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07:51

¿Qué es el relativismo? Pregunta difícil, que trataremos de ir describiendo en las páginas de este pequeño libro. Por el momento, digamos que es una postura cultural que niega la existencia de verdades objetivas que están en la base de un orden moral natural. Todo es relativo, todo depende de las circunstancias, de los sujetos que juzgan, de las categorías culturales de las distintas épocas. Hay toda una gama de intensidades en los colores relativistas. Se puede negar la existencia de la verdad, o puede admitirse su posibilidad, pero se afirma la incapacidad humana de alcanzarla.
Puede tratarse también de un relativismo «procesal». Sería el propio del que sostuviera que todo es «negociable» en la vida democrática, incluso los principios morales y los valores: lo importante es alcanzar un consenso.
¿Por qué hay tanto relativismo en el ambiente cultural actual? En primer lugar, me atrevería a decir: por la parte de verdad que contiene. Es «verdad» que la inmensa mayoría de las cosas son relativas. Las soluciones técnicas a los problemas económicos son opinables; los gustos estéticos no están definidos para todos y para siempre; las sensibilidades locales, regionales y nacionales son distintas, y en donde se aprecia el pescado se desprecia la carne, y viceversa. Los modos de afrontar un problema, de llegar a la toma de decisiones, pueden ser casi infinitos en la mayor parte de los casos. Resumiendo, casi todo es relativo. Pero la clave está en ese «casi». Hay un núcleo de verdades que tienen una relación directa con el orden moral, con lo que Juan Pablo II llamaba «la verdad sobre el hombre».
Mariano Fazio en “Al César lo que es del César”

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05:29

Correggio - Desposorios Sta. Catalina de Siena

–Pues vaya… Todos los santos son extraordinarios.

–Cierto. Pero San Pablo dice que en el cielo de Dios lucen astros de diversas magnitudes: «una estrella se diferencia de la otra en el resplandor» (1Cor15,41). Hoy, 29 de abril, celebramos la fiesta litúrgica de tan gran Santa.

Conocemos muy bien la vida de Santa Catalina de Siena (1347-1380). El que fue su director espiritual, el Beato Raimundo de Capua, dominico (1330-1399), Maestro general de la Orden de Predicadores (1380-1399), escribió su vida hacia 1390 en la Legenda maior. De todo lo que en ella refiere de los hechos y dichos de la Santa tuvo conocimiento directo, o bien son confidencias que recibió de ella misma, o referencias comunicadas por testigos directos fidedignos. Él siempre precisa con exactitud científica la fuente de la que procede lo que de ella narra.

Por otra parte, muy importante, el Beato Raimundo es el perfecto hagiógrafo: un santo que cuenta la vida de otro santo, como San Atanasio que escribe la vida de San Antonio abad, o San Gregorio Magno, hagiógrafo de San Benito. Muchas vidas de santos valen muy poco porque el escritor no está, ni de lejos, a la altura del biografiado. El P. Raimundo conocía perfectamente a Catalina, terciaria dominica, no sólo por haber sido su director, sino aún más por connaturalidad espiritual.

Bibliografía

La Legenda maior (LM) del Beato Raimundo de Capua, con el título Santa Catalina de Siena, fue publicada por la Editorial La Hormiga de oro (Barcelona 1993, 427 pgs.). Se agotó la edición, y no ha sido reeditada. Las obras completas de Santa Catalina, especialmente el Diálogo, fueron publicadas por la editorial Biblioteca de Autores Cristianos en dos ocasiones: Madrid 1955 (nº 143), con valiosos estudios previos y notas de Ángel Morta; y en 1980 (nº 451). Muy importantes también para el conocimiento de la Santa son los dos tomos del Epistolario de Santa Catalina de Siena- Espíritu y doctrina, publicados por José Salvador y Conde, O.P., en la Editorial San Esteban (Salamanca 1982, vols. I y II, 1-654 pgs. y 659-1332 pgs.)

–Una santa extra-ordinaria

Recordemos brevemente algunos hechos y dichos vividos por Catalina en sus 33 años de vida.

(*).Este asterisco, que aparecerá repetidas veces, significa: «¿No es esto algo extraordinario?».

 

1347.–Nace Catalina de Jacopo Benincasa, tintorero de pieles, y de Monna Lapa. Es la penúltima de veinticinco hijos de Jacopo y Lapa (*). Una de las contemplativas más altas de la Iglesia permaneció toda su vida –con excepción de sus viajes apostólicos– en una casa llena de familiares, clientes de la pequeña factoría, ruidos, movimientos, trabajos domésticos, refugiada cuando podía en un minúsculo espacio en lo alto del desván (*).

 

–Visión de Cristo y voto de virginidad

1353.–A los 6 años tuvo una visión de Jesucristo que le llevó a enamorarse de Él y a consagrarle su virginidad. El Beato Raimundo lo refiere:

«Un día, la niña, que debía tener unos seis años, hubo de acercarse en compañía de su hermano Stefano, un poco mayor que ella, a visitar a su hermana Bonaventura, casada… Iba quizá a hacer algún recado de parte de su madre… Realizado el encargo, mientras volvía a su propia casa por una cierta cuesta que la gente llama Valle Piatta, la santa niña alzó los ojos y vio frente a sí y suspendido en los aires, por encima del tejado de la iglesia de los frailes Predicadores, un bellísimo trono adornado con magnificencia regia. En él, sentado como un emperador y revestido de hábitos pontificales y con la tiara en la cabeza, estaba el Señor Jesucristo, Salvador del mundo. Estaban con él Pedro, el príncipe de los apóstoles, Pablo y el santo evangelista Juan. Al ver aquello, la niña se quedó como clavada en el suelo y, con la mirada fija y sin pestañear, miraba amorosamente a su Salvador y Señor que se mostraba de aquel modo para cautivar su amor. Fijándose en ella con sus ojos llenos de majestad y sonriéndole con dulzura, levantó la mano derecha y, haciendo el signo de la cruz, le hizo el don de su eterna bendición… (*).

