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Anxelina ha creado un lugar donde se puede descargar el libro en los móviles. Soy conscientes de que algunos dispositivos tienen problemas con Google Drive, porque por defecto derivan al propio Google Drive siempre, sin que sea posible ir al de otros usuarios. Sólo pasa con algunos móviles, pero no se puede configurar de otra manera.

Aquí está el lugar de descarga de La tempestad de Dios:
http://forteabooks.blogspot.com/2

Es más buena, Anxelina…

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05:49
Estoy con la Iglesia al defender el respeto hacia los homosexuales, pienso que deben ser "acogidos con respeto, comprensión y delicadeza, y que se debe evitar, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta". Pero no entiendo que se celebre el día del “orgullo gay” como día de la exaltación de la promiscuidad y del impudor. Y todavía entiendo menos que se subvencione con fondos públicos, habiendo como las hay otras prioridades.

Ha sido enriquecedor para mí conocer a personas homosexuales y comprobar que -por encima de esa realidad- en ellas se encierran grandes cualidades, grandes valores y mucha bondad. Ser homosexual no significa necesariamente ser promiscuo pero tristemente los defensores del orgullo gay han logrado que se tenga esa imagen de la homosexualidad. Sé y me consta que muchos homosexuales que viven sin estridencias y serenamente su realidad, detestan y se avergüenzan de esa actitud depravada que en absoluto les identifica: lo lamentan y no quieren que se les incluya sistemáticamente en ese colectivo que no respeta a nada ni a nadie.

Me cuesta entender que en muchas ciudades españolas cuestionen las procesiones de Semana Santa y cada vez pongan más dificultades porque no se puede cortar el tráfico para “no dificultar la vida de los ciudadanos” y para “no herir la sensibilidad de los no cristianos, que pueden sentirse ofendidos” y que después corten el tráfico del centro de la capital de España y financien con dinero público obscenidades y espectáculos de ese calibre, que hieren la sensibilidad de muchos cristianos y también de muchos no creyentes que tienen principios morales sólidos.


Mi orgullo es, la Solidaridad, la Dignidad, la Libertad, la Justicia... y el Respeto que siempre debe guiar mis actos. Mi orgullo no necesita carrozas, ni disfraces, ni subvenciones…

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04:30

8. El “banquete” de Platón 

El banquete de Platón, Anselm Feuerbach (1829–1880)

El “Banquete” es un diálogo filosófico donde diversos participantes rinden tributo a Eros, el dios del amor aportando la visión que cada uno tiene acerca del amor, de allí que permita conocer, de primera mano, lo que un griego del siglo IV a.C. entendía por entonces sobre el tema. Vale la pena señalar que varios “eruditos” y “especialistas” han intentado ver en esta obra culmen de Platón un ejemplo de “la civilización griega homosexual”.

Como muchos de los diálogos platónicos el debate se abre a partir de diversos puntos de vista que los participantes tienen sobre un tema con el objetivo de contrastar las opiniones y sacar, a partir de la mayéutica socrática, la verdad que cada uno ya intuye en su alma. Resulta imperioso, por lo tanto, analizar quién dice cada cosa para saber si se trata de un pensamiento claramente platónico o si simplemente estamos frente a un interlocutor imaginario que el discípulo de Sócrates utilizara en su provecho.

Siguiendo esta premisa, pueden leerse con claridad en el Banquete, durante el discurso de Pausanias, “las normas sobre la pederastia en Atenas” que resultan ser “una de las fuentes más importantes para el conocimiento de la actitud griega frente a la homosexualidad”. Allí, el mismo Pausanias, defensor indirecto de la pederastia, debe admitir:

“Sería preciso, incluso, que hubiera una ley que prohibiera enamorarse de los mancebos, para que no se gaste mucha energía en algo incierto, ya que el fin de éstos no se sabe cuál será, tanto en lo que se refiere a maldad como a virtud, ya sea del alma o del cuerpo. Los hombres buenos, en verdad, se imponen a sí mismos esta ley voluntariamente, pero sería necesario también obligara algo semejante a esos amantes vulgares, de la misma manera que les obligamos, en la medida de nuestras posibilidades, a no enamorarse de las mujeres libres”[1].

