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05:41

Amigos me llaman esta mañana preocupados por la deriva de la política española ahora que estamos viviendo un cambio en la presidencia del gobierno que supone un evidente giro hacia la izquierda (y eso que ya lo de derecha e izquierda parece superado por otras cuestiones).  

Me dicen que nos pueden pasar cosas. El problema es que no sé si buenas o malas.

Tenemos sin problemas aborto, eutanasia, ideología de género. La economía que parece lo único que va medio decentemente, no consigue que sus frutos lleguen a los más débiles. No voy a seguir. Todos saben cómo están las cosas.

¿Y qué va a pasar con la Iglesia? Supongo que pocas cosas. Hace tiempo que las ofensas a los católicos están saliendo gratis y la desaparición de lo religioso de la vida pública va siendo un hecho. Podrían plantear tal vez quitar la crucecita de la declaración del IRPF, suprimir la enseñanza concertada. A lo menor nos hacían un favor. ¿Un favor? Sí, un favor.

Comenzamos por la crucecita del IRPF. Madrid es la diócesis que menos dependencia tiene de ella. Nos autofinanciamos en casi un 90%. Más lo sufrirían otras diócesis, muy especialmente las catalanas. Oigan, habida cuenta cómo están allí las cosas, lo mismo nos hacían un favor.

Si hablamos de enseñanza católica, buena parte de ella concertada, uno se pregunta para qué la queremos, porque los datos estadísticos hablan de que la enseñanza católica, en su gran mayoría concertada, atiende un total de más de un millón doscientos mil alumnos. A su vez, sabemos que la mitad de los jóvenes españoles no son creyentes.

No se trata solo de enseñanza. Según datos de la campaña “Por tantos” más de cuatro millones de personas han sido atendidas en centros de la Iglesia católica. Cáritas afirma que más de tres millones y medio de personas han pasado por sus servicios.

A lo que voy. Un millón doscientos mil alumnos. Tres millones y medio atendidos en Cáritas. Un 60 % de niños bautizados. Otros tantos que hacen su primera comunión con no menos de dos años de catequesis.

El fruto de nuestros desvelos, de nuestra buena voluntad, de nuestras tareas y actividades, es el de una España en la que más del 50 % de los jóvenes no son creyentes, y donde apenas un 70 % de la población española se considera católica, y bajando, cuando hace cuarenta años ese porcentaje pasaba del 90 %.

¿Y todavía nos preocupa lo que nos puedan hacer? Si fueran listos, dejarnos como estamos. Nos hemos acostumbrado a la tibieza, a comer cada día, a una pastoral sin ilusiones, a un hacer sin complicarnos la vida, a buscar la comodidad y huir de cualquier enfrentamiento. Lo mismo si nos persiguieran de verdad reaccionábamos. Hasta ahora simplemente nos vamos acomodando.

Si los agnósticos y los laicistas fueran listos, dejarían las cosas como están: crucecita para que no nos falte el rancho, subvenciones a colegios que tienen buen nivel, salen baratos al estado e ideológicamente acatan todo, dejarnos con nuestras procesiones folklóricas que atraen turistas, aprovecharse de una Cáritas que tapa las vergüenzas de unos gobiernos que hablan de pobres mientras pasan de ellos, y palmadita en la espalda agradeciéndonos el diálogo y la tolerancia, es decir, que vivamos en permanente exposición de la retaguardia so capa de necesidad de entendernos.

¿Y todavía tenemos miedo de lo que nos puedan hacer? Tranquilos. Para cargarnos la Iglesia no nos hace falta nadie. Nos bastamos y sobramos.  

