septiembre 2013

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Ya han sido convocadas elecciones arciprestales, pues acabo de enviar la convocatoria. Además se amplió el Arciprestazgo, en el que estamos 22 sacerdotes y atendemos un total de 62 poblaciones, bastantes de ellas con muy pocos habitantes.


Han sido cuatro años de servicio arciprestal en que he tenido oportunidad de ganar en paciencia y espíritu de servicio. Espero haya podido ayudar a mis hermanos y compañeros sacerdotes.


Pienso que los más bonito de este tiempo ha sido la visita de la Virgen de Valvanera a nuestro Arciprestazgo donde fue recibida y tratada como una Reina, y lla nos dejó muy confortados ¡Ha merecido la pena!


En la foto, ejerciendo de arcipreste-animador en la celebración del Año de la Fe, con la Virgen de Valvanera, en Lomos de Orios.



Dos Papas. Dos “juanes". Juan Pablo II y Juan XXIII serán elevados al honor de los altares juntos. Será durante una misa ceremonia de canonización que tendrá lugar en Roma el próximo 27 de abril, el Domingo de la Divina Misericordia 2014. El segundo domingo de Pascua. Así lo estableció este día Francisco durante el primer Consistorio Ordinario Público de su pontificado. Se espera una ceremonia espectacular, digna de tres papas muy taquilleros.


TresPapas Ya era un secreto a voces. Lo había anticipado Jorge Mario Bergoglio en esa histórica conferencia de prensa que brindó a bordo del avión papal que lo trajo de Río de Janeiro a Roma, en julio pasado, tras presidir la Jornada Mundial de la Juventud de Brasil. Él mismo había deslizado que la ceremonia podía atrasarse hasta la primavera del año próximo.


Originalmente se había pensado en la fecha del 8 de diciembre de este mismo 2013. Una fecha mariana. Pero bien hicieron notar los polacos en Roma que el invierno en su país es tan férreo que para ese mes prácticamente todas las autopistas del país estarán cubiertas de hielo y nieve. Como se espera un movimiento en masa desde Polonia hacia la capital italiana, las complicaciones que esa época comportaban no eran pocas.


Finalmente se logró un acuerdo para el 27 de abril, fecha de una festividad íntimamente relacionada con la espiritualidad de Karol Wojtyla. Él mismo la estableció en el año 2000, cuando inscribió en el Registro de los Santos de la Iglesia católica a sor Faustina Kowlaska, la monja y compatriota suya que recibió la aparición de Cristo que después propició la devoción a la Divina Misericordia. Juan Pablo falleció en la víspera de esa festividad en 2005 y fue reconocido como beato en la misma, pero de 2011.



Fue Benedicto XVI quien lo beatificó y ahora existe una buena posibilidad que el mismo Joseph Ratzinger asista a la canonización en su calidad de Papa emérito. Se trata de una alternativa que sería totalmente inédita. Por primera vez dos pontífices compartirían una ceremonia pública. Una celebración que involucraría, a final de cuentas, a cuatro de los últimos seis Papas de la historia de la Iglesia.


La posibilidad se barajaba desde hace semanas, sobre todo en ambiente polaco. Y este lunes el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, la consideró una alternativa real con estas palabras:


“No tengo ningún motivo ni para prometerlo ni para excluirlo, Benedicto XVI es una persona a la cual todos queremos mucho. No existe ningún motivo doctrinal o institucional por el cual no pueda participar a una ceremonia pública. No nos toca a nosotros decirle qué debe hacer, respetaremos las que serán sus decisiones y sus deseos. Ciertamente sabemos que desea discreción, hasta ahora ha siempre tenido esta línea, pero yo no tengo ninguna razón para excluirlo, para decir que es una cosa (su asistencia a la canonización) en la cual no se pueda pensar. Tenemos varios meses por delante para dejarle a él la decisión, en diálogo con su sucesor con quien desarrolla sus temas importantes para ver cómo actuará en ese momento específico". No cabe duda que estamos asistiendo totalmente insospechados, hasta hace unos meses.


Serafines susurran.- Que menuda despedida reservaron los venezolanos al ex nuncio apostólico en ese país y futuro secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin. Tras cerrar su ciclo diplomático en Caracas, el clérigo viajó el sábado pasado a Roma. Decidió abordar el vuelo 687 que une las capitales de Venezuela e Italia.


Todo iba bien hasta que las autoridades aeroportuarias venezolanas decidieron dedicar un especial tiempo de revisión justamente al equipaje de Parolin. Y tanto se entretuvieron con sus maletas que obligaron un retraso y no de poco a todo el vuelo. Finalmente el episodio no pasó a mayores. Quizás fue una premonición de los obstáculos que deberá sortear el nuevo secretario de Estado. Tal vez, digo.


Querubines replican.- Que no fue casual la homilía pronunciada por el Papa Francisco el viernes pasado en una misa que celebró con motivo de la fiesta anual de la Gendarmería Vaticana. Ante los reclutas el pontífice sostuvo que el diablo trata de crear una guerra civil interna en el Vaticano, “que no se hace con las armas, se hace con la lengua”.


Enl discurso, pronunciado ante la gruta de Lourdes en los Jardines Vaticanos, pidió a San Miguel -patrono de la Gendarmería- que ayude en esta guerra: “nunca debemos hablar mal uno del otro, nunca abrir los oídos a los chismorreos”. A los uniformados instó, incluso, a intervenir si escuchan un chisme y, si “es necesario frenarlo” con la frase: “Aquí no se puede”.


Digo que el mensaje no fue casual porque trajo inmediatamente a la memoria los tiempos del “vatileaks", cuando el pontificado de Benedicto XVI tuvo que lidiar con una verdadera “guerra civil” interna a la Curia Romana. Una batalla que siempre fue minimizada en sus alcances e impacto por las instancias oficiales pero que, en realidad, precipitó muchas cosas.


Nadie puede olvidar el contacto siempre tan fluido entre muchos Gendarmes del Vaticano con el ex mayordomo de Joseph Ratzinger, Paolo Gabriele, bautizado como “el cuervo” y repsonsable de la filtración a la prensa de decenas de documentos confidenciales robados del apartamento papal. A la postre los Gendarmes jugaron un papel importante en el juicio que concluyó con la sentencia de Gabriele a 18 meses de prisión. Una verdadera historia de chismes y rumores, sumados al tráfico de documentos. Una historia de la cual Jorge Mario Bergoglio conoce todos los detalles. Porque el reporte secreto del “vatileaks” sólo lo leyó el Papa Francisco.






Trataba de ver el lado bueno de las cosas, de los acontecimientos, y, sobre todo, de las personas. // Autor: P. Eusebio Gómez Navarro OCD | Fuente: Catholic.net



Estando Juan XXIII, de Nuncio en Paris, encontróse con el Rabino principal de Francia, también fornido, ante la puerta de un ascensor estrecho, en el que imposible cupiesen ambas humanidades.---"Despues de usted"-le dijo cortésmente el Rabino.



-De ninguna manera -le contestó el Nuncio Roncalli- ¡Por favor, usted el primero!.



Siguió el forcejeo de cortesías, hasta que lo resolvió Roncalli, con la mejor de sus sonrisas:



-Es necesario que suba usted antes que yo, ya que siempre va delante el Antiguo Testamento, y sólo después, el Nuevo Testamento.



Hay personas que están siempre de buen humor. Todo les cae bien, bendicen siempre, y sonríen; su sonrisa es acogedora y, de esta forma, todo les sonríe en la vida.



Juan XXIII era de espíritu abierto, afable, condescendiente, misericordioso y tolerante, dotado con un extraordinario sentido del humor. No se tomó a sí mismo demasiado en serio, a pesar de que su figura era bien pesada. Se reía de sus debilidades.



