Articles by "Padre Juan Ramón Domínguez Palacios"


La Pagoda de la Grulla Amarilla, el monumento más famoso de Wuhan, vuelve a llenarse de turistas, la mayoría venidos de la misma provincia de Hubei - Pablo M. Díez

Tras la catástrofe que el coronavirus ha desatado en todo el planeta, el autoritario régimen del Partido Comunista alardea de su modelo de eficacia frente a la imparable sangría de Occidente.

Hace nueve meses, solo el miedo y la muerte recorrían las calles de Wuhan. A toda velocidad, lo hacían a bordo de las ambulancias y furgonetas de las funerarias que cruzaban entre la niebla los majestuosos puentes sobre el río Yangtsé. Ocultas tras fantasmagóricos trajes especiales de protección, se enseñoreaban de esta megalópolis del centro de China que, de la noche a la mañana, se había quedado desierta. Con la misma furia con que vaciaban las avenidas bajo sus rascacielos de vértigo, desbordaban los hospitales con enfermos de una misteriosa y letal neumonía que se propagaba como la peste. Hace nueve meses, en Wuhan solo campaban a sus anchas la muerte y el miedo que había traído de no se sabe dónde un nuevo coronavirus.

Hoy, por las calles de Wuhan se ve cada vez más gente sin mascarilla, los atascos vuelven a colapsar el tráfico, los mercadillos y restaurantes están llenos y las mujeres bailan en las plazas al atardecer. Mientras el coronavirus marca su máximo de contagios diarios en Estados Unidos y obliga a imponer restricciones en Europa, en China se respira una normalidad especialmente asombrosa en el epicentro de la pandemia: Wuhan. Tras su confinamiento estricto de 76 días, del 23 de enero al 8 de abril, esta ciudad de once millones de habitantes lleva desde antes del verano sin informar de contagios locales y la vida ha vuelto a su rutina de cada día.

Bajo un agradable sol de otoño, los abuelos juegan a las damas chinas y cantan bajo el Primer Puente sobre el Yangtsé mientras un grupo de mayores cruza a nado el río emulando a Mao. Al anochecer, los rascacielos se iluminan con colores y figuras de médicos y enfermeras para agradecer su esfuerzo durante la epidemia y dar ánimos a los vecinos de Wuhan.

«Cumplimos las normas»

«El Gobierno nos dijo que nos quedáramos en casa y, como los chinos estamos muy unidos y amamos a nuestro país, cumplimos las normas. En ese periodo, tuvimos mucha paciencia para no salir de casa. Además, en cada edificio había muchos voluntarios que nos ayudaban y traían comida. Aunque la epidemia nos trajo un gran sufrimiento y muchos perdieron a sus seres queridos, nos enseñó también a amar a la familia y cuidar a los demás», explica con una sonrisa de oreja a oreja Li Na, profesora de unos 30 años, en el Primer Puente sobre el Yangtsé. Con las espectaculares vistas que ofrece este icono de la ciudad, le hace fotos a su madre y su hijo, quien intenta que no se le vuele un globo verde con forma de dinosaurio. «Las medidas del Gobierno fueron rápidas y efectivas, lo que nos ayudó a salir pronto de la epidemia», alaba agradecida, pero también reconoce que «había incertidumbre porque se trataba de un virus nuevo y es normal que eso ocurra cuando te enfrentas a algo por primera vez».

Han Jie, una de las calles comerciales más populares de Wuhan, abarrotada de nuevo de público
Han Jie, una de las calles comerciales más populares de Wuhan, abarrotada de nuevo de público - Pablo M. Díez

Debido a la catástrofe que el coronavirus ha desatado en todo el planeta, el Partido Comunista está legitimando su régimen autoritario como un modelo de eficacia frente a la imparable sangría que sufren las democracias occidentales. Al comparar los nuevos confinamientos y casos disparados con la normalidad que reina en su país, los chinos se olvidan del desastre de las primeras semanas, que disculpan como simples «fallos». Entre ellos, las autoridades ocultaron que los primeros casos se remontaban al 17 de noviembre, según registros oficiales vistos por el periódico «South China Morning Post», no reconocieron hasta el 20 de enero que el virus se contagiaba entre humanos y, lo más grave, silenciaron a los médicos que alertaban de la nueva enfermedad. Todo ello sin contar, por supuesto, que todavía no se sabe dónde se originó el coronavirus: si en el mercado de animales de Huanan, cuyas vallas han sido decoradas con pinturas de paisajes chinos y plantas para borrar su infausto recuerdo, en el cercano Centro de Control y Prevención de Enfermedades o en el superlaboratorio P4 a las afueras de la ciudad. Aunque la mayoría de los científicos creen que el coronavirus es de origen natural y procede de los murciélagos, algunas teorías de la conspiración apuntan a estos dos últimos lugares y la opacidad del régimen chino no ayuda a aclarar las dudas.

Pero de nada de eso se habla ya en Wuhan. Tan desconcertante amnesia colectiva salta a la vista en una exposición de la propaganda donde se ensalza más la respuesta del presidente Xi Jinping que la labor de los sanitarios como el doctor Li Wenliang, el oftalmólogo reprendido por la Policía que luego falleció por coronavirus. Obviando ese pequeño detalle, pero no que pertenecía al Partido Comunista, solo hay una foto suya en un altar con 14 «héroes» caídos en acto de servicio a los que se les pueden poner flores virtuales.

«Al principio se ocultó información para no crear pánico. Pero luego, cuando el Gobierno se dio cuenta de la seriedad del problema, actuó rápido», justifica un estudiante de 22 años apellidado Zhang, quien pertenece a las Juventudes Comunistas y viene con una excursión de la Universidad Huazhong de Ciencia y Tecnología. Una de sus compañeras, apellidada Yang y también del Partido, asegura que «no fue culpa de la Policía, que simplemente hizo su trabajo para que no hubiera caos». A su espalda, los grupos de estudiantes y funcionarios que visitan la exposición se hacen fotos con la bandera roja de la hoz y el martillo. «En la epidemia, China lo ha hecho mejor que las democracias de Occidente porque allí hay distintos partidos que compiten por el poder», señalan ambos jóvenes, que refuerzan su argumento con el refrán «Tres cocineros estropean una sopa». Para ellos, «si hubiera más de un partido en China, el país se rompería».