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Los empleados de una empresa británica de trabajos públicos fueron pillados en flagrante delito de pereza tras haber sido cronometrados en el trabajo, donde sólo realizaban 57 minutos útiles sobre las ocho horas oficialmente ‘trabajadas’ a diario.
El control fue efectuado en primavera a iniciativa del Condado de Surrey, al sur de Inglaterra, para el cual la empresa Carillion debía realizar trabajos en la vía pública. El Condado reveló el resultado de la prueba este miércoles.
Los obreros en cuestión trabajaban de hecho menos de una hora, pasando el resto del tiempo discutiendo, bebiendo té o leyendo los periódicos. Sin contar las visitas a una pastelería o el pasar por un banco.
En un comunicado publicado este miércoles, Carillion aseguró que había “puesto en marcha nuevos procedimientos de administración”, asegurando que el caso en cuestión “debe ser tomado como un caso aislado, y no como la realidad cotidiana”.
Carillion, un grupo de trabajo público británico también implantado en Oriente Medio, Canadá y el Caribe, da trabajo a 17.000 personas en todo el mundo, de las que 13.500 están en el Reino Unido.

La pereza es el primer frente de lucha personal que debe abordar toda persona humana.


https://es.news.yahoo.com/31052006/159/57-minutos-efectivos-trabajo-ocho-horas.html
anecdonet.com
Juan Ramón Domínguez Palacios / http://anecdotasypoesias.blogspot.com.es

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Artículo del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, a propósito de algunas dudas.
«Permaneced en mí y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí» (Jn 15,4). Si la Iglesia puede ofrecer vida y salvación al mundo entero es gracias a estar arraigada en Jesucristo, su fundador.
 
Este arraigo tiene lugar en primer lugar a través de los sacramentos, en cuyo centro está la eucaristía. Instituidos por Cristo, son columnas fundantes de la Iglesia que la generan continuamente como su cuerpo y su esposa. Íntimamente ligado a la eucaristía se encuentra el sacramento del orden, en el que Cristo se hace presente en la Iglesia como fuente de su vida y de su obrar. Los sacerdotes son configurados «con Cristo Sacerdote, de tal forma, que pueden obrar en nombre de Cristo Cabeza» (Presbyterorum ordinis, n. 2).

