Lo vimos morir y enterrar. Lo vimos meter al sepulcro.
Y ahora lo queremos ver vivo. Resucitó.
Lo queremos ver no en el sepulcro vacío.
Sino en el jardín disfrutando de las flores.
Dando vida a las flores.
Dando vida a quienes lo lloran porque no saben quién lo ha llevado.
Es el día de la vida, del triunfo de la vida sobre la muerte.
¿Y nosotros hemos resucitado con él? ¿Cómo lo sabes?
Si pones amor donde otros ponen odio.
Si pones perdón donde otros ponen resentimiento.
Si pones alegría donde otros siembran tristeza.
Si pones ilusión donde otros ponen desilusión.
Si pones esperanza donde otros ponen desesperanza.
Si pones luz donde otros ponen oscuridad.
Si ves hermanos donde otros ven extraños.
Si el dolor del hermano te duele a ti.
Si el hambre del hermano es tu propia hambre.
Si ves hermanos donde otros ven desconocidos.
Si ves hijos de Dios donde otros ven simples consumidores.
Si ves hijos de Dios donde otros no ven ni cuñados.
Estar resucitados es sentirse renovado interiormente.
Estar resucitados es sentirse nueva criatura.
Estar resucitado es ver a Dios como Padre.
Estar resucitado es sentirnos todos hermanos.
Estar resucitado es sentirnos a todos hijos.
Estar resucitado es sentir la alegría de la vida.
Estar resucitado es buscar a Dios entre los hombres y no en el sepulcro.
Estar resucitado es ver los sepulcros vacíos porque todos han volado al Padre.
La resurrección es vida, es filiación, es fraternidad, es compromiso.
¡Saludos a todos, porque El ha resucitado en ustedes!
Clemente Sobrado C. P.
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