La liturgia diaria meditada - Solemnidad del Bautismo del Señor (Lc 3, 15-16. 21-22) 08/01



Domingo 08 de Enero de 2017
El Bautismo del Señor
Fiesta. Blanco. Tiempo de Navidad

Antífona de entrada          cf. Mt 3, 16-17
Los cielos se abrieron después del bautismo del Señor, y el Espíritu, en forma de paloma, descendió sobre él. Se oyó la voz del Padre: “Éste es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección”.

Se dice Gloria

Oración colecta     
Dios todopoderoso y eterno, que proclamaste a Cristo como Hijo tuyo muy amado, cuando era bautizado en el Jordán, y el Espíritu Santo descendía sobre él; concede a tus hijos, renacidos del agua y del Espíritu, perseverar siempre en el cumplimiento de tu voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

O bien:        
Dios nuestro, tu Hijo unigénito se ha manifestado en la realidad de nuestra carne; concédenos que él nos transforme interiormente, ya que lo reconocemos semejante a nosotros en su humanidad. Él que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Se dice Credo. 

Oración sobre las ofrendas 
Recibe, Padre, los dones que te presentamos al celebrar la manifestación de tu Hijo amado, para que nuestra ofrenda se convierta en el sacrificio de Aquél que, misericordiosamente, quiso lavar los pecados del mundo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

Prefacio Propio

Antífona de comunión        Jn 1, 32. 34
Juan dio este testimonio: “Yo lo he visto, y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios”.

Oración después de la comunión
Alimentados con el pan del cielo, te pedimos, Padre, que escuchemos con fidelidad a tu Hijo unigénito y así nos llamemos y seamos verdaderamente hijos tuyos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

1ª Lectura    Is 42, 1-4. 6-7
Lectura del libro de Isaías.
Así habla el Señor: Este es mi servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. Él no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su ley. Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.
Palabra de Dios.

Comentario
En la figura del servidor de Yavé se concreta la obra que Dios quiere hacer por su pueblo: traer el derecho y la justicia, celebrar la alianza y hacer brillar la luz. Juan Bautista y los primeros cristianos pudieron reconocer en Jesús a este servidor que realiza la salvación. Al releer estas palabras de Isaías, nos hacemos eco de las expectativas de todo el pueblo sufriente que espera que esa luz renovadora llegue a su vida.

Sal 28, 1a. 2-3ac. 4. 3b. 4. 9c-10
R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

¡Aclamen al Señor, hijos de Dios! ¡Aclamen la gloria del nombre del Señor adórenlo al manifestarse su santidad! El Señor bendice a su pueblo con la paz. R.

¡La voz del Señor sobre las aguas! El Señor está sobre las aguas torrenciales. ¡La voz del Señor es potente, la voz del Señor es majestuosa! R.

El Dios de la gloria hace oír su trueno. En su templo, todos dicen: “¡Gloria!”. El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales; el Señor se sienta en su trono de Rey eterno. R.

2ª Lectura    Hech 10, 34-38
Lectura de los Hechos de los Apóstoles.
Pedro, tomando la palabra, dijo: “Verdaderamente, comprendo que Dios no hace acepción de personas, y que en cualquier nación, todo el que lo teme y practica la justicia, es agradable a él. Él envió su Palabra al pueblo de Israel, anunciándoles la Buena Noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos. Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. Él pasó haciendo el bien y sanando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él”.
Palabra de Dios.

Comentario
La comunidad puede atestiguar lo que ocurrió “a partir del bautismo de Juan”: Jesús, ungido por el Espíritu, comenzó su ministerio público. Quienes fueron testigos de su actuación pueden proclamar: Dios estaba con él.

Aleluya        cf. Mc 9, 7
Aleluya. Los cielos se abrieron y se oyó la voz del Padre: “Este es mi Hijo muy querido”. Aleluya.

Evangelio     Mt 3, 13-17
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”. Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió. Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento, se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”.
Palabra del Señor.

Comentario
El bautismo de Jesús señala el comienzo de su ministerio público. Hasta ese momento, Jesús había llevado la vida anónima de un hombre de Nazaret. El bautismo es la manifestación de la gloria divina: nos presenta a la Santísima Trinidad y señala el momento a partir del cual Jesús comenzará a manifestarse como el Ungido que viene a realizar la salvación y a evangelizar a los pobres.

Oración introductoria
Jesús, al igual que Juan, reconozco que no soy digno de tanto amor y tantas gracias con las que colmas mi vida. Permite que esta oración me lleve a conocerte de modo más profundo. Quiero esperar en Ti y amarte con más constancia en mi vida.

Petición
Jesús, dame el gran don de saber apreciar el don de mi bautismo para permanecer siempre en estado de gracia.


PREFACIO DEL BAUTISMO DEL SEÑOR.

V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Tu quisiste señalar con signos portentosos
el nuevo bautismo en el Jordán
de modo que, por la voz que venia del cielo,
creyéramos que tu Verbo habitaba entre nosotros;
y por medio de tu Espíritu,
que descendió en forma de paloma,
se conociera que Cristo, tu Servidor,
era ungido con oleo de alegría
y enviado a evangelizar a los pobres.