Propaganda y censura

Con la batalla del relato ganada por la propaganda y la censura, otra lucha igual de importante es la recuperación económica. Para incentivar el consumo, los supermercados lanzan promociones que atraen largas colas de amas de casa y jubilados, como regalar huevos y papel higiénico por compras superiores a los 88 y 188 yuanes (12 y 24 euros). En el otro extremo, las marcas de moda de la famosa calle Han, que no desentonaría en el centro de una capital europea, ofrecen grandes descuentos para llenar de gente joven sus tiendas de Zara y Uniqlo.

Beneficiada por una corriente solidaria, Wuhan se ha convertido en un popular destino turístico y sus hoteles están al 80 por ciento de ocupación. Pero, según nos cuentan en la Pagoda de la Gruta Amarilla, su monumento más conocido, la mayoría de turistas vienen de la misma provincia de Hubei, más que de otros lugares de China. Para cumplir con el límite de aforo por el coronavirus, hay que reservar la entrada por internet. Aun así, las escaleras para subir hasta la última planta de la pagoda están llenas y los fines de semana recibe hasta 30.000 personas. ¡Habría que verla en circunstancias normales!

En el frente sanitario, los ambulatorios ya están apuntando a la gente que quiera ponerse la vacuna contra el coronavirus. Aunque todavía no se sabe cuándo empezará a inocularse, se espera que sea antes de fin de año.

Las autoridades chinas aseguran que ya se la han administrado de emergencia a cientos de miles de médicos, funcionarios y militares, pero la doctora Xu, del Hospital Número 7, admite que ni ella ni ninguno de los compañeros que conoce en otros centros la han recibido. «La vacuna viene, la cuestión es cuándo. Hasta ahora no tenemos información», se encoge de hombros. Protegiéndose con dos mascarillas y un gorro de plástico para el pelo, confiesa que tuvo «mucho miedo durante el pico de la epidemia, pero los médicos sabemos cómo protegernos. Aunque hubo compañeros que se contagiaron, afortunadamente todos se recuperaron».

El test PCR, a 17 euros

Para ella, la clave del control del coronavirus en Wuhan fue «la colaboración entre el Gobierno, los hospitales y la sociedad. Si las autoridades le dicen a la gente que hay que llevar mascarilla y quedarse en casa, todo el mundo lo cumple». Con orgullo, afirma que «es una cuestión de responsabilidad social porque los chinos tenemos espíritu de sacrificio».

A pesar de no diagnosticarse casos locales de coronavirus en China, las enfermeras del Hospital Central de Wuhan siguen protegiéndose con mascarillas, gafas, guantes y gorros de plástico para el pelo
A pesar de no diagnosticarse casos locales de coronavirus en China, las enfermeras del Hospital Central de Wuhan siguen protegiéndose con mascarillas, gafas, guantes y gorros de plástico para el pelo - Pablo M. Díez

Aunque oficialmente no se registran casos nuevos en Wuhan y ella no ha oído que haya infecciones, se siguen haciendo pruebas del ácido nucleico para quienes las necesiten por motivos laborales o para viajar al extranjero. Con el resultado entre tres y 24 horas, un test PCR cuesta 132 yuanes (17 euros) y, si incluye el análisis de anticuerpos, 272 yuanes (35 euros). Para este otoño e invierno, la amable doctora Xu recomienda «no bajar la guardia porque el virus es algo vivo y puede estar en cualquier parte». A su juicio, «la mayor protección es llevar mascarilla, además de lavarse con frecuencia las manos, no tocarse la cara y evitar las aglomeraciones».

Ajenos a sus consejos, los habitantes de Wuhan siguen abarrotando los humeantes puestos de comida callejera hasta que el frío, o una nueva epidemia, lo impida. Acostumbrados ya a las tristes imágenes que vienen de Europa, sorprende ver que nadie lleva mascarilla en los gimnasios. El mismo panorama se aprecia en las pachangas de baloncesto que los jóvenes juegan al atardecer en la Universidad Textil. Al terminar, acuden sedientos a la bodeguilla que desde hace veinte años regenta Wu Xiaochang, un antiguo militar. «¡Ya casi nos hemos recuperado!», exclama con bastante modestia, pero sin mascarilla para que se vea bien grande su sonrisa.


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«Lo que a algunos molesta de Barrett no es que tenga conciencia, sino que sus creencias y valores éticos no se corresponden con el arquetipo oficial de ese lobby ideológico que declara tener el monopolio del feminismo. Y, si algo aparece claro en el itinerario vital de Amy Barrett, es su ejemplo de cómo una mujer es capaz de realizar libremente un exitoso proyecto de vida»

Para algunas mentes, toda acción de Donald Trump durante su presidencia era por definición equivocada y casi siempre inmoral. No hacía falta mayor comprobación o análisis. Al igual que en las rencillas ancestrales entre familias o entre aldeas, o en ciertos fanatismos religiosos (o antirreligiosos), todo lo que proviene del «otro» es necesariamente malo.

Así reaccionó una gran parte del Partido Demócrata, y cierta prensa, cuando Trump designó a Amy Coney Barrett como magistrada del Tribunal Supremo, para cubrir la vacante dejada por el fallecimiento de Ruth Bader Ginsburg. Como nada bueno podía venir de Trump, era preciso descalificar a la candidata. Entre otros, se utilizaron dos argumentos de fondo. Primero, que era políticamente conservadora. Segundo, que era católica practicante

 y, para colmo, joven (nacida en 1972). De manera que su nombramiento engrosaría la mayoría conservadora del Tribunal Supremo durante largos años, en detrimento de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer (en especial el derecho al aborto), y de los derechos de la comunidad LGTBQ.

