la puerta de la Iglesia, ellas pusieron un biombo y  sentada a la puerta de la Sacristía con una linda mesita, las personas pasaban por ahí, les recibía el pequeño donativo y les explicaba datos históricos y de la arquitectura de la Iglesia. Pasaban los días, acabé de leer el Catecismo de la Iglesia Católica y tuve muchas experiencias con las personas que entraban a venerar el Retablo tán hermoso de Berruguete, todo ayudaba para mi conversión.

El Padre Antonio me había explicado que era tradición que los catecúmenos se bautizasen en la Noche de Pascua y por otro lado don Ángel me había mandado escribir una carta al Señor Arzobispo porque a él tenía que pedirle el bautismo. Me gustaría volver a leerla… y entonces comenzaron a sucederse los días, me emocionaba  cuando observaba personas que se arrodillaban delante del Sagrario, porque sabía que el Señor puede aprovechar cualquier momento para poner una semilla de conversión en el alma, lo sabía por experiencia propia. Seguía yendo a Misa y de vez en cuando tenía una charla con la Superiora.

Un día como cualquier otro, yo estaba sentada en la Sacristía atendiendo la Iglesia y de repente entra por la puerta don Ángel y yo salto de sorpresa, porque no era nada común, él tenía su trabajo en el Obispado. Entonces luego de saludarnos ¡me dió una noticia: me dice que el Señor Arzobispo aceptó mi pedido de bautismo! Esos momentos son bueno, yo me imagino que tendría que haber llorado, saltado de alegría, no sé creo que me quede atónita, por fin había conseguido aquello que me había propuesto, en este caso por la infinita misericordia de Dios y el horizonte se me abrió. Yo había llegado el 15 de febrero a Toledo y mi bautismo fue en la Vigilia Pascual del 2001 o sea el 15 de abril o sea 2 meses después de haber llegado. ¡Ah sí! Porque yo le había hecho caso al Padre Antonio y había pedido en la carta al Señor Arzobispo que mi Bautismo sea en la Vigilia Pascual y Dios me lo concedió. Recuerdo que don Demetrio me iba a decir que ese año la Pascua judía coincidía con la Católica ¡qué bonito!

Ese día comenzó una etapa nueva, mi vida como catecumena en Toledo. Don Ángel Rubio me explicó que él iba a ser mi catequista y que me iba a bautizar en la parroquia de Santo Tomé, era la que correspondía al monasterio. Yo en cuanto pude le conté al padre Antonio, entonces me dijo:  ¡Don  Demetrio! ¡El Profesor de Cristología del Seminario! Y cuando me dijo eso yo sentí que don Demetrio tenía que ser mi catequista. Así que empecé a prepararme para explicarle a don Ángel mi deseo y el Señor me lo dio con un poco de trabajo. Un día don Ángel me llevó a conocer a don Demetrio, recuerdo que llovía, bueno era todo bello, después de ser madre la aventura más hermosa de mi vida o las dos iguales, al mismo nivel. Tuve unas tres catequesis y ¡un día me dijo que ya estaba preparada! Recuerdo que una vez yo estaba tomándome un café en un bar que está justo enfrente de la Parroquia, un bar muy bonito, bueno para mí en esos meses todo fue muy bonito y así pensando me vino una pregunta que no la sabía responder, la pregunta era: ¿la Virgen María murió y resucitó o no murió y fue llevada al Cielo sin haber pasado por la muerte? Me hice esa pregunta y era tan acuciante saber la respuesta, que ahí nomás me fui rápido hacia la Sacristía de la Parroquia y encontré a don Demetrio y le hice la pregunta, recuerdo que me dijo que podía pensar una cosa o la otra y las dos estaban bien, porque la Iglesia no se había pronunciado y me quedé muy contenta. Otro día al acabar la catequesis, le hice una pregunta y me contestó que justo de eso había estado hablando en la clase de Cristología, me llené de emoción y entonces le dije que me gustaría disfrazarme de seminarista, para poder escuchar sus clases. Cada día era una aventura, un día me llama a su despacho para decirme que como necesitaba un alba, una feligresa de la Parroquia me iba a arreglar la del Vicario Parroquial, que era don Juan Manuel Uceta y así conocí a Justa, ella fue mi madrina de bautismo, me ayudó y acompañó con mucha entrega, pido siempre al Señor por ella. Cuando comenzó la Cuaresma, fui a mi primer Miércoles de Ceniza a recibir la ceniza, ¡era catecúmena! Ésta vez me puse en la fila, me la impuso don Ángel y cuando me hizo la señal en la frente y me dijo “conviértete y cree en el Evangelio” yo sentí la mano de Jesús, estoy segura que fue Él, nunca más me volvió a pasar eso en un Miércoles de Ceniza, la verdad que cuando me acerco hacia el sacerdote siempre recuerdo aquella primera vez,  pero nunca me he vuelto a pasar lo mismo. Éstas cosas hacían que mi entusiasmo y mi alegría sea cada vez mayor, así fue el Señor conmigo. ¡Bendito sea! ¡gloria a Dios! ¡Bendito sea el Señor!

