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Alimento del Alma
Miércoles 03 de febrero de 2016

Convento de Santo Domingo, Bogotá, COLOMBIA.
Tel. +57 (1) 249-3385

Cada día tiene su gracia…

* Para el MIÉRCOLES: Tu turno *
¿Cuál es la obra de misericordia más descuidada en nuestro tiempo?

El Papa Francisco nos llama a experimentar y a practicar la misericordia en este Año de Gracia. Según tu criterio, ¿cuál es la obra de misericordia más olvidada o descuidada en nuestro tiempo? Danos tu aporte aquí.

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Fr. Nelson M.
amigos@fraynelson.com

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Santo del Día

San Blas, Obispo de Sebaste y Mártir.-

San Blas nació en medio de una familia acaudalada y de padres nobles. Fue educado cristianamente y se consagró como Obispo cuando todavía era muy joven.

Al comenzar la persecución a los cristianos, por inspiración divina, se retiró a una cueva en las montañas. Ésta era frecuentada por fieras salvajes, a quienes el Santo las atendía y curaba cuando estaban enfermas.

Poco después, unos cazadores llegaron en busca de estos animales para el anfiteatro. Pero, San Blas los espantó y entonces fue capturado.

Al enterarse que era cristiano, lo condujeron ante el gobernador Agrícola, quien lo mandó azotar y encerrar en un calabozo, privado de alimentos.

Rápidamente lo torturaron para que renegara de su fe. Sin embargo, el Santo se mantuvo firme, por lo que se dio orden de decapitarlo.

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Enlace recomendado para este día

Gimnasio Mental 088

En cierta ciudad, el 90% de la población toma café; el 80% toma té; el 70% gusta de un buen vino, y el 60% toma aguardiente. Si nadie toma las cuatro bebidas, ¿qué porcentaje de la población toma alguna bebida alcohólica? Haz click AQUÍ.

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Un poco de Humor…

Deseos

Están tres náufragos solos en una isla desierta y se encuentran una lámpara maravillosa. El genio les dice que les va a conceder un deseo a cada uno. El primero dice:
– Deseo irme con mi familia y amigos.
Y se lo concede.
El segundo dice:
– Deseo irme con mi familia y amigos.
Y se le concede.
El tercero, al ver que se había quedado solo dice:
– Deseo que mis amigos regresen.

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Palabra de Dios
para alimentar tu día


Tiempo Ordinario, Año Par,
Semana No. 4, Miércoles


Lecturas de la S. Biblia

Temas de las lecturas: Soy yo el que ha pecado, haciendo el censo de la población. ¿Qué han hecho estas ovejas? * Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. * No desprecian a un profeta más que en su tierra

Textos para este día:

2 Samuel 24,2.9-17:

En aquellos días, el rey David ordenó a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: “Id por todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, a hacer el censo de la población, para que yo sepa cuánta gente tengo.” Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para el servicio militar, y en Judá quinientos mil. Pero, después de haber hecho el censo del pueblo, a David le remordió la conciencia y dijo al Señor: “He cometido un grave error. Ahora, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque ha hecho una locura.”

Antes que David se levantase por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió la palabra del Señor: “Vete a decir a David: “Así dice el Señor: Te propongo tres castigos; elige uno, y yo lo ejecutaré.”” Gad se presentó a David y le notificó: “¿Qué castigo escoges? Tres años de hambre en tu territorio, tres meses huyendo perseguido por tu enemigo, o tres días de peste en tu territorio. ¿Qué le respondo al Señor, que me ha enviado?” David contestó: “¡Estoy en un gran apuro! Mejor es caer en manos de Dios, que es compasivo, que caer en manos de hombres.”

Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó entonces la peste a Israel, desde la mañana hasta el tiempo señalado. Y desde Dan hasta Berseba, murieron setenta mil hombres del pueblo. El ángel extendió su mano hacia Jerusalén para asolarla. Entonces David, al ver al ángel que estaba hiriendo a la población, dijo al Señor: “¡Soy yo el que ha pecado! ¡Soy yo el culpable! ¿Qué han hecho estas ovejas? Carga la mano sobre mí y sobre mi familia.” El Señor se arrepintió del castigo, y dijo al ángel, que estaba asolando a la población: “¡Basta! ¡Detén tu mano!”

