Sí se puede, porque de hecho acaba de realizarse el nombramiento. Otra cosa es que no se pueda opinar del asunto.
Ayer se ha hecho público el nombramiento de D. Joan Planellas Barnosell como arzobispo de Tarragona. 64 años, doctor en teología dogmática, y con un excelente currículo: en su ministerio pastoral ha sido entre otros, vicario parroquial, profesor de Teología en el Seminario de Girona, Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas (1988-1998), párroco y administrador de varias parroquias (1990-2019), Rector del Seminario de Girona (1996-2002), Director de la Revista Catalana de Teología, Vicedecano de la Facultad de Teología de Cataluña (2010-2015) y decano de la misma, cargo que desempeñaba actualmente.
Hasta ahí, nada que objetar. Todo lo contrario. Un sacerdote con excelente formación académica, experiencia en cargos diversos y párroco de varias parroquias rurales, además. Sin embargo, con todo ese bagaje, me atrevo a calificar ese nombramiento de error, grave error, en fondo y forma.
Mosén Planellas tienen en su haber el ser cura solo de algunos. Sus iglesias han mostrado altivas la esteleda, bandera independentista catalana, y sus campanas han tañido a respuesta de los políticos a la hora de la “liberación”. Mal negocio que toca a lo fundamental, porque colocar una estelada en la torre significa, así de claro, que una parroquia, en teoría de todos los católicos, independentistas o no, de derechas, izquierda o centro, se muestra públicamente como solamente de algunos. Mal asunto que el párroco no lo sea de todos, mala cosa que haya fieles de primera o segunda.
Estamos, dicen, en época de tender puentes. Hace unos días un editorial de Alfa y Omega, órgano oficioso del arzobispado de Madrid, ante las pasadas elecciones, señalaba que “se necesitan constructores de puentes, capaces de generar una cultura del bien común para afrontar los retos y problemas del país desde un espíritu inclusivo”.
Malamente se van a tender puentes en una maltrecha sociedad catalana, dividida por unos políticos independentistas sin escrúpulos y descristianizada desde la raíz, cuando se nombra nada menos que para el arzobispado de Tarragona a un sacerdote que ha venido haciendo gala de su independentismo colocando banderas esteladas en los campanarios de sus parroquias. ¿Esto es la iglesia inclusiva? ¿Esto es hacer comunidad cristiana que integre, reconcilie, busque la paz y sea fermento de convivencia, tolerancia y respeto? Esto es un sinsentido, porque difícilmente la gente se va a creer ahora eso que dicen siempre de “ser obispos de todos” cuando hasta ahora solo ha sido párroco de algunos, los independentistas, en desprecio y detrimento de otros católicos que consideraban la parroquia también suya y por lo visto estaban en un error.
Ha causado sorpresa, además, como hace unas semanas en Lima, el paso de ser cura y de pueblos, directamente a arzobispo de Tarragona, sede para muchos primada de España. También que el nombramiento se haya hecho sin la costumbre no escrita de consultar a otros arzobispos de España, que se han enterado, como los demás, por la prensa.
Para remate, y conociendo los entresijos de la exquisita diplomacia vaticana, muchos consideran que el nombramiento de mosén Joan como arzobispo de Tarragona significa un apoyo claro del Vaticano a la causa independentista. Dicen que Omella ha sido el gran muñidor del asunto con la vista puesta en abril de 2011.
Como cosa curiosa, invito a leer la carta que la esposa de Albert Boadella, feligreses de mosen Joan, envió al obispo de Gerona con motivo de la colocación en Jafre, regido por el mosén, de la estelada, y otras cuestiones. Lo contó Germinans en su momento.
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