Cristo quiso conferir ese sacramento a los doce apóstoles, todos hombres, que, a su vez, lo han comunicado a otros hombres. La Iglesia se ha reconocido siempre vinculada a esa decisión del Señor, la cual excluye que el sacerdocio ministerial pueda ser válidamente conferido a las mujeres. 
Juan Pablo II, en la carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, del 22 de mayo de 1994, enseñó, «con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia» (n. 4). La Congregación para la doctrina de la fe, en respuesta a una duda sobre la enseñanza de Ordinatio sacerdotalis, ha repetido que se trata de una verdad perteneciente al depósito de la fe.
En este sentido, produce seria preocupación ver surgir todavía en algunos países voces que ponen en duda el carácter definitivo de esta doctrina. Para sostener que no es definitiva, se argumenta que no ha sido definida ex cathedra y que, entonces, una decisión posterior de un futuro Papa o concilio podría cambiarla. Sembrando esas dudas se crea grave confusión entre los fieles, no solo sobre el sacramento del orden como parte de la constitución divina de la Iglesia, sino también sobre el magisterio ordinario que puede enseñar de modo infalible la doctrina católica.
En primer lugar, por lo que se refiere al sacerdocio ministerial, la Iglesia reconoce que la imposibilidad de ordenar mujeres pertenece a la «sustancia del sacramento» del orden (cfr. Denzinger-Hünermann, 1728). La Iglesia no tiene capacidad de cambiar esa sustancia, porque es precisamente a partir de los sacramentos, instituidos por Cristo, donde ha sido engendrada como Iglesia. No se trata solo de un elemento disciplinar, sino doctrinal, en cuanto afecta la estructura de los sacramentos, que son lugar originario del encuentro con Cristo y de la trasmisión de la fe. 
Por tanto, no estamos ante un límite que impediría a la Iglesia ser más eficaz en su actividad en el mundo. Si la Iglesia no puede intervenir, de hecho, es porque en ese punto interviene el amor originario de Dios. Él es quien actúa en la ordenación de los presbíteros, de modo que la Iglesia contenga siempre, en cada situación de su historia, la presencia visible y eficaz de Jesucristo «como fuente principal de la gracia» (Francisco, Evangelii gaudium, n. 104).
Consciente de no poder modificar, por obediencia al Señor, esta tradición, la Iglesia se esfuerza también en profundizar su significado, ya que el querer de Jesucristo, que es el Logos, nunca está privado de sentido. El sacerdote, en efecto, actúa en la persona de Cristo, esposo de la Iglesia, y su ser hombre es un elemento indispensable de esta representación sacramental (cfr. Congregación para la Doctrina de la Fe, Inter insigniores, n. 5). 
Ciertamente, la diferencia de funciones entre el hombre y la mujer no comporta ninguna subordinación, sino un enriquecimiento mutuo. Recuérdese que la figura completa de la Iglesia es María, la Madre del Señor, la cual no recibió el ministerio apostólico. Se ve así que lo masculino y lo femenino, lenguaje originario que el creador ha inscrito en el cuerpo humano, son asumidos en la obra de nuestra redención. 
Precisamente la fidelidad al designio de Cristo sobre el sacerdocio ministerial permite, entonces, profundizar y promover cada vez más el papel específico de las mujeres en la Iglesia, dado que «ni la mujer sin el hombre, ni el hombre sin la mujer, en el Señor» (1Cor 11,11). Además, se puede arrojar así una luz sobre nuestra cultura, a la que le cuesta comprender el significado y la bondad de la diferencia entre el hombre y la mujer, que toca también su misión complementaria en la sociedad.
En segundo lugar, las dudas levantadas sobre el carácter definitivo de Ordinatio sacerdotalis tienen consecuencias graves también en el modo de comprender el magisterio de la Iglesia. Es importante recordar que la infalibilidad no afecta solo a pronunciamientos solemnes de un concilio o del Sumo Pontífice cuando habla ex cathedra, sino también la enseñanza ordinaria y universal de los obispos dispersos por el mundo, cuando proponen, en comunión entre sí y con el Papa, la doctrina católica que debe considerarse definitiva. 
A esa infalibilidad se refirió Juan Pablo II en Ordinatio sacerdotalis. Así, no declaró un nuevo dogma sino que, con la autoridad que le fue conferida como sucesor de Pedro, confirmó formalmente e hizo explícito, con el fin de eliminar toda duda, lo que el magisterio ordinario y universal ha considerado a lo largo de toda la historia de la Iglesia como perteneciente al depósito de la fe. 
Precisamente ese modo de pronunciarse refleja un estilo de comunión eclesial, pues el Papa no quiso actuar solo, sino como testigo en escucha de una tradición ininterrumpida y vivida. Por otra parte, nadie negará que el magisterio pueda expresarse infaliblemente sobre verdades que están necesariamente conectadas con el dato formalmente revelado, ya que solo de ese modo puede ejercer su función de conservar santamente y exponer fielmente el depósito de la fe.
Prueba ulterior del compromiso con que Juan Pablo II examinó la cuestión es la consulta previa que quiso tener en Roma con los presidentes de las conferencias episcopales que estaban seriamente interesados en dicha problemática. Todos, sin excepción, declararon, con plena convicción, por la obediencia de la Iglesia al Señor, que esta no posee la facultad de conferir a las mujeres la ordenación sacerdotal.
Sobre esta enseñanza insistió también Benedicto XVI, recordando, en la misa crismal del 5 de abril de 2012, que respecto a la ordenación de las mujeres, «Juan Pablo II ha declarado de manera irrevocable que la Iglesia no ha recibido del Señor ninguna autoridad sobre esto». Benedicto XVI se preguntó a continuación, a propósito de algunos que no acogieron esta doctrina: «Pero la desobediencia, ¿es verdaderamente un camino? ¿Se puede ver en esto algo de la configuración con Cristo, que es el presupuesto de toda renovación, o no es más bien sólo un afán desesperado de hacer algo, de trasformar la Iglesia según nuestros deseos y nuestras ideas?»
Sobre el tema ha vuelto también el Papa Francisco. En su exhortación apostólica Evangelii gaudium, reafirma que «el sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión», e invita a no interpretar esta doctrina como expresión de poder, sino de servicio, de modo que se perciba mejor la igual dignidad de hombres y mujeres en el único cuerpo de Cristo (n. 104). 
En la conferencia de prensa, durante el vuelo de regreso del viaje apostólico a Suecia, el 1 de noviembre de 2016, el Papa Francisco recordó: «Sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia Católica, la última palabra clara fue pronunciada por san Juan Pablo II, y esta permanece».
En este tiempo, en que la Iglesia está llamada a responder a tantos desafíos de nuestra cultura, es esencial que permanezca en Jesús, como los sarmientos en la vid. Por eso el maestro nos invita a que sus palabras permanezcan en nosotros: «Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor» (Jn 15,10). 
Solo la fidelidad a sus palabras, que no pasarán, asegura nuestro arraigo en Cristo y en su amor. Solo la acogida de su sabio designio, que toma cuerpo en los sacramentos, fortalece las raíces de la Iglesia, para que pueda dar frutos de vida eterna.
Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Traducción de Luis Montoya.
Juan Ramón Domínguez Palacios / http://enlacumbre2028.blogspot.com.es