Don Demetrio me avisó que iban a comenzar las Catequesis de Cuaresma en la Parroquia todos los miércoles. Yo claro que comencé a ir, estaba como un bebé, que todo era nuevo y lo quería hacer, sin perderme nada. Él eligió cómo catequesis la Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte del Papa San Juan Pablo II, el Papa de mi conversión. Don Demetrio entró con su sotana, se sentó en una mesita y comenzó a hablar y así yo estaba escuchando cuando de repente oigo: “Preguntar a un catecúmeno, « ¿quieres recibir el Bautismo? », significa al mismo tiempo preguntarle, « ¿quieres ser santo?” y al escuchar estas palabras, sentí que iban directamente dirigidas a mi y contesté si, y ese si fue verdadero y cien por ciento comprometedor.

Llegaron los domingos anteriores a mi Bautismo y tuve que comenzar a hacer el Rito de Escrutinio, pienso que el Señor así como devuelve la vista a los ciegos o hace andar a los paralíticos, también puede hacernos andar aunque uno siga ciego y paralítico, detrás del aroma que enamora y seduce al corazón, al final iba a vivir de las promesas de Jesucristo Nuestro Señor…

Dios se volcó pródigamente esos días, ya dije que la coronita me la hicieron las Hermanas aquellas que no me recibieron cuando por primera vez había llegado a Toledo, pero creo que nunca supieron que era la misma persona, así vi cuánto nos ama el Señor, que derramó la gracia del perdón. Luego Justa, mi futura madrina, acabó de hacerme el alba y la noche de mi bautismo, la noche anterior los Monjes Trapenses de San Isidro de Dueñas rezaron por mí, gracias al Padre Gerardo,  aquel que había conocido en Sigena. Todo es como que se iba recapitulando. Dios me perdone de todos los detalles que me olvido. El Señor festejada mi Bautismo, realmente en el Cielo hay más fiesta por  “por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse” Lc 15,7

Don Demetrio me dijo que durante el Bautismo, vaya haciendo todo lo que él me diga y que si tenía un éxtasis me iba a esperar… también me dijo que no hacía falta que lo tuviera, que aunque no sintiera nada, me quedara tranquila, la gracia operaba. El Rito del Bautismo se sitúa después de todas las Lecturas del Antiguo y el Nuevo Testamento, yo estaba muy nerviosa, habían dispuesto la Iglesia muy hermosa y un coro maravilloso. En el Bautismo celebró don Demetrio y concelerebraron el que se convirtió en mi Padrino, el Padre Antonio y don Juan Manuel, que me regaló el cirio Pascual que sostenía en la mano pintado por él. Cuando me lo dio a los dos días me lo volvió a pedir, por que se dio cuenta qué se había olvidado  de “cortar” el cuello del corderito, eso me hizo eco, pensé que nunca debería olvidarme que aquel que  me ama dio la vida por mí. Uno me ungió las manos, el otro mi cabeza, y don Demetrio derramó sobre mí el Agua del Bautismo, en el nombre del Padre, del †Hijo y del Espíritu Santo. Recuerdo que el Padre Antonio me cogió la mano y le dije ¡Ésto va enserio! Pues temblaba como una hoja, creo que el Espíritu me hacía ver todos los trabajos que iba a tener para andar el camino que va al Cielo. Al acabar teníamos chocolatada, como era costumbre todos los años.

