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La desesperanza supone siempre un desgarro interior, pues va dirigida contra los anhelos propios de nuestra naturaleza.
Según cuenta la conocida leyenda de la mitología griega, los dioses, celosos de la belleza de Pandora, una princesa de la antigua Grecia, le regalaron una misteriosa caja, advirtiéndole que jamás la abriera. Pero un día, la curiosidad y la tentación pudieron más que ella, y abrió la tapa para ver su contenido, liberando así en el mundo todas las grandes aflicciones que hoy existen. Pudo cerrarla justo a tiempo de evitar que se escapara también la esperanza, que es el único valor que hace soportables las numerosas penalidades de la vida.

Y no parece que faltara razón a los hombres de la antigua Grecia cuando valoraban en tanto la esperanza. Porque la esperanza no es una simple ilusión ingenua de que, al final y no se sabe bien por qué, todo irá bien. Se trata más bien de tener fe en que uno puede, con la ayuda que sea precisa, superar las dificultades.
Como ha señalado Josef Pieper, la pérdida de la esperanza suele tener su raíz en la falta de grandeza de ánimo y en la falta de humildad. La grandeza de ánimo hace a los hombres decidirse por la posibilidad mejor entre las posibles, e impulsa resueltamente a todas las demás virtudes. La humildad coloca a la esperanza ante sus propias posibilidades, previniendo de la realización falsa y ayudando a la realización auténtica.
La esperanza lleva de modo natural a la magnanimidad y la humildad protege todo ese proceso, para que no se pervierta por presunción ni por desesperanza. La desesperanza es como una senilidad del espíritu y la presunción es lo contrario, como una especie de infantilismo espiritual.
No me estoy refiriendo a la desesperanza como estado de ánimo en que se cae, sino como un acto voluntario por el que el hombre desdeña algo a lo que podría aspirar. Porque quien tiene esperanza, lo mismo que quien tiene dudas, puede adherirse o no a la esperanza o a la duda que de modo natural se les presenta, y eso es lo que hace que las personas podamos construir nuestro carácter de acuerdo con lo que nos parece que debemos ser, y no nos limitemos a abandonarnos a nuestras reacciones espontáneas.

La desesperanza supone siempre un desgarro interior, pues
va dirigida contra los anhelos propios de nuestra naturaleza. Y es
además, un error peligroso para la vida moral del hombre, ya que
todas sus realizaciones están ligadas a la esperanza y, cuando
falta, nos dejamos caer en muchos otros extravíos

El principio y la raíz de la desesperanza suele estar en la pereza. A la desesperanza no se llega de modo repentino, sino por un paulatina dejadez, que a su vez conduce a una tristeza que paraliza, que descorazona y que refuerza de nuevo la dejadez, en un círculo vicioso muy bien trabado. Quizá por eso se ha dicho tanto que la pereza es la madre de todos los vicios. Y quizá también por eso, para superar esa pereza no basta con la laboriosidad y la diligencia, sino que también hay que fomentar la grandeza de ánimo y el optimismo.
Rendirse a la pereza y la desesperanza es siempre una renuncia malhumorada y triste, que engendra primero indiferencia y después, tristeza y evasión de la realidad. Pero la pereza y la desesperanza no pierden su terrible fuerza por mirar para otro lado. Se vencen únicamente con la vigilante resistencia de una mirada penetrante y atenta.
El hombre perezoso prefiere sustraerse de la obligación de la grandeza. Es como una humildad pervertida, que no quiere aceptar su verdadera condición y sus talentos, porque implican una exigencia. Es como un enfermo que no quisiera curarse para que no le exijan lo que se exige a una persona sana. Por eso, la sabiduría griega daba tanta importancia a cultivar desde muy jóvenes la esperanza.
Alfonso Aguiló, en hacerfamilia.com.



El Prelado del Opus Dei ha conferido la ordenación diaconal a 31 fieles de la Prelatura. Ofrecemos algunas fotos y la homilía completa del Prelado
En su homilía, Mons. Javier Echevarría, en la ordenación diaconal de fieles de la prelatura que tuvo lugar ayer 29 de octubre en la Basílica de San Eugenio, de Roma, señaló que "a los ministros sagrados se dirigen de modo especial las palabras de Jesús en el Evangelio de la Misa que hemos leído: vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando (Jn 15, 14). 
¡Qué maravillosa es esta promesa divina, dirigida a todos y dirigida a vosotros! Con su ayuda y la oración de tantas personas, seréis dignos de esta amistad, cumpliendo la promesa de Jesús: os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca".

