Mientras escribo estas líneas la radio informa de que una enfermera del Hospital "Carlos III", de Madrid, ha dado positivo por ébola en los dos análisis que se le han practicado. Se trata de una de las personas que atendieron al religioso español fallecido en ese hospital hace veinte días.
La noticia correrá por el mundo entero a la velocidad de la luz. Se trata del primer caso de contagio dentro de Europa.
Es verdad que, de un tiempo a esta parte, no pasa un año sin que se nos anuncie una catástrofe sanitaria de alcance mundial que, generalmente, se queda en nada. En esta ocasión la amenaza tiene un nombre sonoro y fácil de recordar: ébola. Hasta hoy han muerto unos cuantos miles de personas en todo el Planeta; muchos menos de los que fallecen por malaria cada año, pero el ébola trae aparejado un síndrome mucho más peligroso y para el que no existen vacunas: el pánico.
Recemos por los muertos y por los enfermos; por todos. También por los que sienten terror, que nunca es libre, y solo piensen en huir.
Tengamos miedo al miedo, solo al miedo.
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