Frente a esa crítica basada en la falta de pureza de sangre (ideológica), creo que la nueva magistrada debe ser valorada por sus actos, con independencia de la opinión que nos merezca el presidente que la propuso. Dejo ahora de lado la pretendida superioridad moral -que recuerda ciertos planteamientos patrios- con la que el Partido Demócrata se arroga implícitamente el monopolio de la defensa de los derechos fundamentales («nosotros o la catástrofe»). Pero llama la atención que sus argumentos se redujeran a arrojar una sombra de sospecha por razones ideológicas, y no jurídicas. Como dando por sentado que los altos tribunales están al servicio de una posición política; una notable aberración que resulta familiar también en algunos círculos políticos españoles.

Desde luego, habría sido un error negar la competencia de Barrett como jurista y su imparcialidad como juez: se ha ganado el respeto de todos en los diversos trabajos que ha desempeñado, incluidos sus últimos tres años como juez federal de apelación. Pero es que, además, nada en la trayectoria ni en las ideas de la nueva magistrada hace pensar en que su labor judicial quedará a expensas de sus convicciones políticas o morales. De hecho, siempre ha defendido lo contrario.

En primer lugar, su conservadurismo no es tanto político como jurídico. Pertenece a una corriente de pensamiento llamada «originalismo», popular entre los constitucionalistas norteamericanos, según la cual los tribunales deben interpretar la Constitución conforme a su significado originario. Es decir, sin dejarse llevar por una concepción anacrónica o «actualizada» de los valores morales que pueden supuestamente identificarse en el texto constitucional. Para Barrett, esto implicaría dar a los jueces el poder de imponer a los demás ciudadanos su personal concepción de los valores; y en una sociedad democrática, los juicios de valor que se materializan en ley corresponden al pueblo, representado en el Parlamento. No es función de los tribunales suplantar al legislador o diseñar políticas públicas, sino trazar líneas rojas que separan lo legítimo de lo ilegítimo. De hecho, las críticas de Barrett a la famosa sentencia Roe v. Wade, de 1973, proceden no tanto de su oposición al aborto por razones morales, sino de que en esa sentencia el Supremo actuó como legislador, inventándose y regulando con detalle un derecho constitucional al aborto que no existe en la Constitución.

Por otro lado, resulta chocante presumir que la nueva magistrada, por su condición de católica, no está capacitada para el cargo. Esa afirmación va contra la Constitución norteamericana, que, precisamente para evitar esos prejuicios, prohíbe utilizar criterios religiosos en la selección de servidores públicos. Y, sobre todo, parece ignorar las cualidades que requiere el ejercicio de la judicatura.

Los jueces no son autómatas, son seres humanos con conciencia. Ser un buen juez -como en general un buen servidor público- no sólo no es incompatible con tener firmes convicciones éticas, sino todo lo contrario. De ahí que no deban olvidar esas convicciones cuando interpretan y aplican la ley (o la Constitución). Es una de las lecciones de los juicios de Nüremberg contra altos jueces y funcionarios de la administración de justicia bajo el régimen nazi: su deber de obediencia a la ley no les excusaba de su obligación moral de resistencia frente a lo notoriamente injusto e inhumano. Es también, salvando las distancias, el tema de fondo del debate sobre la responsabilidad de los francotiradores del ejército de Alemania Oriental que, siguiendo órdenes, disparaban a matar a quienes intentaban saltar el Muro de Berlín para escapar del «paraíso comunista».

Quien haya leído el trabajo de Barrett sobre el conflicto de conciencia que deriva de la imposición de la pena de muerte sabe de su coherencia jurídica y ética en estos temas. El sometimiento a la ley es intrínseco a la labor judicial, pero preservar la propia conciencia moral -antes que juez se es persona- está por encima de la obediencia a una ley inhumana. Por eso, sostiene que un juez católico no puede sentenciar a la pena máxima a un condenado a muerte en un proceso penal; podrá intervenir en otras fases de proceso, pero deberá abstenerse en el acto mismo de sentenciar.

En el fondo, lo que a algunos molesta de Barrett no es que tenga conciencia, sino que sus creencias y valores éticos no se corresponden con el arquetipo oficial de ese lobby ideológico que declara tener el monopolio del feminismo. Y, si algo aparece claro en el itinerario vital de Amy Barrett, es su ejemplo de cómo una mujer es capaz de realizar libremente un exitoso proyecto de vida, tanto en lo profesional como en lo personal.

La nueva magistrada del Supremo fue confirmada por el Senado el 26 de octubre. Resulta irreal pensar que hubiera sido una marioneta de Trump o que vaya a convertirse en adalid de las políticas del Partido Republicano. Junto a su indiscutida calidad como jurista, su historia revela que entre sus prioridades están la integridad, la coherencia, el diálogo o la ponderación; pero no el clientelismo o la docilidad al poder. Además, su independencia viene facilitada por el nombramiento de por vida: a los magistrados del Supremo sólo los retira la muerte, la voluntad propia o una moción de censura en ambas cámaras (sólo ha habido una en la historia, en 1805, y además no prosperó). Y si lo anterior no fuera suficiente, es la única entre los actuales miembros del Supremo que no se graduó en Harvard o Yale (viene de Notre Dame); sólo eso ya bastaría para mirarla con simpatía, por aquello de la diversidad y ampliar horizontes.

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Javier Martínez-Torrón es catedrático de la Universidad Complutense
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El papa sueña con “una Europa amiga de la persona y de las personas. Una tierra donde sea respetada la dignidad de todos, donde la persona sea un valor en sí y no el objeto de un cálculo económico o una mercancía”.

En medio de tantos y tan graves acontecimientos que reclaman nuestra atención, han podido pasar inadvertidas efemérides de momentos importantes para la historia de la Iglesia en Europa, como el 40º aniversario de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE), el 50º de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la Unión Europea y el 50º de la presencia de la Santa Sede como Observador Permanente ante el Consejo de Europa. Antes, se había celebrado el 70º aniversario de la memorable Declaración Schuman.