Texto completo de la Homilía del Prelado del Opus Dei

Queridísimos hijos míos que vais a recibir el diaconado.
Queridos hermanos y hermanas.
1. Acude a mi mente la inmensa felicidad de san Josemaría con ocasión de estas ordenaciones, y de otras en todo el mundo, y deseo que nos unamos también nosotros a su gozosa oración. Por eso hemos escuchado de nuevo, con sólida fe y afectuosa gratitud, las palabras del Señor al profeta Jeremías: Antes de plasmarte en el seno materno, te conocí; antes de que salieras de las entrañas, te consagré, te puse como profeta de las naciones ((Jr 1, 5). Son revelaciones dirigidas a cada uno de nosotros, los cristianos, porque Dios ha elegido antes de la creación del mundo, nos ha llamado a configurarnos con Cristo en el Bautismo y a seguir sus huellas, también como manifestación de correspondencia a su inmenso amor.

En el curso de los años, en la Prelatura del Opus Dei, esta llamada universal a la santidad y al apostolado ha sido una constante del trabajo de sus fieles, hombres y mujeres. Todos formamos en la Iglesia un solo Cuerpo y un solo Espíritu −es san Pablo quien nos habla−, como habéis sido llamados a una sola esperanza: la de vuestra vocación (Ef 4 ,4).
En el celibato apostólico, en el sacerdocio y en el matrimonio, los cristianos participamos de la misma y única vocación, personalizada según el designio de Dios para cada uno de nosotros; y todos estamos llamados igualmente a la santidad. Hoy, además, quiero recordar que la ordenación diaconal de estos fieles de la Prelatura −y, dentro de seis meses, la presbiteral− no modifica su pertenencia al Opus Dei. Ciertamente, el Orden sagrado les confiere un nuevo estado, mediante el carácter y la gracia del sacramento; pero la llamada a identificarse con Jesucristo es, en el camino del Opus Dei, la misma, tanto para los sacerdotes como para los laicos, quedando inalterada, lógicamente, la diferencia entre el estado clerical y el laical.
2. San Josemaría repitió sin cansarse que los fieles de la Prelatura que reciben la ordenación no lo hacen con la idea de que así podrán tender más eficazmente a la santidad. Son perfectamente conscientes de que la vocación laical es plena y completa en sí misma; es decir, es una senda bien precisa para alcanzar la santidad cristiana, para servir a la Iglesia y a las almas.
Por eso, dirigiéndome ahora a vosotros, que dentro de poco seréis diáconos, os recuerdo las recomendaciones del Apóstol de los gentiles: que viváis una vida digna de la vocación a la que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad (Ef 4, 2). En cada uno de vosotros, la caridad −alma de todas las demás virtudes cristianas− adquiere la forma de caridad pastoral, ministerial. Vuestros deberes específicos −la predicación de la palabra de Dios, la administración de la Eucaristía y la participación en las ceremonias litúrgicas, el servicio a los demás− han de constituir una dedicación generosa y feliz a todos, en el Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia.
Os recomiendo el consejo del Papa Francisco: «Leed y meditad asiduamente la Palabra del Señor para creer lo que habéis leído, enseñar lo que habéis aprendido en la fe y vivir lo que habéis enseñado» (Homilía, 26-IV-2015). Hacedlo con alegría. En definitiva, como dice san Pablo, procurad tener siempre en el corazón el propósito de conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz (Ef 4, 3).
3. No olvidéis nunca que a los ministros sagrados se dirigen de modo especial las palabras de Jesús en el Evangelio de la Misa que hemos leído: vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando (Jn 15, 14). ¡Qué maravillosa es esta promesa divina, dirigida a todos y dirigida a vosotros! Con su ayuda y la oración de tantas personas, seréis dignos de esta amistad, cumpliendo la promesa de Jesús: os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca (Jn 15, 16).
Naturalmente, doy las gracias con cercanía y afecto sincero a los padres y hermanos de los ordenandos, por la parte importante que habéis tenido en la respuesta de vuestros hijos a la llamada del Señor. Seguid rezando por ellos. Os lo pido también a todos los que participáis en esta celebración.
Recurramos de modo especial a la intercesión de la Virgen, en estas últimas semanas del Año de la misericordia, para que suscite en la Iglesia muchas vocaciones sacerdotales. Pidamos también que, en este año, muchísimas personas se acerquen en todo el mundo al sacramento de la Confesión. Que, además, nuestra Madre obtenga de su Hijo gracias abundantes para el Papa, para el Cardenal Vicario de Roma, para los obispos, para todos los ministros sagrados, en el cumplimiento de su ministerio, y para todos nosotros. Asía sea.
Sea alabado Jesucristo.
*  *  *
Los diáconos proceden de 16 naciones diferentes. Después de años de pertenencia a la Prelatura y de realizar los estudios pertinentes, reciben ahora el diaconado y serán ordenados sacerdotes el próximo 29 de abril.

