¿Por qué aún Isabel la Católica no es santa? La historia de la causa (2-7)

 “Confesamos no comprender cómo no está la Reina Isabel la Católica en la nómina de los escogidos”[1]

Parece que el siglo XX removió las conciencias españolas y americanas, y recordó que la mujer gracias a la cual España podía aún santiguarse no había llegado a los Altares.

¿Por qué el primer siglo del nuevo milenio abriría de este modo los brazos a la Reina Católica? ¿Acaso se acabaron de golpe los motivos prudenciales y burocráticos? No lo creemos así.

Para poder responder a nuestra pregunta,  recuramos a la Historia, ¿qué sucedía en la Península Ibérica para aquella época?

El proceso de Isabel la Católica se abrió en el año 1958. Para entonces España vivía una época de reencuentro con ella misma. ¿Reencuentro con ella misma? ¿Qué significa esto?

El siglo XVIII, significó para España un cambio esencial. Hasta ese momento había sido gobernada por diferentes dinastías, cada una con sus matices y sus características propias, pero todas españolas y, sobre todo, cristianas.  En este siglo llegará al trono de España una dinastía que no será española y tampoco será del todo cristiana. Hablamos de la casa de Borbón.

Esta casta se asentó en trono de España trayendo una gran influencia de las ideas liberales que por entonces rebullían en Francia. Así, no es de sorprender que cuando en el país vecino estallara la Revolución Francesa a fines del siglo, los borbones hicieron su máximo esfuerzo por empapar a España de las nuevas ideas. Y así poco a poco, España se fue olvidando de sí misma. Se volvió en contra de su rey y de su Dios. El siglo XX la sorprenderá borracha de ideologías y falta de sentido.

Sobrevino para el mundo la Primera Gran Guerra, y con ella la decepción del liberalismo. La realidad había dado por tierra las absurdas ideas de libertad, igualdad y fraternidad. El hambre, la miseria, la muerte diaria eran las “ideas” que ahora reinaban. Con la caída del liberalismo, otro enemigo de la fe (y por lo tanto de España) surgiría: en Rusia las ideas de Marx se hacían carne en una cruenta revolución que dejaría secuelas en todo el mundo. Estas ideas llegaron hasta la hispánica Península y entonces parecía que los españoles  iban a renegar por completo de su Patria.

Y así es como, cuando España parecía tocar fondo; cuando se insultaba por las calles públicamente a Dios y a la Patria; cuando ridículamente, aquel país que había dado a luz a tantos santos se ponía de rodillas ante el mundo, olvidando a su Dios; surgió un movimiento desde el subsuelo español. Había algo, que hasta entonces dormitaba en las entrañas del otrora Imperio Español. La España de Isabel y Fernando, nunca había muerto y despertaba de a poco, ahora con el nombre de Falange y vestida con una camisa azul. 

¿Qué fue la Falange Española? Fue un movimiento, iniciado por José Antonio Primo de Rivera, desde el corazón de la Patria que rescataba nuevamente los valores de la España cristiana. Este movimiento tomaba el mismo símbolo que anteriormente usaran los Reyes Católicos: el yugo y las flechas, indicando así, la verdadera esencia de España.

La Falange logró, junto con otros movimientos nacionalistas y auténticamente españoles, evitar que el marxismo se asentase en el gobierno de España y puso en su lugar a un hombre llamado Francisco Franco, quien en calidad de dictador, llevará a cabo una recuperación material, moral y espiritual de España. Esto sucedía en el año 1939 y  su estabilidad en el poder duró hasta 1973.

Pues bien, es durante su gobierno que se abre la causa de beatificación de Isabel I, de España.

¿Casualidad? No lo creemos así. Muchas canonizaciones, a lo largo de la historia han estado íntimamente relacionadas con la política. Con la política de los países y con la política de la Iglesia.