Salmo 31:

Dichoso el que está absuelto de su culpa, / a quien le han sepultado su pecado; / dichoso el hombre a quien el Señor / no le apunta el delito. R.

Había pecado, lo reconocí, / no te encubrí mi delito; / propuse: “Confesaré al Señor mi culpa”, / y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

Por eso, que todo fiel te suplique / en el momento de la desgracia: / la crecida de las aguas caudalosas / no lo alcanzará. R.

Tú eres mi refugio, me libras del peligro, / me rodeas de cantos de liberación. R.

Marcos 6,1-6:

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?” Y esto les resultaba escandaloso.

Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.” No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

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Homilía para leer

Temas de las lecturas: Soy yo el que ha pecado, haciendo el censo de la población. ¿Qué han hecho estas ovejas? * Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado. * No desprecian a un profeta más que en su tierra

1. Pecar tiene consecuencias

1.1 Muchas cosas del Antiguo Testamento pueden parecernos injustas, mágicas o primitivas, según los ojos modernos. Es injusto que una persona haga algo y otras paguen, como lo que vemos en la primera lectura de hoy. Suena a mágico eso de que Dios haga depender de un diálogo la suerte de todo un pueblo. Y es muy primitivo, para nuestra perspectiva, que los problemas se aborden desde el ángulo sobrenatural. Para nosotros, una plaga es una plaga y quien tiene que intervenir es el ministerio de salud, o como se llame en cada país. Según todo eso como que no tendríamos mucho que aprender de la lectura primera de hoy.

1.2 Pero sí hay mucho que aprender: sobre todo, que el pecado tiene consecuencias y que esas consecuencias no son sólo personales sino que afectan en realidad y a fondo la historia de otras personas. Si cada gobernante meditara que su corazón es el lugar donde tiene que encontrarse con la verdad de su conciencia y con la voz de Dios, ¿no es verdad que tendríamos mejores gobiernos y gobernantes?

2. Poca fe, pocos milagros

2.1 Si alguien sana enfermos imponiendo las manos la cosa resulta tan maravillosa que lo más probable es que pronto le veamos reunir multitudes. Para el evangelista del texto de hoy, en cambio, algo así casi ni merece el nombre de “milagro”, ya que escribe que en su tierra [Jesús] “no pudo hacer allí ningún milagro; tan sólo sanó a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos”. Por lo visto Jesús los había acostumbrado a un ritmo de hechos maravillosos, a un río de gracia que parecía menguarse ante un medio hostil de incredulidad.

2.2 Puede parecer simplista en exceso pero la regla que rige en esto es: no fe, no milagros. No se me critique si parece demasiado elemental, puesto que Jesús dijo: “Hágase en vosotros según vuestra fe” (Mt 9,29). Y en varias ocasiones dijo con total sencillez: “tu fe te ha curado” (Mt 9,22; Mc 10,52; Lc 17,19; 18,42; Hch 14,9). Es decir: no nos engañemos; enfrentémoslo: llevamos una vida mediocre en muchos aspectos porque tenemos una fe mediocre en muchos aspectos. La solución es suplicar, clamar por el don de la fe y poner en práctica esa fe, porque en ejercicio, crece y se hace fuerte.

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Video recomendado para este dia!

La emoción de escuchar la voz de la mamá por primera vez

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Javier Anleu escribió en 2005 una serie de correos a Juan Pablo II. Tenía nueve años. Sus palabras confortaron al Papa en sus últimos días de vida
Me he encontrado con una historia que contiene un fuerte mensaje muy apropiado para el Año de la Misericordia. Se trata del testimonio de un niño,Javier Anleu, cuyas palabras, escritas en una serie de correos enviados por él y su hermana a Juan Pablo II, confortaron al Papa en sus últimos días.
Cuenta la madre de Javier que Juan Pablo II preguntaba a menudo si había llegado algún nuevo correo de sus “amiguitos de Guatemala”. El testimonio de este niño, ahora ya un joven, es un claro ejemplo del cariño que necesitan los enfermos. Este es el relato personal del protagonista:
«Mi nombre es Javier Anleu, y en el año 2005 tuve una de las experiencias que más me han marcado en mi vida: le escribí correos al que ahora es un santo, a Juan Pablo II.
Tenía yo nueve años cuando Juan Pablo II fue hospitalizado del 1 al 10 de febrero del 2005. Como cualquier niño católico rezaba mucho por la salud del Papa.

