No es para nada sencillo comprender el laberíntico lenguaje clerical – eclesial, compuesto de diplomacia, gestos, gesticulaciones, sonrisas, miradas y hasta de palabras en ocasiones. El común de los mortales se pierde, los fieles más o menos, los más avezados pescan algo, y el fondo queda para una élite de iluminados o muy bien informados a través de conexiones con lo alto en minúscula.
¿Cómo está hoy la Iglesia? ¿Cómo van las cosas? Uffff.
Depende a quien se pregunte. Como siempre. Cáigase en la cuenta de que nos movemos entre dos extremos.
Hay un grupo digamos amplio, ma non troppo, del todo entusiasta con la situación. Parte porque están convencidos de vivir en el más radiante momento de la historia de la Iglesia, parte porque es lo que toca, conviene o ayuda para según qué. El problema es que el entusiasmo es tan entusiasmante que en ocasiones se hace grotesco. No es creíble especialmente cuando conlleva previa tintorería. Me dicen que algunos presupuestos de tinte tienen maltrechas arcas caudalosas. Se están recuperando.
Hay otros, evidentemente menos, porque ir contra lo establecido, y más cuando lo establecido tiene poder para soltarte o crucificarte, elevarte o hacerte hermano de las ostras del Pacífico, es de héroes o locos, pues eso, que abiertamente dicen que no, que por aquí vamos mal. Un respeto. Porque ir contra corriente es nota con bemol, y si el acorde lleva varios, es de mucho preocuparse. Haylos que ante la realidad eclesial actual han optado por mantener su propio canto en no bemol mayor, que digo mayor, máximo, sabiendo que, a pesar de vivir oficialmente en un momento de vida, dulzura y esperanza nuestra, es mayo, van de cabeza al valle de lágrimas
El grupo mayor, actualmente, es un grupo de perfil aparentemente bajo, donde necesariamente hay que hacer subdivisiones.
Muchos, pero muchos, no se van a complicar especialmente la vida. Viven en un cómodo larghetto ciertamente afettuoso sin hacerse sesudas reflexiones o planteamientos de inusual e incómoda trascendencia. Aquí da igual Juana que su hermana. Lo que sea y qué más da. Sobrevivir.
Pero también hay gente que se encuentra en la tesitura de no terminar de comprender el momento actual pero sin ganas y sin capacidad de lanzarse a un vivacissimo debate, bien porque entiende que desde su condición de ordenado en cualquiera de sus grados, podría no ser conveniente, bien por posibles alergias a impuestas soledades, bien por un vivir suficientemente sereno que no se siente con fuerzas de alterar.
Es la gente que ni escribe ni habla, pero que se expresa divinamente. Tiene sus formas que hay que saber leer. Una, podría ser, digo solo que podría, un mantenimiento andante, incluso andantino y hasta vivo en lo personal y peculiar, trocado en mero sostenuto con posibilidad de morendo en ocasiones cuando de lo común se trata viniendo de lo alto.
Para el que no se mete en berenjenales ni tiene costumbre de clericales exégesis, todo está bien, incluso muy bien. Aquí y en lugares situados en más alto foco. Hay que conocer tiempos musicales. Y cuando la misma sonata, antes interpretada accelerendo hoy suena ritardando, es la misma, pero no es lo mismo. Pues eso.
¿Y en Madrid? No sé… hace días que no bajo. En la Sierra, un día precioso.
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