¿Política de la Iglesia? Por supuesto. No cualquier Papa hubiera dado inicio a la causa que tantos retrasos prudenciales y burocráticos había tenido. Pío XII lo hizo. Un Papa profundamente enamorado de su fe y de su Dios, que condujo la barca de Pedro  por las borrascosas aguas del siglo XX. Fue este Papa quien, poco tiempo antes de morir, quiso reconocer la santidad de la mujer con culpa original más grande que cielo haya dado a la tierra; y así dio inicio a esta causa, que hacía siglos debería haber terminado.

Dos datos fundamentales: la causa de Isabel la Católica fue iniciada durante el gobierno de Franco y bajo el pontificado de Pío XII. A no olvidar las circunstancias, pues, que nos arrojan un rayo de luz bastante clarificador.

Pero dejémonos ya de explicaciones y pasemos a conocer cómo es que la causa de nuestra Reina fue iniciada.

                                               *          *          *

 

Estábamos iniciando el siglo XX…

En el año 1904 tenemos la primera noticia de la causa de beatificación. En la ciudad de Santiago de Compostela, el entonces Arzobispo, fray Zacarías Martínez, sugirió  (no sabemos si por vez primera)[2] que se abra la causa de beatificación de Isabel la Católica.

La Real Academia de Historia y de la Universidad de Madrid le brindaron su apoyo incondicional. De manera especial lo hicieron el rector, Pío Zabala y el catedrático de Historia, don Fernando Brieva.

La ciudad de Granada, no podía permanecer indiferente ante semejante iniciativa. Quien recibiera por parte de la Reina la libertad de persignarse no podía menos que acudir y rogar para que su madre fuera subida a los altares. Es por esto que Monseñor Casanova, cardenal-arzobispo de la susodicha ciudad, se encargó de los sondeos diplomáticos con Roma, que duraron casi 20 años.

Recién en 1929, con ocasión de celebrarse el Congreso Mariano Hispanoamericano en Sevilla, se planteó de forma pública la beatificación de la Reina Isabel I, de Castilla.

Veinte años más transcurrieron hasta que la causa logró un nuevo avance. En 1951, don José Ibáñez Martínez, ministro de educación para la fecha, viajó al Vaticano para entrevistarse con monseñor Tardini y con monseñor Montini (futuro Pablo VI), a quienes presenta las actas del Congreso Femenino Hispanoamericano, en las cuales numerosas asociaciones de mujeres católicos de los dos continentes comprometidos, pedían la beatificación de la Reina Isabel[3].

Todos estos pedidos llegaban a Roma desde el continente que viera nacer a la Reina que proclamaban santa. Sin embargo, Europa no iba a poder por sí sola alcanzar la quimera que se proponía. Posiblemente si América no se hubiese plegado a la iniciativa, poco y nada se hubiese logrado.

Cinco años más tarde (1956), en la ciudad de Metán, (provincia de Salta, Argentina) una joven scout llamada Bertha Bilbao Richter, comenzó las gestiones burocráticas para pedir desde la Argentina la beatificación de Isabel la Católica.

La muchacha estudiante de Filosofía y Letras, que contaba tan solo con dieciocho años, escribió en la fecha del aniversario de la llegada de Colón a América una extensa carta al entonces Sumo Pontífice, Pío XII, rogando se diera inicio al proceso de beatificación de la Católica Reina Española. En ella expresaba:

            El cristianismo lo llevo profundamente arraigado en el corazón (…) hace muchos años que pienso, medito y pido a Dios… para que se cumpla un acto de justicia con la mujer que mayor gravitación ha tenido en los destinos de la Humanidad; me refiero a la Reina Isabel la Católica, cuyo solo recuerdo, estoy segura, conmoverá las fibras más delicadas de su corazón (…) quedo en paz con mi conciencia al implorar este mi pedido[4].

El Papa envió esta carta a Valladolid escribiendo al dorso de la misma: “Postulatoria per Regna Isabella d’Spagna”. El proceso comenzaría.