«A partir de ese momento pareció que por sus virtudes, por la seriedad de sus costumbres y por la cordura extraordinaria que tenía, se escondiera bajo la vestimenta de la niña una mujer madura… En aquel momento se había encendido en ella el fuego del divino amor» (LM 30-31). «En la escuela del Espíritu Santo comenzó a comprender que debía reservar para el Creador toda la pureza de su cuerpo y de su alma; por ello no anhelaba sino conservar la pureza virginal. Consideraba además, por inspiración del cielo, que la santísima Madre de Dios había sido la primera en instituir la vida virginal y en dedicar al Señor, con un voto, su virginidad. Por esta razón acudió a Ella a fin de mantenerse pura. A los siete años estuvo en disposición de meditar sobre este voto tan profundamente como hubiera podido hacerlo una mujer de setenta años… Un día se fue a un lugar escondido donde nadie la pudiese oír, se puso de rodillas humilde y devotamente, y habló así en voz alta a la beata Virgen: “Oh beatísima y sacratísima Virgen que, primera entre las mujeres, consagraste perpetuamente tu virginidad al Señor… ruego a tu inefable piedad que, sin mirar mis méritos mi insignificancia, quieras dignarte concederme la inmensa gracia de darme como Esposo a Aquel que deseo con todas las fuerzas de mi alma, el santísimo Hijo tuyo, único Señor Nuestro Jesucristo (LM 35)… «A los seis años ve a su Esposo con los ojos del cuerpo y recibe gloriosamente de él la bendición. A los siete, hace el voto de virginidad» (LM 36) (*).

Hasta los 15 años, sin embargo, su familia, su madre, su hermana Buenaventura especialmente, ignorando estas gracias, la presionaron para que mundanizara un tanto su vida, consiguiéndolo en alguna medida. Muerta en un parto esta hermana, se reafirmó Catalina en su vida ascética y espiritual de gran perfección. Lo que ocasionó un recrudecimiento de la presión familiar, esta vez sin efecto alguno.

 

–Ingreso en las Terciarias dominicas y desposorio místico con Cristo

1363.–Ingresa en las Terciarias Dominicas, las llamadas mantellate, por el manto negro que llevaban sobre un hábito blanco. Se sujetaban éstas a una regla, una superiora y un director, pero seguían viviendo en su familia. Es tiempo en el que se inician en ella los fenómenos místicos, la acción aposólica, la maternidad espiritual, las calumnias y envidias.

1366-1367.–Hacia sus 20 años, desposorio místico con Cristo, siendo su mediadora la Virgen María.

«Yo, tu Creador y Salvador, te desposo conmigo en la fe. Conserva intacta esta fe, sé fiel a mí hasta que vengas al cielo para celebrar conmigo las bodas eternas. En adelante, hija, actúa virilmente, sin titubeos, todo lo que la Providencia te presente». Recibe un anillo de alianza, imperceptible para los demás (LM I, 12). (*)

1370.–Año de grandes dones de gracia, que la capacitan para una maternidad espiritual cada vez más numerosa. En el círculo de los incaterinati (encatalinados) se van reuniendo sacerdotes y religiosos, alguna mantellata, comerciantes, artistas, madres de familia, soldados, predicadores, doctos en teología, etc. Todos reconocen en ella una gran maestra en doctrina y espiritualidad. Esta maternidad admirable se da teniendo ella 23 años y siendo analfabeta (*).

 

–Comienzos de su vida pública

1371-1372.–Se inicia la actividad pública de la Santa. Primeras cartas a personas principales de la Iglesia y del mundo civil y político. Promueve la Cruzada.

1373.–Muere Santa Brígida de Suecia, sin llegar a ver el deseado regreso del Papa, autoexilado en Avignon, y en un ambiente frío ante la convocación de la Cruzada. Las dos causas serán promovidas por la joven mística de Siena (*).

1374.–El papa Gregorio XI envía a Catalina una bula de indulgencia. Es llamada al capítulo de los dominicos celebrado en Florencia para ser examinada, pues aunque muchos reconocen su santidad, no faltan los detractores y suspicaces. Se le asigna como director a fray Raimundo de Capua. Al regresar a Siena la encuentra abrumada por la peste, y da la Santa ejemplos admirables de solicitud caritativa.

 

–Cristo le concede los estigmasde su Pasión

y le enseña a escribir

1375.–La promoción de la Cruzada la lleva a Pisa, donde recibe el don altísimo de los estigmas, las llagas del Crucificado, que ella suplica al Señor y consigue que, siendo indelebles, se mantengan invisibles (*).

En este año, tres antes de morir, recibe Santa Catalina una gracia muy especial: Cristo le enseña a escribir, como ella misma refiere al Beato Raimundo de Capua (Carta 272, octubre 1377).

«Esta carta y otra que os mando [la 273] la he escrito de mi mano en la localidad de la Rocca [de los Salimbeni] entre muchos suspiros y abundantes lágrimas, mientras el ojo, viendo no veía. Yo estaba admirada de mí misma y de la bondad de Dios al considerar su misericordia y providencia con las criaturas racionales. Esta se volcaba en mí, ya que para consuelo me había dado y concedido la facultad de escribir, pues yo no sabía [hacerlo] por mi ignorancia. Y esto sucedió para que descendiendo de la altura [de los éxtasis] tuviese un modo de desahogar mi corazón para que no estallase. No queriendo tampoco sacarme de esta vida de oscuridad, me confirmó en mi espíritu de modo admirable, como hace el maestro con el niño al que enseña. Y así, en cuanto os apartasteis de mí, comencé a escribir con el glorioso evangelista Juan y Tomás de Aquino. Así durmiendo, comencé a aprender. Perdonadme el escribir demasiado, porque las manos y la lengua se hallan de acuerdo con el corazón [Rm 10,8]. Jesús dulce, Jesús amor» (*).

 

–Muerte de su discípulo, Nicolás de Toldo

También en este año sucede, según la misma Catalina refiere y escribe a su director espiritual, un suceso milagroso. Entre los incaterinati había personas de toda índole espiritual. Y uno de sus jóvenes discípulos, Nicolás de Toldo, de Perugia, por cuestiones políticas fue condenado a muerte, y pidió a la Santa su asistencia espiritual.

«Me hizo prometerle que cuando llegase la hora de la justicia estaría a su lado… Lo llevé a oir Misa, y recibió la sagrada comunión, de la que siempre estuvo alejado… Me decía: “quédate conmigo, no me abandones; todo irá bien y moriré contento”… Y le dije: “valor, dulce hermano mío, que pronto estaremos en las eternas bodas”… Le esperé, pues, en el lugar de la justicia, rezando e invocando sin cesar la asistencia de María y de Catalina, virgen y mártir». Estas intensas oraciones fueron escuchadas, «y mi alma se sintió de tal modo embriagada por la dulce promesa que se me hizo, que no veía a nadie, aun cuando había en la plaza una gran multitud.