Me quedé mientras todos se iban yendo, me quedé un buen rato sola orando, sentí que todo comenzaba, mi conversión diaria, el combate de la fe. ¡Ya era católica, hija de la Iglesia!… y espero morir así, hija de la Iglesia, como la santa Madre Teresa de Jesús, ruega por mí. Amén

Gracias


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Hay entrevistas y entrevistas…

Hablar con Joaquín Díaz, alguien a quien seguimos desde hace más de veinte años, cantando y divulgando su obra, ha sido no sólo un honor, sino un placer inmenso.

Para quienes no lo conozcan aún, Joaquín Díaz es un músico y folclorista español, presidente titular honorífico de la Cátedra de Estudios sobre la Tradición en la Universidad de Valladolid y académico de número de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción.

Fundador y director de la Fundación Joaquín Díaz se ha pasado la vida recolectando cuentos, leyendas, romances y canciones populares y religiosas de la península ibérica: con más de 80 discos publicados, 60 libros publicados y más de 1100 temas cantados. Tanto, que lo llaman el “Menéndez Pidal de la música tradicional española“.

En la presente entrevista hablaremos de lo que realmente es la tradición popular, de la enseñanza a través de la música y de la cultura medieval, entre otras cosas.

Realmente: vale la pena, pues conocer, a este juglar de la tradición y un personaje del todo singular para, 

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, SE


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03:39

El despertar de un indiferente

Descendiente de una tradicional familia bretona y vendeana de 10 hermanos, Reynald Secher nació en 1955 en la pequeña comuna de La Chapelle-Basse-Mer (a 18 km. de Nantes) con el estigma de ser un ‘vendeano’, es decir, un vil traidor a los ‘beneficios’ de la Revolución Francesa. Por ello, cuando su profesor de historia de la Sorbona, el Dr. Jean Meyer, le propuso estudiar el levantamiento contrarrevolucionario, el joven estudiante, bajando la cabeza, respondió secamente: “No”. Luego, tomando aire, le explicó que, por razones intelectuales y familiares, prefería profundizar otro tema, ya que se sentía un poco ‘culpable’ por la traición a la República efectuada por sus ancestros. En efecto, para este principiante, la rebelión vendeana se reducía a repetir el relato oficial del momento: una guerra civil que había dividido a los franceses, con excesos de un lado y del otro. Además consideraba el tema como antiguas historias familiares, trapos viejos que se quemaban dentro y que nadie contaba fuera del círculo íntimo, pues, en su caso, implicaba abrir una vieja herida: parte de su familia había sido masacrada por los republicanos en la capilla de Les Lucs sur Boulogne. Punto final.

Pero el Dr. Meyer no se dio por vencido, y le propuso que, al menos como vendeano nato que era, le ayudase en la búsqueda de documentos y testimonios, pues, hasta ese entonces, no había estudios serios sobre la rebelión. ¡Y qué mejor, -le insistió el profesor- que comenzar por los legajos de tu propio pueblo La Chapelle-Basse-Mer!, por donde las columnas infernales habían pasado haciendo estragos. Sin poder negarse a colaborar en la búsqueda de la verdad histórica, el alumno aceptó el desafío sin mucho entusiasmo, aunque con la convicción interior que haría algo por sus antepasados.

De inmediato el joven licenciado puso manos a la obra, con el gran ‘pro’ de ser conocido por todos en su pueblo. En poco tiempo desde el alcalde hasta el último anciano del campo se enteraron que el “petit-Secher” estaba investigando sobre la guerra de la Vendée. Todas las puertas se le fueron abriendo de par en par, el alcalde le dio directamente la llave de los registros municipales de la época para entrar cuando quisiera, el cura se puso a trabajar a su lado con los libros parroquiales, los empleados municipales le proveyeron los catastros, los campesinos lo invitaron al lado de la chimenea para contarle sus historias familiares… Poco a poco las escamas de incredulidad fueron cayendo frente a la evidencia, pues todo lo que los viejos vendeanos le contaban junto al fuego como anécdotas de vida y de muerte, estaba refrendado en los documentos que iban saliendo a la luz.

Con gran estupor comprobó que la memoria popular estaba intacta y más viva que nunca. En lo que los sociólogos llaman “la conciencia colectiva” había dos fechas indelebles, que nadie podía olvidar: 10 y 17 de marzo de 1794. Toda la gente que encuestó sabía que en esos días las columnas del Terror habían masacrado a mujeres, niños y ancianos en la capilla del pueblo; para continuar destruyendo las casas y quemando los campos. Nadie sabía de números exactos pero el hecho era innegable.

