La verdad sobre la "entrevista" Scalfari-Papa


Desde el principio fue una bomba periodística. El 1 de octubre pasado el diario italiano “La Repubblica", liberal y siempre muy crítico al reportar temas católicos, publicó en primera plana una “entrevista” de su fundador, Eugenio Scalfari, con el Papa Francisco. El texto cayó como una bomba en el mundo católico mundial especialmente por algunos pasajes atribuidos directamente al pontífice y citados entre comillas. Por semanas aquel texto provocó encendidos debates en la Curia Romana y muchos interrogantes respecto a cuán confiable era. A casi dos meses de su publicación Scalfari finalmente contó su verdad y reconoció que atribuyó frases a Bergoglio que él nunca pronunció. Aquí la historia.


sclfr09_eugenio-scalfari “El Papa: así cambiaré la Iglesia” fue el título de ocho columnas del periódico aquel martes. Aunque el artículo fue presentada como “coloquio” y nunca como una entrevista, la redacción del mismo cumplió con todos los requisitos de este último género periodístico. Construido con preguntas y respuestas, con muchos entrecomillados, su contenido causó inmediato desconcierto y dio batería pesada a los detractores del obispo de Roma.


Algunas frases despertaron preocupación, puertas adentro del Vaticano. Citas sobre conceptos del líder católico respecto de la conciencia de los ateos, el bien, el mal y el eurocentrismo de la Curia Romana (que era calificada como la “lepra” del papado). La dureza de algunas oraciones hizo a más de uno dudar respecto de la veracidad de las mismas. Al menos en los términos en los que eran referidos por el periodístico.


Ayudó a quitar credibilidad al relato de Scalfari un pasaje en el cual Francisco refiere que vivió una gran angustia y un breve momento “místico” antes de aceptar el papado. Pero la reconstrucción del periodista italiano no coincide con la realidad, por todos conocida, del 13 de marzo. En pocas palabras: su artículo no cuadraba.



Esto llevó a los vaticanistas a indagar respecto de la modalidad del encuentro entre el Papa y el fundador de “La Repubblica". ¿Había sido grabada? ¿Las preguntas habían sido pautadas? ¿Fue leída y, en su caso, corregida por el entrevistado antes de su publicación?


Pero en realidad los detalles los conocían muy pocas personas. Ni siquiera el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, estaba al corriente de los mismos, tanto que en un primer momento consideró que el coloquio había sido grabado. Pero no fue así. Aunque desde el principio el jesuita abrió el paraguas al asegurar claramente que el valor de ese texto no era el mismo, por ejemplo, que aquel de la entrevista a la “Civitltà cattolica".


Tanta confusión y duda causaron aquellas palabras (sin hablar de la molestia de quienes trabajan en la Curia al sentirse llamar “lepra") que hace unos días el escrito fue quitado de la página web oficial del Vaticano.


Tras semanas de gran polvareda, finalmente Scalfari pudo aclarar el panorama. Lo hizo este jueves 21 durante un encuentro informal en la sede de la Asociación de la Prensa Extranjera de Roma con unos 15 corresponsales internacionales, entre los cuales se encuentra el autor de estas líneas.


El periodista aclaró que lo suyo fue la “reconstrucción de un coloquio” y no una entrevista propiamente dicha. Y sin la menor rémora confirmó que a su encuentro con el Papa acudió sin nada: ni grabadora, ni pluma y, mucho menos, un bloc de notas. Por lo tanto nunca registró la conversación, ni siquiera tomó apuntes y las frases reportadas fueron producto de su memoria. Incluidos los entrecomillados. La memoria de un anciano de casi 80 años. Se justificó sosteniendo que escribe desde hace 49 años y siempre actuó de la misma manera, incluso en coloquios con personajes como Francois Mitterrand, ex presidente francés. “Intento captar a la persona entrevistada y después escribo las respuestas con palabras mías", explicó.


En realidad aquello sonó más a la confesión de un “modus operandi". En este espacio ya hemos escrito, más de una vez, que “La Repubblica” se caracteriza por un tipo de periodismo que infla las noticias hasta distorcionarlas completamente. Así quedó de manifiesto durante la cobertura al escándalo “vatileaks". Por eso su nivel de credibilidad baja considerablemente. Ahora se entiende por qué. Si el fundador del periódico actúa así, cómno será el resto.


Pero Scalfari fue más allá y agregó capítulos a su confesión. Reconoció que puso en la boca de Francisco cosas que él nunca dijo, aunque no indicó cuáles. Pero advirtió que se lo hizo saber y hasta obtuvo un “doble ok” para su publicación de parte del secretario del Papa, Alfred Xuereb.


