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Martes 27 de Febrero de 2018
II de Cuaresma

Martirologio Romano: En Isola, del Abruzo, en Italia, san Gabriel de la Dolorosa (Francisco) Possenti, acólito, que, renunciando a la vanidad del mundo, todavía adolescente ingresó en la Congregación de la Pasión y en breve tiempo consumó su vida (1862). Fecha de canonización: 13 de mayo de 1920 por el Papa Benedicto XV..
Antífona de entrada         Sal 12, 4-5
Ilumina mis ojos, para que no caiga en el sueño de la muerte, para que mi enemigo no pueda decir: “Lo he vencido”.
Oración colecta    
Señor, guarda con amor constante a tu Iglesia, y ya que la naturaleza humana es frágil sin ti, presérvanos siempre del mal y llévanos por las sendas de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.
Oración sobre las ofrendas      
Por estos misterios obra, Señor, en nosotros tu salvación; que nos purifiquen de los vicios terrenos y nos conduzcan a los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión       Sal 9, 2-3
Proclamaré todas tus maravillas; quiero alegrarme y regocijarme en ti, y cantar himnos a tu nombre, Altísimo.
Oración después de la comunión
Te rogamos, Padre, que este sagrado alimento nos ayude a vivir más santamente y nos obtenga tu auxilio constante. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Oración sobre el pueblo       (Facultativa)
Escucha, Padre, las súplicas de tus fieles y cura las enfermedades de sus almas, para que, experimentando el perdón, se regocijen siempre con tu bendición. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Lectura         Is 1, 10. 16-20
Lectura del libro de Isaías.
¡Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma! ¡Presten atención a la instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra! ¡Lávense, purifíquense, aparten de mi vista la maldad de sus acciones! ¡Cesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda! Vengan, y discutamos –dice el Señor–. Aunque sus pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana. Si están dispuestos a escuchar, comerán los bienes del país; pero si rehúsan hacerlo y se rebelan, serán devorados por la espada, porque ha hablado la boca del Señor.
Palabra de Dios.
Comentario
La denuncia es contra los jefes y el pueblo. Todos deben convertirse de sus malas acciones. Todos deben atender en primer lugar a los más vulnerables: oprimidos, viudas y huérfanos. En esas acciones concretas de amor, Dios puede percibir la auténtica conversión de nuestro corazón. Luego, su perdón hará resplandecer la vida.
Salmo 49, 8-9. 16bc-17. 21. 23
R. El que sigue buen camino gustará la salvación de Dios.
No te acuso por tus sacrificios: ¡Tus holocaustos están siempre en mi presencia! Pero yo no necesito los novillos de tu casa ni los cabritos de tus corrales. R.
¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos y a mencionar mi alianza con tu boca, tú, que aborreces toda enseñanza y te despreocupas de mis palabras? R.
Haces esto, ¿y yo me voy a callar? ¿Piensas acaso que soy como tú? Te acusaré y te argüiré cara a cara. El que ofrece sacrificios de alabanza, me honra de verdad. R.
Versículo     Ez 18, 31
“Arrojen lejos de ustedes todas las rebeldías y háganse un corazón nuevo y un espíritu nuevo”, dice el Señor.
Evangelio     Mt 23, 1-12
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: "Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. El mayor entre ustedes será el que los sirve, porque el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado".
Palabra del Señor.
Comentario
Como en tantas otras ocasiones, Jesús denuncia aquí la hipocresía religiosa: rituales, preceptos y ceremonias que son solo una forma de ponderarse a sí mismo de quien los practica. Con esto no se busca ni la gloria de Dios ni el bien de los hermanos. Con humildad, reconozcamos nuestro lugar y no pretendamos ponernos por encima de nadie. Tampoco endiosemos a ninguna persona, por más importante que sea el cargo que tenga.
Oración introductoria
Señor, el mundo necesita, sobre todo, testigos más que maestros, testimonio más que sermones, humildad más que vanagloria, por ello te pido que ilumines mi oración para que sea el fuego de tu amor el que transforme mis actitudes de debilidad en fortaleza, de egoísmo en amor, y de soberbia en servicio.
Jesús, dame tu gracia y la fuerza para vivir siempre de acuerdo a tu Evangelio.
Meditación 
¿Por qué un cristiano puede llegar a ser así? ¿Qué sucede en el corazón de aquel cristiano, que se vuelve así? Solo hay una explicación: aquel cristiano no ora. Y si no hay oración, siempre cerrarás la puerta. La llave que abre la puerta a la fe es la oración. 
Cuando un cristiano no ora, sucede aquello. Y su testimonio es un testimonio altivo. Es un soberbio, es un orgulloso, es un seguro de sí mismo. No es humilde. Busca su propia promoción. Cuando un cristiano ora, no se aparta de la fe, habla con Jesús. Y, cuando digo orar, no digo decir oraciones, porque estos maestros de la ley decían muchas oraciones. En cambio, Jesús dice: Cuando ores, entra en tu habitación y ora al Padre en secreto, de corazón a corazón. Una cosa es orar y otra es decir oraciones. Estos no oran, abandonan la fe y la convierten en ideología moralista, sin Jesús. 
"El más grande entre vosotros será vuestro servidor". Cuando le vemos en la oscura y fría cueva de Belén. Él, que tiene el dominio de todo. O en la pobre casa de Belén, el que enriquece el mundo de belleza. Cuando muere en la cruz, vejado y abandonado por los hombres. Sí, Cristo nos vino a enseñar el camino al Padre, el camino de la sencillez, de la humildad. Qué lejos de Dios están los soberbios porque en su corazón sólo habitan ellos y Dios no puede entrar. 
Cristo, por otra parte, no reprocha la doctrina de los fariseos sino que reprocha su incoherencia, entre lo que predican y lo que viven. Cristo vivió lo que predicó y derramó su bendita sangre por nuestros pecados. Fue insobornable ante el miedo, valiente en su predicación porque hablaba con verdad. Por eso mismo sus perseguidores exclamaron: "todo lo ha hecho bien".
Aprovechemos la cuaresma para fortalecer nuestras convicciones como discípulos de Jesucristo. Tratemos de tener momentos sagrados de "desierto" donde nos reencontremos con nosotros mismos y con el verdadero modelo y maestro. Y frente a las situaciones concretas en las que muchas veces no sabemos cómo reaccionar podríamos preguntarnos: ¿qué diría Jesús?, ¿cómo actuaría Jesús?
Propósito
Rectificar mis intenciones varias veces al día. 
Diálogo con Cristo
Señor, ayúdame a vivir esta Cuaresma en la perspectiva del amor. Que sea fiel a mi vocación de discípulo y misionero. Que por amor a Ti sea auténtico, generoso y desinteresado en todas mis relaciones con los demás. Que el amor me lleve a cumplir mi misión para que otros puedan experimentar la alegría de tu presencia. 