En efecto, el párroco le mostró los registros de bautismo de la época para tener una idea de la población: de 3250 habitantes en todo el pueblo, más de 800 habían muerto entre el 10 y el 17 de marzo, confirmados por las actas de difuntos; las mismas revelaban que un 75 % de los fallecidos eran mujeres, niños y ancianos. Así, una primera cifra concreta comenzó a dibujarse, comprobando la gran masacre de su gente. Pocos días después el mismo alcalde le proveyó de un documento, obtenido por otro aldeano para el ‘petit Secher’, nada menos que el catastro de la época antes y después de las fatídicas fechas. De un total de 968 casas y granjas del pueblo, 363 fueron quemadas y destruidas por las columnas infernales, es decir, ¡un tercio!

Todo esto terminó siendo el puntapié inicial de su primera tesis doctoral[1] sobre La Chapelle-Basse-Mer, defendida en la Sorbona en 1983. Pero el reciente ‘Doctor Secher’ no se quedó de brazos cruzados y decidió seguir investigando seriamente las masacres vendeanas, aplicando el mismo método de búsqueda por registros y utilizando en más del 90% fuentes y documentos exclusivamente republicanos y oficiales. De hecho, lo que aprendió de su pequeña comuna lo aplicó años después, en una segunda tesis doctoral[2] también defendida en la Sorbona, a más de 110 pueblos y ciudades de toda la Vendée Militar llegando a cifras escalofriantes, para concluir que los crímenes perpetuados por los revolucionarios bien podían denominarse un verdadero “genocidio vendeano”.

Terrorismo de Estado (del verdadero)

A medida que el número de muertos crecía en su investigación, hubo tres preguntas que le surgieron sin tener respuesta en los documentos oficiales: ¿Quién? ¿Cómo? y ¿Por qué? se perpetraron estas masacres.

Secher llegó solito a la conclusión que los crímenes fueron perpetuados por el ejército francés, como autor material, cumpliendo órdenes de sus generales, que a su vez dependían del Comité de Salud Pública, organismo creado ad hoc por los diputados de Convención Nacional para ejecutar el plan de exterminio de la población vendeana con todas las de la ley. Es decir que el propio Estado en sus más altas esferas había planeado, redactado y ejecutado una matanza generalizada contra sus mismos compatriotas.

Para demostrarlo, nuestro investigador se zambulló en los Archivos Nacionales de París y logró fotografiar los originales de los cuidadosamente enterrados decretos del Comité de Salud Pública, firmados en su mayoría por Maximilian Robespierre, y refrendados por el voto de los diputados de la Convención Nacional. Encontrando al menos 3 decretos específicos para la Vendée donde se ordena oficialmente el exterminio de su población poniendo en acción una mecánica terrorista sin marcha atrás: deportación forzada de mujeres y niños (Ley del 1 de agosto de 1793) que finalmente fueron aniquilados in situ; exterminio de todos los “bandidos” con la consiguiente destrucción de sus casas y de todo medio de subsistencia (Ley del 1 de octubre de 1793); renombrar el departamento de la Vendée como: Vengé, es decir, tierra Vengada (Ley del 7 de noviembre de 1793).

Y como para llevar a cabo el macabro plan se necesitaban soldados con verdadera “obediencia debida”, de un saque cambiaron toda la cúpula del ejército francés, compuesto hasta el momento por milicias afines al Ancien Régime, descabezando a todos los generales para reemplazarlos por oficiales ‘bien pensantes’, es decir, por jefes favorables al plan de exterminio masivo y dispuestos a concretarlo.

Como muestra valga el famoso caso del general alsaciano José Westermann, quien luego de su victoria en Savenay informó al Comité de Salud Pública: “Compatriotas republicanos, La Vendée ya no existe. Murió bajo nuestros sables libres, con sus mujeres y niños. Yo la enterré en los pantanos y bosques de Savenay. Siguiendo las órdenes que vosotros me disteis, he aplastado a los niños bajo las patas de los caballos y masacrado a las mujeres que al menos no parirán más bandidos. No tengo un sólo prisionero que reprocharme: los he exterminado a todos… los caminos están cubiertos de cadáveres, y abundan en varios sitios formando pirámides. Pero los pelotones de fusilamiento aún trabajan incesantemente en Savenay, porque a cada momento llegan bandidos que pretenden rendirse como prisioneros. ¡Y ya no tomamos más prisioneros! Estaríamos obligados a alimentarlos con el pan de la libertad, pero la compasión no es una virtud revolucionaria. A confesión de parte…

