La liturgia diaria meditada - El Hijo del hombre va a ser entregado (Lc 9,43b-45) 30/09


Sábado 30 de Septiembre de 2017
San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia
(MO). Blanco.

Jerónimo vivió entre los años 347 y 420. Su gran obra fue la traducción de la Biblia al lenguaje popular. Esta estaba escrita en hebreo y griego, idiomas que los contemporáneos de Jerónimo no entendían porque hablaban latín. Jerónimo tradujo la Biblia desde sus idiomas originales al latín vulgar, que hablaba el pueblo. Esa traducción se conoce con el nombre de Vulgata. También escribió estudios y comentarios sobre los libros de la Biblia. Él es el patrono de los biblistas y traductores.

Antífona de entrada         Cf. Sal 1, 2-3
Feliz el hombre que medita la ley del Señor de día y de noche; dará fruto a su debido tiempo.

Oración colecta    
Dios nuestro, que otorgaste a san Jerónimo, presbítero, amar con dedicación ardiente la Sagrada Escritura, te pedimos que tu pueblo se alimente con mayor abundancia de tu palabra y encuentre en ella la fuente de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas       
Concédenos, Señor, que meditando tu palabra, a ejemplo de san Jerónimo, te ofrezcamos con mayor fervor el sacrificio de la salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión      Cf. Jer 15, 16
Señor Dios, cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba; ellas eran mi gozo y la alegría de mi corazón.

Oración después de la comunión
Padre, la eucaristía que recibimos en la celebración gozosa de san Jerónimo, mueva el corazón de tus fieles para que, atentos a la enseñanza de la Sagrada Escritura, conozcamos lo que debemos seguir y, siguiéndolo, lleguemos a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        Zac 2, 5-9. 14-15
Lectura de la profecía de Zacarías.
Yo levanté los ojos, y tuve una visión: Había un hombre que tenía en la mano una cuerda de medir. Entonces le pregunté: “¿A dónde vas?”. Él me respondió: “Voy a medir Jerusalén, para ver cuánto tiene de ancho y cuánto de largo”. Mientras el ángel que hablaba conmigo estaba allí, otro ángel le salió a su encuentro y le dijo: “Corre, habla a ese joven y dile: Jerusalén será una ciudad abierta por la gran cantidad de hombres y animales que habrá en ella. Yo seré para ella –oráculo del Señor– una muralla de fuego a su alrededor, y seré su Gloria en medio de ella. Grita de júbilo y alégrate, hija de Sión: Porque yo vengo a habitar en medio de ti –oráculo del Señor–. Aquel día, muchas naciones se unirán al Señor: Ellas serán un pueblo para él y habitarán en medio de ti”.
Palabra de Dios.

Comentario
La misteriosa actitud de este hombre y la respuesta del ángel nos enseñan que Dios está por encima de todo cálculo humano. Mientras uno quiere “tomar medidas” Dios se muestra superador de todo cálculo humano, protegiendo y abrazando a su pueblo.

(Sal) Jer 31, 10-12b. 13
R. ¡El Señor nos cuidará como un pastor!

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor, anúncienla en las costas más lejanas! Digan: “El que dispersó a Israel lo reunirá, y lo cuidará como un pastor a su rebaño”. R.

Porque el Señor ha rescatado a Jacob, lo redimió de una mano más fuerte que él. Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor. R.

Entonces la joven danzará alegremente, los jóvenes y los viejos se regocijarán; yo cambiaré su duelo en alegría, los alegraré y los consolaré de su aflicción. R.

Aleluya        cf. 2Tim 1, 10b
Aleluya. Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte e hizo brillar la vida, mediante la Buena Noticia. Aleluya.

Evangelio     Lc 9, 43b-45
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos: “Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres”. Pero ellos no entendían estas palabras: Su sentido les resultaba oscuro, de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.
Palabra del Señor.

Comentario
A medida que avanza el relato del evangelio de Lucas vemos que Jesús revela cada vez más su misión y el camino por el cual atravesará: La persecución, el sufrimiento y la cruz. Y a la vez, en forma paralela, se revela también la incomprensión de sus discípulos.

Oración Introductoria 
Ven Espíritu Santo, ilumina mi mente y mi voluntad para que nunca tema acercarme a mi Padre celestial en la oración. Hazme dócil a tus inspiraciones y ayúdame a corresponder a ellas con generosidad. 

