La oración universal





En varias ocasiones, el Papa Francisco nos ha hablado de las tres "palabras mágicas" que no deben faltar en el matrimonio ni en la familia para vivir en paz y alegría: “permiso”, “gracias” y “perdón”.

También en nuestra relación con Dios, que es una relación familiar, deben estar presentes estas tres palabras mágicas.



Cuando uno tiene muchos frentes que atender, debe poner especial empeño por no descuidar ninguno de ellos, para no ser absorvido de tal manera por alguno, que se olvide de los demás.

Así en nuestras relaciones familiares y en nuestra relación con Dios uno y trino, debemos poner especial empeño para que no falte ninguna de las tres palabras mágicas.



Mi madre, como era habitual en las personas de su generación, tenía desde pequeña un misal con el que seguía la Misa, que entonces se celebraba exclusivamente en latín. De entre las oraciones que venían en el devocionario del misal, su favorita era la de "Clemente csí", como llamaba ella al Papa Clemente XI cuando aún no conocía los números romanos. Es una oración muy completa, a la que se ha dado en llamar "oración universal", que recoge todos esos aspectos que debemos abordar en nuestra relación con Dios. La podéis oír en este vídeo que comparto hoy con vosotros.



Hace ya unos cuantos años considerando cómo podría hacer para no descuidar ningún aspecto de la relación personal con Dios - las acciones de gracias, los actos de desagravio y tantas pequeñas cosas, de esas de siempre, que a lo largo del día nos hacen ser conscientes y vivir nuestra filiación divina - y siendo ya demasiado mayor para poder memorizar una oración como la de Clemente csí, se me ocurrió que podría escribir yo misma una oración más corta y en verso, que podría memorizar y recordar en cualquier momento.



Comparto hoy con todos vosotros esa sencilla oración:



Señor mío, Dios mío, Padre mío,

donde quiera que esté Tú estás conmigo,

me miras y me escuchas; Te bendigo

como Dios, como Padre, como Mío.



¿Cómo no darte gracias, Dios de vida,

si en el colmo del anonadamiento

Tu Hijo se me da como alimento?

¡Trigo que tras morir es Pan de Vida!



No soy digna, Jesús, de recibirte,

mas Tú dices, Señor, que tome y coma

y de los labios de Tu Madre asoma:

“Haced lo que Él os diga”. ¡Recibirte..!



¡Cuántas veces, mi Dios, Te habré ofendido!

Si miro atrás no puedo hacer recuento:

Te he ofendido de obra y pensamiento,

de omisión y palabra Te he ofendido.



Espíritu de Dios, Amor eterno,

llena mi corazón con Tu presencia

para que ya no ansíe yo otra ciencia

que la de darte gloria, Dios Eterno.



Quiero alabarte, oh Dios con mis palabras,

alabarte de obra y pensamiento,

profundizar en Tu conocimiento.

Alabarte sin ruido de palabras.



Quiero, Señor, estar alegre siempre.

Soy Tu hija, mi Dios, ¿qué va a pasarme?

¡tan sólo aquello que Tú quieras darme!

Y eso siempre es un bien, es un bien siempre.



Buen día a todos y gracias por seguir tan cerca.



Ujué


01:36
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