También fotografió la nominación del republicano Louis-Marie Turreau, nombrado general a fines de noviembre de 1792, quien sin perder tiempo se dirigió a París para intercambiar ideas con el Comité de Salud Pública. En aquella oportunidad, Turreau presentó su plan de aniquilamiento con doce columnas móviles, autodenominadas “infernales” para incendiar toda la región y convertirla en un verdadero infierno. Su propuesta fue aceptada y validada por dicho Comité, sin mayores inconvenientes, el 6 de febrero de 1794.

Ahora bien, ¿cómo matar el máximo de gente, en poco tiempo y con el menor costo posible? El investigador Secher no se anduvo con vueltas y fue directamente al grano mostrando cómo la ciencia estuvo al servicio de la muerte con los diferentes métodos aplicados sobre los rebeldes. Ya sean los tradicionales, como golpes secos en el cráneo o la guillotina, más conocida como la “navaja nacional”, sin olvidar los fusilamientos que resultaron lentos pues había que ejecutarlos individualmente. Entonces se pasaron a inventivas de gran escala, encerrando gran número de víctimas en una iglesia para luego fundirla a cañonazos o prenderla fuego. También se innovó con técnicas modernas para la época, como minar parte del territorio odiado, contaminar el aire con gas químico o envenenar los ríos de arsénico. Mas, como el viento o el agua no hacían acepción de personas a favor de los republicanos, tuvieron que optar por los ahogamientos colectivos en el Loire… acompañados de prácticas perversas como ser los “matrimonios republicanos”, donde ahogaban atadas a dos personas desnudas y en posiciones obscenas, preferentemente la madre y su hijo, el hermano y la hermana, un sacerdote con una religiosa.

Los ahogamientos de Nantes bajo la Revolución por Joseph Aubert (1849-1924)

A lo largo de su tesis, el Dr. Secher demostró fehacientemente cómo todo tipo de exterminación masiva fue aplicada a los vendeanos, con el plus escabroso de que sea la misma víctima quien pague su propia ejecución. Después de todo, los prisioneros implicaban un gasto no menor para la República: alquilar un lugar, darles comida, pagar a los guardias, trasladarlos, etc.; además del sueldo de los verdugos y la compra de pólvora para los fusiles. Por lo cual se decidió confiscar los bienes muebles e inmuebles de ejecutado, como también la incautación de sus joyas, medallas o vestimenta, especialmente en el caso de ser nobles, de ahí que la mayoría de los condenados se presenten semidesnudos; amén de arrancarle los preciados dientes, rasurarles la cabellera para la confección de pelucas, sin desperdiciar la piel que luego de curtirla les proveía de buenos pantalones y botas de cuero humano y hasta la grasa de la víctima fue aprovechada luego de ser hervida en grandes calderas. Realmente hay que tener estómago para investigar estas atrocidades sin desfallecer en el intento.

Piel curtida de un vendeano expuesta en el Museo de Ciencias Naturales de Nantes.

 

Del genocidio legal al memoricidio oficial

Como si fuera poco, Reynald Secher, como buen jurista y abogado que también es, llegó a la conclusión paradójica que dicha exterminación fue totalmente “legal”, siendo el único caso en la historia moderna en que la decisión de matar a una parte de la misma nación fue planificada y ejecutada por el Estado, compartiendo la responsabilidad entre el Comité y la Asamblea. Matando a gente no por lo que había hecho, sino por lo que era o creía: el status de vendeano implicaba de hecho ser monárquico y católico, ergo, enemigo de la República y merecedor de la muerte.

Para peor, nuestro investigador se atrevió a caratular la matanza como el primer “genocidio”, pues el caso de la Vendée, fue claramente la exterminación parcial de un grupo de personas por razones políticas y religiosas. Hecho que desencadenó el odium plebis de toda la élite intelectual francesa y, por supuesto, de los “Hermanos Mayores en la Fe”, que aplican el término exclusivamente a sus cofrades de Auschwitz.

