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09:16

–«Señor, enséñanos a orar»…

–También por la Virgen María, en Fátima, nos enseña Jesús a orar.

Las oraciones de Fátima son especialmente venerables, porque habiendo sido reconocidas por la Iglesia las apariciones, podemos creer que Dios nos las ha enseñado por medio de Ángel de la Paz o de la Santísima Virgen María. De hecho, no son pocos los cristianos que las rezan habitualmente. Merece, pues, la pena que las recordemos y comentemos.

* * *

—Oraciones del Ángel de la Paz

En la Memoria IV (1941), que escribió Sor Lucía sobre las apariciones de la Virgen en Fátima, refiere también las apariciones que los tres niños –Jacinta, Francisco y ella– tuvieron antes de un Ángel. «Debía ser en la primavera de 1916 cuando el Ángel se nos apareció por primera vez en nuestra roca del Cabezo» –una ladera a donde habían subido en busca de abrigo–.

«Después de merendar y rezar allí, empezamos a ver a cierta distancia, sobre los árboles que se extendian en dirección al naciente, una luz más blanca que la nieve, con la forma de un joven, transparente, más brillante que un cristal atravesado por los rayos del sol. A medida que se aproximaba ibamos distinguiendo sus facciones. Estábamos sorprendidos y medio absortos. No decíamos ni palabra. Al llegar junto a nosotros, dijo: –No temáis. Yo soy el Ángel de la Paz. Orad conmigo.

Y arrodillándose en tierra, inclinó la frente hasta el suelo. Transportados por un movimiento sobrenatural, le imitamos y repetimos las palabras que le oíamos pronunciar.

Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no os aman.

Después de repetir esto por tres veces, se levantó y dijo: –Orad así. Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas… Y desapareció».

Recordemos que las intervenciones más solemnes de Dios entre los hombres vienen a veces precedidas por los ángeles que Él envía. Así lo vemos en la Sagrada Escritura; por ejemplo, en la vocación de Isaías (Is 6); en el Templo a Zacarías (Lc 1,11), en el sueño de San José (Mt 1,20), en la anunciación de Gabriel a María (Lc 1,26), en el ángel que se aparece a los pastores en la noche (Lc 2,9), antes de la huída a Egipto (Mt 2,13), etc. Así quiso Dios también que las apariciones de la Virgen en Fátima fueran precedidas de tres apariciones del Ángel de la Paz.

Refiere Sor Lucía en la misma Memoria IV que en una segunda aparición, en la soledad del campo, «vimos al mismo Ángel junto a nosotros»:

«–¿Qué hacéis? Orad, rezar mucho. Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.

–¿Y cómo nos hemos de mortificar?, pregunté. –De todo lo que podáis, ofreced un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Ángel de su Guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo aceptad y soportar con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe».

En una tercera aparición, también en la soledad del campo, el Ángel «se nos apareció portando en la mano un Cáliz y sobre él una Hostia… Se postró en tierra y repitió tres veces la oración:

Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María, os pido la conversión de los pobres pecadores».

* * *

—Oraciones de la Virgen María

Como ya vimos en al artículo anterior, la Virgen recomendó el rezo diario del Rosario en casi todas sus apariciones. Pero también recuerda Sor Lucía, en la Memoria IV, que en su tercera aparición (13 julio 1917), les dijo a los tres niños videntes:

«Sacrificaos por los pecadores, y decid muchas veces, en especial cuando hagais algun sacrificio: “Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”».

Y en la misma aparición, Nuestra Señora les mandó también:

«Cuando recéis el rosario decid, al final de cada misterio: “Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas”».

—Oración y consagración en Fátima del papa San Juan Pablo

Todos los Papas habidos en estos últimos cien años han manifestado siempre su devoción por la Virgen de Fátima, reconociendo la veracidad de sus apariciones, dedicándole homilías, documentos diversos, y también oraciones. Entre ellos destaca el papa Juan Pablo II, que aludiendo en una Audiencia General (14-X-1981) al «evento del 13 de mayo» de 1917, lo consideró como «la gran prueba divina».

