La carta de los Boff al papa. No me resisto a hacer algunos comentarios

Yo creo que las cabezas se ponen tontas y que los sueños sueños son. Esta carta nació dentro del II Congreso de Teología Continental realizado entre los días 26-30 de octubre en la ciudad de Belo Horizonte, Brasil bajo el titulo:"Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres". Se les pasó colocar en el título la palabra misericordia. Hoy si no colocas en algún lugar esa palabra no eres nada.

La carta es para una tesis doctoral de la ironía, la sátira y el buen humor. Me he limitado a copiarla con algunas acotaciones de un servidor que van en letra roja. Por si les apatece echar un rato.

En América Latina, en Brasil y en el Caribe (mal empezamos cuando enredamos con lo de América Latina nombrando aparte Brasil y el Caribe. Suspenso en geografía e historia y matrícula en esnobismo) y en otras partes del mundo somos muchos los que seguimos con preocupación la cerrada oposición y los ataques que le hacen minorías conservadoras, pero poderosas, desde dentro y fuera de la Iglesia (no como en tiempos de san Juan Pablo II y Benedicto XVI, donde absolutamente todos los católicos, y especialmente los más afines a la Teología de la Liberación, apoyaban sin fisuras su figura y su ministerio) Perplejos, hemos presenciado algo inusitado en los últimos siglos: la rebelión cardenales conservadores contra su modo de conducir el Sínodo y, sobre todo, la Iglesia Universal. Es decir, que una opinión libre, firmada y puesta en la mesa del santo padre es inacaptable. Que Daneels, Kasper y otros se reunieran periódicamente como “mafia” –sic- para manejar la sucesión de Juan Pablo II y hacerle la vida imposible a Benedicto XVI era evangelio puro.

La carta estrictamente personal, dirigida a Usted, fué vasada a la imprensa como anticipadamente la encíclica Laudato Si’ en clara violación los principios de un periodismo ético. A ver si aprendemos a traducir.

Tales grupos conservadores postulan una vuelta al modelo de Iglesia del pasado, quizá porque creen en la tradición y porque entienden que deben transmitir a las generaciones venideras lo recibido sin falsificaciones, concebida como una fortaleza cerrada más que como «un hospital de campaña con las puertas abiertas para acoger a quien llama»; Iglesia que deberá «buscar y acompañar a la humanidad de hoy, con las puertas abiertas, ya que con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión y, en vez de ser puente, se convierte en barrera». Estas fueron sus valientes palabras.

Las actitudes pastorales del tipo de Iglesia propuesto en sus discursos y en sus gestos simbólicos se caracterizan por el amor cálido, por el encuentro vivo entre las personas y con Cristo presente entre nosotros, por la misericordia sin límites, por la “revolución de la ternura” y por la conversión pastoral. Esto implica que el pastor tenga “olor a oveja”, porque convive con ella y la acompaña a lo largo del camino. Palabras traídas y llevadas que no dicen nada. Oler a oveja es solo síntoma de lavarse poco. Nada que objetar, aunque sería deseable una mayor concreción a estas palabras, que así lo misvo valen para un roto que para un descosido.

Lamentamos que tales grupos conservadores, lo que más hacen, es decir no. No a la comunión de los divorciados vueltos a casar; no al reconocimiento de los homoafectivos; no a cualquier apertura al mundo que implique cambios sustantivos. Dicen sí al evangelio, sí a Cristo, sí a la doctrina recibida desde hace 20 siglos, sí a la conversión a Cristo, sí al anuncio del evangelio.

Tenemos que recordar a estos hermanos las cosas más obvias del mensaje de Jesús. Él no vino a decir no. Al contrario, él vino a decir sí. San Pablo, en la segunda epístola a los Corintios, nos recuerda que “en el Hijo de Dios todo ha sido sí… porque todas las promesas de Dios son sí en Jesús” (2Cor 1,20). Cosas como lo de “no peques más”, “no convirtáis la casa de mi padre en cueva de ladrones, no juzguéis…” deben ser añadidos apócrifos.

En el Evangelio de San Juan, Jesús dice explícitamente: “Si alguno viene a mí yo no le rechazaré nunca” (Jn 6,37). Podía ser una prostituta, un leproso, un teólogo temeroso como Nicodemo: a todos acogió con su amor y su misericordia. Nicodemo se acercó, se convirtió, dio sus bienes a los pobres y siguió al maestro. Un pequeño detalle.