También en dicho diálogo entra en escena Aristófanes, un personaje que no debería caer bien al mundo platónico (en el diálogo “Las Nubes” se burla abiertamente de Sócrates y aquí, en el “Banquete”, muestra una conducta excéntrica que acaso fue introducida por Platón como señal para dar a entender al lector que el punto de vista expresado por él no merecía reverencia). Aristófanes desarrolla un extravagante discurso sobre el andrógino, un ser esférico con ocho patas y dos caras, que se desplazaba rodando por el suelo, que reunía las condiciones sexuales tanto de varón como hembra. Según el disparatado razonamiento de Aristófanes, estos seres desafiaron a los dioses y Zeus los hizo partir por la mitad, de modo que, haciendo inverosímiles cabriolas argumentativas e inventándose toda una mitología para justificar que dos hombres gocen uniéndose sexualmente entre sí, dice:

“En consecuencia [de la partición del ‘andrógino’ originario], cuantos hombres son sección de aquel ser de sexo común que entonces se llamaba andrógino son aficionados a las mujeres, y pertenece también a este género la mayoría de los adúlteros; y proceden también de él cuantas mujeres, a su vez, son aficionadas a los hombres y adúlteras. Pero cuantas mujeres son sección de mujer, no prestan mucha atención a los hombres, sino que están más inclinadas a las mujeres, y de este género proceden también las lesbianas. Cuantos, por el contrario, son sección de varón, persiguen a los varones y, mientras son jóvenes, al ser rodajas de varón, aman a los hombres y se alegran al acostarse y abrazarse; éstos son los mejores de entre los jóvenes y adolescentes, ya que son los más viriles por naturaleza. Algunos dicen que son unos desvergonzados, pero se equivocan. Pues no hacen esto por desvergüenza, sino por audacia, hombría y masculinidad, abrazando lo que es similar a ellos”[2].

 

Por la excentricidad de su propio relato, no es de extrañar que Aristófanes ruegue en un momento dado “que no me interrumpa Erixímaco para burlarse de mi discurso”[3] y que, poco después, finalice su intervención pidiendo clemencia:

“Éste, Erixímaco, es mi discurso sobre Eros, distinto, por cierto, al tuyo. No lo ridiculices, como te pedí, para que oigamos también qué va a decir cada uno de los restantes o, más bien, cada uno de los otros dos, pues quedan Agatón y Sócrates”[4].

 

A pesar de que Aristófanes sólo representa un punto de vista de tantos que había allí y que, probablemente Platón lo hubiese incluido para burlarse del burlador de su maestro, varios autores pro-teoría homosexual citan sus palabras ¡como si representasen el punto de vista del mismísimo Platón!

Pero hay más: del homenaje de Agatón a Eros podría distinguirse una cita, en la que se plantea que “respecto a la procreación de todos los seres vivos, ¿quién negará que es por habilidad de Eros por la que nacen y crecen todos los seres?”[5], en la que, dejando caer que Eros es responsable de la procreación, deja también claro que el dios pertenece al ámbito del sexo heterosexual, que es el único capaz de engendrar nueva vida.

Sin embargo, la joya del “Banquete” platónico es, sin lugar a dudas, y como siempre, la intervención de Sócrates. Citando el discurso que había escuchado años atrás de una mujer que él mismo considera como “sabia”, dice:

“Os contaré el discurso sobre Eros que oí un día de labios de una mujer de Mantinea, Diotima, que era sabia en éstas y otras muchas cosas”[6].

Las palabras de Diotima, además de ser sumamente interesantes al margen de ser aplastantes en cuanto al debate hetero vs. homo, contienen una verdadera apología del amor heterosexual como acto procreativo.

“–¿De qué manera (dijo Diotima) y –en qué actividad se podría llamar amor al ardor y esfuerzo de los que lo persiguen? ¿Cuál es justamente esta acción especial? ¿Puedes decirla?

–Si pudiera –dije yo–, no estaría admirándote, Diotima, por tu sabiduría, ni hubiera venido una y otra vez a ti para aprender precisamente estas cosas.

–Pues yo te lo diré –dijo ella–. Esta acción especial es, efectivamente, una procreación en la belleza, tanto según el cuerpo como según el alma.

–Lo que realmente quieres decir –dije yo– necesita adivinación, pues no lo entiendo.

–Pues te lo diré más claramente –dijo ella–. Impulso creador, Sócrates, tienen, en efecto, todos los hombres, no sólo según el cuerpo, sino también según el alma, y cuando se encuentran en cierta edad, nuestra naturaleza desea procrear. Pero no puede procrear en lo feo, sino sólo en lo bello. La unión de hombre y mujer es, efectivamente, procreación, y es una obra divina, pues la fecundidad y la reproducción es lo que de inmortal existe en el ser vivo, que es mortal”[7].

Sócrates ha elogiado la sabiduría de la señora, mientras que ella ha hecho un canto al amor heterosexual como “obra divina”. La pro-creación es sólo obra del amor heterosexual, analogando a los hombres con los dioses creadores. Sócrates reconoce que, luego de oír las palabras de la “sapientísima Diotima” quedó “lleno de admiración” (208b) y, dirigiéndose de nuevo a sus discípulos les dijo: 

“Esto, Fedro, y demás amigos, dijo Diotima, y yo quedé convencido”[8].