Cuando fue constituido Sucesor de Pedro, leyó la documentación completa de los sucesos de Fátima, custodiados todos en el Archivo del Santo Oficio, también por supuesto los dirigidos y reservados al Papa. El fragmento textual que reproduzco ahora está tomado del documento El mensaje de Fátima, publicado por la Congregación de la Doctrina de la Fe (26-VI-2000) y firmado por su Prefecto, el cardenal Ratzinger. Los subrayados son del original.

* * *

1981

«Como es sabido, el Papa Juan Pablo II pensó inmediatamente en la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de María y compuso él mismo una oración que la definió como “Acto de consagración”, que se celebraría en la Basílica de Santa María la Mayor el 7 de junio de 1981, solemnidad de Pentecostés. […] Estando ausente el Papa por fuerza mayor, se transmitió su alocución grabada. Citamos el texto que se refiere exactamente al acto de consagración:

«Madre de los hombres y de los pueblos, tú conoces todos sus sufrimientos y sus esperanzas, tú sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que sacuden al mundo, acoge nuestro grito dirigido en el Espíritu Santo directamente a tu Corazón y abraza con el amor de la Madre y de la Esclava del Señor a los que más esperan este abrazo, y, al mismo tiempo, a aquellos cuya entrega tú esperas de modo especial. Toma bajo tu protección materna a toda la familia humana a la que, con todo afecto a ti, Madre, confiamos. Que se acerque para todos el tiempo de la paz y de la libertad, el tiempo de la verdad, de la justicia y de la esperanza».

«Pero el Santo Padre, para responder más plenamente a las peticiones de “Nuestra Señora”, quiso explicitar durante el Año Santo de la Redención el acto de consagración del 7 de junio de 1981, repetido en Fátima el 13 de mayo de 1982. Al recordar el fiat pronunciado por María en el momento de la Anunciación, en la plaza de San Pedro el 25 de marzo de 1984, en unión espiritual con todos los Obispos del mundo, precedentemente “convocados”, el Papa consagra a todos los hombres y pueblos al Corazón Inmaculado de María, en un tono que evoca las angustiadas palabras pronunciadas en 1981.

1984

«Madre de los hombres y de los pueblos, tú que conoces todos sus sufrimientos y esperanzas, tú que sientes maternalmente todas las luchas entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas que invaden el mundo contemporáneo, acoge nuestro grito que, movidos por el Espíritu Santo, elevamos directamente a tu corazón: abraza con amor de Madre y de Sierva del Señor a este mundo humano nuestro, que te confiamos y consagramos, llenos de inquietud por la suerte terrena y eterna de los hombres y de los pueblos.

«De modo especial confiamos y consagramos a aquellos hombres y aquellas naciones, que tienen necesidad particular de esta entrega y de esta consagración.

«¡Nos acogemos bajo tu amparo, Santa Madre de Dios!

«¡No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades!

«Acto seguido, el Papa continúa con mayor fuerza y con referencias más concretas, comentando casi el triste cumplimiento del Mensaje de Fátima:

«He aquí que, encontrándonos hoy ante ti, Madre de Cristo, ante tu Corazón Inmaculado, deseamos, junto con toda la Iglesia, unirnos a la consagración que, por amor nuestro, tu Hijo hizo de sí mismo al Padre cuando dijo: “Yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad” (Jn 17,19). Queremos unirnos a nuestro Redentor en esta consagración por el mundo y por los hombres, la cual, en su Corazón divino tiene el poder de conseguir el perdón y de procurar la reparación.

«El poder de esta consagración dura por siempre, abarca a todos los hombres, pueblos y naciones, y supera todo el mal que el espíritu de las tinieblas es capaz de sembrar en el corazón del hombre y en su historia; y que, de hecho, ha sembrado en nuestro tiempo.

«¡Cuán profundamente sentimos la necesidad de consagración para la humanidad y para el mundo: para nuestro mundo contemporáneo, en unión con Cristo mismo! En efecto, la obra redentora de Cristo debe ser participada por el mundo a través de la Iglesia.

«Lo manifiesta el presente Año de la Redención, el Jubileo extraordinario de toda la Iglesia.

«En este Año Santo, bendita seas por encima de todas las creaturas, tú, Sierva del Señor, que de la manera más plena obedeciste a la llamada divina.

«Te saludamos a ti, que estás totalmente unida a la consagración redentora de tu Hijo.