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07:06

Aunque siempre escribo para todos, hoy me van a permitir que lo haga pensando de manera especial en los sacerdotes, y especialísimamente en los compañeros que, como un servidor, ejercemos el ministerio en el mundo rural. No es nada fácil.

No son pocos los sacerdotes que viven o sienten la pastoral rural, la que llevamos a cabo en pueblos, demasiadas veces mínimos, como algo que hay que hacer, pero sin ilusión, sin esperanza, sin demasiadas ganas de sacarlo adelante. Es decir, me tocó, pues nada, a hacer lo que se pueda. Los hay que se acostumbran incluso a vivir así, y los hay locos por largarse a una parroquia mayor. Tampoco todos comprenden el ministerio de un sacerdote en pueblos diminutos y se preguntan si no sería suficiente con mandar a alguien alguna vez.

Fui párroco rural de dos parroquias de tamaño mediano, y ahora el Señor me ha concedido vivir y trabajar en tres pueblitos que, entre los cuales no llegan a cuatrocientos habitantes. ¿Merece la pena? No solo merece la pena, sino que es una gracia de Dios.

El sacerdote de pueblo, de pueblos, es sacerdote de todos y de todo. Cuántas veces en las grandes parroquias el cura acaba especializado en un ámbito de la pastoral: los jóvenes los lleva mi compañero, los bautizos los prepara D. Fulano y para liturgia hablar con sor Veremunda. El cura de pueblo hace de todo: es el que casa y bautiza, atiende a los cuatro de catequesis, está con los jóvenes, si los tiene, visita mucho, eso sí, a los ancianos, auxilia a los moribundos, entierra. El cura de pueblo está en la fiesta patronal, y el día de los santos. El cura de pueblo reteja, barre, ordena el archivo y hace sus cuentas para estirar hasta el infinito los tres euros con cincuenta de la colecta del domingo.

El cura de pueblo tiene la gracia de conocer a las familias, saber quienes son los nietos, los tíos.

El cura de pueblo tiene el privilegio de haber sido enviado a atender a los pobres, a los débiles, acompañar a los solos, vivir una iglesia tan en salida, tan humilde, que no tendrá nadie muchas veces ni para escuchar “y con tu epíritu”. Sacerdote de todo y de todos, que conoce a todos, que sirve a los que se van quedando sin servicios de ningún tipo.

El cura de pueblo tiene la inmensa suerte de vivir de una manera muy especial la fraternidad sacerdotal. En las ciudades los sacerdotes nos vemos o no. En los pueblos, tenemos que vernos, ayudarnos, compartir. Nos hacemos más hermanos sacerdotes.

