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22:34


“Yo no soy el Mesías” (Jn 1,19-28). Dice el Evangelista Juan que, “cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: ‘¿Quién eres tú?’, Juan el Bautista “confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: ‘Yo no soy el Mesías’”. Pero luego, ante la insistencia de los enviados de los judíos, Juan el Bautista especifica aún más: él no es “Elías”, ni “el Profeta”, sino “una voz que grita en el desierto: ‘Allanen el camino del Señor’”. También dirá del Mesías que Él bautizará con “Espíritu Santo y fuego”, mientras que él, el Bautista, bautiza solo con agua. Es importante para el cristiano conocer la figura y la misión del Bautista, porque todo cristiano está llamado a imitar y a prolongar, en su vida cotidiana, la figura y la misión del Bautista: al igual que el Bautista, que predica en el desierto, viviendo austera y sobriamente, vistiendo con piel de camello y alimentándose de miel silvestre y de langostas, anunciando al Mesías, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y que bautiza con fuego y Espíritu Santo, así también el cristiano, está llamado a predicar, más que con sermones, con el ejemplo de vida sobrio, austero y casto, en el desierto sin Dios en el que se ha convertido el mundo, que el Mesías, el “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo” ha llegado y está en la Eucaristía, vivo, glorioso y resucitado, y que bautiza con “fuego y Espíritu Santo” en la Iglesia, en el bautismo sacramental, porque en el bautismo sacramental, Jesús infunde el Espíritu Santo en el alma, que es fuego de Amor Divino, quitando el pecado y concediendo la filiación divina.


“Yo no soy el Mesías; soy una voz que grita en el desierto: ‘Allanen el camino del Señor’”. Todo cristiano está llamado a ser otro Bautista, que clame que Jesucristo es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo y que está Presente, vivo, glorioso y resucitado, en la Eucaristía. Y, al igual que Juan el Bautista, que dio su vida testimoniando la verdad de Jesús como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, así también el cristiano, de la misma manera, debe estar dispuesto a dar su vida por la misma verdad; la verdad de Jesús Eucaristía como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.



20:27

“Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan que le preguntaran: “Tú, ¿quién eres?” El contestó: “Yo no soy el Mesías”. “Yo soy la voz que grita en el desierto: “allanad el camino del Señor”. “Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, en el viene detrás de mí, y a que no soy digno de desatarle la correa de su sandalia”. (Jn 1,19-28)


Solo los hombres especiales crean preguntas en la gente.

Solo los hombres especiales crean inquietudes en los demás.

Los vulgares pasamos desapercibidos.

Los que somos como todo el mundo pasan al anonimato.


La gente veía en Juan algo especial.

La gente veía en Juan algo distinto que sorprendía.

Juan era de esos hombres que, incluso en pleno desierto:

Creaba preocupación en los Jefes de Jerusalén.

Creaba inquietudes y preguntas en los mismos Jefes religiosos.

Sin decir nada inquietaba las vidas de los demás.

Su vida hablaba por él.

Personalmente me encantan esas vidas que van dejando preguntas por el camino.

“Tú ¿quién eres?”


Pero me encantan más aquellos que:

Conociéndose a sí mismo no se dan importancia.

Conociéndose a sí mismo no se sienten superiores a nadie.

Juan se define a sí mismo con tres rasgos fundamentales:

“El no es lo que los demás piensan”.

“El es la voz de otro que es superior a él”.

“El es el que se siente menos que los demás”.


Todo lo contrario a lo que sucede con nosotros que:

Nos encanta ser superiores a los demás.

Nos encanta sentirnos más que los demás.

Nos encanta poner como nuestro pedestal a los demás.

Nos encanta que nos admiren.


Juan se define a sí mismo:

No desde sí mismo, sino desde su misión.

Se siente identificado con la misión que Dios le ha encomendado.

Por eso, Juan se define por ser:

“voz de Dios”.

“voz que proclama a Dios allí donde todo es silencio de Dios”.

“voz que anuncia al Mesías que está viniendo, que ya está pero nadie le conoce”.

Su misión no es hacer grandes cosas,

Sino anunciar a Dios en medio de los hombres, pero un Dios que no conocemos.


¿Pudiéramos nosotros ser como la voz de Dios en el desierto donde nadie se interesa por él?

¿Pudiéramos ser los parlantes del micrófono de Jesús hoy en el mundo?

¿Pudiéramos ser voz que proclama y anuncia allí donde todos silencian a Dios?


No se trata de sentirnos más que los demás.

Se trata de ser capaces de reconocernos como Dios nos reconoce.

Se trata de ser aquello para lo que Dios nos ha llamado.

Se trata de ser aquello que Dios espera de nosotros.

Se trata de ser nuestra verdad, que es la verdad de Dios.

Se trata de vivir nuestra verdad respondiendo a la misión que Dios nos encomendó.

Se trata de definirnos desde nuestra misión.

Se trata de definirnos no desde nuestro apellido y pergaminos, sino desde nuestra relación con Jesús.

Ser lo que somos:

Cuando nuestro ser se expresa en nuestro hacer.

Ser creyente viviendo como creyente.

Ser bautizado y vivir como bautizados.

Ser casados y vivir como casados.

Ser sacerdote y vivir como sacerdote.

Ser consagrado y vivir como consagrado.

El ser que se expresa en el hacer.

El hacer que expresa nuestro ser.

Juan es un hombre de una sola pieza, capaz de definir su ser por su hacer.

Nada de dualidades entre ser y hacer.

Entre vivir y hacer.

Entre fe y vida.


Clemente Sobrado C. P.




Archivado en: Ciclo B, Navidad Tagged: bautismo, Juan Bautista, profeta



Qué lejos me parecía el 2019 de Blade Runner cuando vi la película en los años 80. Y ahora sólo faltan cuatro años. De momento no tenemos coches voladores ni podemos comprar en El Corte Inglés robots humanos, pero los dos autores del guión no pudieron saber cómo nos cambiaría la vida Internet y la telefonía móvil.


Tampoco vislumbraron el inmenso poder de la dictadura del imperio chino, ni la gran recesión de Occidente o la cruzada musulmana con su interminable lista de mártires cristianos.


Los europeos y norteamericanos tenemos la sensación de haber perdido el optimismo en el futuro que tuvimos durante las décadas anteriores al año 2000. Ciertamente desde los atentados del 11S, el mundo a nivel global parece estar sufriendo una lenta involución; lenta y leve, pero sostenida y que no se logra atajar.


Pero esto no es lo que más importa ahora mismo. Lo más importante es encontrar la tostadora que mi madre ha guardado en algún rincón bien escondido de la cocina, de la casa o del trastero del sótano. Cuando mi madre viene por Navidad, debe pensar que días después de que se haya marchado, por pura deducción lógica yo sabré donde ha dejado las tijeras o la tostadora. Lo del dominio del poder chino ya lo daba por descontado desde hacía tiempo. Pero lo de la pérdida de la tostadora, no.



El objetivo número 5 de Desarrollo del Milenio se propone reducir la

mortalidad materna en tres cuartas partes antes de 2015. A través de

proyectos de desarrollo como los que podemos ver en este reportaje,

Manos Unidas une sus esfuerzos a quienes trabajan para conseguirlo.

Rodado en Mozambique.

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