Nunca me ha gustado esa gente que habla a base de indirectas o de modo impersonal. Ya saben, esa forma de soltar cosas sin decir, pero diciendo: “aquí hay gente que se cree muy lista”, “hay personas que están deseando tal cosa”, “algún día quizá hable de algunas cosas gravísimas que me llegan”. Hablar así me parece simplemente de cobardes o matones.
El que es valiente, claro, quiere arreglar cosas y está dispuesto a arriesgarse por algo en lo que cree, se expresa y actúa de otra forma: da nombre y apellidos, lo suelta a la cara y, si la cosa lo requiere, se va al juzgado de guardia y pone la correspondiente denuncia.
Dicho esto, me ha decepcionado profundamente encontrarme con el prepósito general de la Compañía de Jesús, el P. Arturo Sosa, empleando esta forma de hablar en el Meeting de Rimini denunciando un complot de los sectores ultraconservadores contra Bergolio y lo que representa.
Yo a esto lo llamo tirar la piedra y esconder la mano, así de claro. No estamos hablando de una Rafaela cualquiera de Braojos ni de un jovenzuelo panamazónico. Hablamos nada menos que del padre general de la Compañía de Jesús, que por su cargo se supone debe tener un profundo conocimiento de la vida de la Iglesia y la prudencia necesaria para no alarmar ni soltar sin pensarlo afirmaciones tan graves.
Un complot. Perfecto. En algunos medios se habló en su momento de complot para manejar la sucesión de Juan Pablo II y complicar la vida a Benedicto XVI. Y los que hablaron de ese complot dieron nombre: la mafia de Saint Gall y dieron nombres: Danneels, Martini, Silvestrini, Kasper, Lehman, Hume y Van Luyn. Así hay que hacer las cosas.
Decir que si hay un complot ultraconservador, que para empezar podía explicarnos el P. Sosa exactamente qué cosa sea esa de ser ultraconservador y por qué es tan malo, en contra del santo padre y lo que representa, pero sin dar más detalles ni nombres de sus muñidores, no es más que asustar, levantar fantasmas por todas partes y tocar a generala para que esos malvados carcas puedan ser neutralizados.
También dijo el P. Sosa que hay personas, de dentro y fuera de la Iglesia, que quieren que el papa renuncie. Pues vaya noticia. Con mil trescientos millones de católicos y una población mundial de más de siete mil millones, solo faltaba. Habrá gente que quiera la renuncia del papa, otros que no, otros que nombren papisa a la Caram y no faltaran quienes nombrarían a la difunta mona Chita.
Pero es el P. Sosa. Y al padre Sosa, si habla, que vaya si habló, hay que exigirle nombres y datos, si los tiene, y si no los tiene, o no los puede dar en público, entonces que se calle, mayormente por no escandalizar, a no ser que escandalizar sea el objetivo. Lo que el prepósito general de los jesuitas ha hecho en mi pueblo se llama lanzar la piedra y esconder la mano. Y eso no lo hace ni Rafaela, que siempre habló clarito y con nombre y apellidos.
¿Hay un complot? Diga nombres, P. Sosa. ¿Hay gente promoviendo, buscando la renuncia de Francisco? Queremos nombres. Y si no, me va a permitir que no me crea una palabra.
Publicar un comentario