Los nuevos diáconos son:

Alejandro Pardo Fernández (España), Etienne Montero Redondo (Bélgica), Andrés Echevarría Escribens (Perú), Giovanni Manfrini (Italia), Erwin See (Filipinas), Álvaro Ruiz Antón (España), Javier Ruiz Antón (España), Rafael Peró Baig (Líbano), Salvador Rego Bárcena (Canadá), Carlos Aníbal Valencia Ospina (Colombia), Diogo da Cunha e Lorena de Brito (Portugal), Francisco José Chapa Sancho (España), Luigi Vassallo (Italia), Pablo Rojo Mardones (España), Martin Mundia Gikonyo (Kenia), Álvaro René Villamar Rosales(Guatemala), Álvaro Javier Mira García (España), Alexander Vaz Serrano (España), Santiago Callejo Goena (España), Joseph Frederick Keefe (Estados Unidos), Daniele Guasconi (Italia), Francisco Javier Bordonaba Leiva (España), Phillip Joseph Elias(Australia), John Paul Watson (Australia), Rafael Alejandro Quintero Pérez (Venezuela), António Maria Braga Dias Alves Mendes (Portugal), Benjamín Goldenberg Ibáñez(Chile), Gerard Jiménez Clopés (España), Dante Parado Estepa Jr. (Filipinas), Adam Andrzej Sołomiewicz (Polonia) y Ricardo Guillermo Bazán Mogollón (Perú).

Algunas fotos de la ordenación diaconal

Fuente: opusdei.org.

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22:28


TRIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO ORDINARIO

(II Macabeos 7:1-2.9-14; II Tesalonicenses 2:16-3:5; Lucas 20:27-38)

Vivimos en una edad secular.  Mucha gente no cree en Dios, y más aún se comportan como si Dios no existiera.  Algunos aún se burlan de la religión.  Se reporta que en Europa se ha fundado una nueva religión que tiene como Dios la farsa llamada “el monstruo de espagueti  volante”.  En un país los miembros de este culto han pedido el apoyo del gobierno como una verdadera religión.  En otra se congregan cada cuando para tomar cerveza.  Pero no sólo hoy en día la gente quiere despreciar la fe de otras personas.  Vemos a los saduceos en el evangelio hoy tratando de avergonzar a Jesús porque cree en la resurrección de la muerte.

Los saduceos vienen de la clase sacerdotal.  Aferran sólo los primeros cinco libros de la Biblia – la Torá – como la revelación de Dios.  Porque estos libros no hablan directamente de la resurrección, los saduceos se rehúsan a poner fe en ella.  Son como las gentes que vienen a nuestras puertas criticando la veneración de la Virgen María.  Dicen que no se puede hacerlo porque no está en el Nuevo Testamento.

Pero sabemos que desde la antigüedad la Iglesia ha tenido estima alta para la Virgen.  En el evangelio de Lucas el ángel Gabriel le llama “llena de gracias”.  En breve tiempo se conocería como la “nueva Eva”, la madre de todos los renovados en Cristo.  De igual manera Jesús enseñará a los saduceos que se encuentra referencia a la resurrección de la muerte en la Torá. Pero primero escuchará su crítica.