Los primeros meses de 1957 llegarían sonrientes a Valladolid y febrero traería una magnífica carta desde Roma para el Sr. Arzobispo de la ciudad, Mons. José María Goldázar, en la cual Su Santidad le manifestaba:

                        …después de haber sondeado ante diversas Cancillerías hispanoamericanas y por indicación de la Cancillería Argentina, tengo el alto honor de dirigirme a su Ilustrísima, para pedirle muy respetuosamente, quiera iniciar los trámites legales para la canonización (…) puede decirse que un Continente ha sido producto de la fe de la Reina Isabel y que veintiuna Naciones libres, soberanas e independientes y democráticas… han heredado su religión y la veneran como a la Reina Madre de América[5].

Así es como por fin, el 03 de mayo de 1958, se abrió el proceso en Valladolid, por ser éste el lugar de su muerte y de esta forma se establece que sea, nombrando a Don Vicente Rodríguez Valencia (canónigo, archivero de Valladolid) postulador oficial de la Causa.

Queremos resaltar y aclarar que sin la carta de la señorita argentina Bilbao, el proceso de beatificación difícilmente hubiese sido abierto[6]. El entonces postulador es quien dio testimonio de ello:

El Sr. Arzobispo, don José García Goldáraz, nos dijo particularmente varias veces, y públicamente en Medina del Campo en 1966, que a pesar de las instancias que estaba recibiendo por entonces en España con este mismo fin, la carta de la señorita argentina Bertha Bilbao, le había inclinado definitivamente a iniciar esta Causa; es decir, a hacer los sondeos que hizo en Roma ese mismo año de 1957 con motivo de su visita “ad Limina” que dieron por resultado la apertura de la Causa en Valladolid, en mayo de 1958[7].

Ese mismo año se constituyó un cuerpo de investigación histórica para examinar todos los documentos necesarios. En total ocho miembros especialistas en historia trabajaron arduamente para revisar todas las fuentes necesarias. Para ello se investigó el Archivo General de la Corona de Castilla, el Archivo de la Corona de Aragón, el Archivo Histórico Nacional de Madrid, el Archivo General de las Indias, Archivos Municipales (Ávila, Burgos, Sevilla, Murcia, Cáceres, etc.), dos especiales archivos del “Patronato Nacional”, el archivo particular de la fortaleza del Duque de Frías, el Archivo Secreto del Vaticano, y se ha indagado en toda aquella documentación dispersa no registrada en archivo alguno, sino en posesión de particulares.

En total se examinaron más de 100.000 documentos, de los cuales 3.160 fueron seleccionados y encuadernados en  27 tomos[8], el primero de ellos con dos volúmenes, que conforman la Documentación de la Causa. Los peritos encargados de la investigación han declarado que si bien puede hallarse nueva documentación sobre la Reina, están seguros  de que ésta no afectaría en lo más mínimo el contenido de la pesquisa realizada. Los demás colaboradores también dan testimonio de la seriedad con que se ha trabajado en la investigación, resultando ésta auténtica, íntegra, no adulterada ni interpolada y digna de fe.

El trabajo de los historiadores se vio terminado en el año 1970, (en total duró doce años) dando como resultado los 27 volúmenes ya mencionados.  El 26 de noviembre del siguiente año, se constituyó el tribunal diocesano (en Valladolid)  y se abrió el llamado Proceso Diocesano. Al año siguiente se concluyó dicho proceso y el postulador, junto con el Dr. Vidal Gonzáles Sánchez, secretario del proceso diocesano, entregaron el Trasunto del Proceso y la documentación histórica a monseñor Frutaz, entonces rector general de la Congregación para las Causas de los Santos.

El 20 de noviembre de 1972 se abrió el Proceso Canónico Apostólico. Unos días antes el Revmo. P. Anastasio Gutierrez (C.M.F) es nombrado Postulador de la Causa. Éste, junto con el R.P. José María Gil, será el autor de la Positio super vita, virtutibus et fama sanctitatis ex officio concinnata[9]. Esta Posición histórica, será realizada a raíz de la extensísima masa documental que rodea la causa de nuestra Sierva de Dios. Ante la imposibilidad de exponer a los miembros de la Congragación los 27 volúmenes que la conforman, es que se ha realizado este “resumen” de los mismos, exponiendo en capítulos el contenido de cada volumen e incluyendo al final de cada uno un apéndice con los documentos más importantes del tema.[10]

El 30 de marzo de 1974 se aprobó la “Positio super scriptis”. Así la Reina es felizmente declarada “Sierva de Dios”.