«Llegó por fin como un cordero apacible, y al verme se sonrió. Quiso que hiciese sobre él la señal de la cruz. Cuando la hubo recibido, le dije en voz baja: “Ve, dulce hermano, dentro de poco estarás en las eternas boda”. Se extendió dulcemente, le descubrí el cuello, e inclinada sobre él, le recordé la sangre del Cordero. Sus labios sólo repetían: “Jesús… Catalina”. Cerré los ojos, y diciendo “quiero” [voglio: hágase la voluntad de Dios providente], recibí en mis manos su cabeza. En seguida vi al Hombre-Dios, cuya claridad brillaba como el sol… Esa alma entró en la herida abierta de su costado, y la Verdad me hizo conocer que aquella alma se había salvado por pura misericordia, por gracia, sin mérito alguno por su parte… Cuando se llevaron el cadáver, mi alma descansó en una paz deliciosa» (Carta 273 a Raimundo de Capua, junio 1347) (*).

–Misiones al servicio de la Santa Iglesia

1378.–El papa Gregorio XI envía a Catalina a Florencia, para que los florentinos vuelvan a la paz y a la obediencia a la Iglesia. Ya desde el año anterior estaban en rebeldía, y en contra del entredicho papal que pesaba sobre ellos, habían celebrado solemnidades litúrgicas en la plaza de la Señoría… Las palabras y negociaciones, y sobre todo las oraciones y cartas de Catalina al papa Urbano VI –elegido a la muerte de Gregorio XI–, trajeron la paz del cielo y de Roma. El 18 de julio llegó a Florencia el ramo de olivo suplicado, que inmediatamente fue expuesto en una ventana del Palazzo Vecchio (*).

Catalina tuvo un amor inmenso por la Santa Iglesia y por el Santo Padre, sucesor de Pedro. Así lo demuestra no sólo en sus escritos y elevaciones, sino en su dedicación al servicio de la Iglesia, aceptando de su jerarquía misiones sumamente difíciles, que exigían viajes, negociaciones, visitas, cartas, y sobre todo oraciones y penitencias, como las que vinieron exigidas de ella con ocasión del exilio prolongado del Papa en Avignon, Francia.

«Durante el retorno del papa Gregorio XI de Avignon a Roma, la santa virgen [Catalina] lo precedía con su comitiva, en la cual estaba yo también» (LM 261).

 

–Parresía

Su amor por la Iglesia y el Papa nunca le impidió conocer los pecados o deficiencias del pueblo, de la Jerarquía pastoral, del mismo Papa, sobre los que hablaba con suma claridad en el nombre del Señor. Lo vemos con frecuencia en El Diálogo y con mayor crudeza en muchas de su Cartas.

El Señor le dice y ella escribe: «Hija dulcísima, tus lágrimas me fuerzan, porque van unidas con mi caridad y son derramadas por amor a mí. Pero mira y fíjate cómo mi Esposa tiene sucia la cara. Cómo está leprosa por la inmundicia y el amor propio y entumecida por la soberbia y la avaricia de aquellos que a su pecho se nutren… Hablo de mis ministros… Mira con cuanta ignorancia, y con cuántas tinieblas, y con cuánta ingratitud, y con qué inmundas manos es administrado este glorioso alimento y sangre de esta Esposa. Con cuánta presunción e irreverencia lo reciben» (Dialogo II,I, 2).

Ella recibe los diagnósticos de Cristo sobre el estado de su Iglesia, y los hace suyos. «¡Ay de mí! ¡Basta de callar! Veo que por callar el mundo está podrido, la Esposa de Cristo ha perdido su color [Lament 4,1], porque hay quien chupa su sangre, que es la sangre de Cristo que, dada gratuitamente, es robada por la soberbia, negando el honor debido a Dios y dándoselo a sí mismos» (Carta 16 a un alto Prelado). Santa Catalina dedica un amplio capítulo de El Diálogo a describir los males arraigados en la Iglesia a causa de los pecados e infidelidades de sacerdotes y religiosos, urgiendo por ello la reforma de la Iglesia (parte III, cap. 2). Dice hablando de los religiosos desviados: «De todos estos males y de otros muchos son culpables los prelados, porque no tuvieron los ojos sobre sus súbditos, sino que les daban amplia libertad o ellos mismos los empujaban, haciendo como quien no ve sus miserias» (ib).

Consideraciones semejantes tiene sobre los laicos tibios o infieles. Contestando una pregunta que el Beato Raimundo le hace sobre una visión que ella ha tenido del Purgatorio, ella responde. «“Me sorprendió de un modo especial la manera en que son castigados los que pecan en el estado matrimonial, no respetándolo como es su deber y buscando las satisfacciones de la concupiscencia”. Le pregunté entonces por qué aquel pecado, que no era más grave que los demás, era castigado más severamente. Respondió: “Porque a ese pecado no le dan importancia, y por consiguiente no sienten dolor por él como por los demás y, por tanto, caen en él más frecuentemente y con más facilidad”» (LM 215)

Contemplativa en la acción

Siempre, sin embargo, se mantuvo Catalina en la presencia del Señor, también cuando su amor a la Iglesia y los encargos de sus Pastores le imponían viajes, gestiones y trabajos frecuentes, de los que nunca se quejaba y que servía con un persistente empeño tal que apenas sus acompañantes –los padres dominicos, por ejemplo– se veían capaces de seguir.

«Por inspiración del Espíritu Santo, fabricó en su alma una celda secreta, de la que se impuso no salir nunca por ninguna cosa en el mundo. De este modo… tuvo una celda interior que nadie le podía quitar y donde siempre podía recogerse» (LM 49).

 

–Escribe el Diálogo sobre la divina Providencia

Santa Catalina, haciendo un alto en sus actividades públicas, emprende emprende en 1378 la más alta obra literaria de su vida, conocida con el título de El Diálogo, libro de unas 350-400 páginas. Sin plan previo alguno, dicta su texto, no pocas veces en éxtasis, a tres discípulos que hacen de amanuenses. Y en octubre de ese año está ya terminada la magna obra que le mereció recibir siglos después el título de Doctora de la Iglesia(*).

 

–Ascética y mística

Siempre fueron unidos en Santa Catalina sus empeños ascéticos y sus altos vueles místicos contemplativos. Dios así obró a través de ella innumerables milagros y conversiones de pecadores.

Dormía muy poco. «Consumía todo su tiempo en la plegaria, en la contemplación y en la edificación del prójimo. Durante las veinticuatro horas del día dormía apenas un cuarto de hora» (LM 44). «No dormía más de media hora cada dos días» (ib. 61). Acompañada en sus viajes por algunos dominicos, Catalina «se impuso permanecer todos los días en vela mientras los frailes Predicadores a los que llamaba hermanitos, dormían» (ib. 83).(*).