Observando un día una de sus fotos se dirigió a Monseñor Fulton Sheen, diciéndole. "El buen Dios, que ya sabía que yo iba a ser elegido Papa, ¿no pudo haberme hecho algo más fotogénico?.



Tenía una imagen positiva, se apreciaba , estaba satisfecho con todo lo que el Señor le había dado.



El Papa Bueno en todo y en todos descubría algo bueno.. Trataba de ver el lado bueno de las cosas, de los acontecimientos, y, sobre todo, de las personas. Se preocupaba de una forma especial de la gente humilde y por los que sufrían . Visitaba los enfermos, los presos. Se acercaba a los obreros del Vaticano, con ellos compartía y tomaba un trago de vino.



Jamás tomó demasiado en serio los problemas, ni el mismo cargo de Papa. Una vez le manifestó un obispo que la carga de su nueva responsabilidad le producía insomnio, el Papa le contestó :"Eso mismo me ocurría a mi durante las primeras semanas de mi pontificado. Hasta que un día se apareció en mi aposento mi ángel custodio y me dijo:"Giovanni, no te consideres tan importante". Y yo comprendí. Desde entonces duermo perfectamente todas las noches".



Vivía en paz y estas fueron sus palabras al recibir el Premio Balzan por la Paz:"Os lo decimos con toda sencillez, como lo pensamos: ninguna circunstancia, ningún acontecimiento, por honroso que sea para nuestra humilde persona, puede exaltarnos ni turbar la tranquilidad de nuestra alma".



"Más moscas se cazan con una gota de miel que con un barril de vinagre", decía san Francisco de Sales. Angelo Giuseppe Roncalli, nuestro Papa Bueno, sembró alegría y buen humor por donde pasó. Así consiguió abrir una ventana de aire puro donde pudiera entrar libremente el Espíritu y poder renovar desde lo más profundo la Iglesia a la que tanto amó. Su alegría y su buen humor nos lo dejó en herencia.


Tras treinta días retirado del oficio de escribir en este Blog El Olivo, vuelvo dando las gracias a Dios y a todos los que han rezado por mí para que aprovechara bien este mes de Ejercicios Espirituales.




El agradecimiento lo extiendo a todos los lectores que han llegado hasta El Olivo y han encontrado que el último post tenía fecha del 31 de agosto.


La experiencia ha sido muy interesante tanto espiritual como personalmente. El silencio, la oración, la contemplación, el retiro…..han sido una gracia de Dios sobre mi alma en el año que cumplo cuarenta años de la ordenación sacerdotal.


Hago pública, pues, esta acción de gracias a todos los amigos lectores de forma que, si Dios quiere, estemos juntos a partir de hoy como siempre junto a la sombra de El Olivo.


Dios se lo pague a todos. Muchas gracias.


Tomás de la Torre Lendínez








Nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Abrazó la vida ascética, marchó al Oriente y fue ordenado presbítero. Volvió a Roma y fue secretario del papa Dámaso. Fue en esta época cuando empezó su traducción latina de la Biblia. También promovió la vida monástica. Más tarde se estableció en Belén, donde trabajó mucho por el bien de la Iglesia. Escribió gran cantidad de obras, principalmente comentarios de la sagrada Escritura. Murió en Belén el año 420.



Eusebio Hierónimo de Estridón o Jerónimo de Estridón (Estridón, Dalmacia, c. 340 – Belén, 30 de septiembre de 420), San Jerónimo para los cristianos (en latín: Eusebius Sophronius Hieronymus; en griego: Εὐσέβιος Σωφρόνιος Ἱερώνυμος), tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín. Es considerado Padre de la Iglesia, uno de los cuatro grandes Padres Latinos. La traducción al latín de la Biblia hecha por San Jerónimo, llamada la Vulgata (de vulgata editio, 'edición para el pueblo'), ha sido, hasta la promulgación de la Neovulgata, en 1979, el texto bíblico oficial de la Iglesia católica romana.



San Jerónimo fue un célebre estudioso del latín en una época en la que eso implicaba dominar el griego. Sabía algo de hebreo cuando comenzó su proyecto de traducción, pero se mudó a Belén para perfeccionar sus conocimientos del idioma. Comenzó la traducción en el año 382 corrigiendo la versión latina existente del Nuevo Testamento. Aproximadamente en el año 390 pasó al Antiguo Testamento en hebreo. Completó su obra en el año 405. Si Agustín de Hipona merece ser llamado el padre de la teología latina, Jerónimo de Estridón lo es de la exégesis bíblica. Con sus obras, resultantes de su notable erudición, ejerció un influjo duradero en la forma de traducción e interpretación de las Sagradas Escrituras y en el uso del latín como medio de comunicación en la historia de la Iglesia.



Nació en Estridón (oppidum, ya destruido por los godos en 392, situado en la frontera de Dalmacia y Panonia) entre el año 331 y el 347, según distintos autores. San Jerónimo, cuyo nombre significa 'el que tiene un nombre sagrado', consagró toda su vida al estudio de las Sagradas Escrituras y es considerado uno de los mejores, si no el mejor, en este oficio.



En Roma estudió latín bajo la dirección del más grande gramático en lengua latina de su tiempo, Elio Donato, que era pagano. El santo llegó a ser un gran latinista y muy buen conocedor del griego y de otros idiomas, pero era por entonces muy poco conocedor de los libros espirituales y religiosos. Pasaba horas y días leyendo y aprendiendo de memoria a los grandes autores latinos, Cicerón (quien fue su principal modelo cuyo estilo imitó), Virgilio, Horacio, Tácito y Quintiliano, y a los autores griegos Homero, y Platón, pero casi nunca dedicaba tiempo a la lectura espiritual.



Jerónimo dispuso irse al desierto a hacer penitencia por sus pecados (especialmente por su sensualidad que era muy fuerte, por su terrible mal genio y su gran orgullo). Aunque allí rezaba mucho, ayunaba, y pasaba noches sin dormir, no consiguió la paz, descubriendo que su misión no era vivir en la soledad.



De regreso a la ciudad, los obispos de Italia junto con el Papa nombraron secretario a San Ambrosio, pero este cayó enfermo, y decidieron nombrar a Jerónimo, cargo que desempeñó con mucha eficiencia. Viendo sus dotes y conocimientos, el papa Dámaso I lo nombró su secretario, y le encargó redactar las cartas que el Pontífice enviaba. Más tarde lo designó para hacer la recopilación de la Biblia y traducirla. Las traducciones de la Biblia que existían en ese tiempo (llamadas actualmente Vetus Latina) tenían muchas imperfecciones de lenguaje y varias imprecisiones o traducciones no muy exactas. Jerónimo, que escribía con gran elegancia el latín, tradujo a este idioma toda la Biblia, en la traducción llamada Vulgata (lit. "la de uso común").



Representación de santa Fabiola de Roma, una de las seguidoras de Jerónimo de Estridón.

Durante su estancia en Roma, Jerónimo ofició de guía espiritual de un grupo de mujeres pertenecientes a la aristocracia romana, entre quienes se contaban las viudas Marcela y Paula de Roma (ésta última, madre de la joven Eustoquio a quien Jerónimo dirigió una de sus más famosas epístolas, sobre el tema de la virginidad). Las inició en el estudio y meditación de la Sagrada Escritura y en el camino de la perfección evangélica que incluía el abandono de las vanidades del mundo y el desarrollo de obras de caridad. Ese centro de espiritualidad se ubicó en un palacio del monte Aventino, en donde residía Marcela con su hija Asella. La dirección espiritual de mujeres le valió a Jerónimo críticas de parte del clero romano llegando, incluso, a la difamación y a la calumnia. Sin embargo, Paladio afirma que el vínculo con Paula de Roma le fue a Jerónimo de utilidad en sus trabajos bíblicos, pues su padre le había enseñado el griego y había aprendido suficiente hebreo en Palestina como para cantar los salmos en la lengua original. Es un hecho que buena parte del epistolario de Jerónimo se dirigió a distintos miembros de ese grupo, 2 al cual se uniría más tarde Fabiola de Roma, una joven divorciada y vuelta a casar que se convertiría en una de las grandes seguidoras de Jerónimo. Varios miembros de este grupo, incluidas Paula y Fabiola, también acompañaron a Jerónimo en diferentes momentos durante su estancia en Belén.