No ha sido así en Roma: el papa Francisco encomendó al cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, que atendiera a esos eventos, de acuerdo con el espíritu que le transmitió en una sentida y meditada carta, publicada por los servicios informativos vaticanos.

El pontífice tiene muy presente el grito a Europa de san Juan Pablo II en Santiago de Compostela el 9 de noviembre de 1982, durante su visita a la península ibérica: “vuelve a encontrarte. Sé tú misma”. También Francisco quiere decir a Europa: “Tú, que has sido una fragua de ideales durante siglos y ahora parece que pierdes tu impulso, no te detengas a mirar tu pasado como un álbum de recuerdos. (...) Europa, ¡vuelve a encontrarte! Vuelve a descubrir tus ideales, que tienen raíces profundas. ¡Sé tú misma! No tengas miedo de tu historia milenaria, que es una ventana abierta al futuro más que al pasado. No tengas miedo de tu anhelo de verdad, que desde la antigua Grecia abrazó la tierra, sacando a la luz los interrogantes más profundos de todo ser humano; de tu sed de justicia, que se desarrolló con el derecho romano y, con el paso del tiempo, se convirtió en respeto por todo ser humano y por sus derechos; de tu deseo de eternidad, enriquecido por el encuentro con la tradición judeo-cristiana, que se refleja en tu patrimonio de fe, de arte y de cultura”.

En la carta se advierte también el eco de la exhortación postsinodal Ecclesia in Europa de 2003, que abordaba más bien los procesos de evangelización y recristianización de una sociedad secularizada tras la Ilustración. Sólo echo de menos una posible referencia al gran discurso del cardenal Ratzinger en Subiaco, el 1 de abril de 2005, menos de tres semanas antes de su elección, al recibir el premio “San Benito por la promoción de la vida y de la familia en Europa”.

Del texto de Francisco a Pietro Parolin, me permito destacar los sueños del pontífice, que va desgranando en párrafos sucesivos. No es el menor, en tiempos de pandemia, el redescubrimiento de “ese camino de la fraternidad, que sin duda fue el que inspiró y animó a los Padres fundadores de la Europa moderna, a partir justamente de Robert Schuman”.

El papa sueña con “una Europa amiga de la persona y de las personas. Una tierra donde sea respetada la dignidad de todos, donde la persona sea un valor en sí y no el objeto de un cálculo económico o una mercancía”. A partir de ahí, se entiende el cuidado de la vida desde que surge en el seno materno hasta su fin natural, la responsabilidad ante el trabajo, la protección de los más frágiles y débiles...

Sueña “una Europa que sea una familia y una comunidad. Un lugar que sepa valorar las peculiaridades de todas las personas y los pueblos, sin olvidar que estos están unidos por responsabilidades comunes”. No otra cosa significa la familia “a partir de la diferencia fundamental entre hombre y mujer”. “Europa es una auténtica familia de pueblos, distintos entre sí, pero sin embargo unidos por una historia y un destino común. Los últimos años, y aún más la pandemia, han demostrado que nadie puede salir adelante solo y que un cierto modo individualista de entender la vida y la sociedad lleva solamente al desánimo y a la soledad”.

Sueña “una Europa solidaria y generosa. Un lugar acogedor y hospitalario, donde la caridad −que es la mayor virtud cristiana− venza toda forma de indiferencia y egoísmo”. El papa ha tratado por extenso la fraternidad en su última encíclica. Aquí el sueño europeo “significa particularmente hacerse disponible, cercana y diligente para sostener −a través de la cooperación internacional− a los otros continentes −pienso especialmente en África−, de modo que se resuelvan los conflictos en curso y se ponga en marcha un desarrollo humano sostenible”.

Sueña, en fin, “una Europa sanamente laica, donde Dios y el César sean distintos pero no contrapuestos. Una tierra abierta a la trascendencia, donde el que es creyente sea libre de profesar públicamente la fe y de proponer el propio punto de vista en la sociedad. Han terminado los tiempos de los confesionalismos, pero −se espera− también el de un cierto laicismo que cierra las puertas a los demás y sobre todo a Dios, porque es evidente que una cultura o un sistema político que no respete la apertura a la trascendencia, no respeta adecuadamente a la persona humana”.

Salvador Bernal,
en 
religion.elconfidencialdigital.com.

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En esta nueva carta pastoral, Mons. Fernando Ocáriz reflexiona acerca del espíritu del Opus Dei y de las características de la dedicación a la Obra de los fieles según las distintas circunstancias personales

“Con el centenario del nacimiento de la Obra en el horizonte −así inicia Mons. Fernando Ocáriz su Carta Pastoral−, y pensando en el vasto panorama apostólico que el Señor nos pone ante los ojos, querría que meditásemos, pausadamente y con profundidad, en la enseñanza de san Josemaría sobre cómo se concreta para cada una y cada uno la universal vocación cristiana a la santidad…”

Texto completo de la Carta Pastoral del Prelado del Opus Dei

Fuente: opusdei.org.


La Parroquia de Santo Domingo de la Calzada, Madrid, ha sido testigo del testimonio de Fe de la familia Matute Guimón. Juan Matute Azpitarte, María Guimón Ybarra y el joven Juan Matute Guimón que se ha recuperado milagrosamente y sin secuelas de un derrame cerebral en un tiempo récord. Los tres componentes de la familia explican esta experiencia y como la Fe les ha ayudado a luchar.

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La técnica de manipulación genética CRISPR-Cas9, que ha merecido el premio Nobel de Química de este año para sus inventoras, Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier, sigue siendo objeto de debate ético: ¿sería lícito, y en qué casos, emplearla para cambiar el genoma en línea germinal humana (gametos o embriones)? 
Lícito o no, está muy lejos de ser factible, según muestra un estudio recién publicado. Un equipo de investigadores ha dado a conocer en la revista Cell sus intentos de eliminar un trastorno hereditario en embriones humanos (creados al efecto en laboratorio). Eso es lo que se aspira a conseguir algún día mediante la técnica CRISPR-Cas9, y así se eviten enfermedades y deficiencias incurables causadas por el defecto de un solo gen. 

