«Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo»

Francisco recuerda a los jóvenes que Jesús «nos pide que juguemos en su equipo» y para eso «hay que entrenarse»




El país con mayor número de católicos en el mundo es una superpotencia del fútbol, la música y también la flexibilidad. Como la lluvia convirtió en un barrizal la explanada construida en las afueras de Río, los jóvenes regresaron anoche a la playa de Copacabana para iniciar la vigilia con el Papa en la madrugada, hora española. Volverán hoy para la misa de clausura. Aunque dentro de la ciudad ya no era necesario, miles de jóvenes hicieron un recorrido a pie de 10 kilómetros desde la Estación Central do Brasil, para mantener la tradición de peregrinar en la JMJ.

AFP Más de un millón de jóvenes, ayer, en Copacabana para asistir a la vigilia
La vigilia nocturna contó con testimonios conmovedores, sobre todo de jóvenes que habían logrado volver a encauzar sus vidas después de haber caído en el tráfico de drogas, sufrir un disparo en el cuello que destroza la medula espinal o, simplemente, caer en placeres adictivos hasta perder el control de la propia conducta. Algunos relataron cambios radicales de vida, y otros la sorpresa de una vocación temprana, como la de un misionero entre los indígenas del Mato Grosso.






El tema de la vigilia arrancaba de un pasaje de la vida del joven Francisco de Asís —uno de los «héroes» de esta JMJ—, quien oyó un día unas palabras de Jesús: «Francisco, repara mi casa». El muchacho entendió que se trataba de reconstruir una capilla medio arruinada.





En su discurso escrito en Roma, el Papa aclaraba ese punto: «Poco a poco, Francisco se da cuenta de que no se trataba de hacer de albañil y reparar un edificio de piedra, sino de dar su contribución a la vida de la Iglesia. Se trataba de ponerse al servicio de la Iglesia, amándola y trabajando para que en ella se refleje cada vez más el rostro de Cristo». El Papa había preparado su texto utilizando algunas imágenes del escenario construido en los campos de Guaratiba, a las afueras de la ciudad, cuya decorado recordaba los tubos de las catedrales de Europa.



Pero lo esencial eran las referencias a las personas y a la cultura juvenil. En Brasil no podían faltar las imágenes futbolísticas, y el Papa las escogió bien: «Jesús nos pide que le sigamos toda la vida, nos pide que seamos sus discípulos, que ‘juguemos en su equipo’. Y un jugador debe entrenarse».



Hay mucho en juego, pues «Jesús ¡nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo! Nos ofrece una vida fecunda y feliz, y también un futuro con él que no tendrá fin».



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