“Jesús dijo a sus discípulos: “Es inevitable que sucedan escándalos; pero, ¡hay del que los provoca! El que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le ataran al cuelo una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tengan cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un mismo día, y siete veces vuelve a decirte: “Lo siento”, lo perdonarás. Los Apóstoles le pidieron al Señor: “Aumenta nuestra fe”. (Lc 17,1-6)
Escándalo.
Ofensa.
Perdón
Necesidad de una mayor fe.
El escándalo. Jesús es consciente de nuestras debilidades e incoherencias.
Por tanto es consciente de que habrá escándalos en la Iglesia.
Pero no por eso los justifica, sino que nos pone alerta sobre la gravedad del mismo.
Escandalizamos cuando con nuestra vida ponemos a prueba la fe de los sencillos.
Escandalizamos cuando nuestra actitud y conducta puede ser un peligro para la fe de los sencillos.
Escandalizamos cuando nuestra vida es causa de que muchos abandonen el camino de la Iglesia.
Escandalizamos cuando matamos la alegría de la fe y de Jesús en el corazón de los sencillos.
El escándalo está llamado a causar muerte.
Lo que significa que nuestras vidas no son indiferentes para los demás, sino que, incluso, la suerte de los demás puede depender de cómo vivimos nosotros nuestra fe.
Ofensa y perdón.
Jesús nos ha dejado el mandamiento del amor al prójimo.
Pero no ignora que con frecuencia en vez de amor hay en nuestras vidas ofensa.
Hay responsabilidad en el que ofende al hermano.
Pero también hay responsabilidad de corregir e incluso perdonar.
Toda ofensa es una herida en el corazón del ofendido.
El perdón es el camino de restañar las ofensas.
El perdón es el camino de sanar las heridas del corazón.
El perdón es el camino de sanar también las heridas de los que nos ofenden.
Jesús sale al paso de ciertas reacciones nuestras.
Pedro le preguntó ¿cuántas veces tenía que perdonar?
Es la pregón y la resistencia de cada uno de nosotros.
Ya le he perdonado una, dos tres veces.
¿Cuánto más le voy a seguir perdonando?
¿No estaré haciendo el tonto perdonando siempre?
Jesús habla de que podemos ofender siente veces al día.
Y las siente veces tenemos que perdonar.
El perdón no se mide por las matemáticas.
O perdonamos siempre o no perdonamos.
No perdona quien contabiliza los perdones.
No hay verdadero perdón donde no hay reconocimiento de las ofensas.
Pero si alguien se arrepiente y te dice “lo siento”, yo debo perdonar, por más que la herida sangre.
El perdón es la manera de Dios de sanar las heridas del que ofende y las heridas del ofendido.
Un perdón como el de Dios. Un perdonar siempre choca con nuestros sentimientos.
No nos resulta fácil perdonar una vez, para que nos sea fácil perdonar siempre.
¿Qué me fue infiel una vez y reconoce su pecado? Tengo que perdonarle.
¿Qué me vuelve a ser infiel y vuelve a reconocer su debilidad, tengo que perdonarle.
Con frecuencia nuestra vida es una cadena de infidelidades y perdones.
Es preciso ser fiel, pero cada uno reconoce sus fracasos.
Es preciso amar de tal manera que perdonemos siempre.
Se necesita mucha fe.
Los discípulos son conscientes de lo difícil que es perdonar siempre.
Saben que se necesita mucha fe, pero no cansarse de perdonar.
Dios nos se cansa de perdonar. Perdona siempre.
Por eso le piden a Jesús: “Auméntanos nuestra fe”, porque con la que tenemos nos será imposible perdonar siempre.
Fe, amor y perdón caminan juntos.
El perdón es la medida de nuestro amor y nuestro perdón.
Dime cuánto amas y cuanto perdonas y te diré cuánta es tu fe.
Clemente Sobrado C. P.
Archivado en: Ciclo A Tagged: amor, coherencia, correccion, escandalo, fe, misericordia, ofensa, perdon
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