«Madre de la Iglesia: ilumina al Pueblo de Dios en los caminos de la fe, de la esperanza y de la caridad. Ilumina especialmente a los pueblos de los que tú esperas nuestra consagración y nuestro ofrecimiento. Ayúdanos a vivir en la verdad de la consagración de Cristo por toda la familia humana del mundo actual.

«Al encomendarte, oh Madre, el mundo, todos los hombres y pueblos, te confiamos también la misma consagración del mundo, poniéndola en tu corazón maternal.

«¡Corazón Inmaculado! Ayúdanos a vencer la amenaza del mal, que tan fácilmente se arraiga en los corazones de los hombres de hoy y que con sus efectos inconmensurables pesa ya sobre la vida presente y da la impresión de cerrar el camino hacia el futuro.

«¡Del hambre y de la guerra, líbranos!

«¡De la guerra nuclear, de una autodestrucción incalculable y de todo tipo de guerra, líbranos!

«¡De los pecados contra la vida del hombre desde su primer instante, líbranos!

«¡Del odio y del envilecimiento de la dignidad de los hijos de Dios, líbranos!

«¡De toda clase de injusticias en la vida social, nacional e internacional, líbranos!

«¡De la facilidad para pisotear los mandamientos de Dios, líbranos!

«¡Del intento de ofuscar en los corazones humanos la verdad misma de Dios, líbranos!

«¡Del extravío de la conciencia del bien y del mal, líbranos!

«¡De los pecados contra el Espíritu Santo, líbranos!¡líbranos!

«Acoge, oh Madre de Cristo, este grito lleno de sufrimiento de todos los hombres. Lleno del sufrimiento de sociedades enteras.

«Ayúdanos con el poder del Espíritu Santo a vencer todo pecado, el pecado del hombre y el “pecado del mundo”, el pecado en todas sus manifestaciones.

«Aparezca, una vez más, en la historia del mundo el infinito poder salvador de la Redención: poder del Amor misericordioso. Que éste detenga el mal. Que transforme las conciencias. Que en tu Corazón Inmaculado se abra a todos la luz de la Esperanza».

«Sor Lucía confirmó personalmente que este acto solemne y universal de consagración correspondía a los deseos de Nuestra Señora («Sim, està feita, tal como Nossa Senhora a pediu, desde o dia 25 de Março de 1984»: «Sí, desde el 25 de marzo de 1984, ha sido hecha tal como Nuestra Señora había pedido» (carta del 8-XI-1989). Por tanto, toda discusión, así como cualquier otra petición ulterior, carecen de fundamento».

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

 

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Después del teatro de la “victoria” de Maduro, el régimen organizó una caravana de motocicletas por el centro para celebrarlo. La dictadura no logró la presencia de más de cien siervos en esa demostración de apoyo.

Una minicaravana recorriendo el centro de una capital desolada de calles desiertas: impresionante escena.

Mientras, en la televisión, una fiesta donde bailaron y celebraron. En cualquier país del mundo, incluidas las dictaduras, con 16 muertos ese día por la represión, o se hubiera decretado luto nacional o el presidente hubiera recogido todas sus pertenencias para subirse a un helicóptero.

Lo malo de un túnel largo es que cuando uno está dentro, no se sabe cuánto queda hasta el final. Todo aparece oscuro y, de pronto, sin que uno lo esperara: sale a luz. Todo estaba oscuro y, repentinamente: ¡la oscuridad ha pasado!

Sé que el Mal parece demasiado poderoso, sé que todo parece demasiado atado, que las cadenas de hierro parecen inquebrantables. No importan las protestas que hagamos. No importa que nos muramos de hambre. A ese tirano le es igual. A ese dictador le es indiferente el clamor de toda una nación.

Sí, es así. Lo ha dejado claro. Pero os repito las palabras de Dios que ya os dije, salmo 37:

No te inquietes por a causa de los malvados, no envidies a los que hacen injusticia. Pues aridecen presto como el heno, como la hierba tierna se marchitan. Ten confianza en Dios y obra el bien. (...)

Confía tu camino a Dios, que Él obrará. Hará brillar como la luz tu justicia, y tu derecho igual que el mediodía. (...) 

Pues serán extirpados los malvados, mas los que esperan en Dios poseerán la tierra. Un poco más, y no hay impío, buscas su lugar y ya no está. (...)

