Bocadillos espirituales para vivir la Semana Santa: Sábado Santo – Ciclo A

El Sábado de las madres


El Sábado Santo es un sábado sin Jesús.

Cuando alguien ha muerto, pero aún está en casa, uno siente su presencia.

Cuando ya se le entierra, recién se siente que ha muerto de verdad.

Pero el Sábado no es un día vacío, es el día de la Madre.


Las mujeres tienen en los Evangelios una presencia particular en la Pasión y Muerte de Jesús.

Primero fue la esposa de Pilatos.

Cuando nadie daba cara por él, fue ella la que le pidió se pensara la cosa mejor.

Luego fue la Verónica.

La cobardía masculina prefirió esconderse detrás de las normas legales.

Ella rompió el protocolo.

Más tarde, son las piadosas mujeres que hacen visible su sentimiento y su dolor.

E está sobre todo, su Madre, presente en el camino del Calvario.

Presente en el Calvario.

Y presente a la hora de los funerales.


¿Dónde están los hombres, los amigos, la gente de influencia?

A la hora del fracaso ya no existen lo samigos.

Nadie le reconoce.

Nadie sabe quién es.


La Madre nos lo había entregado a los treinta años.

En la plenitud de su vida.

Ahora, nosotros se lo habíamos hecho despojo y ruina.

Y ella vuelve a recogerlo en su regazo, destruido, hecho añicos, hecho fracaso y muerte.

Pero qué importa.

Las madres son así, su corazón es capaz de amar al hijo cuando triunfa como cuando regresa hecho trizas su vida.

Vivo o muerto, allí está ella sostenida por la esperanza, porque las madres lo pierden todo, menos la esperanza en sus hijos.

Por eso, hoy, es el día de las madres.


Oración a la Madre de la Piedad


Madre de la Piedad, concede a todas las madres,

ser siempre playas abiertas, para recibir a sus hijos,

v como vengan, después de las tormentas de la vida.

Anima a los hijos, estén como estén, a regresar al corazón de su madre,

donde pueden recomponerse todas las roturas de la vida.

Y si a los hijos destrozados por la vida,

les fallara ese regazo materno,

recuérdales que tú eres siempre madre y que tu regazo es la playa

siempre abierta para los restos del naufragio.

No en vano estrenaste, Madre, y ensayaste

para todos los hombres tu regazo, recogiendo

el cadáver de tu Hijo roto y muerto, a la espera

del abrazo pascual del Domingo de Resurrección.


Un saludo a todos, a la espera de encontrarnos en la

VIGILIA PASCUAL

cantando de nuevo el aleluya de la vida.


Clemente Sobrado C. P.




Archivado en: Ciclo A, Semana Santa Tagged: esperanza, madre, maria, muerte, sabado santo, sepulcro
18:03

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