Homilía para la Solemnidad de la Ascensión 2015 B
Jesús le da a sus apóstoles el mandamiento de ir a proclamar la Buena Noticia a toda la creación (en griego pasè tè ktisi). Esta palabra no fue ciertamente elegida sin un por qué. Jesús no dice: “a todas las naciones” o “a toda la humanidad”, como le hacen decir ciertas traducciones, sino “a toda la creación”. Puede ser iluminador poner este texto en paralelo con aquél de la Carta a los Romanos, donde Pablo dice que no hemos recibido un espíritu de servidumbre sino el Espíritu, que nos hace hijos adoptivos de Dios, y agrega que la creación entera gime con dolores de parto, esperando también ella la plenitud de la revelación.
Mientras la euforia de los progresos científicos ha conducido a la humanidad a tratar con arrogancia, y frecuentemente de manera irresponsable, la creación material en su conjunto, comprendido el mundo animal, al punto de poner en peligro el equilibrio, si no el futuro, del universo hace bien volver a escuchar este mensaje, el cual nos dice que la Buena Noticia que los discípulos de Jesús deben anunciar se dirige no solamente a algunos privilegiados, sino a la humanidad, pero en el conjunto de la creación. En realidad, todo el Nuevo Testamento nos muestra la encarnación del Hijo de Dios como una nueva creación, como el inicio del retorno de la armonía inicial de los seres humanos, sea entre ellos como con todo el cosmos, y con Dios. En esta línea debemos poner la futura encíclica del papa Francisco sobre la ecología.
Es sin duda el mismo significado que tienen los signos que acompañarán según Jesús, a aquellos que reciban esta buena noticia: tomaren con la manos las serpientes, beberán veneno sin que les haga ningún mal, el simple hecho de tocar a los enfermos les restituirá la salud, y sobre todo expulsarán los espíritus malignos y hablarán un lenguaje nuevo, comprensible a todos. No se trata solo de simples “milagros”, como si fuera un show”, con la finalidad de sorprender o convencer. Se trata más bien del restablecimiento de la armonía inicial. El ser humano está unido en cada una de sus fibras con el cosmos entero (no en el sentido panteísta). La armonía entre él y Dios no puede ser restablecida sin que sea restablecida la armonía entre él y la naturaleza creada.
La misma enseñanza la encontramos en el pasaje de la Carta de Pablo a lo Efesios que tenemos como segunda lectura, Pablo recomienda a los Efesios que vivan en la unidad los unos con los otros: “tengan mucha humildad, dulzura y paciencia, sopórtense los unos a los otros con amor, tengan en el corazón el conservar la unida en el Espíritu por medio del vínculo de la paz”. Y explica que el fundamento de esta unidad es que todos han recibido el mismo don de la gracia por medio de Cristo, que descendió sobre la tierra” y que ha “subido por encima de los cielos para llenar todo el universo”.
Una vez que Jesús ha comunicado su mensaje a los Apóstoles, y que desapareció a sus ojos en una nube, ellos continúan, inmóviles, mirando fijamente en la dirección en la que partió. Dos ángeles entonces los traen a la realidad: “¿Por qué se quedan allí mirando hacia el cielo?” Ellos comprenden, y se van a anunciar por todos lados la Buena Nueva. Esta Buena noticia que ha llegado hasta nosotros y que ahora se nos confía para seguir anunciándola, no sólo a toda la humanidad, sino también a toda la creación.
Vivimos en un mundo en el que las “malas noticias” llenan los periódicos: destrucciones en masa en el curso de conflictos armados, fenómenos sísmicos naturales, que se vuelven más destructivos por construcciones inadecuadas y por pobreza, gestión irresponsable de recursos naturales y animales, conflictos, en argentina, por ejemplo, ¡hasta en el fútbol! Barbarie. Y donde también abundan falsas buenas noticias, donde se ofrecen paraísos efímeros y superficiales, de bien estar, consumo, etc. En este mundo, es nuestro deber, en cuanto discípulos de Jesús de Nazaret, hacer presente su Buena Noticia con una vida en armonía con él, entre nosotros, con todos los hombres de cualquier raza, cultura y religión, y también con el cosmos entero.
El progreso solo, el dinero solo, la ciencia sola no puede. Solo el hombre que es tal y vive como tal recibiendo, y compartiendo la Buena Noticia, hace mejor la creación. El hombre no es un producto, un medio. La creación comparte el bien, cuando es parte de la verdad y del progreso auténtico.
Que María santísima nos ayude, con su intercesión, a ser más conscientes y apóstoles de esta Buena Noticia que debe brillar en toda la creación.

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