En una ocasión, conversando con el Beato Raimundo, éste, ya de edad, se durmió, y ella lo despertó con humor: «Buen hombre, ¿por el sueño quiere perder lo que es útil para su alma? ¿Estoy hablando de Dios con usted o con un muro?» (ib. 62). Esta sencilla y verdadera familiaridad entre padre e hija, reflejada tanto en la Legenda maior como en las Cartas, es una manifestación muy bella de la caridad cristiana.

No comía apenas. Fue acrecentando mucho su frugalidad en las comidas, y practicó tanto el ayuno que llegó a vivirlo en forma total y permanente.

«A los 15 años se privó del vino y de toda clase de manjares, para vivir sólo de pan y de hierbas crudas. Finalmente, a los 20 años, se privó también de pan y sustentó su cuerpo sólo con hierbas crudas. Lo pudo mantener así mientras Dios omnipotente no le concedió un nuevo y milagroso modo de vivir, esto es, vivir de nada [en ayuno total], como si no me equivoco comenzó a hacerlo hacia los 25 años de edad» (LM 399). «A partir de aquel momento el estómago de Catalina no tuyo ya necesidad de comida ni pudo digerir nada más… Así comenzó aquel maravilloso ayuno», en el que su alimento único era la Palabra divina y el Pan vivo bajado del cielo (ib. 413). «De esto puede concluir el hombre de fe que su vida era toda ella un milagro» (LM 170). (*).

El P. Raimundo, que hubo de acompañarle muchas veces en sus viajes apostólicos, testifica:

Tenía «una fuerza robusta y gallarda. Sin ninguna dificultad se levantaba antes, caminaba más lejos y se afanaba más que los que le acompañaban y que estaban sanos. Ella no conocía el cansancio» (ib. 171)

* * *

Pío II la declaró santa en 1461. En 1939 Pío XII la declaró patrona principal de Italia, junto a San Francisco de Asís. El 3 de octubre de 1970 Pablo VI le otorgó el título de Doctora de la Iglesia, siendo la segunda mujer en obtener tal distinción, después de santa Teresa de Jesús (27-IX-1970) y antes de Santa Teresa del Niño Jesús (19.X-1997). En 1999, bajo el pontificado de Juan Pablo II, se convirtió en una de las Santas Patronas de Europa.

Post post.– También en InfoCatólica la tenemos como patrona, porque el 29 de abril de 2009, día de su fiesta, dejando a un lado ciertas diferencias y problemas, todos los del equipo fundacional decidimos ser un portal católico independiente de otras entidades. Y en una semana –no podemos olvidar la intercesión de Santa Catalina–, realizando todos los trámites jurídicos y trabajos técnicos, pudimos publicar nuestro primer número. Fue, si no un milagro, un milagrito.

 

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

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Escribe Raad Salam: «Aunque somos minoría, los cristianos no somos emigrantes, sino los originarios del territorio que hoy día se denomina el mundo árabe musulmán» 

EGIPTO fue la cuna de la antigua civilización egipcia, que junto con la mesopotámica fue el origen de la historia de la humanidad. Egipto posee hoy una población cercana a los ochenta millones de habitantes, conformando una sociedad multiétnica, multicultural y multirreligiosa. El grupo étnico más importante es el árabe (88 por ciento), seguido por coptos (10), beréberes, nubios, beduinos y beja (2). La religión predominante es el islam suní (90 por ciento), y los cristianos coptos tomados en conjunto –ortodoxos, católicos y otros (10 por ciento)– son el grupo más numeroso después de los islámicos (cerca de 8.000.000 habitantes).

Los cristianos coptos son fruto de las predicaciones de san Marcos, el apóstol de Jesús, que llegó a Alejandría entre los años 40 y 49 y donde encontró el martirio el 24 de abril del año 68. Por lo tanto, los cristianos coptos son los originales del país, descendientes de la antigua civilización egipcia.

La presencia árabe musulmana en Egipto empezó en el año 641, con las conquistas del segundo califa ortodoxo Omar. Gracias a Omar el islam se extendió por toda Mesopotamia y el norte de África desde la península árabe, con el filo de una espada que obligaba a los nativos de estos territorios –judíos y cristianos– a convertirse bajo amenaza de muerte. Los cristianos coptos de Egipto desde siempre han vivido la persecución y la desigualdad religiosa y se han sentido como ciudadanos de segunda en su propio país. En la sociedad egipcia, un cristiano recibe todos los apoyos posibles para su conversión al islam, tanto laborales como sociales. Por el contrario, los musulmanes que se convierten al cristianismo deben vivir en clandestinidad para evitar el rechazo social de sus familias, e incluso la posibilidad de morir asesinados. El Papa Tawadros II es el actual Papa de los cristianos coptos, elegido en 2012, después de la muerte del Papa Shenouda III, y es el Papa número 118 desde San Marcos.

Con respecto al mundo islámico, el Estado egipcio es laico, pero favorece el islam mayoritario, y aunque no prohíbe la construcción de iglesias, los trámites son muy costosos. Con el comienzo de la llamada «Primavera árabe» en 2011, los islamistas radicales vinculados a los Hermanos Musulmanes, conocidos en Egipto como la madre de todas las organizaciones, han matado a casi 5.000 cristianos y han dejado 7.000 heridos, atacando y quemando 58 iglesias en diferentes ciudades del país, además de destruir más de quinientos negocios cristianos. Las mujeres cristianas en Egipto son secuestradas y forzadas a casarse con hombres musulmanes y obligadas a convertirse al islam. Los cristianos coptos temen la violencia de los Hermanos Musulmanes.

Conozco Egipto muy bien. He tenido la oportunidad de visitar el país en varias ocasiones y tengo buenos amigos allí. En estos últimos años, la mayoría de las mujeres de Egipto llevan el niqab, vestimenta que oculta totalmente el rostro, excepto los ojos, una muestra del radicalismo y el fanatismo islámico en el país. Con el aumento de este radicalismo, la visita de Su Santidad el Papa Francisco a Egipto, al país del Nilo, es una muestra de una gran valentía. 

Esta visita tiene una gran importancia para nosotros, los cristianos orientales, sobre todo para los cristianos coptos de Egipto, que están sufriendo la persecución y el genocidio a manos de los musulmanes intolerantes. La ola islamista que ha invadido los países árabes ha traído la inquietud a las minorías cristianas, ya preocupadas por su supervivencia y que temen por su futuro en sus países de origen.

La visita de Su Santidad a Egipto tiene un objetivo específico: dar aliento a las minorías cristianas de la zona, cada vez más amenazadas, y representa una oportunidad para impulsar la paz y la convivencia con el islam y los musulmanes.