Ser cura de pueblo supone partir de una gratitud inmensa a Dios que nos regala ese enorme privilegio. Gracias Dios mío porque me has regalado naturaleza, calor humano, cercanía, gente necesitada.

Me van a permitir mis lectores y mis compañeros algunas ideas para vivir con gozo ese ser cura rural de pueblos mínimos donde parece que nada tiene sentido.

Quizá la primera es reconocer la responsabilidad de los mismos sacerdotes, de la Iglesia, en esta aparente frialdad que se pudiera notar en nuestros pueblos. Pueblos había “de castigo”, donde siempre acababan recalando los curas más díscolos. ¿Qué podemos esperar ahora? Y también tenemos que purgar nuestros pecados sesentayocheros cuando alegremente, porque sí, muchos pueblos fueron despojados de sus tradiciones para encontrar a cambio nada. Ahí estamos. Añado el poco cuidado con los bienes de la iglesia ¿dónde irían a parar aquellos candelabros de plata?, aunque tuvieran que venderse para evitar la ruina del campanario.

La pastoral rural es la pastoral de la gracia y el optimismo. Pastoral de gracia porque todo nos tiene que venir de Dios. Una pastoral que tendremos que hacer los curas sobre todo rezando, pidiendo a Dios, invitando a rezar. El principal ministerio del cura de pueblo es rezar y celebrar, sobre todo, pensando no en si viene gente o no, sino en la fuerza que viene de Dios.

Y es la pastoral del optimismo, del que se alegra porque hoy vino una persona a misa, porque ayer atendió a un enfermo y le pudo ayudar a bien morir, porque ha podido hablar con alguien remiso. Optimismo porque uno cree que es posible una apertura a la gracia de Dios, está convencido de ello, y no deja de tocar el último hilito por conseguir un alma para Cristo. Es la pastoral que pasa del “solo vienen dos” al “hoy ya han venido dos”. A ver qué se me ocurre para que acuda el tercero, mejor la tercera.

Para acabar, no me miren la pastoral rural desde la eficacia empresarial. Sí, eso de un cura trabajando en Madrid, en otra parroquia, en el obispado, estudiante, y que los fines de semana, o en los entierros, se desplaza. Fundamental vivir en el pueblo. El párroco rural no va a atender a los pueblos, vive en ellos, es uno más. Vive en el pueblo, pero no es del pueblo. Está como todos, pero es un hombre de Dios. Y da gracias por la oportunidad de servir, aunque los frutos inmediatos estén cocinados con la harina de la ingratitud.

Hermanos curas de pueblo: qué suerte tenemos.

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07:03
Martirologio Romano: En Isola, del Abruzo, en Italia, san Gabriel de la Dolorosa (Francisco) Possenti, acólito, que, renunciando a la vanidad del mundo, todavía adolescente ingresó en la Congregación de la Pasión y en breve tiempo consumó su vida (1862). Fecha de canonización: 13 de mayo de 1920 por el Papa Benedicto XV.
El 1 de marzo de 1838 nació en el pueblecito de Asís (Italia) un niño llamado Francisco que, como el famoso fundador de los franciscanos, llegó a ser santo. Era el undécimo de trece hermanos y quedó huérfano de madre a los cuatro años. 
Francisco (que tomó mas tarde como nombre religioso Gabriel de la Dolorosa) tenía un "temperamento suave, jovial, insinuante, decidido y generoso, poseía también un corazón sensible y lleno de afectividad... Era de palabra fácil apropiada, inteligente, amena y llena de una gracia que sorprendía...".
De estatura más bien alta (medía 1,70 metros), tenía "buena voz, era ágil y bien formado". 
Con su familia se trasladó a Spoleto donde, como el otro Francisco, era un líder de los jóvenes. Allí fue a la escuela de los hermanos de las Escuelas Cristianas, y al liceo clásico con los jesuitas. Le agradaba mucho el canto, y consiguió premios en poesía latina y en las veladas teatrales. Era un joven dinámico, con una gran pasión por su fe cristiana. En su habitación había colocado una escultura de la Piedad para su veneración íntima . 
Cuando iba al teatro Meliso con su padre, muchas veces salía a escondidas para ir a rezar bajo el pórtico de la catedral, que estaba muy cerca; después regresaba antes de que concluyera la función para salir con los demás espectadores. Algunas veces usaba cilicio y se sabe que en una ocasión rechazó las proposiciones deshonestas de un libertino, amenazándole con una navaja. 
Interviene la Virgen María
El 22 de agosto de 1856 estaba asistiendo a la procesión de la "Santa Icone", una imagen mariana venerada en Spoleto, cuando la Virgen María le habló al corazón para invitarle con apremio: "Tú no estás llamado a seguir en el mundo. ¿Qué haces, pues, en él? Entra en la vida religiosa" (Fuentes, p. 208). El 10 de septiembre de 1856 entró en el noviciado pasionista de Morrovalle (Macerata) y tomó el nombre religioso de Gabriel. Tenía solo 18 años. Su entrega fue con todo su corazón y en la vida religiosa encontró su felicidad: "La alegría y el gozo que disfruto dentro de estas paredes son indecibles" (Escritos, p. 185). Sus mayores amores eran Jesús Crucificado, la Eucaristía y la Virgen María. 
En el convento de Isola, cuando los primeros rayos del sol entraban por la ventana de su celda en la mañana del 27 de febrero de 1862, Gabriel, sumido en éxtasis de amor y rodeado por los religiosos que lloraban junto a su lecho, abandonó la tierra y fue al cielo, invitado por la Virgen María.
Treinta años más tarde, El 17 de octubre de 1892, se iniciaron lo trámites para inscribirlo entre los santos ya que la devoción de los fieles y los milagros que realizaba eran muchos. 
Fue canonizado por Benedicto XV en 1920.
Declarado copatrón de la juventud católica Italiana, 1926. Es el Patrón principal de Abruzo en 1959.
Santa Gemma al leer la vida de San Gabriel de la Dolorosa quedó profundamente vinculada espiritualmente con él y este se le apareció en muchas ocasiones para guiarla y consolarla.