Ahora bien, luego del crimen, necesariamente surge su silenciamiento ocultando toda evidencia de prueba, para llegar a la etapa final de “negacionisimo” y terminar en lo que Reynald llama: “memoricidio oficial”. No solamente el hecho no existió sino que con el pasar de los años, el relato oficial logró invertir los cargos: las víctimas se transformaron en verdugos y los verdugos en héroes de la libertad… de ahí el sentimiento de culpa vendeana que Secher tenía en su juventud al haber crecido con esa versión. En resumen, con el genocidio y el memoricidio el Estado acabó “asesinando dos veces a la Vendée”.

Su aporte ha sido tan importante que el diputado conservador Dominique Souchet y varios otros, propusieron en el 2007 y en el 2012 ante la Asamblea Nacional el reconocimiento oficial del genocidio vendeano. “Siempre les recuerdo -nos dice el historiador- que las leyes de exterminación y aniquilamiento del 1 de agosto y del 1 de octubre de 1793 jamás fueron abrogadas. Y es lamentable, y hablo efectivamente como ciudadano, que nuestro país conserve en el seno de su arsenal jurídico leyes genocidas”. Por eso mismo, el Dr. Bruno Retailleau junto con otros colegas, el 23 febrero de 2012 presentaron en la cámara del Senado una ley para que ambos decretos sean revocados. Lo cierto es que hasta el día de hoy las dos propuestas políticamente incorrectas no han tenido respuesta, aunque la batalla continúa pues Secher no ha bajado los brazos y se ha convertido en una referencia internacional.  

El precio a pagar

Por cierto, su tesis no le salió gratuita ya que en plenos preparativos para los festejos oficiales por el Bicentenario de la Revolución Francesa (1789-1989), publicar que el Estado francés había sido el autor de una masacre generalizada contra sus mismos compatriotas, no era muy feliz que digamos, amén de aguarle las fiestas nacionales al establishment universitario. No por casualidad, 15 días antes de la defensa entraron a robar a su casa dando vuelta todo de arriba para abajo, sin olvidar de llevarse la computadora, incluida su tesis doctoral impresa… ¿ladrones de élite o por encargo? A los pocos días un llamado telefónico anónimo del rectorado, lo invitó a ser más ‘prudente’ y a tener un encuentro amical en un café. Sin revelar la identidad, un hombre le aseguró conocer el contenido de su tesis, recomendándole que no la defendiera, pues en ese caso: “Se le darán 500.000 francos y un puesto en la Universidad. Si lo rechaza, recuerde que “vous serez emmerdé toute votre vie” (en buen romance “lo joderemos de por vida”, o si prefiere, en argentino básico, “le vamos a c… la vida”).

Como si nada hubiese pasado, nuestro historiador obtuvo exitosamente su segundo doctorado en París con “mención de honor y felicitaciones del jurado”. Aunque al poco tiempo sus contratos en la enseñanza pública, sea a nivel secundario como universitario, fueron rescindidos. Y como padre de familia de cuatro niños: “Me encontré sin dinero -nos recuerda-, endeudado y sin el sueldo de profesor; en cuanto a mi carrera universitaria, fue definitivamente truncada. Me postulé más de 20 veces, sin tener ninguna chance de ser elegido a causa de mi apellido y de mi obra”.


Sin embargo a Reynald nada lo amedrentó, sino que por el contrario, se envalentonó profundizando más aun el tabú vendeano. Para ello tuvo que crearse su propia editorial, pues fue declarado persona non grata en las editoras oficiales, en las privadas y, por cierto, también en las católicas. Se propuso además llegar a todos los ámbitos y niveles, con libros dirigidos no sólo a eruditos universitarios. Así, también escribió novelas históricas para un público variado, y hasta publicó una enorme serie de más de 30 Historietas, ‘Bandes Dessinées’, para niños y jóvenes, de todos los grandes héroes y santos que forjaron la Francia católica como Hija Mayor de la Iglesia. 

Salvataje in extremis

Ahora bien, el célebre Dr. Secher no solamente es un ratón de biblioteca consagrado a desmitificar con su aguda pluma el estigma de los “bandidos” vendeanos, sino que también se ha dedicado al pico y a la pala, convirtiéndose en capataz de la construcción de un Memorial, todavía sin acabar, aunque por cierto bastante avanzado, en el cual se le está yendo la vida.