En el Concilio de Roma de 382, el papa san Dámaso I expidió un decreto conocido como «Decreto de Dámaso», que contenía un listado de los libros canónicos del Antiguo y del Nuevo Testamento. Le pidió a San Jerónimo utilizar este canon y escribir una nueva traducción de la Biblia que incluyera un Antiguo Testamento de 46 libros, los cuales estaban todos en la Septuaginta, y el Nuevo Testamento con sus 27 libros.



Alrededor de los 40 años, Jerónimo fue ordenado sacerdote. Pero sus altos cargos en Roma y la dureza con la cual corregía ciertos defectos de la alta clase social le trajeron envidias y sintiéndose incomprendido y hasta calumniado en Roma, donde no aceptaban su modo enérgico de corrección, dispuso alejarse de ahí para siempre y se fue a Tierra Santa.



Sus últimos 35 años los pasó en una gruta, junto a la cueva de Belén. Dicha cueva se encuentra actualmente en el foso de la Iglesia de Santa Catalina en Belén. Varias de las ricas matronas romanas que él había convertido con sus predicaciones y consejos, vendieron sus bienes y se fueron también a Belén a seguir bajo su dirección espiritual. Con el dinero de esas señoras construyó en aquella ciudad un convento para hombres y tres para mujeres, y una casa para atender a los que llegaban de todas partes del mundo a visitar el sitio donde nació Jesús.



Con tremenda energía escribía contra las diferentes herejías. La Iglesia Católica ha reconocido siempre a San Jerónimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor la Biblia, por lo que fue nombrado patrono de todos los que en el mundo se dedican a hacer entender la Biblia; por extensión, se lo considera el santo patrono de los traductores.



Murió el 30 de septiembre del año 420, a los 80 años. En su recuerdo se celebra el Día internacional de la Traducción.

¿Lapsus o se les traspapeló la nota que tenían preparada para el 7 de octubre? ¿A que me refiero? Pues simplemente al comentario que el oficialista periódico “El Diario” realizara sobre la fiesta patronal de la Parroquia de San Miguel Arcángel de Paraná. Fiesta que tiene dos características importantes. Por un lado es una de los templos más antiguos de la ciudad: hasta funcionó de Catedral en algún momento. Por otra parte, San Miguel es el patrono de la Provincia de Entre Ríos.


Así que la “presencia oficial” de la máxima autoridad es tradicional en estos lares. O, más bien, es tradicional la carta de disculpas por no poder participar y el envío del algún funcionario de rango menor que supla la presencia. La carta enviada… bueno… lean la noticia que nos trae el Diario:



El gobernador Sergio Urribarri se disculpó por su ausencia ayer en la festividad del patrono de Entre Ríos, San Miguel, a la que no pudo asistir. En su lugar, se hizo presente el ministro de Economía, Diego Valiero. El titular del Ejecutivo envió una nota de disculpas, en la cual señaló que “compromisos de índole oficial y carácter impostergable hacen imposible mi presencia en ocasión tan cara al sentir mariano de miles de paranaenses y entrerrianos que encomiendan su protección al santo patrono”



¿Qué tiene que ver el “sentir mariano” con la fiesta de un Arcángel? Lo más triste es que estoy seguro de que quién escribió la misiva ni siquiera debe de saber que cometió un error.


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Jamás acomodarse en la comodidad y olvidar a Dios poniéndonos a nosotros mismos en el centro de la vida. Retomando las palabras del profeta Amós, el Papa se dirigió a los catequistas procedentes de todo el mundo, y recordó en la homilía de la misa dominical que si perdemos la memoria de Dios, también nosotros mismos perdemos consistencia, también nosotros nos vaciamos, perdemos nuestro rostro como el rico del Evangelio. Si vamos detrás de los valores efímeros, nosotros mismo nos volvemos vacíos. Tarea fundamental del catequista es hacer crecer en la fe. El catequista -- notó Francisco -- es un cristiano que pone la memoria de Cristo al servicio del anuncio; no para hacerse ver, no para hablar de sí mi ...

“Los discípulos se pusieron a discutir quién era el más importante. Jesús, adivinando lo que pensaban, cogió de la mano a un niño, lo puso a su lado y les dio: “El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí, acoge al que me ha enviado. El más pequeño de vosotros es el más grande”. (Lc 9,46-50)


Con el nombramiento del Papa Francisco, uno siente como si un aire nuevo entrase por las ventanas. Algo así como si la Iglesia volviese a tomar su propio tono evangélico y se despojase de grandezas, título y superioridades.

Por fin el Espíritu Santo ha elegido como sucesor de Pedro a uno que sabe cocinar, que no tiene reparo alguno en ir a comer a los comedores populares, ni responder personalmente al teléfono. Y no lo dicen, pero vistas así las cosas estoy seguro que sabe manejar la escoba para barrer su departamento y sabe cómo se limpian los baños y se lavan las ollas y los platos.


Por eso la gente siente como si un aire fresco entrase en la Iglesia. Y por eso mismo, se ha creado en torno a él un clima y un ambiente de papa sencillo. Cuando beatificaron al Obispo Pasionista de Bulgaria Monseñor Bossilkov, al salir de la Basílica de San Padre me encontré con dos hombres ya mayores que miraban al cuadro. Al escucharnos hablar castellano, nos dijeron: “Es de los nuestros. Nos enseñaba a cantar e iba con nosotros de caza”.


Los discípulos tienen una gran preocupación:

“quién de ellos es el más importante”.

“quién de ellos se sentará en el sillón dorado”.

“quién de ellos llevará mejores capisayos”

“quién de ellos llevará más títulos”.

“quién será el que le sirvan todos”.


Claro, aquí siempre es fácil tirar pedradas a tejado ajeno.

Lo difícil es mirar con sinceridad nuestro corazón.

Porque es posible que todos:

Llevemos ansias de pedestal.

Llevemos ansias de ser los más importantes.

Llevemos ansias de llevar unos cuantos títulos en nuestras tarjetas de vista.

Llevemos ansias de mandar a los demás.

Llevemos ansias de figurar ante los demás.


Jesús pronto echó abajo esos castillos de grandeza.

“El que quiera ser el primero que sea el último”.

El que quiera ser el primero sea el que más sirve a los demás.


Los primeros pueden ser temidos, pero no amados.

Los primeros pueden ser reverenciados, pero no tendrán amigos.

Los primeros podrán tener más comodidades, pero ser menos amados.

Los que tienen grandes títulos, lucirán más, pero no serán más.

Los que se sienten más arriba, tienen que pagar el precio de la soledad.

Los que se sienten superiores tendrán aduladores, pero no quienes les diga la verdad.



Por eso me encanta el Papa Francisco, que con toda naturalidad hablando con los periodistas les confesaba cómo, cuando consiguió los 77 votos necesarios para convertirse en Papa, el Papa ha contado que los cardenales rompieron a aplaudir.”Humes me abrazó, me besó y me dijo: ‘No te olvides de los pobres’. Esas palabras: los pobres. Pensé en san Francisco de Asís. Luego pensé en las guerras, mientras el escrutinio proseguía. Pensé en Francisco, el nombre de la paz. Y así entro ese nombre en mi corazón: Francisco de Asís. El hombre de los pobres, de la paz, que ama y custodia al creador. E indicó con una sonrisa cómplice. “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”.


Los pobres nunca son los primeros.

Los pobres nunca llevan grandes títulos.

Los pobres nunca son los que mandan.

Los pobres visten ropas raídas.