En 1990 se presentó la Positio histórica super vita, virtutibus et fama sanctitatis ex officio concinnata, y la misma es aprobada como “auténtica, completa y apta para juzgar sobre las virtudes y fama de santidad”, y es elogiada unánimemente por los consultores de la Sección Histórica de la Congregación para las Causas de los Santos.

Desde entonces nuestra causa sufrirá el ostracismo. En 1991 el Arzobispado de Valladolid pidió que se impulsara la causa y lo mismo hizo dos años más tarde el Cardenal Ángel Suquía, presidente de la Conferencia Episcopal Española. Ese mismo año, 22.000 cartas postulatorias de instituciones y particulares llegaron a Roma con el mismo fin. Como respuesta, el postulador recibió una desalentadora carta de la Secretaría de Estado, diciendo: “Por lo que hace a la causa en cuestión, las circunstancias (no aclara cuáles) aconsejan profundizar algunos aspectos del problema, tomando un tiempo conveniente de estudio y reflexión[11].

En 1997 se reiteró la petición para agilizar la causa de Isabel la Católica. Monseñor Delicado Baeza envío una carta al papa Juan Pablo II en la que “ruega humildemente a V. Santidad que sean reconsideradas las razonas por las que se llegó a la suspensión de la Causa (…), sin tener noticia alguna sobre los motivos de dicha suspensión”[12].

La respuesta que se recibió no fue más alentadora que la anterior: “Debo comunicarle que actualmente subsisten aún los motivos que en su momento aconsejaron posponer por ahora la prosecución de dicha Causa”[13].

Llegó para el mundo un nuevo siglo y la forjadora de cultura Hispanoamericana aún aguardaba su más que merecida beatificación. Las peticiones hacia Roma se renovaron. En el año 2001, con motivo de aproximarse el quinto centenario del fallecimiento de la Reina, el ruego se volvió más insistente. El Arzobispo de Madrid, monseñor Antonio María Rouco Varela, dirigió una nueva carta al Santo Padre: “si lo considera oportuno, tenga a bien ordenar la prosecución de la Causa de canonización de la Sierva de Dios, Isabel I, Reina de Castilla y León”[14] .

Esta vez, la respuesta fue algo más prometedora: “Una vez vista por Su Santidad, ha sido solícitamente transmitida a la Congregación para las Causas de los Santos para el conveniente examen”[15].

La última noticia significativa sobre la Causa vino de Roma por el Vicario General del Arzobispado de Valladolid, Vicente Vara Sanz y el nuevo postulador de la causa, el Padre Rafael Serra Bover, a quienes se les aseguró en su visita a la Congregación de las Causas de los Santos, por boca del cardenal prefecto, Mons. José Saraiva Martins, que la Causa de la Reina Isabel “no está parada, camina”[16].

La Causa, que se encuentra en la página 82 del Index ac Status Causarum se halla pendiente del dictamen de la Comisión Teológica. Si éste fuera favorable, pasaría a la Congregación de Cardenales y Prelados, la cual informaría al Papa para su decisión final[17].

Ni la Positio de la Reina, ni la página web de la Comisión “Isabel la Católica” para la Causa de Beatificación de la Reina, ofrecen noticias recientes acerca del avance o retroceso de la Causa de nuestra Reina.

Considerando que nos hallamos a quince años de distancia de la última noticia, hemos recurrido a diarios, artículos de opinión y diferentes entrevistas para averiguar los interrogantes que fueron planteados como nuestra hipótesis: ¿Qué ha sucedido desde el año 2002 hasta la fecha con la Causa? ¿Qué sucedió en el año 2004, al celebrarse el quinto centenario de la muerte de la Reina? ¿Cuáles son los motivos de que el Proceso avance tan lentamente? ¿Avanza el Proceso?