Proponen los saduceos un caso tan absurdo como lo del hombre en la luna.  Cuentan de una mujer que se casa con siete hermanos con cada uno muriendo antes de que tengan hijos.  Entonces preguntan a Jesús: “’…cuando llegue la resurrección ¿de cuál de ellos será esposa la mujer…’”?  Su motivo es a penas ser iluminados por la sabiduría de Jesús.  Más bien quieren descreditar su aprecio en los ojos del pueblo.  Son como los hombres y mujeres de hoy en día que insisten que Jesús tuvo a María Magdalena como esposa.  Aunque hay nada en los cuatro evangelios que sugiera tal cosa, no les importan.  Quieren descreditar la Iglesia particularmente en cuanto a sus enseñanzas sobre la castidad. 

No hay razón de preocuparnos de estas amenazas.  Se ve la necesidad de una moral firme en los excesos que asoman todos los días.  Jóvenes mirando la pornografía pierden no sólo su tiempo sino, más desgraciadamente, la calma de su espíritu.  Parejas que se juntaron por el sexo dejan a sus niños en la pobreza cuando se separen.  Muchachos intentando el suicidio por la desintegración de una relación sexual.  Para Jesús la resolución del caso de la mujer con siete esposos es tan fácilmente vista.  En primer lugar no hay matrimonio en el cielo porque no hay necesidad de procrearse.  Los santos serán completamente complacidos por estar en la presencia de Dios.  En segundo lugar el libro de Éxodo implica que los muertos todavía tienen la vida.  Dice que Moisés reza al Señor, Dios de Abraham, Isaac, y Jacob.  Si ellos no tuvieran vida, Dios no valdría mucho.

Hace poco la Corte Suprema de los Estados Unidos decidió aceptar el caso de la demanda de un muchacho que se siente como una muchacha.  Quiere que le permitan usar los baños públicos de mujeres.  Tenemos que sentir la simpatía por el muchacho que parece confundido sobre su identidad personal.  También deberíamos sentirnos por una sociedad que ha perdido su compás moral de modo que permita un tal caso alcanzar la cámara más alta de debate.  Jesús nos ha enseñado hace mucho tiempo la disposición apropiada hacia el sexo.  Sí es importante pero no es la plenitud de la vida.  La plenitud de la vida se encuentra en el cielo con la presencia de Dios. A ello deberíamos enfocarnos con vidas dignas y moderadas.


Hoy hemos dado un largo y agradable paseo por el hayedo de la Predosa en Riofrío. El bosque otoñal estaba espectacular con sus colores amarillos. Una de mis acompañantes se ha llevado dos setas para cocinarlas. Mañana comprobaré si viene a misa. Durante el viaje de ida hemos charlado largamente acerca del momento exacto en el que se infunde el alma en los niños y de las tasas que algunos curas cobran por las celebraciones matrimoniales.

Después de mover mis kilos (todos y cada uno de ellos) monte arriba, del cambio horario y de todas las discusiones teológicas del coche, yo tenía mucha hambre. Mientras caminábamos de vuelta hacia el coche, llevaba un buen rato imaginando un par de huevos con patatas fritas como almuerzo campestre. El primer pueblo que nos caía de paso nos ha provisto a todos de ese plato generosamente, menos una de las nuestras que ha preferido alitas de pollo.

Al volver a casa, he visto que las aguas están muy revueltas con la declaración conjunta entre luteranos y católicos. Mañana hago propósito de leer el documento y dar mi opinión.


Ahora me apresto para irme a la cama. ¿Qué nuevas aventuras eclesiales nos traerá el día de mañana? Sólo el Papa Francisco y el cardenal Burke pueden responder a esa pregunta.

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16:22
Lunes 31 de Octubre de 2016
De la feria
Verde.

Antífona de entrada         cf. Sal 37, 22-23
Señor, no me abandones, Dios mío, no te quedes lejos de mí; apresúrate a venir en mi ayuda, mi Señor, mi Salvador.

Oración colecta    
Dios omnipotente y lleno de misericordia, que concedes a tus fieles celebrar dignamente esta liturgia de alabanza; te pedimos que nos ayudes a caminar sin tropiezos hacia los bienes prometidos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas       
Te pedimos, Señor, que este sacrificio sea para ti una ofrenda pura, y para nosotros una fuente generosa de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión       cf. Sal 15, 11
Señor, me darás a conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia.