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07:03
OFICIO DE LECTURA - MARTES DE LA SEMANA II - TIEMPO DE CUARESMA
Propio del Tiempo. Salterio II.
SEGUNDA LECTURA
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 140, 4-6: CCL 40, 2028-2029)
LA PASIÓN DE TODO EL CUERPO DE CRISTO
Señor, te he llamado, ven de prisa. Esto podemos decirlo todos. No lo digo yo solo, sino el Cristo total. Pero es más bien el cuerpo quien habla aquí; pues Cristo, cuando estaba en este mundo, oró en calidad de hombre, y oró al Padre en nombre de todo el cuerpo, y al orar caían de todo su cuerpo gotas de sangre. Así está escrito en el Evangelio: Jesús oraba con mayor intensidad, y sudó como gruesas gotas de sangre. Esta efusión de sangre de todo su cuerpo no significaba otra cosa que la pasión de los mártires de toda la Iglesia.
Señor, te he llamado, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Al decir: Te he llamado, no creas que ya ha cesado el motivo de llamar. Has llamado, pero no por eso puedes estar ya seguro. Si hubiera terminado ya la tribulación, no tendrías que llamar más; pero, como que la tribulación de la Iglesia y del cuerpo de Cristo continúa hasta el fin de los siglos, no sólo hemos de decir: Te he llamado, ven de prisa, sino también: Escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde. Todo cristiano sabe que estas palabras suelen entenderse de la Cabeza en persona. Cuando, en efecto, declinaba el día, el Señor entregó voluntariamente su vida en la cruz, para volver a recobrarla. Pero también entonces estábamos nosotros allí representados. Pues lo que colgó del madero es la misma naturaleza que tomó de nosotros. Si no, ¿cómo hubiera sido nunca posible que el Padre abandonara a su Hijo único, siendo ambos un solo Dios? Y sin embargo, clavando nuestra frágil condición en la cruz, en la cual, como dice el Apóstol, nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, clamó en nombre de este hombre viejo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 
Aquella ofrenda de la tarde fue, pues, la pasión del Señor, la cruz del Señor, oblación de la víctima salvadora, holocausto agradable a Dios. Aquella ofrenda de la tarde se convirtió, por la resurrección, en ofrenda matinal. Así, la oración que sale con toda pureza de lo íntimo de la fe se eleva como el incienso desde el altar sagrado. Ningún otro aroma es más agradable a Dios que éste; este aroma debe ser ofrecido a él por los creyentes.
RESPONSORIO    Ga 2, 19-20
R. Estoy crucificado con Cristo; * vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. 
V. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.
R. Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.
Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edificada en la debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu Protección la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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07:03
OFICIO DE LECTURA - MARTES DE LA SEMANA II - TIEMPO DE CUARESMA
Propio del Tiempo. Salterio II.
Himno: DE LA SALUD LA FUENTE
De la salud la fuente,
coronada de juncos punzadores,
un corazón ardiente
buscaba triste y lleno de dolores,
y, hallándola en la cruz, que atento mira,
así gime, así llora, así suspira:
«Señor, yo soy el ciervo
que tan sediento busco esos cristales;
si te ofendí, protervo,
ya vuelvo arrepentido de mis males;
y no me he de apartar de tu presencia
sin perdón, sin favores, sin clemencia.
En esa cruz clavado,
arco de paz te hicieron tus finezas,
y, pues enamorado
así encender pretendes las tibiezas,
que se abrasen las mías hoy te ruego
con tu luz, con tu llama, con tu fuego.
El Dios de las venganzas
un tiempo los profetas te llamaron,
mas ya mis esperanzas,
desde que hombre te hiciste, mejoraron,
pues Dios de amor te miran en prisiones,
sin carcaj, sin saetas, sin arpones.» Amén. 
V. Ahora es el tiempo propicio.
R. Ahora es el día de salvación. 
PRIMERA LECTURA
Del libro del Deuteronomio 26, 1-19
PROFESIÓN DE FE DE LOS HIJOS DE ABRAHAM
En aquellos días, dijo Moisés al pueblo estas palabras:
«Cuando entres en la tierra que el Señor, tu Dios, va a darte en heredad, cuando tomes posesión de ella y la habites, tomarás primicias de todos los frutos que coseches de la tierra que va a darte tu Dios, los pondrás en una cesta, irás al lugar que el Señor, tu Dios, haya elegido para morada de su nombre, te presentarás al sacerdote que esté en funciones por aquellos días, y le dirás:
"Hoy confieso ante el Señor, mi Dios, que he entrado en la tierra que el Señor juró a nuestros padres que nos daría a nosotros." El sacerdote cogerá de tu mano la cesta, la pondrá ante el altar del Señor, tu Dios, y tú recitarás estas palabras:
"Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y residió allí con unas cuantas personas más; allí se hizo un pueblo grande, fuerte y numeroso. Los egipcios nos maltrataron y nos humillaron, y nos impusieron dura esclavitud. Gritamos al Señor, Dios de nuestros padres, y el Señor escuchó nuestra voz: vio nuestra miseria, nuestros trabajos, nuestra opresión. El Señor nos sacó de Egipto: con mano fuerte, con brazo extendido, con terribles portentos, con signos y prodigios, y nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra, una tierra que mana leche y miel. Por eso vengo aquí con las primicias de los frutos de la tierra que tú me diste, Señor."
Y lo depositarás ante el Señor, tu Dios, te postrarás ante él, y harás fiesta con el levita y el forastero que viva en tu vecindad, por todos los bienes que el Señor, tu Dios, te haya dado, a ti y a tu casa.
Cada tres años, el año del diezmo, cuando termines de repartir el diezmo de todas tus cosechas y se lo hayas dado al levita, al forastero, al huérfano y a la viudo, para que coman en tus ciudades hasta saciarse, recitarás lo siguiente en presencia del Señor, tu Dios:
"He sacado de mi casa lo que debía ser consagrado: se lo he dado al levita, al forastero, al huérfano y a la viuda, según el precepto que me diste. No he quebrantado ni olvidado ningún precepto. No he comido nada durante mi duelo, nada impuro he consumido, ni se lo he ofrendado a un dios muerto. He escuchado la voz del Señor, mi Dios, he cumplido todo lo que me mano daste. Vuelve los ojos desde tu santa morada, desde el cielo, Y bendice a tu pueblo, Israel, y a esta tierra que nos diste, como habías jurado a nuestros padres, una tierra que mana leche y miel."
Hoy te manda el Señor, tu Dios, que cumplas estos mandatos y decretos. Guárdalos y cúmplelos con todo el corazón y con toda el alma. Hoy has comprometido al Señor para que sea tu Dios, a condición de que sigas sus caminos, guardes sus mandatos, normas y preceptos, y escuches su voz. Y hoy te ha comprometido el Señor a ser su propio pueblo, según él mismo te lo ha dicho, a condición de que guardes sus mandamientos; él te elevará en gloria, nombre y esplendor, por encima de todas las naciones que ha hecho, y tú serás el pueblo santo del Señor.»
RESPONSORIO    Cf. 1Pe 2, 9. 10; Dt 7, 6. 8
R. Vosotros sois pueblo adquirido por Dios; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo sois ahora pueblo de Dios; * vosotros que estabais excluidos de la misericordia sois ahora objeto de la misericordia de Dios.
V. El Señor os eligió sólo por el amor que os tiene, y os rescató de la esclavitud.
R. Vosotros que estabais excluidos de la misericordia sois ahora objeto de la misericordia de Dios.
Del libro del Éxodo 16, 1-18. 35
EL MANÁ EN EL DESIERTO
Toda la comunidad de Israel partió de Elim y llegó al desierto de Sin, entre Elim y Sinaí, el día quince del segundo mes después de su salida de Egipto. La comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto, diciendo:
«¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad.»
El Señor dijo a Moisés:
«Yo os haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger diariamente la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. El día sexto, cuando preparen lo que hayan de llevar, que recojan el doble de lo que acostumbren recoger cada día.»
Moisés y Aarón dijeron a los israelitas:
«Esta tarde sabréis que es el Señor quien os ha sacado de Egipto, y mañana veréis la gloria del Señor. Ha oído vuestras protestas contra él, pues nosotros, ¿qué somos para que murmuréis de nosotros? Esta tarde os dará a comer carne y mañana os saciará de pan; os ha oído murmurar de él; ¿nosotros qué somos? No habéis murmurado contra nosotros, sino contra el Señor.» Moisés dijo a Aarón:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel: "Acercaos al Señor, que ha escuchado vuestras murmuraciones."» Mientras Aarón hablaba a la asamblea, ellos miraron hacia el desierto y vieron la' gloria del Señor que aparecía en una nube. El Señor dijo a Moisés:
«He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles: "Hacia el crepúsculo comeréis carne, por la mañana os saciaréis de pan, para que sepáis que yo soy el Señor, vuestro Dios."» Por la tarde una bandada de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana había una capa de rocío alrededor del campamento. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un grano fino parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas decían:
«Man hu», (que significa «¿Qué es esto?»; pues no sabían lo que era).
Moisés les dijo:
«Es el pan que el Señor os da de comer. Éstas son las órdenes del Señor: que cada uno recoja lo que pueda comer: un celemín por cabeza para todas las personas que vivan en una tienda.»
Así lo hicieron los israelitas: unos recogieron más, otros menos. Y al medirlo en el celemín, no sobraba al que había recogido más ni faltaba al que había recogido menos: había recogido cada uno lo que necesitaba para su sustento.
Los hijos de Israel comieron el maná durante cuarenta años hasta que llegaron a tierra habitada; lo comieron hasta que llegaron a la frontera de Canaán.
RESPONSORIO    Sb 16, 20; Jn 6, 32
R. Alimentaste a tu pueblo con manjar de ángeles, les enviaste desde el cielo un pan ya preparado, * que podía brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos.
V. Moisés no os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo.
R. Que puede brindar todas las delicias y satisfacer todos los gustos.
SEGUNDA LECTURA
De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 140, 4-6: CCL 40, 2028-2029)
LA PASIÓN DE TODO EL CUERPO DE CRISTO
Señor, te he llamado, ven de prisa. Esto podemos decirlo todos. No lo digo yo solo, sino el Cristo total. Pero es más bien el cuerpo quien habla aquí; pues Cristo, cuando estaba en este mundo, oró en calidad de hombre, y oró al Padre en nombre de todo el cuerpo, y al orar caían de todo su cuerpo gotas de sangre. Así está escrito en el Evangelio: Jesús oraba con mayor intensidad, y sudó como gruesas gotas de sangre. Esta efusión de sangre de todo su cuerpo no significaba otra cosa que la pasión de los mártires de toda la Iglesia.
Señor, te he llamado, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo. Al decir: Te he llamado, no creas que ya ha cesado el motivo de llamar. Has llamado, pero no por eso puedes estar ya seguro. Si hubiera terminado ya la tribulación, no tendrías que llamar más; pero, como que la tribulación de la Iglesia y del cuerpo de Cristo continúa hasta el fin de los siglos, no sólo hemos de decir: Te he llamado, ven de prisa, sino también: Escucha mi voz cuando te llamo.
Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde. Todo cristiano sabe que estas palabras suelen entenderse de la Cabeza en persona. Cuando, en efecto, declinaba el día, el Señor entregó voluntariamente su vida en la cruz, para volver a recobrarla. Pero también entonces estábamos nosotros allí representados. Pues lo que colgó del madero es la misma naturaleza que tomó de nosotros. Si no, ¿cómo hubiera sido nunca posible que el Padre abandonara a su Hijo único, siendo ambos un solo Dios? Y sin embargo, clavando nuestra frágil condición en la cruz, en la cual, como dice el Apóstol, nuestro hombre viejo ha sido crucificado con él, clamó en nombre de este hombre viejo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 
Aquella ofrenda de la tarde fue, pues, la pasión del Señor, la cruz del Señor, oblación de la víctima salvadora, holocausto agradable a Dios. Aquella ofrenda de la tarde se convirtió, por la resurrección, en ofrenda matinal. Así, la oración que sale con toda pureza de lo íntimo de la fe se eleva como el incienso desde el altar sagrado. Ningún otro aroma es más agradable a Dios que éste; este aroma debe ser ofrecido a él por los creyentes.
RESPONSORIO    Ga 2, 19-20
R. Estoy crucificado con Cristo; * vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. 
V. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.
R. Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.
Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia, edificada en la debilidad humana, y, pues sin ti la naturaleza mortal sucumbe, que tu Protección la preserve siempre del mal y la encamine por las sendas de la salvación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.