Los pobres no tienen sirvienta que les cocine.


¿Será este el comienzo de una Iglesia que no busca primacías y “competencias y divisiones”, de las que se quejaba ya Benedicto XVI?

¿Habrá llegado el momento en que también podamos decir del Papa y la Iglesia: “es de los nuestros”?


Clemente Sobrado C. P.




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–Comienza una serie, ay Señor, que puede tener tres o treinta artículos…


–Abandono confiado en la Providencia divina. No hay otra.



Algunas enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre los Evangelios van a ser el comienzo de estas Notas bíblicas:



«La santa Madre Iglesia ha defendido siempre y en todas partes, con firmeza y máxima constancia, que los cuatro Evangelios, cuya historicidad afirma sin dudar, narran fielmente lo que Jesús, el Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para la eterna salvación de los mismos hasta el día de la ascensión… Los autores sagrados… nos transmitieron datos auténticos y genuinos acerca de Jesús» (constitución dogmática Dei Verbum 19).




El Evangelio es Palabra de Dios; por tanto, la inspiración divina impide que los hagiógrafos falseen la historicidad de los dichos y hechos que refieren. Ésta es la fe que expresamos los fieles al escuchar el Evangelio: «Palabra de Dios». Y profesamos esa misma fe con la misma firmaza cuando nos ha sido proclamado el Evangelio de las bienaventuranzas o la transfiguración de Jesús en el monte o la resurrección de Lázaro o la escena de Cristo andando sobre las aguas. Es «Palabra de Dios». Y creemos en ella, en su inerrancia sobre-humana. No nos engaña.



1. «En la composición de los Libros Sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería. [Por tanto] Como todo lo que afirman los hagiógrafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los Libros Sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra» (11). Los Evangelios, pues, dicen siempre la verdad de los dichos y hechos de Jesús; y será preciso interpretar qué es lo que quieren decir.


2. «Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano; por lo tanto, el intérprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y lo que Dios quería dar a conocer con dichas palabras. El intérprete indagará lo que el autor sagrado dice e intenta decir, según su tiempo y cultura, por medio de los géneros literarios propios de la época» (12).



Estos principios superan todo fundamentalismo ingenuo. Si alguno afirma como verdad formalmente revelada que la Creación del mundo se hizo exactamente en «seis días»; o si dice que Jesús puso como condición para ser discípulo suyo «odiar al padre y a la madre», o cosas semejantes, incurre en un loco fundamentalismo literalista, del que en su momento trataremos. Pero en este artículo me ocuparé más bien del extremo opuesto: de quienes niegan más o menos la historicidad de las Escrituras. Dice el Concilio:


«La revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas. Las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio» (Dei Verbum 2). Con la gracia divina, la fe del cristiano se enciende creyendo en la veracidad de una serie de acontecimientos históricos –palabras y obras de Jesús–, que de suyo son contingentes: pudieron suceder o no suceder. Pero la fe los recibe como ciertos, fiándose del testimonio de los apóstoles y evangelistas (ex auditu). La fe, por tanto, no se fundamenta en argumentaciones racionales lógicas («los ángulos de un triángulo suman 180 grados»), sino en un conjunto de «acontecimientos» –palabras y acciones– por los que Dios se ha revelado, alcanzando en Cristo su epifanía total. Por tanto, quien no cree en los acontecimientos históricos testificados por los apóstoles y evangelistas no tiene la fe cristiana. En el mejor de los casos participará precariamente del cristianismo a la luz de un fideismo sin fundamento histórico.


Baste de momento con estas enseñanzas del Vaticano II. Y veamos ya con algunos ejemplos de autores españoles el status quæstionis, o dicho en lengua vulgar, «cómo está el patio». La incredulidad sobre la historicidad de los Evangelios, iniciada en la exégesis del protestantismo liberal, ha ido afectando en mayor o menor grado a una gran parte de los exegetas y teólogos católicos.


* * *


–El doctor Felipe Fernández Ramos (León 1927-), profesor de Sagrada Escritura en León, docente también en Burgos y Salamanca, autor de varios libros, se encargó del evangelio de Juan en el Comentario al Nuevo Testamento (Casa de la Biblia-Edit. Atenas-PPC, Madrid 1995). Conviene recordar que el cuarto Evangelio fue especialmente cuestionado por los autores modernistas. Por eso en tiempo de San Pío X, el Santo Oficio publicó en el decreto Lamentabili (1907) esta nota reprobatoria:



«Las narraciones de Juan no son propiamente historia, sino una contemplación mística del Evangelio. Los discursos contenidos en su Evangelio son meditaciones teológicas acerca del misterio de la salud, destituidas de verdad histórica (16). El cuarto Evangelio exageró los milagros, no sólo para que aparecieran más extraordinarios, sino también para que resultaran más aptos para significar la obra y la gloria del Verbo Encarnado» (17; Dz 3416-3417).



Los milagros, efectivamente, tienen gran importancia en el Evangelio de San Juan. El evangelista narra unas pocas escenas de la vida de Jesús, pero lo hace con mucho detalle, a veces con una minuciosidad notarial (por ejemplo, en la resurrección de Lázaro). Y en estas escenas evangélicas las palabras más increíbles y los hechos milagrosos se iluminan entre sí. Así, por ejemplo, Jesús se dice «pan vivo bajado del cielo», «verdadera comida», después de multiplicar los panes (Jn 6); se confiesa «luz del mundo», tras dar la vista a un ciego de nacimiento (9); se proclama «resurrección y vida de los hombres», después de resucitar a Lázaro, un muerto de cuatro días (11). Esta relación entre palabras y signos ha sido siempre muy subrayada por los exegetas (por ejemplo, en la famosa obra de Charles Harold Dodd, The interpretation of the Fourth Gospel; University Press, Cambridge 1953). Por el contrario, el profesor Fernández Ramos entiende que los milagros de Jesús no han de entenderse en San Juan como hechos históricos. Dicho en otras palabras, no acontecieron: no fueron, pues, milagros. Y que por tanto su valor y sentido en el Evangelio está únicamente en el mensaje que sus relatos transmiten.



Jesús camina sobre las aguas. «En cuanto a la historicidad, el hecho es más teológico que histórico [traduzco: ese es más significa que el relato es teológico, pero no es histórico]. Esto significa que la marcha sobre las aguas no tuvo lugar de la forma que nos narran los evangelios» [ni de ninguna otra forma, claro] (288).


Resurrección de Lázaro. Se trata de «una parábola en acción… De cualquier forma, debe quedar claro que la validez del signo y de su contenido no se ven cuestionados por su historicidad» [o para ser más exactos, por su no-historicidad]. «El último de los signos narrados [en el cuarto Evangelio]… debía ser un cuadro de excepcional belleza y atracción. El evangelista ha logrado su objetivo. Nos ha ofrecido un audiovisual tan cautivador… Quedarse en la materialidad del hecho significaría el empobrecimiento radical del mismo» (303-304). [El hecho mismo, pues, la resurrección histórica de Lázaro, es lo de menos; lo que importa es su significación. Aunque en realidad es muy difícil explicar la significación que pueda tener un hecho que no ha acontecido].