Profesores de religión de APPRECE
La sentencia del Tribunal Superior de Justicia da la razón a los obispos y a APRECE: se impartirán 90 minutos semanales en lugar de 45. 

 El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía anuló ayer la orden de la Junta de Andalucía por la que reducía las clases de religión de de 90 a 45 minutos semanales, dando así la razón a los obispos andaluces, que la habían recurrido junto con la asociación de profesores de Religión APPRECE. Este sindicato da las claves para ganar en otras comunidades.

Con este fallo, queda vigente el horario anterior y lo profesores de la asignatura de religión recuperan sus horas de clase, aunque está previsto que comiencen el curso que viene. Así informaba ayer un comunicado de los obispos del sur de España.  

Se trata de una sentencia que anula la parte de la orden que dejaba en manos de los directores de los colegios a reducir las horas de religión en Primaria.
Según ha podido saber Religión Confidencial, el sindicato de profesores de Religión APPRECE, que es el único que defiende en su totalidad a los maestros de esta asignatura, ha ido de la mano con los obispos en este asunto, no así como otros sindicatos.
Se ha echado de menos un apoyo explícito adheriéndose a las demandas para hacer más presión y trabajar juntos en la misma dirección como se ha hecho con otros asuntos laborables como el derecho a los sexenios. 
Así mismo, APPRECE ha presentado a las diócesis andaluzas distintos iinformes sobre la asignatura de religión y los derechos que les asisten. 

Cómo ganar los recursos 

Fuentes del sindicato de profesores desvelan a RC que en algunas comunidades autónomas se está perdiendo la batalla de las horas lectivas de la asignatura de religión porque no se presentan correctamente las alegaciones.
“En ocasiones se apela al derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus principios, o al principio de libertad protegida en la Constitución. Estos puntos son insuficientes. Los recursos estarán bien fundamentados y presentados, con amplias posibilidades de ganar, si se alega desde el punto de vista de los contratos entre el ministerio de Educación y el profesor de religión”, indican las mismas fuentes.
En esta línea, insisten en que los recursos también deben tener en cuenta quién es la entidad contratada y quien es el empleador. En el caso de Andalucía, quien contrata a un profesor de religión es el ministerio de Educación y, por lo tanto, la Junta no tiene potestad de conceder a los directores de los institutos y colegios públicos, decidir si reducen o no las horas lectivas.
Por úultimo, fuentes del sindicato sostienen que en APPRECE hay fundamentos legales y argumentos razonables para promover una escuela de todos y para todos en una convivencia pacífica. 
religionconfidencial.comJuan Ramón Domínguez Palacios / http http://lacrestadelaola2028.blogspot.com

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La iluminación representa al papa en una ceremonia de excomunión. Se le representa con la bula de excomunión en una mano y en la otra una vela que extinguirá, un acólito con una campana. En Roma no tengo constancia de que existiera esta ceremonia anglosajona de la que sí he hablado en alguno de mis libros y algún post. Si alguien nos puede iluminar si existió alguna ceremonia romana, se lo agradecería. A mí, no me consta.