La característica fundamental del Dios de Jesús, “Abba”, es su misericordia sin límites (Lc 6,36) y su amor preferencial por los pobres, los enfermos y los pecadores (Lc 5,32; 6,21). Más que fundar una nueva religión con feligreses piadosos, Jesús vino a enseñarnos a vivir y a realizar los bienes de su mensaje central, el Reino de Dios, que son: el amor, la compasión, el perdón, la solidaridad, el hambre y sed de justicia y el hacernos sentir hijos e hijas amados de Dios. Esto lo ha decidido personalmente Boff después de dialogar con la madre tierra. Jesús vino a anunciar la conversión, y envió a sus discípulos a convertir, bautizar y enseñar.

Los intentos de deslegitimar su modo de ser Obispo de Roma y Papa de la Iglesia universal serán vanos, porque nada se resiste a la bondad y a la ternura de las que Usted nos da un ejemplo espléndido. Por la historia sabemos que cuando prevalece el poder, como a ellos les gustaría que prevaleciese, desaparece el amor y se extingue la misericordia, valores centrales de su predicación y de la de Jesús. Interesante que los más fervientes partidarios de la misericordia se erijan en jueces implacables de los que no piensan como ellos. Nadie deslegitima nada. Deslegitimar los Daneels y Kasper con la parte de responsabilidad que tengan en la dimisión de Benedicto XVI.

En este contexto, nosotros cristianos abiertos a los desafíos del mundo actual, ante la nueva fase planetaria de la historia –me recuerdan a Leire Pajín- y las amenazas que pesan sobre el sistema-vida y el sistema-Tierra, valientemente señaladas en su encíclica Laudato Si’ sobre “el cuidado de la Casa Común”, queremos cerrar filas –prietas las filas, recias, marciales, nuestras escuadras van- a su alrededor y mostrar nuestro total apoyo a su persona y a su ministerio, a su visión pastoral y abierta de Iglesia y a la forma carismática por la cual hace que sintamos nuevamente a la Iglesia como nuestro hogar espiritual. Y tanta gente de otras Iglesias y religiones y del mundo secular lo apoyan y lo admiran por su manera de hablar y de actuar. Lo cual es para hacérselo mirar. Que Pablo Iglesias, de Podemos, diga que está de acuerdo con el papa es como para preocuparse.

No es destituido de significación el hecho de que la gran mayoría de los católicos viva en las Américas, en África y en Asia, donde se constata una gran vitalidad y creatividad en diálogo con las distintas culturas, mostrando múltiples rostros de la misma Iglesia de Cristo. La Iglesia católica es hoy una Iglesia del Tercer Mundo, pues sólo el 25% de católicos vive en Europa. El futuro de la Iglesia se juega en estas regiones donde el Espíritu sopla con fuerza. No darse cuenta de este hecho es seguir siendo eurocéntrico y vaticanocéntrico. Omiten que precisamente una iglesia joven, como la africana, está clamando por la fidelidad a la tradición recibida. La palabra vaticanocéntrico, muy emotiva.

La Iglesia Católica no puede ser rehén de la cultura occidental, que es una cultura regional, por grandes que sean los méritos que haya acumulado. Es necesario que se desoccidentalice, abriendose al proceso de mundialización que favorece el encuentro de culturas y caminos espirituales. Lo que no puede ser la Iglesia actual es rehén de los Boff. En cuanto a la mundanización, creo que alguien dijo algo así como que estáis en el mundo pero no sois del mundo.

Querido Papa Francisco: Usted participa del destino del Maestro y de los apóstoles, que también fueron malentendidos, calumniados y perseguidos.

Pero estamos tranquilos porque sabemos que Usted asume tales tribulaciones según el espíritu de las bienaventuranzas. Las soporta con humildad. Pide perdón por los pecados de la Iglesia y sigue los pasos del Nazareno.

Queremos estar a su lado, apoyarle en su visión evangélica y liberadora de la Iglesia, darle coraje y fuerza interior para actualizarnos, con palabras y gestos, la tradición de Jesús hecha de amor, de misericordia, de compasión, de intimidad con Dios y de solidaridad con la humanidad que sufre. Repetido, cursi, vacuo y la nada. Que te ofrezcan su apoyo incondicional los Boff y los tamayos es como para cortarte las venas.

En fin, querido Papa Francisco, siga mostrándonos a todos que el evangelio es una propuesta buena para toda la humanidad, que el mensaje cristiano es una fuerza inspiradora en el “cuidado de la Casa Común” y generadora de una pequeña anticipación de una Tierra reconciliada consigo misma, con todos los seres humanos, con la naturaleza, y en especial con el Padre que mostró tener características de Madre de infinita bondad y ternura. Al final, juntos podremos decir: “todo es muy bueno” (Gn 1,31).

Este último párrafo me supera. Entre la Tierra reconciliada, el Padre que es Madre y la Casa Común me declaro inútil, rudo e incapaz de alcanzar tan sublimes cimas teológicas.

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03:34

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