Una de ellas es la retinosis pigmentaria, que lleva a la pérdida progresiva de visión hasta la ceguera total, y se debe a una mutación del gen EYS, ubicado en el cromosoma 6. Esta anomalía afecta aproximadamente a una de cada 30.000 personas. Dieter Egli (Universidad de Columbia) y sus colaboradores tomaron esperma de un hombre que sufre tal ceguera para fecundar in vitro 40 óvulos. Aplicaron el CRISPR-Cas9 a 37 de ellos, y dejaron intactos los restantes para comparar. En alrededor de la mitad de los casos, tras cortar el segmento de ADN donde estaba el gen defectuoso, no hubo la reparación deseada, sino que se perdió gran parte del cromosoma o el cromosoma entero. “Es un resultado muy adverso”, ha dicho Egli.

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aceprensa.com

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«La felicidad no depende de la realidad, sino de la interpretación de la realidad que uno hace (…). Donde otros ven sombras y malos presagios, yo veo oportunidades y retos por cumplir»

Leo el periódico y todo son malas noticias, una detrás de otra. Aquí y allí y en la otra parte del mundo. Los periodistas se recrean relatando los hechos y cunde de entrada una mezcla de indiferencia y agotamiento que nos deja anestesiados. 

La mejor manera de funcionar es tener perspectiva, altura de miras, poner las luces largas y relativizar hechos, comentarios y afirmaciones. No perdamos de vista que en el mundo de las noticias existe una verdadera bulimia, unas se comen a las otras y en unos días se desdibujan, pierden su fuerza, se volatilizan.

El optimismo es una forma positiva de interpretar la realidad. La mejor de las vidas está llena de derrotas. Cualquier circunstancia histórica tiene muchos matices negativos. Por eso es importante aprender a interpretar la realidad con una visión panorámica. Hoy en día, el coro de plañideras negativas está rebosante de noticias malas, duras, terribles, apocalípticas.

Hay un optimismo personal y otro, general o colectivo. Quiero espigar cuáles son los principales componentes a la hora de evaluar lo que está pasando, a nivel global (política, economía, sociedad, etcétera) y a nivel personal. Paseo la mirada por ellos y me deslizo en su interior:

Apostar por el optimismo

El primer eslabón reside en nuestro sistema de creencias. Las ideas se tienen, en las creencias se está. Son el subsuelo nuestro. La tierra firme sobre la que cada uno se sostiene. El mundo se ha ido alejando de lo espiritual y se ha vuelto cada vez más materialista. Y esto es malo, porque se prescinde de uno de los ingredientes más importantes de la vida, que da respuesta a las grandes preguntas: ¿de dónde venimos, a dónde vamos, cuál es el sentido de la vida, qué importancia tiene el amor, qué hay después de la muerte? Y un largo etcétera de cuestiones que parpadean cuando nos interrogamos por las cuestiones esenciales.

El segundo ingrediente es nuestro estado de ánimo. Que podemos definirlo así: es un sentimiento que deambula por nuestro interior, es el tono afectivo de ese momento en el que convergen y se hospedan elementos físicos, psicológicos, sociales y culturales. Y que da lugar a un modo de estar de hoy y ahora, pero que tiene una cierta permanencia en el tiempo. Yo le pregunto con mucha frecuencia a mis pacientes: ¿Cómo estás de ánimo, cómo te sientes por dentro? Estoy buceando en su paisaje interior. La palabra latina animus significa «aquello que anima o da vida al cuerpo». El tono anímico positivo tiene un inmenso poder reparador y nos ayuda a descubrir siempre el ángulo mejor de lo que está sucediendo, sin dejar de ver la parte mala o dura. Esto descansa, de alguna manera, en estar contento con uno mismo a pesar de las mil y una circunstancias difíciles que todos atravesamos. El optimismo consiste en una educación de la mirada que sabe descubrir lo mejor y lo bueno, que escondido asoma y se esconde. Y esto depende, en buena medida, del significado y valoración que demos a la actualidad.

Martin Seligman, padre del llamado pensamiento positivo, nos explica los procesos que regulan el funcionamiento del cerebro y la toma de decisiones; se ha llegado a la conclusión de que los sentimientos desempeñan un papel fundamental en la forma de pensar y de interpretar lo que nos pasa (el hipotálamo, la amígdala cerebral y el sistema reticular activador ascendente, son sus principales responsables y al activarse hace que te fijes más en vivencias buenas).

En tercer lugar está nuestro equipaje genético: el enorme valor de la herencia, que nos marca. Hay un trastorno de la personalidad que se llama depresiva y que consiste en la tendencia crónica, anclada en la biología familiar a centrarse más en lo malo que en lo bueno, en lo negativo que en lo positivo, en las adversidades y minimizar las situaciones satisfactorias. Eso nos lleva de la mano a una óptica concreta. No confundir la depresión como enfermedad: que es algo transitorio, presidido por la tristeza y el hundimiento psicológico.

Hay que considerar también nuestra historia personal. En una palabra: la biografía. No hay árbol que no haya sido fuertemente azotado por el viento.

La vida está ajedrezada de dos tipos de traumas. Los macrotraumas que son impactos de gran alcance, históricos por la magnitud e importancia de los hechos. Y los microtraumas que son vivencias negativas pequeñas, de mucha menos intensidad, pero que forman un glosario, un sumatorio de adversidades. 

Es la experiencia de la vida. Se trata de ser capaces de tener altura de miras, perspectiva, visión larga de los acontecimientos… y saber relativizar y valorar las cosas con moderación y justeza de juicio. Este es un arte en donde se mezcla sabiduría e inteligencia. Todo está en nuestra cabeza: la felicidad y el desencanto. El optimista otea el horizonte y ve el lado bueno y propone soluciones y busca alternativas. Levanta la mirada, deja lo inmediato y apuesta por lo mediato, por lo lejano.