El impío maquina contra el justo, rechinan sus dientes contra él; el Señor de él se ríe, porque ve llegar su día. 

Tranquilos. Un poco más y buscaréis su lugar y no lo encontraréis. Es una lucha titánica, lo sé. Pero ni todas las músicas de sus fiestas ni todos los apretones de manos, felicitándole, ni las palmadas en la espalda acallan la voz que le recuerda en su interior, en voz muy baja: se te acaba el tiempo.

Hoy mi post no es sólo de palabras. Hay una parte de lo que os quiero transmitir que sólo puedo hacerlo con la música. Es la pista “Storm” de la película Elizabeth, the Golden age.


Cuando la escuchéis, observad que hay un susurro de voces bajito antes de la explosión. Siete segundos de voces femeninas que, como ángeles, anuncian la inminencia de la Justicia Divina.

Después, tras el preámbulo, esa justicia no actúa de un modo teatral, a gritos: es la justicia del Cielo, no la humana. La música muestra como la Mano de Dios hace lo que tiene que hacer con firmeza incontenible. La música muestra esa fuerza, ese carácter de lo inevitable.


Y el Pueblo levantará sus ojos al Cielo y dirá: ¡ahora hemos visto actuar al Señor de cielos y tierra!

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Escribe Ignacio García de Leaniz: La advertencia de Tocqueville sobre el presentismo anejo a nuestras democracias y su tendencia a despreocuparse por el futuro, tiene a su vez directa consecuencia en la estructura y proyección demográfica de un país.
Cuando Tocqueville visita en 1833 Estados Unidos para estudiar su sistema penitenciario, trasciende su misión oficial para acabar analizando todo el régimen democrático americano. De donde nace su clásico La democracia en América, en la que hay una observación de mucha vigencia hoy. Esa en la que Tocqueville comenta que la democracia borra tanto el pasado como el porvenir: "No sólo la democracia −escribe− hace olvidar a cada uno sus propios antepasados, sino que le oculta también sus descendientes". En tanto que asamblea de votantes vivos es lógico que los que ya han sido-los muertos- no puedan votar y queden al margen de las decisiones. Y que los que todavía no son, los por venir, tampoco: su capacidad de voto y por tanto de influencia política es igualmente nula. Por eso, deduce el pensador francés, la democracia es un magnífico sistema para gestionar el presente pero con serias dificultades para hacerlo con el eje pasado-futuro.

