La última vez que estuve en La Acebeda saqué esta foto
Esta tarde salgo hacia La Acebeda, una casa de convivencias en Miraflores de la Sierra a mil doscientos cincuenta metros de altura sobre el nivel del mar. Estaré allí hasta que termine el mes. El globo seguirá volando, pero con menos frecuencia e ímpetu. Serán días de descanso, formación espiritual y pájaros montaraces. Al caer la tarde me pondré frente al teclado y, si la inspiración no falla ni se me despeña la wifi, escribiré algunas líneas para mantener vivo el fuego sagrado. En Miraflores, por cierto, ya ha habido un incendio y aún sigue por allí algún retén de bomberos.
Desde la Acebeda se divisan las cuatro torres de Madrid, que emergen de la niebla producida por la contaminación. A veces, si el viento es favorable, se despeja el panorama y aparecen a lo lejos los demás edificios de la ciudad. Cuando me toque volver procuraré no mirar hacia esa bruma que ensucia nuestros urbanos pulmones. Tomaré aire serrano y quizá lo embotelle para un caso de necesidad.

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