Los ejercicios espirituales son un regalo de lujo




Acabo de terminar los ejercicios espirituales de este año y hay quienes me preguntan ¿qué son esos ejercicios? Es comprensible que haya quienes no sepan de qué van, como yo no sé otras muchas cosas. Por poner un ejemplo que vais a entender bien, no sé casi nada de las comunicaciones actuales, como facebook, whatsapp y similares... No lo sé porque no lo necesito y no he hecho ningún esfuerzo por aprenderlo, pero respeto y acepto todos los medios modernos de comunicación, siempre que se utilicen para el bien y siempre que se necesiten, que no es mi caso.



Respondiendo a la pregunta: los ejercicios espirituales son unos días de oración más intensa, de recogimiento y soledad para estar con el Señor, liberándote de muchas cosas que lo impidan, como trabajos y ocupaciones que pueden esperar, etc. Durante los ejercicios nos dedicamos a relacionarnos íntimamente con Dios, desde lo más profundo, hablando al corazón de Dios que habita en nuestro interior, que está muy cerca, aunque no siempre lo percibamos. Hacemos silencio de todo lo externo, acallamos ruidos y aparcamos tareas para ponernos a la escucha de Dios, que nos habla en la liturgia, en la Eucaristía, en la Sagrada Escritura y en otras lecturas o meditaciones.



Durante los ejercicios espirituales cada uno puede hablar a Dios agradeciéndole tantas cosas, alabándole, adorándole y pidiéndole por tantas necesidades o preocupaciones que todos tenemos y que Dios quiere que se las presentemos, o también permaneciendo en silencio junto a Él ante el sagrario, en tu habitación, al aire libre… En cualquier lugar se puede percibir la presencia de Dios y Él se manifiesta y te habla si estás atento, a la escucha.



Los que sí saben qué son los ejercicios espirituales, se pueden hacer otra pregunta: ¿Qué hace una carmelita descalza de ejercicios espirituales?, ¿no dedica toda su vida a la oración constante…?



Es cierto que las carmelitas descalzas tenemos por opción voluntaria vivir una vida de silencio y oración continua para presentar a Dios las necesidades de todos los hombres, las que sabemos y las que nos piden; pero a la vez trabajamos para ganarnos el pan, hacemos las tareas de la casa como en cualquier familia (la nuestra es de 17 hermanas), y bastantes cosas más. Aunque es vida de silencio, todos los días tenemos dos horas para compartir y alegrarnos con las hermanas.



Los días de ejercicios (ocho días cada año) y en las jornadas mensuales de retiro dejamos el trabajo y las tareas que pueden esperar una semana, así como los recreos de después de las comidas. Durante esos días, a las visitas solo las atiende la hermana portera. Pero hay cosas que no se pueden dejar, como preparar la comida, atender a las hermanas mayores y enfermas, preparar en la sacristía lo necesario para la Eucaristía y tener la iglesia bien dispuesta; lo demás se pospone.



Los ejercicios de este año para mí han sido unos días de gracia, un don de Dios (en realidad, como cada año), en los que he podido darle gracias muy detenidamente por su Amor infinito hacia mí, porque me acepta tal y como soy, por su Misericordia que siempre perdona y me da una nueva oportunidad para comenzar de nuevo… tiempo para relacionarme con Él más prolongadamente y para presentarle las necesidades del mundo entero.



Las charlas del P. Ángel, carmelita descalzo de la provincia de Castilla, me han estimulado mucho para profundizar en mi relación con Dios, en mi vida de carmelita descalza al servicio de la Iglesia y del mundo. Me he reafirmado en mi deseo de vivir solo para Dios, buscando contentarle en todo y cumplir su voluntad, sin otras pretensiones, porque –como dice mi santa madre Teresa de Jesús– “solo Dios basta”. Y añade: “Esta casa es un cielo, si lo puede haber en la tierra, para quien se contenta de solo contentarle a Él y no hace caso de contento propio”. Unida a Cristo también renuevo mi ofrenda al Padre por la Iglesia y por todos los hombres.



Este es mi proyecto al final de estos días de ejercicios. Pido al Señor que me dé su Espíritu para crecer cada día en mi amor a Él, a mis hermanas de comunidad y al mundo entero. Sé que lo que haga a cada hermano, se lo hago a Cristo, y lo que deje de hacer por mis hermanos, se pierde.



Doy gracias a Dios por todo lo que he vivido en estos días, por este “regalo de lujo” que son los ejercicios espirituales.



Después de ocho días de silencio, esta mañana, después de la oración y de la Eucaristía, las hermanas nos hemos encontrado en el desayuno con necesidad de comunicarnos lo que hemos vivido, porque “la caridad crece cuando es comunicada”. Desde nuestra vida sencilla y oculta seguimos viviendo y orando por todos los que leeréis esto y también por los que no lo leerán. El Señor bendiga a todos con su paz.



Hermana Mª Luisa de Cristo, Carmelo de Daimiel (España), 26 de Mayo 2014. (Aquí la página web de su comunidad).
23:09

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