Reynald comenzó con el salvataje de la pequeña capilla de su pueblo del siglo XI, Saint-Pierre-ès-Liens, verdadera reliquia histórica que había sido testigo milenario de varios acontecimientos, especialmente durante la Revolución Francesa. Época en la cual se la expropió para venderla como “bien nacional” a un notario del pueblo, el Dr. Vivant, que de inmediato la devolvió a la Iglesia; renacionalizada por la fuerza, fue comprada una segunda vez por la misma familia, que habiendo aprendido la lección, cedió su uso al párroco evitando así, una tercera expropiación.

Creían haber salvado la iglesita, cuando el 17 de marzo de 1794, apareció la columna infernal del Gral. Le Cordelier que la transformó en cárcel encerrando allí a más de 80 vendeanos que terminaron quemados vivos dentro del templo. Mal restaurada durante el siglo XIX, amén de la falta de mantenimiento, la capilla martirial cayó en ruinas y, peor aún, en el olvido de las generaciones y de la Iglesia. Condenada por la Municipalidad a ser destruida debido al peligro de derrumbarse, se comunicó la mala nueva al obispado de Nantes, que no mostró ningún interés por rescatarla. Sin embargo, apareció en el momento justo el hombre providencial, Reynald Secher, que la compró de su propio bolsillo el 13 de mayo de 1992.

 

La capilla en el estado en que la compró Secher en 1992 y cómo la dejaron dos años después.

La prioridad urgente fue evitar que el estado la destruyera definitivamente, por lo cual durante el verano del año siguiente el nuevo propietario y algunos amigos ganaron una verdadera carrera contra el reloj, limpiando el lugar de las inmundicias, talando árboles, sacando plantas de raíz, etc. pues la naturaleza se había adueñado del lugar, además de erigir nuevamente el pequeño campanario. Para finales de agosto, bastante extenuados pero felices del salvataje efectuado, tuvieron su cuota de recompensa al ver llegar a los habitantes de la zona emocionados por haber salvado la capilla de su infancia.

Proyecto a pulmón juvenil

La gran sorpresa fue que ya en esa primera etapa de la obra, encontraron restos de las fundaciones de una antigua sacristía, un presbiterio, una cripta e incluso, un claustro del siglo XII que ni imaginaban. Enseguida al plan inicial de restaurar la iglesita, se sumó el proyecto de erigir todo el conjunto edilicio para levantar allí un Memorial de los mártires y héroes contrarrevolucionarios, propuesta que fue secundada por los familiares, amigos y alumnos de nuestro profesor. Quien, para llevarlo a cabo, creó la asociación “Memoria del futuro”, con todo un programa de por vida.

Con lo cual, cada verano desde hace 25 años, “el Doctor Secher” se encuentra a la cabeza de más de 70 jóvenes voluntarios, de todo tipo y condición (futuros ingenieros, abogados, militares, estudiantes de literatura, etc. de entre 18 y 30 años) que se transforman en albañiles para levantar el proyecto con el sudor de su frente. Asombrosamente dejan a un lado familia, libros y celulares, para trabajar gratuitamente de sol a sol y durante sus vacaciones de verano; y lo más increíble aun, hay un gran porcentaje de ‘reincidencia’.

Dos o tres días de instrucción bastan para ponerse manos a la obra, donde puede tocarles cualquier tipo de oficio, como nos cuenta la joven Maxélande: “al principio seleccionaba piedras según el tamaño para simplificar la labor de los albañiles, después me trepé al techo a poner tejas en la capilla. ¡Estoy feliz de haber subido allí! Es un patrimonio, es toda una historia… Es así, con pequeñas cosas, que se realizan las grandes obras”.

 

Por supuesto que también hay lugar para la mística: con la Misa latina celebrada cada mañana por los monjes de Lagrasse o por algún otro kamikaze de paso por allí y el rezo del Rosario al atardecer; y para la mástica: ya que el aspecto gastronómico está cuidadosamente asegurado con un buen almuerzo y hasta una siesta incluida bajo los viñedos, como nos lo confirma Pierre, un joven marino de Saint Malo: “Es mi primer año en la obra y me apasiona el hierro forjado, vale la pena volver para superarse en el trabajo duro de cada día y por la buena cocina”. La dura jornada suele terminar con una suculenta cena y un fogón amical de recompensa. Martín que viajó desde Burdeos nos resume su impresión: “En pocas palabras aquí todo es bello, bueno y verdadero”.