Petición 
Jesús, ayúdame a entender, y a vivir, lo que hoy me quieres decir en esta oración. 

Meditación 

Hoy, más de dos mil años después, el anuncio de la pasión de Jesús continúa provocándonos. Que el Autor de la Vida anuncie su entrega a manos de aquéllos por quienes ha venido a darlo todo es una clara provocación. Se podría decir que no era necesario, que fue una exageración. Olvidamos, una y otra vez, el peso que abruma el corazón de Cristo, nuestro pecado, el más radical de los males, la causa y el efecto de ponernos en el lugar de Dios. Más aún, de no dejarnos amar por Dios, y de empeñarnos en permanecer dentro de nuestras cortas categorías y de la inmediatez de la vida presente. Se nos hace tan necesario reconocer que somos pecadores como necesario es admitir que Dios nos ama en su Hijo Jesucristo. Al fin y al cabo, somos como los discípulos, «ellos no entendían lo que les decía; les estaba velado de modo que no lo comprendían y temían preguntarle acerca de este asunto» (Lc 9,45).

Por decirlo con una imagen: podremos encontrar en el Cielo todos los vicios y pecados, menos la soberbia, puesto que el soberbio no reconoce nunca su pecado y no se deja perdonar por un Dios que ama hasta el punto de morir por nosotros. Y en el infierno podremos encontrar todas las virtudes, menos la humildad, pues el humilde se conoce tal como es y sabe muy bien que sin la gracia de Dios no puede dejar de ofenderlo, así como tampoco puede corresponder a su Bondad.

Una de las claves de la sabiduría cristiana es el reconocimiento de la grandeza y de la inmensidad del Amor de Dios, al mismo tiempo que admitimos nuestra pequeñez y la vileza de nuestro pecado. ¡Somos tan tardos en entenderlo! El día que descubramos que tenemos el Amor de Dios tan al alcance, aquel día diremos como san Agustín, con lágrimas de Amor: «¡Tarde te amé, Dios mío!». Aquel día puede ser hoy. Puede ser hoy. Puede ser.

Los discípulos de Jesús estaban asustados y no se atrevían ni a preguntar por el significado de sus palabras. Hablar de muerte no es fácil a nadie, porque es enfrentarse con el misterio y lo que nos trasciende no tiene explicación, sino que hay que aceptarlo en la fe y en la confianza. Jesús aceptó la muerte desde el abandono en su Padre y sólo así fue capaz de atraer sobre nosotros la salvación. 

¡Cuántas veces nosotros nos perdemos en preguntas y cuántas otras no somos capaces ni de cuestionarnos por miedo a la respuesta!. Dios nos sorprende siempre en su infinito amor, y es la confianza y el amor lo que nos tiene que mover en la vida porque el temor paraliza y nos deja sin fuerzas para actuar. El que ama ha pasado de la muerte a la vida; por eso echemos fuera el miedo y vivamos en la plenitud del amor. 

La novedad de Dios se presenta ante los ojos de las mujeres, de los discípulos, de todos nosotros: la victoria sobre el pecado, sobre el mal, sobre la muerte, sobre todo lo que oprime la vida, y le da un rostro menos humano. Cuántas veces tenemos necesidad de que el Amor nos diga: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? Los problemas, las preocupaciones de la vida cotidiana tienden a que nos encerremos en nosotros mismos, en la tristeza, en la amargura..., y es ahí donde está la muerte. No busquemos ahí a Aquel que vive. 

Aceptemos entonces que Jesús Resucitado entre en tu vida, acojamoslo como amigo, con confianza: ¡Él es la vida! Si hasta ahora hemos estado lejos de él, demos un pequeño paso: nos acogerá con los brazos abiertos. Si somos indiferentes, aceptemos arriesgar: no quedaremos decepcionados. Si nos parece difícil seguirlo, no tengamos miedo, confiemos en él, tengamos la seguridad de que él está cerca de nosotros, está con nosotros, y nos dará la paz que buscamos y la fuerza para vivir como él quiere.  

Propósito 
Rezar una oración por el día de mi muerte porque solo Dios conoce el día y la hora que estaremos en su Presencia. 

Diálogo con Cristo 
Padre del Cielo y de la tierra, que no abandonas nunca la obra de tus manos, te pedimos alejes de nosotros todo temor, para que viviendo en la plenitud de tu amor sepamos dar testimonio de tu bondad y así nos hagamos creíbles ante los hombres. 

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11:02

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