La advertencia de Tocqueville sobre el presentismo anejo a nuestras democracias y su tendencia a despreocuparse por el futuro, tiene a su vez directa consecuencia en la estructura y proyección demográfica de un país. Como aflora ahora en el invierno demográfico en que nos hallamos y que me parece que explica en parte el "inexplicable malestar" de Occidente. La frívola boutade de Keynes, tan frecuentemente citada, de que dentro de 100 años todos calvos, se puede explicar también porque el economista inglés no tenía ni hijos ni nietos. Como tampoco los tienen, dato elocuente, varios dirigentes europeos como MacronMay Merkel, entre otros. Pero si no hay conciencia del futuro, el aseguramiento de la supervivencia del género humano −al menos del hombre occidental− queda en entredicho. No es de extrañar que algunos cálculos realizados en Francia −tan atenta siempre a la cuestión demográfica− nos digan que de seguir así dentro de 250 años el actual homo europaeus −nosotros, en suma− se extinga. Algo que angustiaba a De Gaulle cuando contemplaba al final de su vida el despoblamiento de la campiña francesa. Y algo que sabe muy bien, nos guste o no, el Islam.
Y lo más sorprendente de esta tendencia, en la que, por ejemplo, cada nueva generación de españoles es en torno a un 35%-40% menor que la anterior, reside en que ni siquiera nos llama la atención. Al respecto, comentaba Alejandro Macarrón, gran especialista en nuestra despoblación, que en ninguna encuesta del CIS sobre los problemas de España ha figurado entre las respuestas el problema de nuestra falta de nacimiento de niños. Como tampoco se le ha mencionado en los discursos de Estado. No creo que ese fenómeno sea muy distinto en el resto de los países de Europa. De hecho, he escrito alguna vez que Tony Blair decía entre sus íntimos que esta cuestión sólo se podía mencionar en las grandes cumbres entre susurros a media voz, por no figurar en ninguna agenda y considerarse tabú. Se cumple así en el plano nacional y europeo aquella sentencia de Ortega de que son más importantes las cosas de las que no se habla que de las que se habla.
A este respecto, es mérito del profesor de La Sorbona Rémy Brague rastrear lúcidamente en su reciente libro Moderadamente moderno la conexión que hay entre la vocación democrática por el presente y el "nihilismo europeo" preconizado por Nietzsche Heidegger con la dramática caída de la natalidad en Francia y Occidente en general. Porque la renuncia europea a engendrar, esto es al porvenir, sólo se puede entender si previamente el concepto de "persona" como algo digno de venir a la existencia ha sido sustituido por el de un Dasein más o menos superfluo para quien el sentido de la vida y del mundo, del futuro en suma, resulta más afín a la nada que al ser. Nietzsche se dio perfecta cuenta del derrotero que iba a escoger Europa −propuesto por él en gran medida− cuando escribe aquel envite inquietante que vemos hoy cumplirse: "Evocar una decisión horrible: poner a Europa ante la decisión de saber si su voluntad quiere la extinción". Y me parece a mí que la cuestión ha alcanzado una gravedad tal, que ya tenemos que dar respuesta individual, social y política a la gran pregunta escamoteada: en la encrucijada en que nos hallamos, ¿queremos proseguir en la extinción de Europa o cabe hacer un vigoroso acto de reafirmación en que somos dignos de futuro?
La hondura de una crisis tal la previno ya con visionaria anticipación uno de nuestros grandes avisadores, T.S. Eliot, en La tierra baldía, sin duda, el poema más representativo de nuestro siglo XX occidental. Y cuya lectura o relectura aconsejo para comprender ese inexplicable malestar que está desolando a Europa. No es casualidad que la infertilidad europea sea el 'leitmotiv' que entrevera los cinco movimientos del poema, el primero de los cuales se titula significativamente El entierro de los muertos. Y resulta muy simbólico que el protagonista invisible del poema no sea otro que el Rey Pescador del ciclo artúrico, cuya esterilidad individual se corresponde con la perdida de fecundidad de su reino −Europa misma− que lo convierte en páramo yermo de naturaleza y nueva vida humana. Lo que el anciano Tiresias ve como verdadero espectador del poema es un continente agotado dominado por el tedio de Baudelaire y el nihilismo que nada aguarda: "Mi gente, humilde gente que no espera nada". Y de esa nada, nada se hace −salvo morir− como reza el adagio clásico.
Pero a la desolación que habita La tierra baldía podemos oponer como contrapunto el espléndido retrato de Ghirlandaio, muy europeo él, anciano con su nieto. Representa un noble florentino de cabellos canos en el atardecer de su vida con su nieto, de acaso cuatro o cinco años, en brazos. Tiene el abuelo, todo benevolencia, la nariz protuberante aquejada de rifima. El rostro del niño, en cambio, cumple en su rubia perfección el ideal de belleza del Renacimiento. Pero al nieto no parece importarle la tacha de su abuelo y le tira sus brazos menudos. De modo que las dos miradas −la de ayer al hoy y la del hoy al mañana− quedan enlazadas en el cuadro como si el memento nasci y el memento mori se llamarán recíprocamente con vocación de sentido. Y el niño mismo fuera lluvia que empapa y hace fértil y habitable la tierra yerma, como se presiente en el final del poema de Eliot. De manera que el cuadro todo, tan profundamente europeo, pareciera susurrarnos que el ser sigue siendo mejor y más digno que la nada, en refutación de este nihilismo de Nietzsche que nos está matando. Hora será de rebelarnos frente a su pobre tanatología. En nuestras manos está.
Ignacio García de Leániz, en elmundo.es.


La poca flexibilidad de unos médicos empeñados en que su apreciación era la única posible, la posterior judicialización del procedimiento, y la ideologización del caso tras su aparición en los medios han hecho que la voz de los padres, los más interesados en que se actuara en bien de Charlie, no haya sido valorada como debiera.