Todo encuadrado en un ambiente sano y santo que contagia virtudes y entusiasma a la juventud; no por nada ya son más de 1400 jóvenes quienes han pasado por la obra a lo largo de tantos años. Incluso, los veranos laboriosos han sido fuente de una quincena de vocaciones religiosas y de más de treinta matrimonios. ¡Y hasta ya hay hijos de los primeros voluntarios que hoy día hacen de albañiles, imitando a sus papás hace más de 20 años! Sin duda algo increíble que la segunda generación se encuentre en el mismo lugar, para seguir adelante con la obra y, sobre todo, con el mismo espíritu inicial.

Pinturas y esculturas para el futuro

Ahora bien, ¿cuáles son los resultados? Las fotos hablan por sí solas del conjunto armonioso que, al mejor estilo medieval, hace imperceptible el trabajo individual de hormiga, para destacar la labor y el éxito colectivo de dos generaciones. La capilla fue lo primero en terminarse, actualmente están erigiendo el claustro con cuatro criptas abovedadas de 70 m2. También se ha finalizado con el techo de la gran sala de 100 m2 dedicada propiamente al Memorial y otra más pequeña que acogerá, nada más y nada menos que las estatuas en tamaño natural de los siete generalísimos: Cathelineau, Bonchamps, La Rochejaquelein, Lescure, D´Elbée, Stofflet y Charette.

 

Mientras tanto el célebre retratista Robert Prouty está llevando a cabo una mega obra de arte en pintura sobre tela de 50 m. de largo x 2 m. de alto para la gran sala donde se conmemorarán los hechos más importantes de la revolución y contrarrevolución.

El artista elegido es famoso por haber desarrollado con la tradicional técnica de pintura al óleo, un estilo realista propio, especialmente en los retratos, captando en poco tiempo los trazos esenciales de sus modelos con un dominio magistral de la luz natural.

La realización de esta titánica obra consta de 18 escenas minuciosamente seleccionadas por nuestro historiador que van desde el 20 de junio de 1789, con la toma del poder por el Tercer Estado, pasando por el asesinato de Louis XVI y la gesta vendeana, hasta la defensa de la tesis de Secher en la Sorbona en 1985, hito que marca un giro decisivo en la comprensión e interpretación de la guerra contrarrevolucionaria.

La obra tiene por finalidad -nos recuerda Reynald- honrar la memoria de los hombres, mujeres y niños que, en nombre de la libertad, especialmente la libertad de creer, decidieron levantarse y resistir al sistema totalitario y mortífero de Robespierre y compañía”. Al fin de cuentas, el Memorial es la conclusión de la investigación de toda su vida, o más bien, su sueño casi casi hecho realidad. “Es una especie de pago de mi diezmo -nos confiesa-, en reconocimiento a la fe martirial de nuestros antepasados”.

Nosotros podríamos decir que es el ave fénix del genocidio y del memoricidio vendeano, pues el “gran Secher” lo ha levantado literalmente de las cenizas, para resucitar a quienes el Estado asesinó dos veces con la intención de enterrarlos para siempre.

¡Que Dios nos conceda vida para verlo terminado! y así un día, poder honrar de pie las estatuas de los gigantes que hicieron historia, e invocar de rodillas a los mártires en Saint-Pierre-ès-Liens.

Marie de la Sagesse Sequeiros, S.J.M.

Bibliografía consultada

- L´Homme Nouveau, Hors-série, n 28. L´Église dans la tourmente des Guerres de Vendée. p. 57-59.

- France Catholique, Saint Pierre ès Liens, pierres vivantes. Mémorial des martyrs de Vendée, 21 avril 2017, n 3536, pp. 8-13

- Sitio oficial de la asociación: https://www.memoiredufutur.fr/

- Conferencia del Dr. Reynald Secher el 7 de julio del 2017 en la Vendée: https://www.youtube.com/watch?v=z66PqYqkimY


[1] « Anatomie d’un village vendéen : la Chapelle-Basse-Mer. Essai sur les notions de légitimité et de légalité » Ed. Perrin, 1986.

[2] « Contribution à l’étude du génocide franco-français : la Vendée-Vengé » Ed. Presses Universitaires de France, 1989.


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