La resurrección de Jesús «es un acontecimiento que escapa al control humano; rompe el modo de lo estrictamente histórico y se sitúa en el plano de lo suprahistórico; no pueden aducirse pruebas que nos lleven a la evidencia racional». Los cuatro evangelistas narran la resurrección de diversas maneras: «¿quién de los cuatro tiene la razón? Todos y ninguno. Todos porque los cuatro afirman que la resurrección de Jesús es aceptable únicamente desde la revelación sobrenatural… Ninguno, porque las cosas no ocurrieron así. Estamos en el mundo de la representación» (329). [Catecismo: «es imposible interpretar la Resurrección de Cristo fuera del orden físico, y no reconocerla como un hecho histórico», 643; el sepulcro vacío y «la realidad de los encuentros con los Apóstoles» lo demuestran, 647)


Las apariciones de Jesús. En ellas explica misterios del Reino a los discípulos, come con ellos, Tomás toca sus llagas, etc. Pero el profesor Fernández afirma que tampoco esos supuestos acontecimientos sucedieron tal como se describen en las narraciones evangélicas. «El contacto físico con el Resucitado no pudo darse. Sería una antinomia. Como tampoco es posible que él realice otras acciones corporales que le son atribuidas, como comer, pasear, preparar la comida a la orilla del lago de Genesaret, ofrecer los agujeros de las manos y del costado para ser tocados… Este tipo de acciones o manifestaciones pertenece al terreno literario y es meramente funcional; se recurre a él para destacar la identidad del Resucitado, del Cristo de la fe, con el Crucificado, con el Jesús de la historia» (330). [Los hechos aludidos, esos que «no pudieron» darse, fueron reales: Catecismo (645). Pero el Autor, por el contrario, afirma que el ciclo pascual de este evangelio –y el de los otros, se entiende– carece de historicidad].


La pesca milagrosa. «La aparición del Resucitado es presentada sobre el andamiaje de una pesca milagrosa» (331).



El profesor Fernández Ramos, según vemos, rechaza la objetividad histórica del Evangelio en los hechos milagrosos –al menos en un buen número de ellos–, tal como aparecen narrados por San Juan, y se entiende, por los otros evangelistas. Ahora bien, si tal exégesis es verdadera, es decir, si los hechos milagrosos de Jesús han de ser entendidos no partiendo de su objetividad histórica como acontecimientos, de la que carecen, sino mirando sólo su mensaje, entonces también las palabras de Cristo que leemos en los Evangelios podrán ser entendidas en un sentido puramente simbólico y alegórico, no real. Se quiebra así el principio que el Vaticano II enseña en relación a la «historia de la salvación»: «La revelación se realiza por obras y palabras [de Dios] intrínsecamente ligadas» (DV 21). Si se niega la historicidad de las obras, por el mismo precio se niega la historicidad de las palabras. Y nos quedamos sin Evangelio.



Es decir, palabras formidables como: «mi cuerpo es verdadera comida», «yo soy anterior a Abraham», «nadie llega al Padre si no es por mí», «yo soy el camino, la verdad y la vida», etc.: habrán de entenderse no en su significación directa, sino más bien como grandes metáforas. Es decir, lo que cuentan los apóstoles y evangelistas que Cristo dijo e hizo no es ya roca firme en la que pueda fundamentarse la fe de la Iglesia.



* * *


–El doctor Olegario González de Cardedal, nacido en un pueblo de Ávila (1934-), ha sido profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, miembro de la Comisión Teológica Internacional, autor de numerosos libros de teología, y distinguido por el Premio Ratziger. A él se encomendó elaborar el manual de Cristología de la colección Sapientia fidei, promovida por la Conferencia Episcopal Española (BAC, manuales, nº 24, Madrid 2001, 601 pgs.). Ya hice un crítica bastante extensa de esta obra en varios artículos de este mismo blog (51-52). Me limitaré ahora, muy brevemente, a mostrar un par de ejemplos –podrían ponerse muchos más– que muestran en el Autor, a mi entender, una consideración muy deficiente sobre la historicidad de los Evangelios. Pongo algún ejemplo


En relación a su muerte, Cristo, durante su vida pública, según testifican los evangelistas, manifiesta una clara conciencia de que será violenta, como la de todos los profetas enviados por Dios a Israel. La entiende desde el principio como el cumplimiento de un plan divino, anunciado numerosas veces por los profetas y los salmos. El hecho de que actúe a veces como un kamikace, muestra que desde el principio se ve a sí mismo como «un condenado a muerte». Anuncia tres veces, al menos, con especial seriedad su pasión: «les hablaba claramente». Y sus anuncios de la Pasión cumplen sobradamente los «criterios de historicidad» que la exégesis crítica más exigente estima como fiables, concretamente el «criterio de testimonio múltiple» y el «criterio de dificultad». Esos criterios se cumplen perfectamente en los tres relatos: 1º) Mc 8,31-33; Mt 16,21-23; Lc 9,22; 2º) Mc 9,30-32; Mt 17,22-23; Lc 9,43-45; y 3º) Mc 10,32-34; Mt 20,17-19; Lc 18,31-34). Aparta a Simón con palabras durísimas cuando se resiste a aceptar esos anuncios de la Cruz. «Era necesario que el Mesías padeciera» y diera así cumplimiento a lo anunciado por Moisés y todos los profetas» (Lc 24,26-27). Va Jesús a la muerte libremente: nadie le quita la vida contra su voluntad. Es él quien entrega su vida, al dejarse matar. Olegario, por el contrario, muestra la relación de Jesús con su propia muerte en forma sumamente diferente.



Escribe: «Esa muerte no fue [… ] un designio de Dios». Menos todavía ha de entenderse «como inherente a la misión que tenía que realizar en el mundo» […] «Su muerte fue resultado de unas libertades y decisiones humanas en largo proceso de gestación, que le permitieron a él percibirla como posible, columbrarla como inevitable, aceptarla como condición de su fidelidad ante las actitudes que iban tomando los hombres ante él y, finalmente, integrarla como expresión suprema de su condición de mensajero del Reino» (Cristología 94-95). ¿Por qué Olegario presenta así el proceso mental experimentado por Jesús ante la expectativa de su muerte? No hay fuente alguna que fundamente su versión. Es una pura exigencia de su ideología cristológica. ¿Daremos crédito a lo que cuenta Mateo, que vivió con Jesús esos tres años, y que cuenta lo que vió y oyó, o preferimos creer lo que nos cuenta Olegario?



Jesucristo, después de su Resurrección, según refieron los Evangelios detalladamente, se apareció con frecuencia a sus discípulos. Y conocemos bien las palabras y obras que realizó ante ellos antes de ascender al cielo. Emaús, Magdalena, Pedro y Juan, apariciones a los Once, comida con ellos, incredulidad de Tomás, testimonio de los guardas romanos, pesca milagrosa en el lago, cita y aparición en un monte de Galilea, anuncio de su última venida en la Parusía, envío final de los Apóstoles a todas las naciones, Ascensión a los cielos. Son todos estos pasos, cuidadosamente referidos por los evangelistas, acontecimientos históricos, cumplidos en cierto día y lugar. Así lo ha creído siempre la Iglesia y hoy nos lo asegura el Catecismo (645). Pero todos ellos son negados por la crítica exegética liberal, y también por el profesor Olegario, que «al parecer» la hace suya.



Una vez resucitado Cristo, nos dice, se inicia una situación escatológica inefable para la palabra humana. «Expresar tales realidades es casi imposible a nuestro lenguaje que piensa con categorías de tiempo y lugar, porque lo escatológico es justamente lo que viene de más allá y, transiendo este tiempo y lugar, va más allá de ellos. Lo “escatológico” pertenece a la nueva creación […] Hay que pensarlo para nosotros y, sin embargo, no como nosotros somos; con nuestras categorías espacio-temporales, pero transcendiéndolas siempre». La muerte de Jesús es, pues, «lo último posible desde el hombre ante Dios». Y su resurrección, «lo último posible desde Dios ante el hombre. Esa significación escatológica y esa significación universal, tanto de la muerte como de la resurrección de Jesús, es lo que quieren explicitar estos artículos [últimos] del Credo. No son hechos nuevos, que haya que fijar en un lugar y en un tiempo»… «No hay por tanto nuevos episodios o fases en el destino de Jesús, que predicó, murió y resucitó. Carece de sentido plantear las cuestiones de tiempo y de lugar, preguntando cuándo subió a los cielos y cuándo bajó a los infiernos, lo mismo que calcularlos con topografías y cronologías, tanto antiguas como modernas» (171-173).