Su Santidad, recuerde a los líderes musulmanes que en todo el mundo occidental, tradicionalmente cristiano y donde los emigrantes musulmanes viven en minoría, estos gozan de toda la libertad y tienen todos los derechos tanto sociales como religiosos. Tienen libertad para celebrar sus pascuas, como el Ramadán, para construir escuelas coránicas y mezquitas y rezar en ellas cinco veces al día. Incluso en algunas ciudades tienen partidos políticos y representantes en los ayuntamientos. 

Esta es la libertad religiosa verdadera. Del mismo modo deben los musulmanes actuar en sus países con las minorías cristianas que conviven con ellos. Aunque somos minoría, los cristianos no somos emigrantes, sino los originarios del territorio que hoy día se denomina el «mundo árabe musulmán».

Que el Señor bendiga a Su Santidad para el bien de nuestra Iglesia y derrame sobre toda la humanidad el bálsamo de su paz.

  • POR RAAD SALAM
     NAAMAN RAAD SALAM NAAMAN ES DOCTOR EN ESTUDIOS ÁRABES ISLÁMICOS Y CIENCIAS RELIGIOSAS

En su primer discurso en Egipto, Francisco declara que «la religión no es el problema, sino parte de la solución»

En la primera jornada de su visita a un país «herido por la violencia ciega», el Santo Padre pronunció el primer discurso de un Papa en la Universidad de Al Azhar, centro teológico del islam sunní, denunció la violencia en un encuentro con las autoridades y rindió homenaje a los mártires coptos en la iglesia de San Pedro.

En la primera intervención de un Papa en el centro teológico de mil doscientos millones de musulmanes sunníes, Francisco afirmó vigorosamente que «los líderes religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia disfrazada de presunta sacralidad».

Hablando a los participantes en la Conferencia Internacional de Paz organizada por la Universidad de Al Azhar para deslegitimar frontalmente los fundamentalismos religiosos, el Papa invitó a denunciar «todo intento de justificar cualquier forma de odio en nombre de la religión, y condenarlo como una falsificación idolátrica de Dios».

Una y otra vez, los maestros del islam y los participantes cristianos y judíos aplaudían con entusiasmo frases que no dejaba ningún resquicio a los asesinos y se expresaba en términos religiosos como «Su nombre es Santo. Dios es paz. Por tanto, solo la paz es santa, y no se puede perpetrar ninguna violencia en nombre de Dios, pues sería profanar su nombre».

Aunque estos pronunciamientos en el centro de referencia teológica de los musulmanes no desarman a los terroristas, al menos les quitan toda legitimidad religiosa y disminuyen su capacidad de convocatoria entre jóvenes idealistas.

A tenor de los discursos del gran imán de la Universidad de Al Azar, Ahmed al Tayyeb, y del Papa, los yihadistas son, sencillamente, falsificadores de la religión, personas mentirosas que falsean el mensaje de Mahoma y de los que nadie se debe fiar. En este cuadro, «la religión no es un problema, sino que forma parte de la solución».

En varios pasajes de su discursos, el Papa puso el acento en la necesidad de educar para la paz a las nuevas generaciones, pues «del mal solo sale el mal, y de la violencia solo sale la violencia».

Según Francisco, «es necesario educarles a la apertura y al diálogo sincero con los demás, a reconocer los derechos y las libertades fundamentales de los demás, especialmente la libertad religiosa».

Paradoja contemporánea
Ese es el mejor camino para ser «constructores de civilización», pues «para hacer frente a la barbarie que airea el odio e incita a la violencia, es necesario formar generaciones que hagan frente a la lógica incendiaria del mal con el paciente cultivo del bien».

Retomando ideas de Benedicto XVI, quien propuso una «sana laicidad» en su exhortación apostólica de 2012 «Iglesia en Medio Oriente», el Papa hizo notar una paradoja contemporánea: mientras algunos «intentan relegar la religión a la esfera privada», otros pretenden «borrar la distinción entre la esfera religiosa y la política» creando sistemas teocráticos o imponiendo leyes religiosas como normas civiles.

En tierra egipcia, Francisco citó el Decálogo recibido por Moisés en el Monte Sinaí y que incluye el mandamiento de «no matarás», pues «Dios ama la vida, nunca deja de amar al hombre y por eso lo exhorta a frenar los caminos de la violencia».

La parte final de su discurso fue una invitación a promover la paz de modo coherente, pues «nosotros los cristianos no podemos invocar a Dios como Padre de todos los hombres si rechazamos comportarnos como hermanos respecto a algún grupo de hombres creados a imagen de Dios». Esas palabras de la declaración «Nostra Aetate» del Concilio Vaticano II, arrancaron un fuerte aplauso igual que tantas otras muy directas como «hoy tenemos necesidad de constructores de paz, no de provocadores de conflictos; de bomberos y no de incendiarios».

Fuera ya del terreno religioso, Francisco invitó a combatir las bolsas de pobreza y explotación, «donde crecen más fácilmente los extremismos» y a «bloquear los flujos de dinero y de armas hacia quienes fomentan la violencia». Con valentía, declaró necesario «frenar la proliferación de armas», pues «solo dejando claras las turbias maniobras que alimentan el cáncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales». Es una tarea que corresponde a «los responsables de las naciones, de las instituciones y de la información».

En sus palabras de saludo los participantes en la Conferencia Internacional de Paz y de especial agradecimiento al Papa, el gran imán de la Universidad de Al Azhar hizo notar que ni el Islam, ni el judaísmo ni el cristianismo son religiones violentas aunque, por desgracia, haya terroristas en cada una de ellas. Lo importante es hacer frente juntos a las políticas de hegemonía y de «choque de civilizaciones».

El Papa, que había visitado al presidente Abdel Fattah al Sisi en el palacio presidencial en su camino desde el aeropuerto hacia la Universidad de Al Azhar, volvió a reunirse con el mandatario egipcio en el encuentro con las autoridades y el cuerpo diplomático.

Francisco invitó a «repudiar toda ideología del mal, de la violencia y toda interpretación extremista que ultraja el nombre de Dios». Y en un clarísimo elogio, se dirigió a Al Sisi para decirle: «Usted, señor presidente, ha hablado de esto muchas veces y en varias circunstancias con una claridad que merece escucha y aprecio».

Francisco celebra hoy sábado una misa en el gran estadio de la Fuerza Aérea y un encuentro con sacerdotes y religiosos antes de regresar a Roma.

Juan Vicente Boo</span></span>


abc.es

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02:35

 “Confesamos no comprender cómo no está la Reina Isabel la Católica en la nómina de los escogidos”[1]

Parece que el siglo XX removió las conciencias españolas y americanas, y recordó que la mujer gracias a la cual España podía aún santiguarse no había llegado a los Altares.