El caso de Charlie Gard, un bebé inglés con una enfermedad mitocondrial al que los médicos quieren retirar la respiración artificial en contra de la voluntad de sus padres, ha ocupado titulares en periódicos de todo el mundo en las últimas semanas. Lo más comentado ha sido el aspecto ético del caso: ¿cuál era realmente el mejor interés de Charlie: dejarle morir en paz, como recomendaba el hospital (el GOSH, en Londres), o probar un tratamiento experimental ofrecido por un médico estadounidense, como querían los padres? ¿Sería eutanasia lo primero? ¿O encarnizamiento terapéutico lo segundo?

La complejidad ética del caso deriva, en parte, de la médica. El Hospital que ha atendido a Charlie en los últimos meses ha defendido que los daños cerebrales producidos por la enfermedad eran irreversibles. También, que cualquier terapia alternativa a los cuidados paliativos sería inútil, pues no existían posibilidades reales de aumentar la calidad de vida del niño. Sin embargo, otros médicos señalaron que sí había margen de mejora, aunque la probabilidad no fuera grande, si se utilizaba una terapia con nucleósidos, que ya se ha ensayado con éxito en otros pacientes, aunque con un cuadro no exactamente igual al de Charlie.

Lo normal y lo extraño

La discrepancia “científica”, con su deriva ética, es totalmente normal. Hay que presumir que tanto los profesionales del GOSH como el neurólogo que ofreció el tratamiento experimental a los padres, Michio Hirano, buscaban lo mejor interés para el niño. Se entiende que los primeros defendieran su diagnóstico, basado en una gran experiencia profesional. También es comprensible, y loable, que Hirano, un reputado investigador, respondiera a la petición de los padres ofreciendo su ayuda. Todavía más entendible es que los padres de Charlie, Chris y Connie, se aferraran a esta posibilidad como a un clavo ardiendo.
Lo que no parece tan normal es lo que ha sucedido después. Por ejemplo, que el GOSH reaccionara a la petición de los padres de probar una terapia experimental pidiendo a un juez que le permitiera retirar la respiración artificial al niño, como si tuvieran prisa o temieran una actuación cruel por parte de los progenitores. No se entiende el argumento de que el tratamiento alargaría el sufrimiento del bebé; sobre todo, después de que el propio hospital señaló que, debido a los daños cerebrales, no era posible determinar si Charlie estaba sintiendo dolor. Connie, la madre, repitió varias veces que a ella no le parecía que su hijo sufriera.
Es cierto que, como señala Ian Kennedy en The Guardian, la opinión de los padres no tiene por qué ser la mejor, porque carecen de los conocimientos técnicos de los médicos, y pueden estar demasiado afectados sentimentalmente para emitir un juicio desapasionado. No obstante, en este tipo de situaciones, esa cercanía emocional de los progenitores, que difícilmente igualarán los médicos por muy atentos y sensibles que sean, es también una garantía de que el interés del menor estará por encima de todo.

Los derechos de los padres

Así lo explica Margaret Wente, una conocida columnista americana residente en Canadá, en un artículo publicado en The Globe and Mail. “Creo que, en general, deberían prevalecer los deseos de los padres. En estas decisiones importan tanto los valores y creencias como los conocimientos médicos. Por eso, no deben ser tomadas por jueces o parlamentos, sino por las personas cercanas que más quieren a los enfermos”.
Si bien los derechos de los padres no son absolutos, en el caso de Gard no se cumplen, a juicio de Wente, los criterios para tener que proteger al niño frente a sus progenitores: la actitud de estos no se puede calificar como abusiva o negligente. No se trata, por ejemplo, de unos padres que, debido a creencias infundadas, se oponen a que su hijo reciba un tratamiento necesario, arriesgando gravemente su salud. Pero Chris y Connie “solo querían ofrecer a Charlie una última oportunidad. Quizá la probabilidad de éxito fuera mínima, y la posible ganancia no mereciera la pena, pero eso es también hacer un juicio de valor. Y no es tu hijo. Además, los padres de Charlie no demandaban demasiado del sistema de salud; simplemente querían llevárselo a otro sitio, pagando el tratamiento de sus bolsillos. Es algo que la gente rica hace constantemente (Chris y Connie podían costeárselo gracias a las donaciones de particulares). El Estado, por muy buenas que fueran sus intenciones, debería haber liberado a Charlie”.