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03:37

Camino de Tierra Adentro, México

–Caminos, hospitales, escuelas… ¿Y cuándo va a escribir de…?

–Pare el carro. Tranquilo. Va todo por su orden. Todo se andará.

 

El gran desarrollo urbanístico y poblacional, del que traté (479), suscitó una necesidad creciente de caminos y grandes vías de comunicación, hospitales, escuelas, iglesias, etc. Y de examinar algunos de estos crecimientos me ocupo ahora.

 

–Caminos

La construcción de caminos fue una prioridad de España en América. Las Ordenanzas de descubrimiento, nueva población y pacificación de las Indias (1573), en su artículo 37, establecían que las nuevas poblaciones «tengan buena salida por mar y por tierra, buenos caminos y navegación para que se pueda entrar fácilmente y salir, comerciar, gobernar y defender» (Roca, Imperiofobia: R-298). Los Caminos Reales tenían entre 7 y 8 metros de anchura, suficientes para el tránsito de carruajes.

Uno de los primeros caminos que se construyeron con gran calidad de ingeniería y materiales fue el que unió México con Veracruz, el puerto de entrada de los españoles en el gran imperio azteca, y fue llamado «el camino de Europa». Esta gran obra vino completada por otra, México con Acapulco, «el camino de Asia».

Eran a veces arterias de miles de kilómetros. El Camino Real de Tierra Adentro, que atravesaba gran parte del territorio del norte de México que más tarde fue usurpado por los Estados Unidos, tenía 2.560 kilómetros. La UNESCO lo declaró patrimonio de la humanidad (1-VIII-20109. También eran de gran longitud el Camino Real de Chiapas (México-Guatemala), el Camino Real de Lima a Venezuela, el Camino Real de Alto Perú, de unos 3.000 kilómetros (Buenos Aires-Córdoba-Lima). Al mismo tiempo que éstas y otras grandes vías, ya en el XVI, se construyeron centenares de caminos a poblaciones menores.

Camino de Tierra Adentro, México

Camino de Alto Perú

Ciudades y poblaciones, caminos reales y rutas menores, cambiaron muy notablemente la fisonomía de la América hispana. Muchos de los caminos, hoy convertidos frecuentemente en carreteras, se trazaban apuntando al campanario de la iglesia parroquial de la próxima población.

–Hospitales  

Los Reyes Católicos separaron netamente la profesión médica de la beneficencia religiosa, negando validez a los grados médicos dados por la Iglesia, modernizando por primera vez en Europa el Tribunal Real Protomedicato, y haciendo de él un tribunal académico que había de examinar a médicos, cirujanos, boticarios, herboristas, antes de darles licencia para ejercitar su arte. Los nuevos hospitales creados por ellos en España antes y después de 1500 (Santiago de Compostela, Santa Cruz de Toledo, etc.) mejoraban notablemente el nivel medio europeo de la época.

Francisco Guerra (El hospital en Hispanoamérica y Filipinas, 31) señala que «España tiene el mérito de haber organizado, antes que ninguna otra nación europea, estos tribunales», en los cuales «los candidatos a médicos eran sometidos a exámenes», de tal modo que «la medicina es la primera profesión en España sometida a riguroso control jurídico» (R-300).

Esta prioridad sanitaria característica de la Corona española se extendió a la España americana. El mismo profesor Guerra informa que «Lima, Perú, en los días coloniales tenía más hospitales que iglesias, y por término medio, había una cama por cada cien habitantes, índice considerablemente superior al que tiene hoy en día una ciudad como Los Ángeles» (R-300). El primer hospital de América fue obra de Nicolás de Ovando, gobernador de La Española (1502-1509), ateniéndose a las instrucciones de los Reyes Católicos: «Haga en las poblaciones donde vea que fuere necesario casa para hospitales en que se acojan y curen así los cristianos como los indios» (R-301). La norma de que españoles e indígenas fueran acogidos en los mismos  hospitales se establece en Real Cédula de 1511.

La Corte Suprema de los Estados Unidos, a mediados del siglo pasado, declaró que la segregación era una norma contraria a la Constitución, que declara iguales a todos los individuos de la nación. Y abolió, no sin grandes resistencias, cualquier tipo de discriminación en los lugares públicos: escuelas, autobuses, etc. En Sudáfrica el apartheid fue prohibido en 1992.

En 1563 Felipe II exige para ejercer la medicina en América título universitario y dos años de prácticas. Y en 1570 establece en América el Protomedicato, de tal modo que los profesionales sanitarios, sin graduarse en España, podían recibir allí su licencia. Pronto en la América hispana se crearon las cátedras de medicina /1551, universidad de México; 1635, Lima; 1636 Bogotá). Hace notar la profesora Roca Barea que «la primera cátedra de Medicina en los territorios ingleses de Norteamérica data de 1765» (R-301).