¿Por qué el primer siglo del nuevo milenio abriría de este modo los brazos a la Reina Católica? ¿Acaso se acabaron de golpe los motivos prudenciales y burocráticos? No lo creemos así.

Para poder responder a nuestra pregunta,  recuramos a la Historia, ¿qué sucedía en la Península Ibérica para aquella época?

El proceso de Isabel la Católica se abrió en el año 1958. Para entonces España vivía una época de reencuentro con ella misma. ¿Reencuentro con ella misma? ¿Qué significa esto?

El siglo XVIII, significó para España un cambio esencial. Hasta ese momento había sido gobernada por diferentes dinastías, cada una con sus matices y sus características propias, pero todas españolas y, sobre todo, cristianas.  En este siglo llegará al trono de España una dinastía que no será española y tampoco será del todo cristiana. Hablamos de la casa de Borbón.

Esta casta se asentó en trono de España trayendo una gran influencia de las ideas liberales que por entonces rebullían en Francia. Así, no es de sorprender que cuando en el país vecino estallara la Revolución Francesa a fines del siglo, los borbones hicieron su máximo esfuerzo por empapar a España de las nuevas ideas. Y así poco a poco, España se fue olvidando de sí misma. Se volvió en contra de su rey y de su Dios. El siglo XX la sorprenderá borracha de ideologías y falta de sentido.

Sobrevino para el mundo la Primera Gran Guerra, y con ella la decepción del liberalismo. La realidad había dado por tierra las absurdas ideas de libertad, igualdad y fraternidad. El hambre, la miseria, la muerte diaria eran las “ideas” que ahora reinaban. Con la caída del liberalismo, otro enemigo de la fe (y por lo tanto de España) surgiría: en Rusia las ideas de Marx se hacían carne en una cruenta revolución que dejaría secuelas en todo el mundo. Estas ideas llegaron hasta la hispánica Península y entonces parecía que los españoles  iban a renegar por completo de su Patria.

Y así es como, cuando España parecía tocar fondo; cuando se insultaba por las calles públicamente a Dios y a la Patria; cuando ridículamente, aquel país que había dado a luz a tantos santos se ponía de rodillas ante el mundo, olvidando a su Dios; surgió un movimiento desde el subsuelo español. Había algo, que hasta entonces dormitaba en las entrañas del otrora Imperio Español. La España de Isabel y Fernando, nunca había muerto y despertaba de a poco, ahora con el nombre de Falange y vestida con una camisa azul. 

¿Qué fue la Falange Española? Fue un movimiento, iniciado por José Antonio Primo de Rivera, desde el corazón de la Patria que rescataba nuevamente los valores de la España cristiana. Este movimiento tomaba el mismo símbolo que anteriormente usaran los Reyes Católicos: el yugo y las flechas, indicando así, la verdadera esencia de España.

La Falange logró, junto con otros movimientos nacionalistas y auténticamente españoles, evitar que el marxismo se asentase en el gobierno de España y puso en su lugar a un hombre llamado Francisco Franco, quien en calidad de dictador, llevará a cabo una recuperación material, moral y espiritual de España. Esto sucedía en el año 1939 y  su estabilidad en el poder duró hasta 1973.

Pues bien, es durante su gobierno que se abre la causa de beatificación de Isabel I, de España.

¿Casualidad? No lo creemos así. Muchas canonizaciones, a lo largo de la historia han estado íntimamente relacionadas con la política. Con la política de los países y con la política de la Iglesia.

¿Política de la Iglesia? Por supuesto. No cualquier Papa hubiera dado inicio a la causa que tantos retrasos prudenciales y burocráticos había tenido. Pío XII lo hizo. Un Papa profundamente enamorado de su fe y de su Dios, que condujo la barca de Pedro  por las borrascosas aguas del siglo XX. Fue este Papa quien, poco tiempo antes de morir, quiso reconocer la santidad de la mujer con culpa original más grande que cielo haya dado a la tierra; y así dio inicio a esta causa, que hacía siglos debería haber terminado.

Dos datos fundamentales: la causa de Isabel la Católica fue iniciada durante el gobierno de Franco y bajo el pontificado de Pío XII. A no olvidar las circunstancias, pues, que nos arrojan un rayo de luz bastante clarificador.

Pero dejémonos ya de explicaciones y pasemos a conocer cómo es que la causa de nuestra Reina fue iniciada.

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Estábamos iniciando el siglo XX…

En el año 1904 tenemos la primera noticia de la causa de beatificación. En la ciudad de Santiago de Compostela, el entonces Arzobispo, fray Zacarías Martínez, sugirió  (no sabemos si por vez primera)[2] que se abra la causa de beatificación de Isabel la Católica.

La Real Academia de Historia y de la Universidad de Madrid le brindaron su apoyo incondicional. De manera especial lo hicieron el rector, Pío Zabala y el catedrático de Historia, don Fernando Brieva.

La ciudad de Granada, no podía permanecer indiferente ante semejante iniciativa. Quien recibiera por parte de la Reina la libertad de persignarse no podía menos que acudir y rogar para que su madre fuera subida a los altares. Es por esto que Monseñor Casanova, cardenal-arzobispo de la susodicha ciudad, se encargó de los sondeos diplomáticos con Roma, que duraron casi 20 años.

Recién en 1929, con ocasión de celebrarse el Congreso Mariano Hispanoamericano en Sevilla, se planteó de forma pública la beatificación de la Reina Isabel I, de Castilla.

Veinte años más transcurrieron hasta que la causa logró un nuevo avance. En 1951, don José Ibáñez Martínez, ministro de educación para la fecha, viajó al Vaticano para entrevistarse con monseñor Tardini y con monseñor Montini (futuro Pablo VI), a quienes presenta las actas del Congreso Femenino Hispanoamericano, en las cuales numerosas asociaciones de mujeres católicos de los dos continentes comprometidos, pedían la beatificación de la Reina Isabel[3].

Todos estos pedidos llegaban a Roma desde el continente que viera nacer a la Reina que proclamaban santa. Sin embargo, Europa no iba a poder por sí sola alcanzar la quimera que se proponía. Posiblemente si América no se hubiese plegado a la iniciativa, poco y nada se hubiese logrado.

Cinco años más tarde (1956), en la ciudad de Metán, (provincia de Salta, Argentina) una joven scout llamada Bertha Bilbao Richter, comenzó las gestiones burocráticas para pedir desde la Argentina la beatificación de Isabel la Católica.