Por tanto, tenemos por un lado a Pausanias quien explica la costumbre vigente, por otro a Aristófanes, un personaje burlón que hace una enrevesada defensa de la homosexualidad… y, por último a Diotima, una mujer que el mismísimo Sócrates llama “sapientísima” que hace un genial tributo a Eros ensalzando la unión de hombre y mujer como acto generador de nueva vida.

Pero hay más; en el mismo Banquete, al salir Diotima ingresa en escena el famoso Alcibíades, quien, extasiado con la personalidad de Sócrates, se le ofrece en unión carnal para ser rechazado:

“- Después de oír y decir esto y tras haber disparado, por así decir, mis dardos, yo pensé, en efecto, que lo había herido. Me levanté, pues, sin dejarle decir ya nada, lo envolví con mi manto - pues era invierno- , me eché debajo del viejo capote de ese viejo hombre, aquí presente, y ciñendo con mis brazos a este ser verdaderamente divino y maravilloso estuve así tendido toda la noche. En esto tampoco, Sócrates, dirás que miento. Pero, a pesar de hacer yo todo eso, él salió completamente victorioso, me despreció, se burló de mi belleza y me afrentó; y eso que en este tema, al menos, creía yo que era algo, ¡oh jueces! - pues jueces sois de la arrogancia de Sócrates. Así, pues, sabed bien, por los dioses y por las diosas, que me levanté después de haber dormido con Sócrates no de otra manera que si me hubiera acostado con mi padre o mi hermano mayor”[9].

A estas alturas entonces. ¿A quién le caben dudas sobre el pensamiento de Platón y de Sócrates?

Pues no; tampoco ellos eran sodomitas o pro-sodomitas.



[1] Platón, El Banquete, 181d.

[2] Ídem, 191de-192a.

[3] Ídem, 193b.

[4] Ídem, 193d.

[5] Ídem, 197a.

[6] Ídem, 201d.

[7] Ídem, 206bc.

[8] Ídem, 212b.

[9] Ídem, 219bd.


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02:22
En la ventana derecha de la fachada principal de la Iglesia del Santo Sepulcro reposa una escalera. La llaman “la escalera inamovible”. Pocas veces desde 1757 ha sido movida.

Alguien trató de robarla en 1981, y fue detenido de inmediato por la policía israelí; en 1997, un bromista logró esconderla por varias semanas, hasta que fue descubierta y devuelta a su sitio; y un grupo de obreros tuvo que moverla en 2009 para al levantar unos andamios para reparar el campanario. 

De hecho, la escalera ha estado allí, fija, desde mediados del siglo XVIII ¿por qué?

Como la mayoría de los lugares y templos de Tierra Santa, la Iglesia del Santo Sepulcro es lugar de culto de numerosas y diversas confesiones cristianas. 

En el siglo XVIII, durante el reinado del sultán otomano Osman III, se firmó forzosamente el Acuerdo del Status Quo: amén de dividir Jerusalén en cuadrantes, el sultán también decretó que quienquiera que controlase cierta área en el momento, la controlaría indefinidamente. Pero si múltiples grupos tenían cierta autoridad sobre cierto sitio, debían acordar entre todos, por unanimidad, cualquier cambio efectuado en el sitio, por mínimo que sea. 

Si bien este decreto se mostró útil a la hora de evitar imposiciones de unos grupos sobre otros, también ha hecho imposible el adecuado mantenimiento de varios de estos sitios de peregrinaje: a no ser que todas las partes estén absolutamente de acuerdo, no hay nada que se pueda hacer.

Resultado de imagen de la escalera del santo sepulcroEsto explica hasta cierto punto el por qué la escalera no se ha movido desde entonces. 

Actualmente, seis grupos cristianos tienen derechos sobre el templo, y ya nadie tiene muy claro a quién pertenece ni esa cornisa, ni la ventana en la que se apoya la escalera ni a quién pertenece la escalera misma. Algunos señalan que es de la Iglesia Armenia Apostólica.

Sin embargo, la escalera tiene hoy, además, un significado anexo. Durante su visita a Tierra Santa a mediados de la década de los sesentas del siglo XX, el papa Paulo VI vio con dolor cómo la escalera, que si bien ha sido hasta ahora un símbolo del Acuerdo del Status Quo, también se había convertido en un triste testimonio de las escandalosas divisiones entre cristianos. Así, y tomando en cuenta que la Iglesia Católica Romana es uno de los seis grupos con poder de veto y voto sobre cualquiera de los cambios a realizar en el templo, decretó que la escalera no se moviese hasta que las divisiones entre cristianos no se resolviesen.