Estas palabras de Olegario –en las que, como otras veces, no es fácil estar seguro de lo que dice, y menos aún de lo que quiere decir–, afirman lo mismo que más toscamente dice el profesor Fernández Ramos: los acontecimientos postpascuales narrados por los evangelistas «no pudieron» darse, y por tanto «no sucedieron» tal como ellos los refieren –ni de ningún otro modo, por supuesto–.


Queda, pues, negada la historicidad del ciclo evangélico pascual. ¿En qué sentido cree este teólogo en la historicidad de los Evangelios?… La Iglesia, por el contrario, piensa y declara que el Evangelio transmite «datos auténticos y genuinos acerca de Jesús» (DV 19). Por tanto, los hechos evangélicos narrados «pudieron realizarse», porque verdaderamente «se realizaron», como lo testimonian los evangelistas. De facto ad posse valet illatio. La palabra de los hagiógrafos es la Palabra de Dios. Y la Tradición cristiana ha hablado siempre de la Resurrección, de las Apariciones, de la Ascensión como de «acontecimiento históricos» testimoniados por apóstoles y evangelistas, con expresiones «topográficas y cronológicas» claramente diferenciadas. Pero Olegario estima, con tantísimos otros hoy, que los relatos evangélicos de los hechos postpascuales son expresiones necesariamente inexactas, que sólo mentalidades primitivas –fundamentalistas– pueden entender como relatos históricos.



¿Y cree este doctor que con sus rizadas explicaciones hace más inteligible el misterio de la fe? ¿Quién va a entender al predicador que afirma la significación verdadera de unos relatos postpascuales, si al mismo tiempo ha de advertir que los hechos relatados no han acontecido históricamente? El hombre de antes y el de ahora, el creyente y el incrédulo, entienden incomparablemente mejor el lenguaje tradicional del Catecismo, que afirma con toda claridad la historicidad de aquellos hechos salvíficos, cumplidos por Cristo en el tiempo que va de su Resurrección a su Ascensión (n. 659). Eso sí, la Iglesia habla de «el carácter velado de la gloria del Resucitado durante este tiempo […] Esto indica una diferencia de manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez histórico y transcendente de la Ascensión marca la transición de una a otra» (n. 660). Con un ejemplo, que se me ocurre. El apóstol Juan, con sus compañeros, come amistosamente con Jesús resucitado, antes de su ascensión; pero después de ésta, cuando en Patmos se le aparece el Cristo glorioso, es tal la impresión que le produce, que, según él cuenta, «así que le vi, caí a sus pies como muerto» (Ap 1,17). ¿Diferencia, no?



Todos los acontecimientos históricos postpascuales de Jesús narrados por el Evangelio acontecen en lugares y tiempos determinados. No serían históricos en otro caso. Y aquellos hechos que no han tenido ninguna connotación «topográfica y cronológica» no han existido jamás. Carecen, por tanto, de significación alguna. No habría, pues, por qué incluirlos en el Credo. Pero están incluidos en el Credo que venimos confesando en la Iglesia desde casi veinte siglos. Lex orandi, lex credendi. Afirmamos en el Credo hechos históricos reales.


* * *


–El doctor José Antonio Pagola (Añorga, Guipúzcoa, 1937), es sacerdote, profesor y autor, entre otras muchas obras, de Jesús. Aproximación histórica(PPC, Madrid septiembre 2007, 542 páginas - 10ª ed. 2013, 574 pgs.). Ya he escrito sobre esta obra varios artículos de este blog (76-79 y 228-231). La conclusión de mi último artículo dice: «Pagola niega la historicidad de la mayor parte de los dichos y hechos de Jesús referidos en los Evangelios. Acabaría él mucho antes si señalara en concreto cuáles son en el Evangelio, a su juicio, las palabras y hechos de Jesús que podemos realmente calificar de históricos. Quizá –no es posible calcularlo con exactitud– concediera historicidad a una décima parte, probablemente menos, de los textos evangélicos». Cito como ejemplo algunas páginas de su Jesús por la 4ª edición.



Los Evangelios de la infancia de Jesús «más que relatos de carácter biográfico son composiciones cristianas elaboradas a la luz de la fe en Cristo resucitado» (39). «Jesús vivió un período de búsqueda antes de encontrarse con el Bautista» (63). En el Jordán, con el Bautista, se producirá «la “conversión” de Jesús… Para Jesús [¡a los 30 años de edad!] es un momento decisivo, pues significa un giro total en su vida» (73-74) [Sin este encuentro con Juan, ¡qué hubiera sido de Jesús!… Y de nosotros.] La vocación de los apóstoles «son historias estilizadas siguiendo el esquema literario de la llamada del profeta Elías a Eliseo» (280). Los «relatos no describen las curaciones de Jesús tal y como acontecieron exactamente; la repetición de ciertos detalles nos sugiere cómo era recordado por los primeros cristianos» (166). Lucas dice que acompañaban a Jesús varias mujeres (8,3), pero es «probablemente una creación de este evangelista que anticipa la conversión de esas “mujeres distinguidas” de las que hablará en Hechos de los Apóstoles (17,4-12» (215). «Las noticias de Marcos y de Juan, que presentan a los fariseos buscando la muerte de Jesús, no son creíbles históricamente» (338). En cuanto al lavado de piés en la última Cena, «la escena es probablemente una creación del evangelista, pero recoge de manera admirable el pensamiento de Jesús [algo es algo]» (368). «El terrible grito del “crucifícalo” es una deplorable dramatización ingeniada en las comunidades cristianas contra los judíos de la sinagoga… Estos relatos fantasiosos e irreales [¡de los Evangelios!] alimentaron contra el pueblo judío la terrible acusación de “deicidio”; un arma letal que ha generado el antijudaísmo y ha provocado la persecución antisemita» (388-389). [Cuánto daño puede hacernos leer el Evangelio, creyendo en su historicidad…]



En cuanto a los relatos de la Pasión, «esa noche no hubo una sesión oficial del Sanedrín» (378). Jesús fue condenado por blasfemo: «estamos ante una escena que difícilmente puede ser histórica. Jesús no es condenado por nada de eso» (379). Narran los Evangelios la comparecencia de Jesús ante Caifás y a las burlas sufridas en el Pretorio: «probablemente, tal como están descritas, ninguna de estas escenas goza de rigor histórico» (393). María y varias mujeres con San Juan permanecen junto a la Cruz: «el hecho es poco probable» (404). Las siete palabras del Crucificado: «probablemente las primeras generaciones cristianas no sabían con exactitud las palabras que Jesús pudo haber murmurado durante su agonía. Nadie estuvo tan cerca como para recogerlas» (404). «Crossan ve en estos textos [Isaías 53,12; Salmo 22,17] el origen de la escena narrada por los evangelios» (398). «Los primeros cristianos echan mano de los diversos modelos para explicar de alguna manera la “locura” de la crucifixión. Lo presentan como un “sacrificio de expiación”, una “alianza nueva” entre Dios y los hombres sellada con la sangre de Jesús… [Pero] Jesús, por su parte, no aparece tratando de influir en Dios con su sufrimiento para obtener de él una actitud más benevolente hacia el mundo. A nadie se le ha ocurrido decir algo parecido en las primeras comunidades cristianas» (442-443).


El sepulcro vacío: «se trata de un relato tardío… Todo parece indicar que no desempeñó una función significativa en el nacimiento de la fe en Cristo resucitado» (429). El lugar primero de las mujeres en los relatos sobre el Resucitado parece dudoso: «no es fácil decir algo con seguridad» (231). «Los relatos evangélicos sobre las “apariciones” de Jesús resucitado pueden crear en nosotros cierta confusión» debido a su verismo realista: pero «no son relatos biográficos», «son “catequesis” deliciosas que»… (417). «La “ascensión” es una composición literaria imaginada por Lucas con una intención teológica muy clara» (428-9).