Optimismo personal y colectivo

España está pasando una etapa mala: el coronavirus ha puesto de manifiesto que los que nos gobiernan no saben hacerlo y que han ido a la táctica de abrir las dos Españas. ¿Qué pasa en España que hay tantos enfermos de odio? ¿No vamos a ser capaces de cerrar las heridas del pasado y tener la sabiduría de acercarnos unos a otros? «Me duele España», decía Unamuno.

El pesimismo goza de un prestigio intelectual que no merece. La felicidad no depende de la realidad, sino de la interpretación de la realidad que uno hace. España tiene una historia grande, con muchas cosas de las que puede estar orgullosa y una unidad conquistada con esfuerzo de años y generaciones. Donde otros ven sombras y malos presagios, yo veo oportunidades y retos por cumplir. Sabiduría e inteligencia. La sabiduría es experiencia de la vida y cambiar lo que se puede modificar y aceptar lo que no es posible hacerlo. La inteligencia es la nitidez de la razón.

Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría.

Fuente: abc.es.



Aunque no está enmarcada dentro del listado de enfermedades psiquiátricas, la adicción a las pantallas es cada vez mayor, tanto en adultos como en niños. Pero son estos últimos sobre los que debemos prestar una especial atención ya que, aunque el elemento «facilitador» de la tecnología es indiscutible, su uso descontrolado puede mermar seriamente sus capacidades creativas, sociales y cognitivas, repercutiendo todo ello en su futuro más próximo. 

 Para evitar esto, la experta en lenguaje y desarrollo infantil Tamara Chubarovsky apuesta por una correcta selección de imágenes y por aprovechar los enormes beneficios que aporta un instrumento tan divulgativo e infantil como son los cuentos, narrados en directo por los adultos de referencia: maestros y familiares. 
El aumento vertiginoso del tiempo que los niños pasan expuestos a la tecnología diariamente es un hecho que, más allá de ser constatado por numerosos estudios y especialistas, se puede percibir en la mayoría de los hogares de nuestro país. Además, la actual pandemia y sus respectivos periodos de confinamiento han hecho que esta tendencia se agudice aún más. 

Y es que no es de extrañar que, hoy por hoy, convivan el mismo número de personas que pantallas encendidas, ya sean estas de teléfono móvil, tablet, televisión, PC o videoconsola. Más allá de los consabidos problemas de sedentarismo, aislamiento social o falta de concentración, la adicción a las pantallas o lo que la experta en lenguaje y desarrollo infantil Tamara Chubarovsky denomina coloquialmente como «Síndrome del niño empantallado» afecta seriamente a su capacidad creativa y expresiva. 

Dicho de otro modo, la ausencia de imaginación dificulta tanto su capacidad para generar imágenes mentales como sus capacidades comunicativas y de desarrollo del lenguaje. Todo ello desemboca irremediablemente en un mayor aburrimiento, apatía y necesidad de consumo exterior. La OMS ya lo advirtió en 2019 «Para crecer sanos, los niños menores de cinco años deben pasar menos tiempo sentados mirando pantallas o sujetos en carritos y asientos, dormir mejor y tener más tiempo para jugar activamente». 

Así de tajante se expresó la Organización Mundial de la Salud (OMS) a finales del mes de abril del 2019, cuando publicó una serie de directrices sobre actividad física, sedentarismo, y sueño en niños menores de 5 años. En concreto, la doctora Juana Willumsen, coordinadora de la OMS para la obesidad infantil y la actividad física, afirmó que «lo que realmente debemos promover es que los niños vuelvan a jugar. Se trata de potenciar el tiempo de juego activo en detrimento del tiempo dedicado a actividades sedentarias frente a las pantallas». 

De igual forma, la doctora Willumsen apuesta por dos conceptos clave para el correcto desarrollo del niño: la interacción del niño con el cuidador y el desempeño de actividades que no supongan la exposición a pantallas como leer, contar cuentos, cantar, hacer puzles, etc. Cómo ayudarles a recuperar su capacidad creativa Entre todas estas propuestas ofrecidas por la OMS, los cuentos, canciones y rimas con movimiento, son herramientas en las que Tamara Chubarovsky incide especialmente para que el niño desarrolle tanto su capacidad creativa, como de comunicación, orientación espacial y temporal (y secuenciación de la historia). 

 Experta en lenguaje y desarrollo infantil, Chubarovsky lleva 21 años impartiendo cursos y conferencias, por lo que sus Rimas con movimiento están presentes en escuelas y familias de habla hispana de todo el mundo. Hace un año creó su escuela online y más de 3.500 alumnos de 38 países han hecho alguno de los cursos que ofrece. Para ella, es urgente revertir esta situación si no queremos adultos completamente vacíos. «Observamos que a menor creación y vida interior, más aburrimiento, apatía y necesidad de consumo exterior» afirma. 

 La primera medida para promover imágenes interiores que aporta Tamara es reducir al máximo las imágenes exteriores. «Si, por ejemplo, ya han visto en la televisión la película de La Bella Durmiente, cuando les contemos el cuento evocarán esas imágenes y no crearán sus propias imágenes mentales. Esto ocurre en general con personajes arquetípicos como el gigante, el enanito, la princesa, el lobo, etc. Si ya hay una imagen exterior establecida, será mucho más difícil, sino imposible, crear la propia» concluye. 

 Además de abolir la creatividad y fantasía propia, tenemos el inconveniente de que, por la noche, un gigante u ogro de una película, puede emerger en sus sueños produciendo miedo. Son imágenes difíciles de digerir. Una imagen propia será creada a la medida de cada uno. Sin embargo, Chubarovsky tampoco apuesta por una supresión total de imágenes. «Tampoco quiero decir que haya que excluir de la vida del niño las imágenes; el niño tiene necesidad y hambre de imágenes. La cuestión es saber qué tipo de imágenes le puedo acercar, sabiendo que, si lo que quiero es estimular su propia imaginación y capacidad mental, deberé escoger siempre imágenes sencillas e “incompletas”. 