Hoy he vuelto a escuchar el canto del Servicio del anatema que se reza en las iglesias ortodoxas un domingo al año. Podéis escuchar el canto aquí, después los comentarios.

Hay que reconocer que es una música poderosa: por el tono, la cadencia y el mismo contenido. El contenido es impresionante.

No se canta con esa belleza en todas las iglesias. La mayoría de párrocos hace lo que puede. Y el resultado está “bastante lejos” del canto que hemos escuchado.

Por supuesto que entre esos anatemas nos incluyen a nosotros los católicos sin nombrarnos explícitamente y, al mismo tiempo, anatematizan a aquellos que no consideren que los emperadores ortodoxos gobiernan según la voluntad de Dios o que no están ungidos por el Espíritu Santo.

Reconozco que fácilmente se me puede ocurrir una versión católica de tan bella ceremonia. Pero la gran cuestión es si algo así debe ser habitual (anual) o solo en algún momento concreto de la Historia. Porque no olvidemos que nuestra Iglesia Católica está empeñada en abrazar y no en anatematizar.

No digo que, a veces, no haya que excomulgar. A veces, hay que hacerlo. A veces, hay que expulsar. Pero Dios estará contento de que su santa Iglesia esté tan empeñada en atraer, en acoger, en amar y no en todo lo contrario. Aun así, a pesar de todo lo dicho, pienso que la Iglesia debe acoger y excomulgar, amar y señalar bien claro el error y, a veces, a los mismos heresiarcas.

No, no vería mal que en algunas catedrales o monasterios, alguna vez, se hiciera una liturgia muy mesurada, de palabras muy medidas, que fuera toda una reafirmación del concepto de ortodoxia católica, con una parte de negación y otra parte de afirmación. Algo muy cinematográfico, muy impresionante, estéticamente hablando, con un gran contenido teológico.

Pero en esos anatemas no habría que condenar ni a los protestantes ni a los ortodoxos. Porque, al revés, hay que seguir insistiendo en la verdad de que formamos una gran familia cristiana. Habría que pensar en una ceremonia para los males objetivos e indudables de dentro de la Iglesia.

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10:48


Viernes 01 de Junio de 2018
San Justino, mártir 
(MO) Rojo.

Justino nació en los primeros años del siglo II. De familia pagana, frecuentó las escuelas de filosofía de los estoicos, peripatéticos y pitagóricos. Una vez convertido al cristianismo, usó sus conocimientos para exponer nuestra religión en términos filosóficos. Su pensamiento quedó registrado en las dos Apologías y el Diálogo con Trifón, los cuales, además de tener valor teológico y filosófico, son excelentes fuentes para conocer las prácticas litúrgicas del cristianismo primitivo.

Antífona de entrada          Cf. Sal 118, 85. 46
Los malvados dijeron cosas vanas de mí, ignorando tu ley; pero yo daba testimonio de ti delante de los reyes, y no me avergonzaba.

Oración colecta     
Dios todopoderoso, que enseñaste al mártir san Justino la ciencia incomparable de Jesucristo, por la locura de la cruz, concédenos por su intercesión que, rechazando los engaños del error, obtengamos la firmeza de la fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Oración sobre las ofrendas        
Concédenos, Señor, celebrar dignamente estos misterios que con tanta valentía defendió san Justino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión        Cf. 1Cor 2, 2
No quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado.