Pagola anula la historicidad de una gran parte de los dichos y hechos de Jesús narrados por los evangelistas con una notable facilidad, como uno que aparta con la mano las migas de un mantel: sin ningún problema, seguro de no hallar resistencia alguna. Ya la Comisión Episcopal española para la Doctrina de la Fe lo advertía en la Nota sobre su libro Jesús, aproximación histórica (18-VI-2008):



1. b) «Desconfianza en la historicidad de los Evangelios [lo de desconfianza es un eufemismo del actual lenguaje eclesiástico]. Son frecuentes [casi continuas] en el libro las referencias al carácter no histórico de muchas de las escenas evangélicas». c) «Aproximación a la historia desde presupuestos ideológicos. La reconstrucción histórica realizada por el Autor alterna datos supuestamente históricos con recreaciones literarias [suyas] inspiradas en la mentalidad actual… Los relatos evangélicos son adaptaciones posteriores cuando desmienten la propia tesis [del Autor]; son históricos cuando concuerdan con ella».



* * *


Aquellos biblistas y teólogos católicos, que ignoran ampliamente en sus exégesis la Tradición y el Magisterio, se atienen más bien a la exégesis que naturalistas y protestantes liberales han promovido desde mediados del XIX hasta nuestros días. Su originalidad mayor está, como en el caso de los modernistas, en que afirman hoy en el campo católico lo que algunos sectores protestantes enseñaban hace ya mucho tiempo. Sin embargo, de forma injustificable, sus obras se difunden ampliamente, a través de las editoriales y librerías católicas, ocasionando ya muy pocos sobresaltos y refutaciones, de tal modo que sus planteamientos se vienen enseñando en muchos Seminarios y Facultades, predicaciones y catequesis. No se les ha de creer. Más aún, se les debe combatir abiertamente, según la exhortación del Apóstol: «combate los buenos combates de la fe» (1Tim 6,12). Comenzaron con la Sola Scriptura, y llegaron a la Sine Scriptura, porque la vaciaron completamente, sustituyendo la Palabra divina por palabras humanas.



Con sus lamentables arbitrariedades ideológicas desprestigian a un tiempo la Sagrada Escritura y los métodos elaborados modernamente para estudiarla e interpretarla, haciéndolos sospechos, cuando en realidad los principales de ellos, aunque no estuvieran formulados en forma sistemática, han sido aplicados siempre en la Iglesia, como por ejemplo, por San Jerónimo. Esos métodos, que dan frutos excelentes aplicados a la luz de la fe, puestos, por el contrario, al servicio de una ideología y abandonados a sí mismos, dan frutos venenosos. Sus exegetas son capaces de contarle los pelos a un conejo, y de no distinguir después un toro de una vaca. El Señor diría esto mismo con otras palabras, también fuertemente irónicas: «filtran un mosquito y se tragan un camello» (Mt 23,24). Son una plaga.



La Iglesia funda siempre su doctrina de la fe en el testimonio de los Apóstoles y Evangelistas. Ellos aseguran con verdad e insistencia que dan testimonio de lo que han «visto y oído». San Juan, por ejemplo: «el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero: él sabe que dice verdad para que vosotros creáis» (Jn 19,35; cf. Jn 1Jn 1,1-3; cf. Hch 4,20; 5,32; Catecismo 515). Nuestra fe católica es apostólica, porque se fundamenta en la palabra de los enviados por Cristo a evangelizar. Y ellos nos aseguran: «no nos fundábamos en fábulas fantasiosas cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, sino en que habíamos sido testigos oculares de su grandeza» (2Pe 1,16).


José María Iraburu, sacerdote



Post post.–Las termitas son isópteros (isoptera del griego isos, «igual» y pteron, «ala»: «alas iguales»). Suelen llamarse hormigas blancas, por su semejanza con las hormigas. Su nombre científico se refiere al hecho de que las termitas adultas presentan dos pares de alas iguales. Son insectos sociales que construyen termiteros y que se alimentan de la celulosa contenida en la madera y sus derivados, como el papel, en donde viven en simbiosis. Su acción prolongada puede llegar a causar desde dentro la ruina total de libros, muebles o incluso de edificios.






Índice de Reforma o apostasía




“Y un mendigo Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas”. (Lc 16,19-31)


Felicidades a quienes pueden vestir bien.

Felicidades a quienes pueden comer bien.

Felicidades a quienes pueden vivir bien.


Porque Dios:

Nos quiere ver bien vestidos.

Nos quiere ver comer bien.

Nos quiere ver vivir bien.


Lo malo son los muros y los portones:

Que solo dejan ver hacia dentro.

Que impiden mirar hacia fuera.

Que impiden ver a los que están al otro lado:

Que impiden ver el hambre de los que no tienen que comer.

Que impiden ver el sufrimiento de los demás.

Que impiden ver la soledad de los que están fuera.



Flickr: Gonçalo Rodrigues



Recuerdan aquel Monje que estaba derribando los muros del Monasterio.

Aparentemente parecía un disparate.

Alguien que pasaba le preguntó ¿qué estaban haciendo los Monjes?

Derribando los muros del Monasterio.

Pero ¿por qué?

Porque queremos ver nacer el sol cada mañana.


Hay muros que impiden ver nacer el sol.

Hay muros y portones que nos impiden ver a la gente.

Hay muros y portones que nos impiden ver el hambre de los demás.

Hay muros y portones que nos impiden ver los vestidos raídos de los demás.

Hay muros y portones que nos impiden ver las llagas de los demás.

Hay muros y portones que nos impiden ver a los que se contentaría con nuestras sobras.

Hay muros y portones que nos impiden saludar el hermano.

Hay muros y portones que impiden a la pareja hablarse como lo hacían antes.


Dios no hizo muro y portón alguno.

Dios todo lo hizo abierto.

Dios no levanta muros que separan y dividen.

Dios no levanta muros que impidan ver al que sufre.

Dios no levanta muros que impidan ver el estómago vacío del hambriento.


Los muros y portones:

Son una defensa para que no entren los ladrones.

Pero también son un impedimento para ver el sufrimiento de los de afuera.

Pero también son un impedimento para que nuestro corazón vea las necesidades de que están fuera.

Pero también son un impedimento para que nuestro corazón sienta compasión por los que sufren.


Los corazones tienen demasiados portones:

El portón del egoísmo.

El portón del orgullo.

El portón del poder.

El portón de la enemistad.

El portón de falta de solidaridad.

El portón de la falta de amor.

El portón de la incapacidad de perdonar.


Tenemos muros y portones para no ver brillar a Dios cada mañana.

Tenemos muros y portones para que nuestro corazón no se sienta tocado por los demás.

Tenemos muros y portones que nos hacen indiferentes.

Tenemos muros y portones que nos dividen.

Tenemos muros y portones que impidan que los otros entren en nuestro corazón.


Jesús vino a derribar todos los muros y portones.

Pero nosotros seguimos construyéndolos.

Jesús vino a derribar todo lo que nos impide la fraternidad.

Pero nosotros seguimos construyéndolos.

¿Cuántos portones hay en nuestro corazón?

¿Cuántos portones que impiden el pasa de los demás a nuestro corazón e impiden que nuestro corazón pase al corazón de los demás.


Clemente Sobrado C. P.




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“Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres”. Pero ellos no entendían este; les resultaba tan oscuro que no cogían el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto”. (Lc 9,43-45)


Siempre resulta mucho más fácil entender lo cómodo.

Siempre resulta mucho más fácil entender aquello que no nos complica la vida.

Siempre resulta mucho más fácil entender el placer y la felicidad.

Siempre resulta mucho más fácil entender el éxito y el triunfo.

Lo difícil es entender

El fracaso humano.

El sufrimiento humano.

La debilidad divina que el poder.

La Cruz que el éxito.