Y como el niño antes de los 6 o 7 años no está plenamente capacitado para la producción propia y abstracta de imágenes, le acompañaremos en este proceso» afirma. 10 consejos para recuperar su capacidad creativa La especialista lo tiene claro: «a mayor simplicidad externa, mayor actividad interna». 

Pues bien, en el caso tanto de niños pequeños como de cualquier otro con mayor dificultad en este campo, la transición hacia esta actividad interior plena se puede llevar a cabo de manera exitosa siguiendo los siguientes 10 consejos. Todos ellos permitirán que los más pequeños de la casa trabajen y potencien su capacidad creativa. 

 1. Reducir imágenes externas sofisticadas (TV, PC, etc). 
 2. Ofrecer cuentos con imágenes sencillas. 
 3. Una pequeña historia contada con ayuda de los dedos (Rimas con Movimiento de Tamara Chubarovsky), es un magnífico microcuento con soporte visual, que además se puede apoyar tocando al niño. 
 4. Elegir cuentos simples, con poca trama y repetitivos. Un ejemplo son los Cuentos para ver, oír y sentir. 
 5. Narrarlos de manera sencilla, sin dramatizar ni exagerar las voces, pero tampoco de manera monótona y haciendo las suficientes pausas para que los niños tengan tiempo de ir creando mentalmente sus propias imágenes interiores. 
 6. Apoyar la narración con pequeños gestos de manos. 
 7. Apoyar la narración con títeres de mesa. Son un gran recurso para desarrollar la capacidad de orientación espacial, temporal y secuenciación de la historia, fundamentales para organizar posteriormente mentalmente las ideas e imágenes. 
 8. Transformar la narración en un cuento vivido, haciendo que los niños se muevan y actúen, para poder así sentir los personajes y crear imágenes con vínculo emocional. 
 9. Contar un solo cuento y, a ser posible, repetirlo durante varios días. 
 10. Complementar los cuentos con juegos y actividades que impliquen el contacto físico y el movimiento del niño y , en definitiva, su interacción afectiva y social con el entorno. Apúntate a la newsletter de Familia y recibe gratis cada semana en tu correo nuestras mejores noticias.

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Nos alegramos hoy con toda la Iglesia en una fiesta entrañable y consoladora porque “una muchedumbre inmensa que nadie podría contar” y que en su mayoría llevó una vida parecida a la nuestra, disfruta ya de la visión de Dios por toda una eternidad. Una multitud cuyos nombres no conocemos, que pasó inadvertida a quienes les trataron y, en ocasiones, incomprendidos o despreciados y maltratados, pero conocidos y amados por Dios.

Es esta una Solemnidad alentadora porque muchos de esos santos tendrían un carácter similar al nuestro, parecido temperamento, idéntica inclinación a la pereza, la sensualidad, el amor propio, y experimentaron los mismos sinsabores y penas, y, sin embargo, han superado con la ayuda de Dios esas dificultades. Es posible que más de un centenar de ellos y ellas pudiera decirnos: no te desanimes, también yo he pasado por esas pruebas. Sí, también tú puedes llevar una vida cristiana plena, una vida santa.

Esta Solemnidad que comenzó a celebrarse en toda la Iglesia a partir del s. IX, nos recuerda la llamada universal a la santidad. Podemos y debemos ser santos. “El Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que Él es iniciador y consumador: Sed, pues, vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 48)” (C. Vaticano II, L.G., 40).

Hay quienes cuando oyen hablar que Dios les quiere santos, piensan que eso no es para ellos, que no tienen madera de santo. La santidad es una llamada de Dios a cada uno que, en esencia, consiste en amarle con todas nuestras fuerzas, sinceramente, en amar a quienes nos rodean con igual intensidad, y amar la fatiga de cada día, nuestro trabajo. Parece lógico que si la llamada procediera del Comité Olímpico para participar en las próximas Olimpiadas, más de uno pudiera excusarse diciendo que él no reúne las condiciones para el deporte de alta competición. Si la llamada viniera de un partido político para que militemos activamente en sus filas, de una cadena de televisión, de una emisora de radio o de una empresa editorial o periodística, podríamos también declinar esa llamada diciendo que no reunimos las condiciones para la política, la comunicación, las letras. Pero para amar todos tenemos condiciones. Todos podemos amar a Dios que es nuestro Padre y hacer caso de sus indicaciones.

En el Evangelio de hoy, el Señor va enumerando las características de la santidad que permiten la entrada en la gran fiesta del cielo: los pobres de espíritu, esto es, los que no adoran el becerro de oro; los limpios de corazón; los sufridos; los que trabajan por la paz; los que van contra corriente, perseguidos por causa de la justicia... “Son santos los que luchan hasta el final de su vida: los que siempre se saben levantar después de cada tropiezo, de cada día, para proseguir valientemente el camino con humildad, con amor, con esperanza” (S. Josemaría Escrivá).

Encaminemos nuestros pasos por la senda de la santidad guiados por la fe y estimulados por el ejemplo de una multitud tan numerosa y variada con la certeza de que no nos faltará tampoco la ayuda de Santa María, Reina de Todos los Santos.

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo:

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

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Los 10 consejos del popular psiquiatra Enrique Rojas para ser feliz

El popular psiquiatra y divulgador Enrique Rojas, catedrático con más de 3 millones de libros vendidos, publica ahora Todo lo que tienes que saber sobre la vida, un libro lleno de sabiduría práctica, que anima a tener ideas claras, fortalecer la voluntad, ser generoso, educar las pasiones y apoyarse en la fe. El libro está organizado en 12 capítulos y el último recoge estos 10 consejos.

1. La felicidad consiste en ser capaz de cerrar las heridas del pasado

"La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria. Los psicólogos y los psiquiatras sabemos lo importante que es ayudar a nuestros pacientes a hacer la cirugía estética del pasado, cerrando heridas de forma definitiva y sabiendo encajarlas de forma adecuada en el organigrama de nuestra biografía".