La muchacha estudiante de Filosofía y Letras, que contaba tan solo con dieciocho años, escribió en la fecha del aniversario de la llegada de Colón a América una extensa carta al entonces Sumo Pontífice, Pío XII, rogando se diera inicio al proceso de beatificación de la Católica Reina Española. En ella expresaba:

            El cristianismo lo llevo profundamente arraigado en el corazón (…) hace muchos años que pienso, medito y pido a Dios… para que se cumpla un acto de justicia con la mujer que mayor gravitación ha tenido en los destinos de la Humanidad; me refiero a la Reina Isabel la Católica, cuyo solo recuerdo, estoy segura, conmoverá las fibras más delicadas de su corazón (…) quedo en paz con mi conciencia al implorar este mi pedido[4].

El Papa envió esta carta a Valladolid escribiendo al dorso de la misma: “Postulatoria per Regna Isabella d’Spagna”. El proceso comenzaría.

Los primeros meses de 1957 llegarían sonrientes a Valladolid y febrero traería una magnífica carta desde Roma para el Sr. Arzobispo de la ciudad, Mons. José María Goldázar, en la cual Su Santidad le manifestaba:

                        …después de haber sondeado ante diversas Cancillerías hispanoamericanas y por indicación de la Cancillería Argentina, tengo el alto honor de dirigirme a su Ilustrísima, para pedirle muy respetuosamente, quiera iniciar los trámites legales para la canonización (…) puede decirse que un Continente ha sido producto de la fe de la Reina Isabel y que veintiuna Naciones libres, soberanas e independientes y democráticas… han heredado su religión y la veneran como a la Reina Madre de América[5].

Así es como por fin, el 03 de mayo de 1958, se abrió el proceso en Valladolid, por ser éste el lugar de su muerte y de esta forma se establece que sea, nombrando a Don Vicente Rodríguez Valencia (canónigo, archivero de Valladolid) postulador oficial de la Causa.

Queremos resaltar y aclarar que sin la carta de la señorita argentina Bilbao, el proceso de beatificación difícilmente hubiese sido abierto[6]. El entonces postulador es quien dio testimonio de ello:

El Sr. Arzobispo, don José García Goldáraz, nos dijo particularmente varias veces, y públicamente en Medina del Campo en 1966, que a pesar de las instancias que estaba recibiendo por entonces en España con este mismo fin, la carta de la señorita argentina Bertha Bilbao, le había inclinado definitivamente a iniciar esta Causa; es decir, a hacer los sondeos que hizo en Roma ese mismo año de 1957 con motivo de su visita “ad Limina” que dieron por resultado la apertura de la Causa en Valladolid, en mayo de 1958[7].

Ese mismo año se constituyó un cuerpo de investigación histórica para examinar todos los documentos necesarios. En total ocho miembros especialistas en historia trabajaron arduamente para revisar todas las fuentes necesarias. Para ello se investigó el Archivo General de la Corona de Castilla, el Archivo de la Corona de Aragón, el Archivo Histórico Nacional de Madrid, el Archivo General de las Indias, Archivos Municipales (Ávila, Burgos, Sevilla, Murcia, Cáceres, etc.), dos especiales archivos del “Patronato Nacional”, el archivo particular de la fortaleza del Duque de Frías, el Archivo Secreto del Vaticano, y se ha indagado en toda aquella documentación dispersa no registrada en archivo alguno, sino en posesión de particulares.

En total se examinaron más de 100.000 documentos, de los cuales 3.160 fueron seleccionados y encuadernados en  27 tomos[8], el primero de ellos con dos volúmenes, que conforman la Documentación de la Causa. Los peritos encargados de la investigación han declarado que si bien puede hallarse nueva documentación sobre la Reina, están seguros  de que ésta no afectaría en lo más mínimo el contenido de la pesquisa realizada. Los demás colaboradores también dan testimonio de la seriedad con que se ha trabajado en la investigación, resultando ésta auténtica, íntegra, no adulterada ni interpolada y digna de fe.

El trabajo de los historiadores se vio terminado en el año 1970, (en total duró doce años) dando como resultado los 27 volúmenes ya mencionados.  El 26 de noviembre del siguiente año, se constituyó el tribunal diocesano (en Valladolid)  y se abrió el llamado Proceso Diocesano. Al año siguiente se concluyó dicho proceso y el postulador, junto con el Dr. Vidal Gonzáles Sánchez, secretario del proceso diocesano, entregaron el Trasunto del Proceso y la documentación histórica a monseñor Frutaz, entonces rector general de la Congregación para las Causas de los Santos.

El 20 de noviembre de 1972 se abrió el Proceso Canónico Apostólico. Unos días antes el Revmo. P. Anastasio Gutierrez (C.M.F) es nombrado Postulador de la Causa. Éste, junto con el R.P. José María Gil, será el autor de la Positio super vita, virtutibus et fama sanctitatis ex officio concinnata[9]. Esta Posición histórica, será realizada a raíz de la extensísima masa documental que rodea la causa de nuestra Sierva de Dios. Ante la imposibilidad de exponer a los miembros de la Congragación los 27 volúmenes que la conforman, es que se ha realizado este “resumen” de los mismos, exponiendo en capítulos el contenido de cada volumen e incluyendo al final de cada uno un apéndice con los documentos más importantes del tema.[10]

El 30 de marzo de 1974 se aprobó la “Positio super scriptis”. Así la Reina es felizmente declarada “Sierva de Dios”.

En 1990 se presentó la Positio histórica super vita, virtutibus et fama sanctitatis ex officio concinnata, y la misma es aprobada como “auténtica, completa y apta para juzgar sobre las virtudes y fama de santidad”, y es elogiada unánimemente por los consultores de la Sección Histórica de la Congregación para las Causas de los Santos.

Desde entonces nuestra causa sufrirá el ostracismo. En 1991 el Arzobispado de Valladolid pidió que se impulsara la causa y lo mismo hizo dos años más tarde el Cardenal Ángel Suquía, presidente de la Conferencia Episcopal Española. Ese mismo año, 22.000 cartas postulatorias de instituciones y particulares llegaron a Roma con el mismo fin. Como respuesta, el postulador recibió una desalentadora carta de la Secretaría de Estado, diciendo: “Por lo que hace a la causa en cuestión, las circunstancias (no aclara cuáles) aconsejan profundizar algunos aspectos del problema, tomando un tiempo conveniente de estudio y reflexión[11].

En 1997 se reiteró la petición para agilizar la causa de Isabel la Católica. Monseñor Delicado Baeza envío una carta al papa Juan Pablo II en la que “ruega humildemente a V. Santidad que sean reconsideradas las razonas por las que se llegó a la suspensión de la Causa (…), sin tener noticia alguna sobre los motivos de dicha suspensión”[12].