Lo encomendábamos en casa con mis papás y mi hermana, y también en el colegio en la oración de las mañanas. Un día, con toda la inocencia de niño, le dije a mi mamá que le quería escribir al Papa. Mi mamá le comentó esto a su papá (mi abuelo materno) y él, entre sus amigos sacerdotes y religiosos, logró conseguir un correo y se lo dio a mi mamá. No sabíamos si éste correo era realmente el del Papa, pero mi hermana mayor, que en aquel entonces tenía doce años, y yo empezamos a escribirle.
Mi hermana era muy formal al escribirle y se refería a Juan Pablo II como “Su Santidad” y le trataba de “Usted”. Yo por otro lado, por ser un niño, le trataba como a un amigo y me dirigía a él como “Juan Pablo” y hasta llegaba a tratarle de “tú”. Antes de mandar el primer correo mi mamá se escandalizó de la manera como yo le trataba, pero mi padre la tranquilizó diciéndole “estos correos nunca le van a llegar al Santo Padre. Deja que le escriba como si fuera un amigo de él”.
En las siguientes dos semanas le escribimos unos tres correos diciéndole que estábamos rezando por él. El 25 de febrero Juan Pablo II tuvo que ser operado de una traqueotomía y esto nos afectó mucho a mi hermana y a mí.
Cuando tenía cinco meses, mi abuela materna sufrió dos derrames cerebrales y quedó físicamente muy limitada; jamás recuperó la deglución, así que no puede hablar ni comer. Yo he vivido con el ejemplo de lucha de mi abuela y vi a lo largo de mi infancia cómo ella volvió a ser feliz aunque no puede hablar ni comer.
Creo que por eso me sentí tan identificado con Juan Pablo II, y a partir del 25 de febrero le escribía cada dos días. Le relaté la historia de mi abuela y cómo ella había superado la frustración de estar limitada físicamente, y le conté que ella era otra vez feliz. Mis mensajes al Papa eran de ánimo; yo quería convencerle de que se podía ser feliz aunque se tuvieran limitaciones. Cada vez que le escribía le decía lo mucho que le quería.
La última vez que vi a Juan Pablo II en la televisión fue el domingo de Resurrección, cuando salió a dar la bendición Urbi et orbi, cuando intentó hablar y no le salían las palabras. Ese momento me conmovió tanto que me eché a llorar. Le escribí contándole que lo había visto y diciéndole que entendía cómo se sentía; que yo seguía rezando mucho por él. Luego, el 2 de abril Juan Pablo II muere y mi tristeza fue enorme. Se había muerto un amigo mío.
Pasaron los días y a principios de mayo mi mamá recibió un correo de la Nunciatura Apostólica de Guatemala pidiendo que se pusiera en contacto con ellos. Cuando ella se presentó como mi madre, la secretaria de la Nunciatura sabía quiénes éramos mi hermana y yo. El nuncio apostólico de Guatemala, en ese entonces Monseñor Bruno Musaró, nos quería ver el 9 de mayo. No nos dieron ninguna explicación. Asistimos a la cita y el señor nuncio nos contó que Juan Pablo II había leído todos nuestros correos y se refería a nosotros como sus “amiguitos de Guatemala”. Nos entregó también un retrato del Papa y un rosario bendecidos por Juan Pablo II antes de su muerte. El retrato tenía la fecha del domingo de Pascua, 27 de marzo del 2005, y en él nos impartió la bendición apostólica.
Nunca imaginé que Juan Pablo II hubiera leído todos mis correos. La satisfacción más grande me llegó cuando el señor nuncio me comentó que aun cuando Juan Pablo II no podía hablar o estaba muy débil, su secretario le leía los correos, y que mi correo del 25 de febrero le había conmovido mucho al sentir que un niño guatemalteco de 9 años le estaba ayudando a pasar por sus momentos difíciles».
Juan Bautista Robledillo (Guatemala).