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Ser cristiano no es simpatizar con una causa por noble que sea, sino una adhesión de nuestra inteligencia y corazón, un compromiso con la “persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino, participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad del Padre” (Veritatis Splendor,19). El tono incisivo, casi rudo, del Evangelio de hoy lo recuerda: “Quien ama a su padre o su madre más que a mí, no es digno de mí”.
Cualquiera que está familiarizado con las enseñanzas de Jesús, comprende que estas palabras no enfrentan al 1º y 4º Mandamiento, señalan tan sólo el orden en que deben vivirse. ”Honra a tu padre, con tal de que no te separe del verdadero Padre” (S. Jerónimo). “Sean amados todos en este mundo -enseña S. Gregorio Magno-, aún los mismos enemigos, pero el adversario en el camino de Dios no sea amado, ni aún siendo pariente” (Hom, 37). Tampoco suponen estas palabras de Jesús un desprecio por la propia vida sino la condición que permite vivirla con plenitud. Nada debe anteponerse al amor de Dios. Los padres y los hijos deben recordar esto cuando Dios se insinúe en sus vidas y les invite a una entrega más generosa a la causa del Evangelio. Y cada uno debe comprender que vivir obsesivamente pendientes de uno mismo y sus intereses, de su bienestar, sin pensar en Dios y en los demás, es cegar la fuente en la que se desea beber.

“Lo que hace verdaderamente desgraciada a una persona -y aún a una sociedad entera- es esa búsqueda ansiosa de bienestar, el intento incondicionado de eliminar todo lo que contraría. La vida presenta mil facetas, situaciones diversísimas, ásperas unas, fáciles quizá en apariencia otras. Cada una de ellas comporta su propia gracia, es una llamada original de Dios: una ocasión inédita de trabajar, de dar el testimonio divino de la caridad. A quien siente el agobio de una situación difícil, yo le aconsejaría que procure también olvidarse un poco de sus propios problemas, para preocuparse de los problemas de los demás: haciendo esto, tendrá más paz y, sobre todo, se santificará” (S. Josemaría Escrivá).
Sin Cruz no hay cristianismo. La comodidad egoísta se filtra en todo afecto y en toda actuación, incluso en las que se realizan con altura de miras. El celo apostólico y la lucha personal contra nuestras oscuras inclinaciones pueden estar lastradas por el contrapeso de cargas de carácter egocéntrico que, únicamente el tiempo, las contrariedades, las arideces de la prosa diaria, las tentaciones humillantes, las caídas, el desaliento al tropezar con la indiferencia o el rechazo de los que querríamos hacer partícipes de la Buena Nueva, pueden purificar, otorgando al cristiano, poco a poco, ese saludable olvido de sí que Jesús nos propone. Sí, el amor se purifica y robustece con estas pruebas. También puede degenerar en rebeldía, como en el caso del mal ladrón, justamente porque la piedra de toque del amor es el dolor.
Con todo, estas severas advertencias del Señor están atemperadas con el ofrecimiento de una recompensa en los cielos. La radicalidad del compromiso cristiano no es autorrenuncia sino actividad fecunda del amor que anula los criterios del hombre viejo del que habla S. Pablo y estimula la vida del hombre nuevo en quienes nos convertimos al ser injertados en Cristo por el Bautismo. Esto nos permitirá decir con gozo y con verdad: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor”, ya que Él premiará hasta el servicio más insignificante “un vaso de agua fresca”. Dios no se deja ganar en generosidad.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo (Mt 10, 37-42)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro». 

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Ayer tocamos un tema de verdadera trascendencia: la posibilidad de un futuro hostigamiento generalizado contra la Iglesia a través de una serie masiva de denuncias por pedofilia contra los obispos y los clérigos más destacados de las diócesis. Es una posibilidad que no digo que ocurra, pero que debe ser analizada desde un punto de vista teórico.

Otra cuestión es si un proceso judicial debe ser público o no. Desde luego, si es público, todo está a la vista, todo es más transparente. El proceso público permite que todo esté a los ojos del pueblo.

Por otra parte, para el poder es más fácil acabar con la reputación de alguien a través del juicio mediático paralelo al judicial que con un verdadero juicio con jueces y leyes.

Pero las ventajas de que los juicios sean públicos son indudables. Los políticos corruptos, los millonarios, podrían preferir juicios ocultos para escapar a la supervisión del Pueblo. Un pobre ciudadano inocente podría preferir el juicio secreto para evitar que le pongan penas peores si no accede.


Sí, en una democracia es claramente mejor que los juicios sean públicos. ¿Pero por qué tienen que ser tan largos?

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