Lo que sea, pero que lo digan claro

Tengo un buen amigo, de excelente formación y derroche de sentido común, a quien debo esta frase. Su teoría es que si en el Vaticano, el papa, el concilio, quien sea, deciden que algunas cosas sabidas de siempre no son verdad, o hay que cambiarlas, o vivirlas o celebrarlas de forma diametralmente opuesta, pues que lo digan y lo digan con claridad, y los demás haremos lo que nos parezca más oportuno.

Un ejemplo. Ya sabemos todos la valoración moral que la doctrina de la Iglesia da a las relaciones íntimas entre personas del mismo sexo. De siempre. Que son objetivamente desordenadas, que quien las practica comete pecado mortal y está impedido, en consecuencia, de acercarse a recibir la eucaristía. O que faltar libremente a la misa dominical es pecado mortal e impide el acceso a la comunión eucarística. Tanto en una caso como en el otro, de siempre. 

¿Que ya no es así? ¿Que mantener relaciones homosexuales deja de ser pecado? ¿Que faltar a misa dominical tampoco? Pues nada, que lo digan. Basta el documento oportuno y lo tendremos claro: lo que era pecado ya no lo es desde ese preciso instante. A partir de ahí, cada cual vaya tomando las decisiones que considere oportunas. Lo que es insufrible es tener que vivir en el sí pero, o en un permanente coladero de cosas que no se entienden.

La fe, incluso, que la expongan clarita. Por ejemplo, ¿el inifierno existe o no? Se supone que si, o al menos eso nos han enseñado y sigue enseñando el catecismo. Lo que sucede es que, a la vez, sacerdotes, supuestos teólogos, afirman quen no existe. Y ni pasa nada ni nadie hace rectificar. Uno se pregunta si no se hace nada porque es mejor no “meneallo” o si es que en realidad no se cree y, en lugar de decirlo claramente, se prefiere que haya quienes lo vayan soltando.

La liturgia es la que es y está perfectamente fijada en los libros litúrgicos. Pero todos sabemos que se producen infinitas variaciones. Vale. Sencillo. Que nos manden un documento de la congregación correspondiente en que se nos diga que queda al albur del celebrante y su equipo de liturgia introducir las variantes que consideren oportunas para el mayor bien pastoral de la comunidad. Perfecto. Pues ya se sabe. Pero no. Ni se manda el documento ni se corrigen las libérrimas libertades.

¿Conclusión? Poca seriedad. Y no lo digo yo. Lo dicen mi amigo y muchos como él. 

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05:11

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