Hay que saber ponerse al lado de quien llora y echar nuestro brazo sobre sus hombros para hacerle sentir el cálido apoyo de nuestro afecto
Hace muchos años leí que la cantidad de lágrimas en el universo era una constante: cada vez que alguien −fuera un niño o un adulto− dejaba de llorar, otro a su vez rompía en llanto. Me impresionó la afirmación y quizá por ello se grabó en mi memoria, aunque no recuerde ya el autor de la frase. Por supuesto, no es posible comprobar la exactitud de la tesis, pero sí que anima a pensar sobre el valor de las lágrimas en la vida humana y el papel decisivo del consuelo.
Puede haber −de hecho hay− lágrimas de felicidad, pero casi siempre que los seres humanos lloramos no es por alegría. Los niños lloran cuando se caen, cuando algo les duele, cuando reclaman la atención de sus padres. Los mayores no solemos llorar por el dolor físico −además tomamos analgésicos−, sino por el dolor moral: la ingratitud, la incomprensión, la injusticia y, en general, todo aquello que nos haga sufrir, en especial, si es causado por las personas que queremos. Sobre todo lloramos cuando mueren los padres, los hermanos, el cónyuge, los hijos, los amigos. Aunque sigan viviendo en nuestro corazón y en nuestra memoria, lloramos su ausencia que nos priva para siempre de su trato y de su amable compañía.

No me importa reconocer que a mí se me saltan las lágrimas cuando veo el telediario en la televisión y no es por los políticos −con esas actuaciones a veces realmente penosas−, sino por la exhibición del sufrimiento ajeno que mueve a la compasión: la madre que llora con su hijo muerto en brazos, los refugiados que huyen con sus niños de grandes ojos tristes y tantas otras penalidades que llenan las pantallas a diario.
En muchas ocasiones las lágrimas son contagiosas, pero cuando es uno solo quien llora casi siempre es —al menos así me parece a mí— porque sus palabras no son capaces de expresar todos los sentimientos que alberga en su corazón en aquel momento. Por eso siempre animo a quienes me cuentan sus penas a poner por escrito las cosas que les preocupan y hacen sufrir, para después poder leerlas a corazón abierto con alguna persona de su confianza. Se trata −suelo decir− de convertir las lágrimas en tinta y de esa forma la intimidad se ensancha, se airea, se esponja y, además, casi siempre se alivia un poco la pena.
Hace unos días me llegaba un dibujo de Mafalda en la que se la veía llorando y decía algo así: “No lloro, simplemente estoy lavando recuerdos”. Efectivamente a menudo las lágrimas tienen un maravilloso efecto purificador de la memoria. Lo vemos tantas veces en los niños −y en los adultos− que, llenos de arrepentimiento, piden perdón con ojos llorosos diciendo que no lo harán más. Esas son lágrimas buenas, que −por así decir− lavan la acción, purifican a su autor y llevan al olvido la acción lamentable que hubiera cometido.
No quiero recurrir a la manida frase de “los hombres no lloran” con la que sigue reprimiéndose la expresividad emotiva de tantos niños varones en todo el mundo. Llorar −suele decírseles− es “cosa de niñas”. Como se afirma a veces en Estados Unidos: “men repress, women express”, los hombres reprimen sus lágrimas, mientras que las mujeres expresan sus emociones con ellas. De hecho cuando se ve a Obama llorando en un discurso a algunos les parece un recurso teatral semejante quizás a las lágrimas de cocodrilo.
A mí siempre me impresionan las lágrimas. Me parece importante valorarlas y aprender a consolar a quien llora. Hay que saber ponerse a su lado y echar nuestro brazo sobre sus hombros para hacerle sentir el cálido apoyo de nuestro afecto, ofreciéndole, si fuera preciso, un clínex o nuestro pañuelo limpio. Acompañar a quien llora nos dice mucho de la capacidad de consuelo que aporta el cariño: no es cuestión de palabras, basta con estar al lado. No es vergonzoso llorar, es una señal de que tenemos un corazón tan grande que no puede expresarse solo con simples palabras. No hay que reprimir las lágrimas: muchas veces es una verdadera necesidad. Y, sobre todo, la persona que llora está gritando con sus hipidos que necesita nuestro consuelo, esto es, que necesita sentir el apoyo de nuestra comprensión y de nuestro acompañamiento.