En el Evangelio de ayer Jesús quiso ser claro con sus discípulos.

Jesús quiso mostrarles la verdad del camino del Evangelio.

Pero se dio cuenta de que no habían entendido nada.

Que ellos vivían en otra onda.

“Ni siquiera se atrevían a preguntarle sobre el tema”


Algo que nos sucede a todos.

Nos resulta difícil:

Entender un Jesús crucificado.

Entender que la fidelidad al Evangelio conlleva rechazo.

Entender el sufrimiento.

Entender el por qué del dolor.

Entender el por qué de la enfermedad.

Entender que siendo buenos tengamos que sufrir.

Entender que siendo buenos Dios “nos haga sufrir”.


Y Jesús nunca habla de que Dios le haga sufrir.

Jesús nunca habla de que Dios lo rechace.

Jesús nunca habla de que sea Dios quien lo juzga y condena.

Jesús nunca habla de que sea Dios quien lo condene a la Cruz.

Serán los hombres: los ancianos, los sumos sacerdotes, los escribas.


Somos muchos los que hablamos de “cómo Dios permite nuestro sufrimiento”.

Y no nos preguntamos por las verdaderas causas de nuestros sufrimientos.


Sin embargo, Jesús quiere dejar las cosas claras.

A Jesús no le va eso de engañarnos con falsas promesas.

Pero quiere que:

Descubran que el camino del Evangelio no es fácil.

Descubran que el camino del Evangelio tiene poco de alabanza y aplauso.

Descubran que sin Cruz no hay verdadera revelación de Dios.

Descubran que sin Cruz no hay verdadera salvación.

Descubran que sin Cruz no hay verdadero amor

Descubran que sin Cruz no hay verdadera Iglesia.


Esto lo entendió mejor el Papa Francisco que Pedro que ha confesado a Jesucristo, diciendo:

“Tú eres Cristo, el Hijo del Dios vivo.”

Yo te sigo, pero no hablemos de Cruz. Esto no cuenta.

Te sigo con otras posibilidades, pero sin la Cruz.



Mientras que el Papa Francisco dice:

“Cuando caminamos sin la Cruz,

cuando edificamos sin la Cruz y

cuando confesamos un Cristo sin Cruz,

no somos Discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor”.


Y aun añade “Quisiera que todos, luego de estos días de gracia, tengamos el coraje, precisamente el coraje:

de caminar en presencia del Señor, con la Cruz del Señor;

de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, que ha sido derramada sobre la Cruz;

y de confesar la única gloria, Cristo Crucificado.

Y así la Iglesia irá adelante.

Deseo que el Espíritu Santo, la oración de la Virgen, nuestra Madre, conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar Jesucristo. Así sea”.


Clemente Sobrado C. P.




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San Miguel, San Gabriel y San Rafael

Arcángeles




Hoy celebramos la fiesta de los tres Arcángeles que nombra la Sagrada Escritura

La palabra Arcángel proviene de dos palabras. Arc = el principal. Y ángel. O sea “principal entre los ángeles. Arcángel es como un jefe de los ángeles.


San Miguel.


San Miguel arcángelEste nombre significa: “¿Quién como Dios? O: “Nadie es como Dios”.

A San Miguel lo nombre tres veces la S. Biblia. Primero en el capítulo 12 del libro de Daniel a donde se dice: “Al final de los tiempos aparecerá Miguel, al gran Príncipe que defiende a los hijos del pueblo de Dios. Y entonces los muertos resucitarán. Los que hicieron el bien, para la Vida Eterna, y los que hicieron el mal, para el horror eterno”.

En el capítulo 12 del Libro del Apocalipsis se cuenta lo siguiente: “Hubo una gran batalla en el cielo. Miguel y sus ángeles combatieron contra Satanás y los suyos, que fueron derrotados, y no hubo lugar para ellos en el cielo, y fue arrojada la Serpiente antigua, el diablo, el seductor del mundo. Ay de la tierra y del mar, porque el diablo ha bajado a vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”.

En la Carta de San Judas Tadeo se dice: “El Arcángel San Miguel cuando se le enfrentó al diablo le dijo: ‘Que te castigue el Señor’”.

Por eso a San Miguel lo pintan atacando a la serpiente infernal.

La Iglesia Católica ha tenido siempre una gran devoción al Arcángel San Miguel, especialmente para pedirle que nos libre de los ataques del demonio y de los espíritus infernales. Y él cuando lo invocamos llega a defendernos, con el gran poder que Dios le ha concedido. Muchos creen que él sea el jefe de los ejércitos celestiales.


San Gabriel.

Su nombre significa: “Dios es mi protector”.

San Gabriel arcángelA este Arcángel se le nombra varias veces en la S. Biblia. Él fue el que le anunció al profeta Daniel el tiempo en el que iba a llegar el Redentor. Dice así el profeta: “Se me apareció Gabriel de parte de Dios y me dijo: dentro de setenta semanas de años (o sea 490 años) aparecerá el Santo de los Santos” (Dan. 9).

Al Arcángel San Gabriel se le confió la misión más alta que jamás se le haya confiado a criatura alguna: anunciar la encarnación del Hijo de Dios. Por eso se le venera mucho desde la antigüedad.

Su carta de presentación cuando se le apareció a Zacarías para anunciarle que iba a tener por hijo a Juan Bautista fue esta: “Yo soy Gabriel, el que está en la presencia de Dios” (Luc. 1, 19).

San Lucas dice: “Fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, a una virgen llamada María, y llegando junto a ella, le dijo: ‘Salve María, llena de gracia, el Señor está contigo’. Ella se turbó al oír aquel saludo, pero el ángel le dijo: ‘No temas María, porque has hallado gracia delante de Dios. Vas a concebir un hijo a quien pondrás por nombre Jesús. Él será Hijo del Altísimo y su Reino no tendrá fin’”.

San Gabriel es el patrono de las comunicaciones y de los comunicadores, porque trajo al mundo la más bella noticia: que el Hijo de Dios se hacía hombre.


San Rafael.


Angeles cantan al Niño en brazos de MaríaSu nombre significa: “Medicina de Dios”.

Fue el arcángel enviado por Dios para quitarle la ceguera a Tobías y acompañar al hijo de éste en un larguísimo y peligroso viaje y conseguirle una santa esposa.

Su interesante historia está narrada en el día 7 de febrero. San Rafael es muy invocado para alejar enfermedades y lograr terminar felizmente los viajes.




El cristiano sigue a Jesús soportando con paciencia las adversidades. Lo recordó el Papa Francisco en la homilía de la misa de la mañana. Y ésta es la tentación del bienestar espiritual. Tenemos todo: tenemos la Iglesia, tenemos a Jesucristo, los Sacramentos, la Virgen, todo, un lindo trabajo por el Reino de Dios; somos buenos, todos. Porque al menos debemos pensar esto, porque si pensamos lo contrario ¡es pecado! Pero no basta. Con el bienestar espiritual hasta cierto punto. Como aquel joven que era rico: quería ir con Jesús, pero hasta cierto punto. Falta esta última unción del cristiano, para ser cristiano verdaderamente: la unción de la cruz, la unción de la humillación. Él se humilló a sí mismo h ...

Volver a partir de Cristo, tener familiaridad con Él, imitarlo en el salir de sí mismos, no tener miedo de ir con Él a las periferias. Lo recomendó el Papa a los casi dos mil catequistas y participantes en el Congreso internacional sobre la catequesis, a quienes recibió el pasado 27 de septiembre por la tarde en el Aula Paolo VI del Vaticano. El evento estuvo organizado por el Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización con ocasión del Año de la fe. Ayudar a los chicos, a los jóvenes y a los adultos a conocer y amar cada vez más al Señor -- dijo Francisco -- autodefiniéndose un "catequista -- es una de las aventuras educativas más bellas, se construye la Iglesia: pero es necesario "ser", no "hacer" ...

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