Por eso con todos los coros celestiales
te aclamamos en la tierra,
diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

REFLEXIÓN

1. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Las fotos del bautismo son siempre fotos del bautismo con agua. No puede ser de otra manera, porque aún no tenemos cámaras para fotografiar al Espíritu. Pero el agua, que limpia por fuera al cuerpo, es sólo un signo del Espíritu que limpia y llena de gracia por dentro al alma. El Espíritu que llena por dentro el alma del niño es Dios mismo, es el Espíritu de Jesús de Nazaret. La persona que está llena de este Espíritu actúa y vive con el Espíritu de Jesús de Nazaret. Es evidente que, según el antiguo dicho filosófico, todo lo que se recibe se recibe según la capacidad del que lo recibe. Ninguna persona humana puede recibir plenamente el Espíritu de Jesús de Nazaret porque nuestra capacidad no nos lo permite. El espíritu define a la persona y ninguno de nosotros puede ser plenamente Jesús de Nazaret. Pero en el bautismo recibimos el Espíritu de Jesús de Nazaret, según nuestra capacidad humana y esto puede hacernos, y de hecho nos hace, hijos de Dios y hermanos de Cristo. Todo esto, que puede parecernos teología abstracta, debe traducirse en comportamientos prácticos. Actuar según el Espíritu de Jesús de Nazaret es querer vivir como él vivió, defender los valores que él defendió y relacionarnos con Dios, nuestro Padre, como él se relacionó. Todo según nuestra capacidad humana, insistimos, que es una capacidad pobre y muy limitada, pero aspirando siempre a alcanzar y a seguir muy de cerca a nuestro Maestro, tratando de ser buenos discípulos suyos. No podremos nunca imitarle del todo, pero sí podemos y debemos seguirle, caminar atraídos por él, ser unos buenos discípulos suyos. A todo esto nos comprometemos cuando renovamos las promesas de bautismo, a todo esto se comprometieron nuestros padres y padrinos cuando nos acercaron a la pila bautismal, pidiendo para nosotros el bautismo cristiano. Hoy, en esta fiesta del bautismo del Señor, le damos gracias a Dios nuestro Padre por habernos enviado a su Hijo amado, el preferido, para que nos bautizara con su Espíritu a nosotros, pecadores, y nos limpiara de todos nuestros pecados.

2. Sobre él he puesto mi espíritu. El profeta Isaías habla de una persona que ha sido elegida por Dios, que es su siervo, a quien Dios prefiere. Vendrá a implantar el derecho en la tierra. No lo hará con armas, ni con violencia, sino con el Espíritu del Señor. Nosotros, los cristianos, referimos este texto a Jesús de Nazaret, nuestro Salvador, el Mesías que vino a salvarnos. Este siervo de Yahveh, es una persona al mismo tiempo fuerte y humilde, inquebrantable y manso, luchador y pacífico. No gritará, no clamará, no voceará por las calles, no quebrará la caña cascada, no apagará el pábilo vacilante, pero promoverá fielmente el derecho, abrirá los ojos de los ciegos, hará justicia, será alianza de un pueblo y luz de las naciones. Así actuó Jesús de Nazaret, movido siempre por su Espíritu, por el Espíritu del Dios que le había ungido. Así debemos actuar nosotros, los que hemos sido bautizados en su Espíritu, los que nos decimos discípulos suyos.

3. Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo. Pasó haciendo el bien a todos, no haciendo distinciones, fueran de la nación que fueran. Lo que quería Jesús de Nazaret, ungido con el Espíritu de Dios, es que todos temieran al Señor, que le amaran y practicaran la justicia. Hizo el bien, con especial predilección, a los oprimidos por el diablo, es decir, a todos los que sufrían opresión, esclavitud, hambre o enfermedad, a los hijos pródigos, a las ovejas descarriadas. A todo esto nos comprometemos nosotros cuando nos bautizamos en su Espíritu, en el Espíritu de aquel que pasó por esta tierra haciendo el bien a todos. A todos y, por consiguiente, también a nosotros. Gracias, Señor.
  
4.- El compromiso de nuestro Bautismo. Nosotros ahora queremos que nuestro Bautismo sea algo vivo y no un recuerdo muerto. El bautismo de Juan era de penitencia, de preparación. Por eso dice San Agustín que "valía tanto como valía Juan. Era un bautismo santo, porque era conferido por un santo, pero siempre hombre. El bautismo del Señor, en cambio, valía tanto cuanto el señor: era, por tanto, un bautismo divino, porque el Señor es Dios". Nosotros hemos recibido el auténtico bautismo "en el Espíritu Santo". ¿Somos conscientes de la gracia recibida, de nuestra consagración como sacerdotes, profetas y reyes? Nuestra misión es ser fieles al honor recibido, no traicionar el amor de Dios Padre. Nuestra misión es aspirar a la santidad –somos sacerdotes todos–, luchar por un mundo donde reine la justicia –nuestra misión profética– y servir a los más necesitados con los dones recibidos –somos ungidos como reyes–. Renovemos nuestro compromiso bautismal en este día porque en nuestra vida de fe no debe haber "rebajas".

Propósito
Que el evento más importante del día sea la participación en la Eucaristía, sugiriendo a la familia dar gracias por el don del bautismo, puerta de nuestra fe.

Diálogo con Cristo
Gracias, Señor, por hacerme hijo tuyo. Gracias por hacerme miembro de tu Iglesia. No dejes que olvide que mis privilegios como bautizado me deben llevar a corresponderte, porque toda mi existencia tiene como objetivo llevar a plenitud la vida de gracia que recibí en el Bautismo. El Bautismo no sólo me hace hijo de Dios y me une a Jesucristo en la Iglesia, sino que me lanza como testigo y apóstol de tu Reino.

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