La respuesta popular a la convocatoria del Family Day en Roma desbordó ayer las mejores expectativas: dos millones de personas se congregaron en torno al Circo Massimo para defender la familia natural y denunciar la llamada “ley Cirinnà”, que pretende introducir en Italia los postulados radicales de la ideología de género.
Esta es la crónica que sobre esta esperanzadora movilización del sentido común ha publicado la agencia Aciprensa:
Álvaro de Juana / Aciprensa, 30 de enero de 2016
Miles de familias se manifestaron esta tarde en el “Circo Massimo” de Roma para defender a la familia frente a la intención de los políticos italianos de aprobar una ley que equipararía las parejas homosexuales al matrimonio natural hombre-mujer. La llamada ley “Cirinnà” pretende legalizar también los llamados “vientres de alquiler” o maternidad subrogada, así como la adopción de niños por homosexuales y la ideología de género en las escuelas.
El Comité “Defendamos a nuestros hijos” junto a numerosas asociaciones familiares, movimientos y nuevas comunidades de la Iglesia fueron los encargados de reunir dos millones de personas, según la organización, en contra de esta ley.

En las últimas semanas, también el Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, el Cardenal Angelo Bagnasco, invitó a participar para mostrar el desacuerdo con los políticos que quieren aprobar la ley la próxima semana. De hecho, lo que hace semanas empezó a organizarse como un encuentro de católicos se transformó pronto en un evento civil al que mostraron su apoyo también otras confesiones religiosas e incluso no creyentes.
El responsable de la organización y de guiar el acto fue Massimo Gandolfini, prestigioso médico que lucha contra la llamada teoría o ideología de género desde hace años. “Somos muchísimos, muchos más de los que pensábamos en un principio”, dijo en un momento del encuentro. “Está plaza no está contra nadie” sino contra una ley que “no es aceptable desde la primera a la última palabra”, destacó.
“Se podría hacer una operación de maquillaje, pero debe ser totalmente eliminada, no cambiar algunas palabras, lo decimos con franqueza”, señaló al tiempo que aplaudía la gente.
Para el médico, en el caso de continuar renegando de la familia natural “no existirán más las familias, sino modelos diversos, y los niños serán los principales perjudicados”, explicó.
A los parlamentarios recordó que “todos hemos nacido de un padre y una madre” y “nosotros no pertenecemos a ningún lobby, sino que somos simples y pobres familias y no tenemos quien nos defienda”. “No queremos hacer la guerra a nadie, solo defendemos a la familia”, subrayó.
Gandolfini también recordó “a los creyentes en Jesús” que “nuestro Señor ciertamente no nos ha enseñado a ser violentos con ninguno, sino que estamos aquí para reiterar que la dignidad humana debe ser respetada. Esta es una plaza por la belleza de la familia y no contra las personas, sino solo contra las ideologías”, remarcó de nuevo.
Sobre los “vientres de alquiler”, el principal organizador del evento indicó que “los niños no pueden ser comprados” y después hizo también referencia a que “Europa ha apostatado de sus raíces judeocristianas”. “Queremos enviar un mensaje: nosotros seguiremos todos las etapas de aprobación de esta ley y veremos quién recogerá nuestras indicaciones, nos acordaremos”, advirtió a los políticos.
En su intervención final señaló que “el amor requiere la complementariedad entre un hombre y una mujer, y solo de su unión surge la chispa de la vida”.
Durante el encuentro se han sucedido diferentes intervenciones de expertos y testimonios en el palco, en el que se podía leer en grande “Prohibido desguazar a la familia”. 
No pudieron asistir los miembros de la comunidad judía de Italia por ser Shabbat (su día santo), pero el Rabino jefe de la ciudad, Riccardo Di Segni, envió una carta de apoyo: “No se puede instrumentalizar a los niños para nuevas ideologías. Como dice el Papa Francisco: los niños no son animales con los que experimentar”, dice en ella.
Por su parte el diario oficial del Vaticano, L’Osservatore Romano, ha calificado la manifestación de “participación amplia y transversal, expresión de todas las almas de la sociedad italiana”.
El pasado 22 de enero, el Papa Francisco recibió en audiencia a los miembros del Tribunal de la Rota romana, a quienes les recordó que ”no puede haber confusión entre la familia querida por Dios y todo otro tipo de unión”. Unas palabras que también fueron recordadas este sábado en la manifestación.
profesionalesetica.org