Es a raíz de estas preguntas que nos encontraremos con los hombres pertenecientes a la raza escogida por Dios. El pueblo judío nunca logró entender ni perdonar el accionar de Isabel para con ellos en Castilla.

El resentimiento hacia la Reina, fue trasmitido de generación en generación, y así es que cinco siglos después de tal hecho, se opusieron abiertamente a la canonización de Isabel la Católica, culpándola de antisemita y xenofóbica.

¿Es realmente la opinión del pueblo judío respecto a Nuestra Sierva de Dios el impedimento fundamental para su causa de canonización? ¿Todavía no olvidan los hebreos su expulsión de España en 1492? De estos temas nos ocuparemos en el siguiente capítulo, al tratar de dar respuesta a las preguntas que nos desvelan.

Prof. Magdalena Ale

continuará



[1] Modesto Lafuente. Cfr. Vizcaíno Casas, Fernando. Op. Cit., P. 185.

[2] Posiblemente en los siglos anteriores haya habido intentos de llevar la Reina a los altares, pero no tenemos ninguna noticia sobre esto.

[3] Conf. Vizcaíno Casas, Fernando Op. Cit. P. 185.

[4]Extraído de: Rodríguez Valencia, Vicente. (Octubre, 2012). Así comenzó el proceso. Boletín digital Reina Católica, 31, P. 1.

[5]Ibídem, P. 1-2.

[6] Sin embargo en la Positio Canónica de Isabel la Católica, no se hace mención a la carta al comentar el inicio del proceso. Quizá el actual postulador Anastasio Gutiérrez no la consideró de mayor importancia. El afirma que “el Arzobispo de Valladolid (…) consulta al prefecto de la S. Congregación de Ritos (…) sobre la eventual introducción de la causa de la Reina Católica”. Cf. Positio historica super vita, P. XXI.

[7] Rodríguez Valencia, Vicente. Op Cit. P. 2.

[8]  Los tomos I, II, III y XXIV recogen los escritos de la Reina; el tomo IV contiene la documentación de la vida de la Infanta Isabel hasta su casamiento; el tomo V, el matrimonio, la proclamación como Reina y la guerra de sucesión contra Portugal, el tomo VI se trata la paz con Portugal y el perdón a los vencidos castellanos, en el tomo VII las declaratorias hechas por mandato de la Reina en las cortes de Toledo (la recuperación del Patrimonio Real); en el tomo VIII, la reforma religiosa del episcopado, la cruzada de granada y el establecimiento de la Inquisición en Castilla; en el tomo IX, la expulsión de los judíos de Castilla; en el tomo X, la reforma de las Órdenes Religiosas; en el tomo XI, se vuelve al tema de Granada; en el tomo XII, los mudéjares de Castilla; en el tomo XIII, la evangelización del Nuevo Mundo; en el tomo XIV, la libertad del aborigen; en los tomos XV y XVI, la fama de Santidad; en el tomo XVI, la audiencia de los descargos de la conciencia de la Reina; en el tomo XVIII, la austeridad de la corte y de la misma Reina; en el tomo XIX, las cédulas de la Cámara (libros 1-5); en el tomo XX, las cédulas de la Cámara (libro 6); en el tomo XXI, la Corte de Isabel la Católica; en el tomo XXII, la muerte de la Reina; en el tomo XXIII, la testamentaría de Isabel la Católica; en el tomo XXIV, el testamento, codicilo y capitulaciones de Santa Fe con Cristóbal Colón; en los tomos XXV y XXVI, las caridades y limosnas de la Reina; y en el tomo XXVII, la política internacional de la Reina.

[9] En un primer momento esta fue encargada al primer postulador, don Vicente Rodríguez Valencia, pero al fallecer en 1982 deja el trabajo en el segundo postulador y el ayudante mencionado, quienes hicieron la mayor parte de la labor.

[10] Este es el documento al cual hemos accedido y del cual nos hemos servido para toda nuestra investigación.

[11]www.reinacatolica.com (página web de la Comisión Isabel la Católica para la Causa de Beatificación de la Reina) Fecha de consulta: 29/01/2015. Las negritas nos pertenecen.

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