O bien:         cf. Jn 6, 57
Dice el Señor: “Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene vida, vivo por el Padre, el que me come vivirá por mí”.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre, que crezca en nosotros la acción de tu poder para que, restaurados con estos sacramentos celestiales, tu gracia nos prepare a recibir lo que ellos nos prometen. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        Flp 2, 1-4
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos.
Hermanos: Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, o la ternura y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por interés ni por vanidad. Que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás.
Palabra de Dios.

Comentario
San Pablo, como si fuera un padre de familia, se alegra con la unidad de los hijos. Y quizás ésa ha de ser una de las alegrías de los pastores: ver a su comunidad unida, celebrando con sinceridad la comunión. Arduo trabajo de la comunidad y del mismo pastor.

Sal 130, 1-3
R. ¡Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor!

Mi corazón no se ha enorgullecido, Señor, ni mis ojos se han vuelto altaneros. No he pretendido grandes cosas ni he tenido aspiraciones desmedidas. R.

Yo aplaco y modero mis deseos: como un niño tranquilo en brazos de su madre, así está mi alma dentro de mí. Espere Israel en el Señor, desde ahora y para siempre. R.

Aleluya        Jn 8, 31b-32a
Aleluya. “Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos y conocerán la verdad”, dice el Señor. Aleluya.

Evangelio     Lc 14, 1. 12-14
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Jesús dijo al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos. ¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”.
Palabra del Señor.

Comentario
No está mal invitar a los amigos y familiares a nuestras fiestas. Justamente con ellos queremos compartir nuestros mejores momentos. Sin embargo, el Evangelio nos invita a abrir nuestras miradas, a elevar el corazón, a integrar a quienes han sido expulsados, a recibir a los que los demás echaron, a restablecer la dignidad de los humillados.

Oración introductoria
Padre, que comprenda que sólo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama.

Petición
Jesús te pido que encuentre la felicidad en dar más que en recibir, y que entre menos cosas desee, soy más rico.

Meditación 

Hoy, el Señor nos enseña el verdadero sentido de la generosidad cristiana: el darse a los demás. El cristiano se mueve en el mundo como una persona corriente; pero el fundamento del trato con sus semejantes no puede ser ni la recompensa humana ni la vanagloria; debe buscar ante todo la gloria de Dios, sin pretender otra recompensa que la del Cielo. 

El Señor nos invita a darnos incondicionalmente a todos los hombres, movidos solamente por amor a Dios y al prójimo por el Señor. «Si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a los pecadores para recibir lo correspondiente» (Lc 6,34).

Esto es así porque el Señor nos ayuda a entender que si nos damos generosamente, sin esperar nada a cambio, Dios nos pagará con una gran recompensa y nos hará sus hijos predilectos. Por esto, Jesús nos dice: «Más bien, amad a vuestros enemigos; haced el bien, y prestad sin esperar nada a cambio; y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo» (Lc 6,35).

¿Te imaginas invitando a cenar a cien personas desconocidas? Si alguien hiciese eso hoy en día, lo mínimo que le pasaría es que saldría en las noticias del día siguiente. Lo "propio" es invitar a los amigos íntimos para pasárselo bien. ¿acaso está mal esto? No, ¡cómo va a estar mal convivir con los amigos!

No es esta la idea que nos quiere transmitir Jesucristo con el Evangelio de hoy. Aunque sea difícil verlo, Cristo nos está invitando en este pasaje a vivir la vida con una "elegancia superior", con la mirada puesta en el cielo. Porque quien invita a uno esperando recibir otra invitación sólo piensa en sí mismo, no tiene un horizonte que no vaya más allá de sus propios intereses. ¿Cómo se puede ser dichoso sin esperar una compensación material por lo que hacemos? ¿No será cierto que hay más felicidad en dar que en recibir, y que el que menos cosas desea es el más rico?