“Yo fui, tuvimos una larga conversación, no tomé ningún apunte. Duró una hora y 20 el encuentro. Al final le dije: Santidad ¿usted me permite dar noticia pública de que hemos tenido esta reunión? Ciertamente, me respondió. ¿Me permite relatar del contenido del coloquio entre nosotros dos? Claro, cuéntelo. Como usted comprende, le mando la copia. Me parece tiempo perdido, añadió. Le dije que no era tiempo perdido, porque yo reconstruyo lo que nos dijimos pero puede ser que a usted no le guste, en ese caso usted rompe todo y como si no haya sido escrito. O mejor, hace todas las correcciones. Pongo este texto en sus manos. Dijo: está bien si usted insiste mándemelo pero repito, perdemos tiempo. Yo confío en usted”, contó Scalfari.


Agregó que una vez escrito todo el relato, se lo envió al Vaticano con una carta de acompañamiento en la cual le especificó que la suya había sido una “reconstrucción” en la cual había incluido algunos elementos ajenos, para indicar a los lectores qué personaje es el pontífice.


Esa carta de anexa traía una advertencia: “Tenga en cuenta que algunas cosas que usted me dijo yo no las reporté y algunas cosas que yo le hago decir a usted entre comillas, usted no las dijo, pero yo las puse porque consideraba que haciéndole decir ciertas cosas, el lector entendiese mejor usted quién es. Por eso, lea bien esta reconstrucción”.


Continuó: “Después de tres días me llamó don Alfred (Xuereb, el secretario papal), que me comunicó el ok a la publicación. Pero yo le pregunté, ¿leyó esta carta? Esto no me lo dijo, me respondió. Por favor pregunte al Papa si leyó el relato. Pero esa mañana el Papa estaba fuera, entonces quedó de llamarme más tarde. Me devolvió la llamada después de las 2 y su frase fue: el Papa dijo ok. Yo le repliqué si había confirmado la lectura, pero don Alfred me dijo que el Papa insistió: ya te dije en la mañana que ok, díselo de vuelta”.


¿Conclusión? El fundador de “Repubblica” nunca supo si el pontífice había leído su “entrevista creativa". Pero igual siguió adelante y la publicó.


Sobre algunos de los otros pasajes más controvertidos, que se atribuyen al Papa en su “coloquio", hubo dos precisiones. Se le preguntó respecto de la frase de Francisco: “Cada uno de nosotros tiene una visión del bien y también del mal. Nosotros debemos incitarlo a proceder hacia aquello que él piensa sea el bien". Pocas palabras, explosivas. La respuesta de Scalfarí fue simplemente: “Eso fue lo que él dijo”. Se mostraba seguro, también sobre aquello de “la lepra del papado".


La cereza del pastel fue la confesión de que, pese a la perplejidad abiertamente manifestada del secretario Xuereb respecto de un paso concreto de su escrito, a él no pareció importarle, hizo caso omiso al señalamiento y lo difundió igualmente. Aunque el principal colaborador del Papa le dijo que estaba mal.


Se trata del bendito “momento místico". Según el artículo original cuando el Papa fue elegido, “antes de aceptar pedí poderme retirar por algunos minutos en la habitación junto a la del balcón sobre la Plaza". Pero todos saben que el elegido debe aceptar inmediatamente y que no existe tal cuarto junto al balcón.


“Cuando me dieron el ok a la publicación, don Alfred me dijo: sobre un punto solamente el Papa no recuerda habérselo dicho en esos términos, se trata del momento místico", indicó el anciano periodista, que agregó: “A mí me dijo que en el momento en el cual se había retirado le había venido una angustia porque estaba incierto entre aceptar o no, cerró los ojos y se dijo que debía dejar pasar la angustia. Quiso no pensar en nada, pero fue invadido por una luz que lo cegó unos instantes y luego desapareció. Puede ser que yo recuerde mal. Me dijo que eso había ocurrido ahí, de hecho el Papa no salió inmediatamente, se retiró en una habitación antes de asomarse, eso es seguro”.


Eh, sí. Quizás recordó mal. Es difícil grabarse en la memoria 80 minutos de conversación sobre los más variados temas. Tal vez imposible, incluso para los expertos en pnemotecnia. Para eso se usan las grabadoras, los apuntes y todas esas herramientas periodístico-tecnológicas.


Para quienes las ideas, los conceptos y las palabras del Papa son importantes, las comillas son fundamentales. No piensa lo mismo Scalfari. Al menos según una de sus frases más elocuentes. Esta sí, citada a la letra: “Estoy dispuestísimo a pensar que algunas de las cosas escritas por mí y a él atribuidas, el Papa no las comparta. Pero creo también que considere que, dichas por un no creyente, sean importantes para él y para la acción que desarrolla". Con tantos saludos al periodismo, de verdad.



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