Vaticano: relevo en el Clero, sorpresa imprevista


Del Vatican Insider


Cumplidos los seis meses de pontificado, el Papa Francisco comenzó a modelar una nueva Curia Romana. Lo hizo con una significativa lista de nombramientos. El más destacable de ellos fue el relevo en la Congregación para el Clero cuyo prefecto, Mauro Piacenza, dejó el puesto a un “viejo conocido” de América Latina, el diplomático Beniamino Stella. Un cambio imprevisto, sorprendente para quienes aseguran que dejará una “reforma inconclusa".


Pocos esperaban en el ambiente romano la salida de Piacenza, quien -de todas maneras- permanecerá en la Santa Sede porque fue designado Penitenciario Mayor. Es cierto, se trata de un puesto con menor autoridad ejecutiva, pero de similar prestigio.


La sorpresa por el traslado llevó a especular sobre los motivos del mismo. Por un lado se pensó en una cuestión de salud, porque en los meses pasados el cardenal tuvo problemas en ese aspecto. De hecho se desmayó y cayó ruidosamente durante la última misa de Pascua, en la misma Plaza de San Pedro. Ese día fue trasladado al hospital y permaneció allí algunos días. Finalmente se detectó que estaba tomando una medicación de manera errónea.


En las semanas siguientes se recuperó de manera completa y, por lo tanto, no puede atribuirse a ese asunto su nuevo encargo. Tampoco podría estar relacionado con una mala gestión, ya que Piacenza era bien conocido por su capacidad de trabajo, una cualidad para nada común en la tranquila Curia Romana.



Llegó a la Congregación para el Clero el 7 de mayo de 2007 por deseo del Papa Benedicto XVI, quien lo nombró secretario. Eran tiempos tensos tras unas declaraciones ambiguas sobre el celibato sacerdotal pronunciadas por el entonces prefecto de ese dicasterio romano días después de haber sido nombrado, el 31 de octubre de 2006. Sus palabras habían desatado una fuerte polémica.


Ese prefecto era nada menos que Claudio Hummes, el mismo arzobispo brasileño y cardenal que se sentó junto a Jorge Mario Bergoglio en el último Cónclave. Que, cuando fue elegido Papa, le dijo: “¡No te olvides de los pobres!” y al cual Francisco considera un gran amigo.


En Roma todos recuerdan el contrapunto que existió entre Hummes y Piacenza. Este último era considerado el “alfil” de Benedicto XVI, que siempre le profirió una gran estima y finalmentelo designó prefecto para el Clero en octubre de 2010.


Desde ese puesto ideó y organizó el Año Sacerdotal, dedicado a la figura del Santo Cura de Ars, que revitalizó el sacerdocio y provocó -como dijo el Papa entonces- fuertes ataques contra la Iglesia por las culpas de su clero, especialmente irlandés.


Quienes estiman el trabajo de Piacenza, aseguran que su salida dejará una reforma inconclusa. Una reforma en el espíritu del Concilio Vaticano II, pero también un cambio de marcha en la eficiencia de la congregación.


Entre otras cosas el cardenal pidió y obtuvo del Papa Benedicto para su dicasterio facultades especiales con las cuales dimitir del estado clerical a los sacerdotes culplables de abusos sexuales contra menores. Luchó con fuerza por obtener la competencia sobre los seminarios, que estaban bajo la tutela de la Congregación para la Educación Católica. La obtuvo y a pesar de no tener el personal suficiente, inició visitas a algunos seminarios, habiendo encontrado varios rectores y algunos episcopados.


Además coordinó la revisión y la nueva edición del Directorio para la Vida y el Ministerio de los Sacerdotes e inició la redacción de un nuevo Directorio Universal para los Diáconos Permanentes.


Serafines susurran.- El cambio de Piacenza desató algunos malhumores, sobre todo en algunos círculos que apreciaban de verdad su trabajo. Desde el punto de vista laboral era exigente, nada exagerado, pero sí destacaba su empeño por hacer siempre las cosas bien. El año pasado, por ejemplo, cuando un feriado vaticano cayó en jueves la mayoría de las oficinas dio permiso para hacer l clásico “puente” de fin de semana. Casi los únicos que trabajaron aquel viernes fueron los oficiales de la Congregación para el Clero. Todo eso, como dijimos, le granjeó fama de inflexible.


Como los resultados de su gestión están a la vista, muchos no se explican su imprevista salida. Se ha llegado a especular con una “arremetida del Papa contra los conservadores en El Vaticano” o con “los primeros pasos para la apertura del celibato sacerdotal". Nada de eso, Francisco no quiere ni una cosa ni la otra.


Por otra parte el nuevo prefecto, Beniamino Stella, tiene fama de buen hombre de Dios. Con él colaborará el secretario Celso Morga, sacerdote ligado al Opus Dei que fue confirmado por el pontífice. Además se sumará al equipo el obispo mexicano Jorge Carlos Patrón Wong, para quien Bergoglio creó el nuevo puesto de secretario para los seminarios. Se trata de una “triada” que lejos está de ser considerada “prograsista", si todavía cabe el término. Así las cosas si el Papa cambió de esta manera a la cabeza de uno de los organismos clave de la Santa Sede, sus razones tendrá.



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