13 de mayo. 99 años de la 1ra aparición de la Virgen en Fátima. Texto de mons. Di Monte 2014.

en fátima

La Virgen de Fátima

 

Vistas Imagen peregrina

1ª. Vez 1954

2ª Vez 1988

3ª. Vez 1992

4ª Vez 1998 al 2000.

“Los corazones Jesús y de María tienen sobre ustedes designios de misericordia”.

“Los corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas”.

¿Quiénes oyen por primera en la historia de la salvación estas palabras? Tres niños: Jacinta (7), Francisco (9) y Lucía (10). Tres niños es decir: casi nada. Lugar: Cova de Iría, Fátima, Portugal. Fecha entre 1916-1917.

Repasándolo históricamente los acontecimientos vividos allí, en aquel momento. Estudiando las circunstancias vienen inmediatamente a la memoria las palabras de Jesús en Mt. 11, 25-30: después de haber recriminado a las ciudades donde “había realizado más milagros y no se habían convertido”. Corazaín, Betzaida, Cafarnaúm: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, y haberlas revelado a los pequeños.”

El 13 de mayo de 1917 era domingo. Los tres niños cuidaban los pocos corderitos de sus familias.

Una luz intensísima repetida varias veces los inmoviliza. Una bellísima figura, toda luz, sobre una pequeña encina, los envuelve con su resplandor y los cautiva.

1) “¡No temáis, yo no os hago mal!”

La llamada de Dios a los pastorcitos se inicia con idénticas palabras con que el arcángel Gabriel convoca a una nueva vocación a una humilde muchacha judía en Nazareth, hace más de dos milenios, en la anunciación.

“¡No temáis, yo no os hago mal!”

Se quiere ganar nuestra confianza: para que nos entreguemos.

Nos quiere hacer sus mensajeros: de oración y penitencia.

¡Nos da una garantía!: “Soy del cielo” Pero además tenemos las pruebas que los pastorcitos no tenían: ¡todo se ha venido cumpliendo, todo lo que anticipara “si no había oración y penitencia·”…

En aquel 1917 es la misma María Santísima la que quiere ganar la confianza de los pastorcitos para confiarles un mensaje. Sólo se puede ser misionero de quien nos ha ganado el corazón.

2) “Soy del cielo” Luego durante seis apariciones les irá dando un mensaje: “Oración”, particularmente por medio del rosario. “Penitencia” “con todo lo que podáis, particularmente con los sufrimientos que Dios os mande”, había dicho el ángel en 1916.

Sino… sino… sino entristecida habla de infierno, guerra, persecuciones de los buenos, hambre, naciones aniquiladas, sufrimientos del santo Padre. Esperanzada habla del fin de la guerra en curso, de que la oración y la penitencia pueden evitar todo, de la paz y del triunfo de su corazón.

3) En la línea de su pedido del 13 de junio de 1929 en Tuy, España, a la Hna. Lucía debemos renovar nuestra consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Ella nos ha mirado con misericordia. De las cuatro veces que la Imagen Peregrina vino a la Argentina, tres ha sido a través de la Familia Misionera de N. S. del R. de Fátima, para misionar la Argentina y parte de la República del Uruguay.

A pesar de nuestras limitaciones y pecados ¡Cuánto nos ama! El Corazón de Jesús le ha inspirado a Ella que pusiera en nosotros sus ojos; esos ojos que se han posado una y otra vez en casi todos los países del mundo: católicos, judíos, musulmanes, protestantes, ateos…

Ojos de alegría, a veces, u ojos de tristeza, otras. Ojos que nos hablan del amor que Dios nos tiene, de la paciencia con que espera nuestra correspondencia.

Queriendo corresponder –amor con amor se paga-le ofrecimos en la imagen de Nuestra Señora de Luján una hermosa rosa, y en la imagen de N. Sra. de Fátima que está en la Cripta, una corona que nos recuerda lo que es: “Reina y Madre de misericordia”, pero sobre todo debemos ofrecerle nuestro corazón, que no es otra cosa que ofrecer nuestra vida. Por eso, renovamos nuestra consagración como familia misionera de N. Sra. del Rosario de Fátima a los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Corazón de Jesús que eres amor, Corazón de María, expresión materna del amor de Dios. Todos y cada uno deseamos ofrecernos a vuestro amor –como somos- con nuestros valores y limitaciones, con nuestros pecados y nuestros méritos (si alguno tenemos), con nuestros seres queridos, vivos y difuntos, con nuestro pasado, presente y futuro. Nos ofrecemos con nuestra salud o nuestra falta de ella, con nuestro trabajo, o con el que necesitamos tener. Nos ofrecemos con nuestro hogar o con el que añoramos, porque nos falta. Nos ofrecemos con la casa que nos cobija o con la que pedimos o necesitamos. Nos ofrecemos con nuestro buen corazón o con nuestro pobre corazón. Nos ofrecemos con lo bueno que hemos deseado ser, y que por nuestra culpa no lo fuimos. En fin, nos ofrecemos para vuestra gloria por vuestra misericordia. Que vuestros corazones sean, el lugar donde el Espíritu Santo glorifique a Dios, nuestro Padre.

+Mons. Rubén H. Di Monte,

arzobispo emérito de Mercedes-Luján,


13:13
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