La labor de evangelizar, de llevar adelante la gracia gratuitamente no es fácil, porque no estamos nosotros solos con Jesucristo; existe también un adversario, un enemigo que quiere tener a los hombres separados de Dios. Y por eso siembra en los corazones la desilusión, cuando no vemos recompensado enseguida nuestro compromiso apostólico. El diablo cada día arroja en nuestros corazones semillas de pesimismo y amargura, y nos desanimamos. "¡No sale! Hemos hecho esto, no sale; hemos hecho lo otro y no funciona. Y mira esa religión cómo atrae a tanta gente y nosotros no". Es el diablo que introduce esto. Debemos prepararnos para la lucha espiritual. Esto es importante. No se puede predicar el Evangelio sin esta lucha espiritual: una lucha de todos los días contra la tristeza, contra la amargura, contra el pesimismo. Sembrar no es fácil, es más bello cosechar, pero sembrar no es fácil, y esta es la lucha de todos los días de los cristianos. 

Pidamos a la Virgen la generosidad de saber huir de cualquier tendencia al egoísmo, como su Hijo. 

Propósito
Ayudar a una persona sin esperar que me lo regrese. Dar sin esperar nada a cambio.

Diálogo con Cristo
Humildad y generosidad para servir, confiar más en tu Providencia y crecer en el amor a los demás, son los ingredientes que cambiarían el sentido de mi vida. Me cuesta desprenderme de mi tiempo, de mis haberes y talentos, como si algo fuera mérito mío. Por ello pido la intercesión de tu Madre, María, para que sepa imitarle en su servicio delicado y lleno de amor. 

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16:22


Narciso fue un obispo de Gerunda (hoy Gerona), martirizado junto al diácono Félix en el siglo IV. Su vida aparece narrada en varios martirologios, como el de Usuardo y el de Equilino. Según estás fuentes (llenas de datos fabulosos y de contradicciones), Narciso nació en Gerunda en el seno de una familia noble de la ciudad. Convertido en predicador, él y su diácono Félix visitaron la región de los Alpes y Alemania. Se instaló en Augsburgo, donde convirtió a la prostituta Afra y otras mujeres de su burdel. De vuelta a Gerunda, ciudad de la que se le supone obispo, fue martirizado junto a su diácono y a otros muchos fieles en el mismo lugar donde posteriormente se levantó la iglesia de San Félix.

Seguramente el Narciso de Augsburgo sea un santo distinto del de Gerona y su identificación se deba a la confusión de dos personajes homónimos.

El milagro de las moscas 

San Narciso es conocido por el llamado milagro de las moscas, insectos que, además, constituyen su atributo iconográfico más reconocible.2 En 1286, durante el asedio a Gerona de las tropas de Felipe II de Borgoña, del sepulcro del santo surgieron una multitud de moscas que atacaron a los soldados franceses que pretendía profanar su tumba y los hicieron huir, salvando a la ciudad del dominio extranjero.

Los teólogos de la Contrarreforma consideraron este episodio una simple leyenda y lo eliminaron de la hagiografía del santo.

Historia crítica  

Un primer análisis histórico crítico del San Narciso de Gerona nace a partir de las actas del martirio de Santa Afra de Augsburgo. Lo hace Manuel Mundó i Marcet (Asncari) (Barcelona 1923 - 2012), historiador y paleógrafo, en el artículo La autenticidad del sermón de Oliba sobre San Narciso de Gerona, publicado en los Anales del Instituto de Estudios Gerundenses, en 1974. Santa Afra ya tenía unas actas de martirio en el siglo VII. En tiempos de Carlomagno (VIII-IX) se añaden textos complementarios en los que aparecía San Narciso, su diácono Félix y la conversión de la santa. Mundó apunta a una posible intención político religiosa, para establecer, por medio del obispo Narciso, un nexo unificador entre las sedes episcopales de las marcas más alejadas del imperio francoː Augsburgo y Gerona. A principios del siglo XI la popularidad de San Narciso irá creciendo y acabará sustituyendo al santo patrón de Gerona antes de la invasión de los francos, San Félix de Gerona, quien vino de África con San Cucufato, y que sufrió el martirio en 304 en la ciudad de Gerona.

Festividad y patronazgo 

Su festividad se celebra el 29 de octubre. San Narciso es el patrono de las ciudades de Augsburgo y de Gerona. En esta última, se celebran en su honor las fiestas mayores de la ciudad y su comarca.

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