La respuesta que se recibió no fue más alentadora que la anterior: “Debo comunicarle que actualmente subsisten aún los motivos que en su momento aconsejaron posponer por ahora la prosecución de dicha Causa”[13].

Llegó para el mundo un nuevo siglo y la forjadora de cultura Hispanoamericana aún aguardaba su más que merecida beatificación. Las peticiones hacia Roma se renovaron. En el año 2001, con motivo de aproximarse el quinto centenario del fallecimiento de la Reina, el ruego se volvió más insistente. El Arzobispo de Madrid, monseñor Antonio María Rouco Varela, dirigió una nueva carta al Santo Padre: “si lo considera oportuno, tenga a bien ordenar la prosecución de la Causa de canonización de la Sierva de Dios, Isabel I, Reina de Castilla y León”[14] .

Esta vez, la respuesta fue algo más prometedora: “Una vez vista por Su Santidad, ha sido solícitamente transmitida a la Congregación para las Causas de los Santos para el conveniente examen”[15].

La última noticia significativa sobre la Causa vino de Roma por el Vicario General del Arzobispado de Valladolid, Vicente Vara Sanz y el nuevo postulador de la causa, el Padre Rafael Serra Bover, a quienes se les aseguró en su visita a la Congregación de las Causas de los Santos, por boca del cardenal prefecto, Mons. José Saraiva Martins, que la Causa de la Reina Isabel “no está parada, camina”[16].

La Causa, que se encuentra en la página 82 del Index ac Status Causarum se halla pendiente del dictamen de la Comisión Teológica. Si éste fuera favorable, pasaría a la Congregación de Cardenales y Prelados, la cual informaría al Papa para su decisión final[17].

Ni la Positio de la Reina, ni la página web de la Comisión “Isabel la Católica” para la Causa de Beatificación de la Reina, ofrecen noticias recientes acerca del avance o retroceso de la Causa de nuestra Reina.

Considerando que nos hallamos a quince años de distancia de la última noticia, hemos recurrido a diarios, artículos de opinión y diferentes entrevistas para averiguar los interrogantes que fueron planteados como nuestra hipótesis: ¿Qué ha sucedido desde el año 2002 hasta la fecha con la Causa? ¿Qué sucedió en el año 2004, al celebrarse el quinto centenario de la muerte de la Reina? ¿Cuáles son los motivos de que el Proceso avance tan lentamente? ¿Avanza el Proceso?

Es a raíz de estas preguntas que nos encontraremos con los hombres pertenecientes a la raza escogida por Dios. El pueblo judío nunca logró entender ni perdonar el accionar de Isabel para con ellos en Castilla.

El resentimiento hacia la Reina, fue trasmitido de generación en generación, y así es que cinco siglos después de tal hecho, se opusieron abiertamente a la canonización de Isabel la Católica, culpándola de antisemita y xenofóbica.

¿Es realmente la opinión del pueblo judío respecto a Nuestra Sierva de Dios el impedimento fundamental para su causa de canonización? ¿Todavía no olvidan los hebreos su expulsión de España en 1492? De estos temas nos ocuparemos en el siguiente capítulo, al tratar de dar respuesta a las preguntas que nos desvelan.

Prof. Magdalena Ale

continuará



[1] Modesto Lafuente. Cfr. Vizcaíno Casas, Fernando. Op. Cit., P. 185.

[2] Posiblemente en los siglos anteriores haya habido intentos de llevar la Reina a los altares, pero no tenemos ninguna noticia sobre esto.

[3] Conf. Vizcaíno Casas, Fernando Op. Cit. P. 185.

[4]Extraído de: Rodríguez Valencia, Vicente. (Octubre, 2012). Así comenzó el proceso. Boletín digital Reina Católica, 31, P. 1.

[5]Ibídem, P. 1-2.

[6] Sin embargo en la Positio Canónica de Isabel la Católica, no se hace mención a la carta al comentar el inicio del proceso. Quizá el actual postulador Anastasio Gutiérrez no la consideró de mayor importancia. El afirma que “el Arzobispo de Valladolid (…) consulta al prefecto de la S. Congregación de Ritos (…) sobre la eventual introducción de la causa de la Reina Católica”. Cf. Positio historica super vita, P. XXI.

[7] Rodríguez Valencia, Vicente. Op Cit. P. 2.

[8]  Los tomos I, II, III y XXIV recogen los escritos de la Reina; el tomo IV contiene la documentación de la vida de la Infanta Isabel hasta su casamiento; el tomo V, el matrimonio, la proclamación como Reina y la guerra de sucesión contra Portugal, el tomo VI se trata la paz con Portugal y el perdón a los vencidos castellanos, en el tomo VII las declaratorias hechas por mandato de la Reina en las cortes de Toledo (la recuperación del Patrimonio Real); en el tomo VIII, la reforma religiosa del episcopado, la cruzada de granada y el establecimiento de la Inquisición en Castilla; en el tomo IX, la expulsión de los judíos de Castilla; en el tomo X, la reforma de las Órdenes Religiosas; en el tomo XI, se vuelve al tema de Granada; en el tomo XII, los mudéjares de Castilla; en el tomo XIII, la evangelización del Nuevo Mundo; en el tomo XIV, la libertad del aborigen; en los tomos XV y XVI, la fama de Santidad; en el tomo XVI, la audiencia de los descargos de la conciencia de la Reina; en el tomo XVIII, la austeridad de la corte y de la misma Reina; en el tomo XIX, las cédulas de la Cámara (libros 1-5); en el tomo XX, las cédulas de la Cámara (libro 6); en el tomo XXI, la Corte de Isabel la Católica; en el tomo XXII, la muerte de la Reina; en el tomo XXIII, la testamentaría de Isabel la Católica; en el tomo XXIV, el testamento, codicilo y capitulaciones de Santa Fe con Cristóbal Colón; en los tomos XXV y XXVI, las caridades y limosnas de la Reina; y en el tomo XXVII, la política internacional de la Reina.

[9] En un primer momento esta fue encargada al primer postulador, don Vicente Rodríguez Valencia, pero al fallecer en 1982 deja el trabajo en el segundo postulador y el ayudante mencionado, quienes hicieron la mayor parte de la labor.

[10] Este es el documento al cual hemos accedido y del cual nos hemos servido para toda nuestra investigación.

[11]www.reinacatolica.com (página web de la Comisión Isabel la Católica para la Causa de Beatificación de la Reina) Fecha de consulta: 29/01/2015. Las negritas nos pertenecen.

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