Suplantación de la patria potestad

Parecidos argumentos emplean Melissa Moschella, profesora de Ética Médica en la Universidad de Columbia, y Elisha Waldman, jefa de la división de pediatría paliativa en un hospital infantil de Chicago, que escribieron sobre el caso de Charlie en las páginas de USA Today y The New York Timesrespectivamente. Ambas coinciden con Wente en que aquí no concurrían las circunstancias que aconsejan limitar los derechos de los padres sobre sus hijos.
Ross Douthat, también en The New York Times, ha criticado duramente las actuaciones del hospital y los jueces en contra de los padres de Charlie. Al igual que los anteriores comentaristas, considera que se ha cometido una suplantación abusiva e injustificada de la patria potestad. Además, explica que, incluso desde un punto de vista exclusivamente científico, el desenlace ha sido contraproducente. Muchos avances médicos se han producido, precisamente, cuando se han explorado tratamientos que se consideraban innecesarios.
Ashya King es un ejemplo vivo de que la audacia médica y la pertinacia de los padres pueden ser beneficiosas para toda la comunidad científica. Como recordaba recientemente Joanna Sugden en The Wall Street Journal, en 2014, los padres de King, un chico de 5 años con un cáncer cerebral que estaba siendo tratado en un hospital inglés, decidieron llevárselo de allí sin permiso para que recibiera un tratamiento experimental en Praga. El gobierno inglés emitió una orden de captura y el matrimonio fue arrestado en España. Sin embargo, el juez les liberó y permitió que el chico recibiera la terapia, a pesar de que los médicos del hospital inglés señalaron que sería inútil Sin embargo, fue un éxito, y Ashya regresó a Inglaterra curado.

Un caso judicializado y mediatizado

Otro aspecto extraño del caso, que a la postre ha resultado negativo para los intereses de los padres, ha sido la judicialización del caso. Es cierto que, desde el momento en que los médicos del GOSH solicitaron al juez el permiso para desconectar a Charlie, en contra de los padres, este no tenía más remedio que sentenciar. Sin embargo, sorprende que las sucesivas instancias hayan razonado sus fallos –todos a favor del hospital– con argumentos más médicos que judiciales, entrando a valorar si la terapia alternativa iba en el mejor interés del menor.
Como comenta Sudgen, la tendencia a judicializar este tipo de situaciones, y a que los fallos vayan en contra de los padres, es más frecuente en Gran Bretaña que en Estados Unidos, donde se hubiera agotado cualquier posibilidad médica antes de arrojar la toalla.
La mediatización del caso, y su consiguiente ideologización, tampoco ha ayudado a que la solución al conflicto fuera pacífica. Parte de la prensa se posicionó desde el principio de parte del hospital, presentando a los padres de Charlie como una especie de fanáticos cristianos que querían alargar la vida del niño a toda costa. Los abusos de algunos de sus “partidarios”, con el hostigamiento a médicos del GOSH (que Chris y Connie condenaron públicamente), contribuyó a reforzar esta imagen falsa.
De esta forma, toda una serie de factores han ido “sustrayendo” a Charlie de la tutela de sus padres: primero, la obstinación de los médicos del GOSH y su respuesta excesiva ante la razonable petición de Chris y Connie; después, la intermediación de los jueces, que convirtieron un asunto médico en una “lucha de derechos”; por último, el ruido generado en los medios de comunicación, que simplificó y polarizó las opiniones.
La muerte del pequeño, quizá inevitable, ha resultado así innecesariamente dolorosa para los padres, que durante los últimos meses han sentido como si otras personas, con las mejores intenciones, hubieran “secuestrado” a su hijo, y suplantado su autoridad, robándoles la última oportunidad de ayudarle. Queda desear que, después de todo este sufrimiento, puedan al menos recuperar la paz que se les debería haber procurado antes.
Fernando Rodriguez Borlado

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17:36
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Un precioso libro de historia muy brillantemente novelada que me ha permitido vivir el decisivo verano del año 1808 en plena guerra de la Independencia, asomado a la mente y afectos del hermano de Napoleón, el denostado "Pepe Botella", José Bonaparte.

He disfrutado y aprendido muchas anecdotas que ya comencé a utilizar. Lo recomiendo a los que apreciamos al gran Vallejo-Nágera.

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