Una persona que no puede cerrar esas heridas puede convertirse, advierte, en una persona "agria, amargada, resentida y echada a perder. En términos psiquiátricos, se convierte en neurótica por esa rampa deslizante y se va viendo invadida de conflictos no resueltos que, antes o después, asoman y la dañan y vuelven tóxica".

Entre los autores que han vivido experiencias duras, sobre todo en la cárcel y bajo amenaza, y han escrito de ellas con desapego y perdón, recomienda a Santo Tomás Moro, el cardenal Van Thuan, el misionero en el gulag Walter Ciszek, el escritor ortodoxo Aleksandr Solzhenitsyn o el dramaturgo y político checo Vaclav Havel.

2. Aprender a tener una visión positiva de la vida

"Esto hay que aprenderlo, como casi todo", advierte. "La clave está en el esfuerzo psicológico, un trabajo de artesanía personal mediante el cual vamos siendo capaces de descubrir la dimensión más positiva de la realidad, ese segmento que se esconde en el fondo de los hechos y que tiene unas notas positivas que nos puede enseñar lecciones muy sabias".

Implica la resiliencia, "la capacidad para sacar fuerzas de una experiencia traumática y darle la vuelta y de ese modo ser capaz de ser inexpugnable, pétreo, inalterable, blindado... es todo arte, y significa adquirir una fortaleza extraordinaria para lograr la superación".

3. Tener una voluntad de hierro

"Necesita ser educada desde los primeros años de la vida. Es una pieza clave en la psicología que, si es sólida, consigue que nuestros objetivos y metas lleguen a buen puerto. Toda educación empieza y termina por la voluntad. Tener una voluntad firme es uno de los más claros indicadores de madurez de la persona".

4. Tener un buen equilibrio entre corazón y cabeza

Amor e inteligencia forman un bloque bien armado. tener una afectividad sana implica mover bien los hilos de las relaciones con los demás, cargándolas de sentimientos verdaderos, auténticos, sin doblez, descubriendo que lo afectivo es lo efectivo. Y a la vez saber utilizar bien los instrumentos de la razón: la lógica, el análisis, la síntesis, el discernimiento. Ser capaces de respirar por estos dos pulmones a la vez".

5. Es necesario tener un proyecto de vida coherente y realista

El proyecto de vida, explica el psiquiatra, implica cuatro grandes temas: amor, trabajo, cultura y amistad. Debe ser coherente (con "el menor número de contradicciones posibles"). Debe ser realista, "ajustarse a los hechos de la vida personal y del entorno, aunque con ilusión". Hay que cuidar el amor, hay que estar en un trabajo "que agrade y que saque lo mejor de uno mismo", la cultura da libertad y criterio, y la amistad se construye con afinidad, donación, confidencia.

6. Poner los medios para hacer felices a otras personas

Al volcarnos en hacer felices a los demás olvidamos nuestros problemas y dificultades y eso es bueno. "¿Qué puedo hacer para dar unas gotas de felicidad a los que me rodean?" es una pregunta para hacernos con frecuencia. "Hay más alegría en dar que en recibir", dice el psiquiatra, citando una frase que San Pablo dice que es de Jesucristo (aunque no aparece en los Evangelios). También en psiquiatría y psicología, muchos pacientes mejoran en cuanto perseveran un tiempo en servir y ayudar a los demás.

7. Capacidad para apreciar las pequeñas alegrías de la vida cotidiana

"Se trata de saber parar el reloj y detener el tiempo que corre fugaz y apresarlo para, en esos momentos, saborear el instante, sencillo pero muy positivo. Hay una felicidad grande que se refiere a la exploración de cómo va nuestra vida en sus conjunto, y otra felicidad pequeña, que aspira solo a saber disfrutar de lo menudo, de lo cotidiano, desde un paisaje bonito a una excursión por la montaña a la lectura de un libro que nos tiene absorbidos, pasando por una comida o una cena agradables..."

8. Saber valorar las cosas que uno tiene y las que uno ha conseguido

"Lo importante no es haber conseguido ciertas metas −que lo es− sino reconocerlo, apreciarlo, evaluarlo, reconocer que detrás de ellos ha habido lucha, esfuerzo, volver a empezar", advierte Enrique Rojas. Es bueno poder ver cómo se ha ido desarrollando nuestra vida, con sus frutos, "sus avatares y las mil y una peripecias" que nos han sucedido.

9. Darle a las cosas que nos pasan la importancia que de verdad tienen

Con equilibrio de razón y emoción podemos juzgar en su justa medida lo que nos afecta, y quitar importancia a muchas cosas que nos llevan a la tristeza y melancolía. Hay que saber mirar con perspectiva, poniendo distancia. Para eso, es decisivo saber hacia dónde queremos ir. El fracaso es a menudo necesario para el desarrollo y la maduración de la personalidad. Con esa perspectiva, no nos derrumbamos en los momentos malos, sino que nos crecemos ante la adversidad. Sobre esto, Rojas recomienda el libro de Ricardo Yepes Stork Fundamentos de antropología.

10. No equivocarse en las expectativas: frenar ambiciones excesivas

La existencia humana siempre tendrá límites y barreras y, como dice el refrán, "no hay que pedirle peras al olmo". "La felicidad absoluta no existe, es una utopía", al menos en este mundo. Pero se puede aspirar a una felicidad razonable, desde la moderación. Al final consiste en "descubrir quién quiero ser, hacia dónde quiero dirigirme, y luego aceptar con serenidad las adversidad y las cosas que al final no salieron bien".

El libro, de unas 240 páginas, aborda varios temas como el amor y el enamoramiento, la madurez sentimental, cómo tener una personalidad madura y equilibrada, la educación sexual y la pornografía (en todas las edades), algunas ideas para vivir bien en pareja, por qué los hombres son emocionalmente más inmaduros que las mujeres, cómo elegir bien un cónyuge, cómo ganar en fuerza de voluntad y cómo afrontar las adversidades de la vida.

Fuente: religionenlibertad.com.

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