00:46

Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca. Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzaron acantilado abajo y se ahogo en el en el lago. La gente fue a ver lo que había pasado. Se acocaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país”. (Mc 5,1-20)

La vida tiene cosas curiosas.
Y los hombres somos desconcertantes.
Un hombre que sufre de malos espíritus no preocupa demasiado.
Pero unos cerdos que se ahogan en el Lago esos sí son importantes.
Ya está bien que cerdos sean más importantes que las personas.
Que un hombre esté poseído y haya perdido el juicio, carece de interés.
Pero que unos cerdos se ahoguen eso sí es una tragedia.

Siempre las cosas terminan por ser más importantes que las personas.
Es más importante tener la casa en orden que el que los niños puedan jugar.
Es más importante el orden en casa que la vida de casa.
En una ocasión me vino una pareja. Tenían un tremendo lío.
El era un desordenado. Y ella era esclava del orden.
Se pasaban el día discutiendo.
Al fin como no lograba convencerles les dije: “Miren, no conozco lugar donde todo esté tan ordenado como el cementerio. Allí cada uno ocupa su nicho y no estorba a nadie. Pero, claro, en el cementerio no hay vida”. Me miraron con caras raras y se fueron.
La verdad es que no sé si los convencí.

Es más importante el trabajo que la familia.
Es más importante sacar horas extras que estar con los hijos.
Es más importante el dinero que las personas.
Es más importante la belleza de la casa que la belleza de la familia.
Es más importante la belleza de una boda que el sacramento que reciben.
Es más importante el vestido y la fiesta de Primera Comunión que la Comunión misma.
Es más importante que los Bancos están seguros, que el que se mueran de hambres los pobres.
Es más importante la macroeconomía, que la microeconomía de la que viven los pobres.

Para estos gerasenos los cerdos eran más importantes que el hombre que sufre.
Para estos gerasenos los cerdos eran más importantes que el mismo Jesús.
Llegan a tal punto que terminan “rogándole que se marchase de aquel país”.
Con Jesús sanando enfermos corrían el riesgo de quedarse sin cerdos.
Que hubiese enfermos eso que cada cual se las vea, aunque tenga que vivir en los cementerios.
Pero quedarse sin cerdos es toda una tragedia.

En su pueblo quisieron desbarrancarlo monte abajo.
En Gerasa no son tan brutos, pero delicadamente le piden que se “marche del país”.
Su presencia resulta no liberadora sino peligrosa.
Su presencia en su pueblo es un estorbo porque se niegan a aceptarle como profeta.
Su presencia en Gerasa es un peligro para los cerdos.

Es posible que todo esto a nosotros nos cause hasta risa.
Es posible que todo esto a nosotros nos parezca ridículo.
Pero, si reflexionamos bien, sin ser de su pueblo y sin ser gerasenos, tenemos mucho de parecido con todos ellos.
Lo que sucede es que las cosas se ven mejor cuando las hacen otros.
Lo difícil es cuando las hacemos nosotros.
Nosotros no le pedimos que se “marche” y nos deje tranquilos.
Pero sutilmente le marginamos de nuestras vidas, porque también nos estorba.
Otras veces no le dejamos en paz hasta que nos devuelve la salud.
Pero, una vez que nos sentimos curados, volvemos a olvidarnos de él.
Tenemos una idea del “Dios bombero” que solo sirve para apagar incendios.
Porque luego ¿quién se acuerdo de los bomberos?

Mientras tanto, el enfermo curado se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él. “Y todos se admiraban”.

Señor: es cierto que tu presencia, muchas veces nos complica la vida. Pero prefiero que nos compliques la vida a que nos dejes por imposibles. Echa al lago todos los malos espíritus que llevamos dentro, pero a nosotros sánanos.

Clemente Sobrado C. P.

Archivado en: Ciclo C, Tiempo ordinario


00:37

En cierta ciudad, el 90% de la población toma café; el 80% toma té; el 70% gusta de un buen vino, y el 60% toma aguardiente. Si nadie toma las cuatro bebidas, ¿qué porcentaje de la población toma alguna bebida alcohólica?

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