La Serna ayer: misa dominical sin pueblo. Me vine arriba

Ayer fue un domingo raro. O quizá tengamos que acostumbrarnos.

Misa a las 11 en Gascones. Allá se me presentó la hermana R., de las Misioneras Catequistas, una comunidad religiosa que vive en Oteruelo del Valle y colabora en la pastoral de nuestra sierra norte. Una de sus labores es pasar de cuando en cuando por las misas dominicales de los pueblos para animar una liturgia necesariamente pobre. La presencia de las hermanas es alegría, es apoyo al sacerdote y es bien recibida por los fieles.

Misa vivida con intensidad. Unas quince personas, que para Gascones es un buen número de asistentes. Allí no nos faltan lectores ni algún voluntario, niño o mayor, que toque la campanilla en la consagración. Si además ese domingo ha venido alguna religiosa, pues mejor.

A las 12 allá que nos fuimos la hermana y un servidor a La Serna para continuar con nuestra tarea. La sorpresa es que no acudió nadie a la misa dominical. Nadie. Y cuando digo nadie, quiero decir NADIE. Hubiera sido fácil apagar luces y velas y no celebrar. Total, no hay nadie y todavía nos quedaba la misa de las 13 h. en Braojos.

Pero eso no es para nosotros, ni para la hermana ni para un servidor. ¿Celebramos? Celebramos…

Al salir para iniciar la celebración de la eucaristía aún, tímidamente, me pregunta: ¿cantamos? ¡Cantamos! ¿No es domingo? ¿No es la misa mayor de la parroquia? ¿No es hoy el día del Señor? Pues entonces misa dominical lo mejor que podamos y sepamos los dos.

Y cantamos. Ya lo creo que cantamos: el canto de entrada, aleluya, canto en el ofertorio. Pero es que me vine arriba, ya saben cómo es uno. Y me arranqué con el diálogo inicial del prefacio, cantamos el sanctus, canté las palabras de la consagración y todas las aclamaciones de la plegaria eucarística. Y no nos faltaron ni el agnus, el canto de comunión y uno final a la Virgen. Y homilía. Como está mandado los domingos.

La eucaristía es el centro de la comunidad parroquial. Lo es con pueblo o sin pueblo. No podemos caer en una fácil teología protestante, eso dice siempre el papa Benedicto XVI, según la cual el sacerdote es un funcionario que preside el culto de la asamblea. Somos otra cosa. Y la misa es clave en la vida de una parroquia. Haya gente o no haya gente. La misa es gracia, es vida, es aliento del Señor, es sostén de la comunidad. Y es que además uno, como párroco, tiene obligación de celebrar por cada una de sus parroquias los domingos y festivos.

Los dos entendimos que La Serna no podía quedarse sin misa dominical. Además, había otro problema: ¿y si alguna persona viene a misa un poco tarde por cualquier cosa? ¿Se va a quedar sin misa?

A lo menor me van a llamar bobo, lo asumo, pero ayer domingo, en La Serna, celebrando en un templo vacío, sin más presencia que una religiosa sencilla convencida de que era lo que teníamos que hacer, en el momento de tomar el cuerpo y la sangre de Cristo en mis manos y elevarlos al cielo mientras cantaba con todas mis fuerzas la doxología final de la plegaria “Por Cristo, con Él y el Él…” me sentí muy sacerdote. Quizá más sacerdote que nunca. Qué cosas.

Luego nos fuimos a Braojos. Misa a las 13 h. Con gente. Más gente. Pero nada comparable a la misa de 12 en la que, realmente, no tuvimos ni otra recompensa ni otro consuelo que Dios mismo. Nada mejor nos pudo suceder. Ninguna otra cosa nos era necesaria.

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05:08

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