Fueron muy numerosos los hospitales en la España americana. «Entre 1500 y 1550 se levantan en las Indias unos veinticinco hospitales grandes, y un número mucho mayor de hospitales pequeños, con pocas camas […] Esta situación se repite ciudad por ciudad y es raro encontrar una población con más de 500 habitantes que no tenga su propio establecimiento» (R-302).

Hospital, Guanahni, San Salvador (1503)El edificio de los hospitales, como el de las iglesias, solía ser normalmente uno de los más nobles de la ciudad –así era también en la España peninsular–. Algunos hospitales hay que mantienen su servicio desde su fundación en el siglo XVI; otros hay que son protegidos en su edificio como patrimonio nacional. Y muy pocos de estos antiguos hospitales fracasaron por falta de profesionales o de financiación. No faltaron los profesionales y en número suficiente. Y su mantenimiento económico se consiguió recibiendo ayudas de distintos donantes: parte de los diezmos eclesiásticos, donaciones testamentarias, contribuciones de gremios, empresas comerciales, municipios y otros.

 

–Escuelas

Las escuelas primarias se multiplicaron mucho, de tal modo que prácticamente en todas las Misiones que se fueron estableciendo las primeras edificaciones eran la iglesia, el convento misional y las escuelas. Los muchachos indios mostraron excelentes disposiciones para aprender cuanto les enseñaban los frailes con sus maestros. Refiere el franciscano Jerónimo de Mendieta (1525-1604), misionero en México, que 

«el escribir se les dio con mucha facilidad, y comenzaron a escri­bir en su lengua y entenderse y tratarse por carta como nosotros, lo que antes tenían por maravilla que el papel hablase y dijese a cada uno lo que el ausente le quería dar a entender» (Historia eclesiástica indiana IV,14). En la escri­tura y en las cuentas, así como en el canto, en los oficios mecáni­cos y en todas las artes, pintura, escultura, construcción, muy pronto se hicieron expertos, hasta que no pocos llegaron a ser ma­estros de otros indios, y también de españoles. El profundo e inge­nuo sentido estético de los indios, liberado de la representación de sus antiguos dioses, a veces monstruosos y feroces, halló en el mundo de la belleza cristiana una atmósfera nueva, luminosa y ale­gre, en la que muy pronto produjo maravillosas obras de arte.

En la música, al parecer, hallaron dificultad en un primer momento, y muchos «se reían y burlaban de los que los enseñaban». Pero también aquí mostraron pronto sus habilidades: no había pueblo de cien vecinos que no tuviera cantores para las misas, y en seguida aprendieron a construir y tocar los más variados instrumentos mu­sicales. Poco después pudo afirmar el padre Mendieta: «En todos los reinos de la Cristiandad no hay tanta copia de flautas, chirimías, sacabuches, orlos, trompetas y atabales, como en solo este reino de la Nueva España. Órganos también los tienen todas cuasi las iglesias donde hay religiosos, y aunque los indios no toman el cargo de hacerlo, sino maestros españoles, los indios son los que labran lo que es menester para ellos, y los mismos indios los tañen en nuestros conventos» (ib.).

 

–Universidades

En la América hispana se fundaron hasta la independencia más de veinte universidades, de las que salieron unos 150.000 licenciados. La primera fue la de San Marcos (Lima 1551). Ya existía en La Española una fundada por los dominicos (1538), pero no obtuvo de la Corona el grado académico de universidad hasta 1747. Otras antiguas universidades de la España americana (XVI-XVIII) son las de México (1551), Ecuador (1586), Córdoba argentina (1613), Caracas (1721), La Habana (1728), etc. Se acercan a esa cifra de universidades la suma de las creadas en la época de las expansiones coloniales (XIX-XX) por Bélgica, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia (R-304).

* * *

Podría seguir exponiendo el rápido desarrollo cívico de América al unirse con España. A la creación de innumerables poblaciones y ciudades, con autoridades y administraciones bien organizadas, comunicadas entre sí por caminos; a la creación de escuelas y hospitales, jardines y teatros, habría que añadir tantos otros valores de suma importancia: monogamia, domingo semanal, paz entre etnias habitualmente en guerra, agricultura y ganadería, minería, medicina, artesanías diversas, etc. Pero de todos estos temas iré informando en los próximos artículos, que estarán ya dedicados directamente a la evangelización, realizada sobre todo por los santos misioneros, pero favorecida también por los mejores gobernantes.

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía  

Bibliografía de la serie Evangelización de América 

 

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