Oración después de la comunión
Te pedimos, Padre, por este alimento celestial recibido, que, siguiendo las enseñanzas de san Justino, vivamos en continua acción de gracias. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Lectura        1Ped 4, 7-13
Lectura de la Primera carta del apóstol san Pedro.
Queridos hermanos: Ya se acerca el fin de todas las cosas; por eso, tengan la moderación y la sobriedad necesarias para poder orar. Sobre todo, ámense profundamente los unos a los otros, porque el amor cubre todos los pecados. Practiquen la hospitalidad, sin quejarse. Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que ha recibido el don de la Palabra, que la enseñe como Palabra de Dios. El que ejerce un ministerio, que lo haga como quien recibe de Dios ese poder, para que Dios sea glorificado en todas las cosas, por Jesucristo. ¡A él sea la gloria y el poder, por lo siglos de los siglos! Amén. Queridos míos, no se extrañen de la violencia que se ha desatado contra ustedes para ponerlos a prueba, como si les sucediera algo extraordinario. Alégrense en la medida en que puedan compartir los sufrimientos de Cristo. Así, cuando se manifieste su gloria, ustedes también desbordarán de gozo y de alegría.
Palabra de Dios.

Comentario
Esta comunidad está sufriendo por los ataques que recibe. ¿Qué debe hacer en medio de todo eso? Seguir amando, y amando en lo concreto: con buenas obras, piadosas palabras, hospitalidad y servicio. Así es como se da testimonio de la fe en Jesucristo, aun en medio de un ambiente que se opone a la fe.

Sal 95, 10-13
R. ¡El Señor viene a gobernar la tierra!

Digan entre las naciones: “El Señor reina!”. El mundo está firme y no vacilará. El Señor juzgará a los pueblos con rectitud. R.

Alégrese el cielo y exulte la tierra, resuene el mar y todo lo que hay en él; regocíjese el campo con todos sus frutos, griten de gozo los árboles del bosque. R.

¡Griten de gozo delante del Señor, porque él viene a gobernar la tierra; él gobernará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad! R.

Aleluya        cf. Jn 15, 16
Aleluya. “Yo los elegí del mundo, para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero”, dice el Señor. Aleluya

Evangelio     Mc 11, 11-25
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.
En aquel tiempo, después de que la gente lo había aclamado, Jesús entró en Jerusalén, en el Templo. Y después de observar todo a su alrededor, siendo ya tarde, salió con los Doce para Betania. 

Al día siguiente, saliendo ellos de Betania, sintió hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si encontraba algo en ella; acercándose a ella, no encontró más que hojas; es que no era tiempo de higos. Entonces le dijo: «¡Que nunca jamás coma nadie fruto de ti!». Y sus discípulos oían esto. 

Llegan a Jerusalén; y entrando en el Templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y a los que compraban en el Templo; volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas y no permitía que nadie transportase cosas por el Templo. Y les enseñaba, diciéndoles: «¿No está escrito: ‘Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las gentes?’.¡Pero vosotros la tenéis hecha una cueva de bandidos!». Se enteraron de esto los sumos sacerdotes y los escribas y buscaban cómo podrían matarle; porque le tenían miedo, pues toda la gente estaba asombrada de su doctrina. Y al atardecer, salía fuera de la ciudad. 

Al pasar muy de mañana, vieron la higuera, que estaba seca hasta la raíz. Pedro, recordándolo, le dice: «¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca». Jesús les respondió: «Tened fe en Dios. Yo os aseguro que quien diga a este monte: ‘Quítate y arrójate al mar’ y no vacile en su corazón sino que crea que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis. Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas».
Palabra del Señor.

Comentario
Jesús dijo estas cosas en tiempos cercanos a la pascua, cuando había que tener mucho cuidado porque la vigilancia estaba reforzada ante la llegada de gran cantidad de gente a Jerusalén. Pero Jesús no parece preocuparse por eso, y se apoya en la Escritura, en los versos del profeta, para denunciar el atropello de las autoridades.

Oración introductoria
Señor Jesús, hoy que iniciamos el mes dedicado a tu Sagrado Corazón, quiero ofrecerte toda mi vida, que su fuente seas Tú, que su fin sea cumplir la voluntad de Dios. Creo, espero y te amo. 

Petición
Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. 

Meditación

Hoy, fruto y petición son palabras clave en el Evangelio. El Señor se acerca a una higuera y no encuentra allí frutos: sólo hojarasca, y reacciona maldiciéndola. Según san Isidoro de Sevilla, “higo” y “fruto” tienen la misma raíz. Al día siguiente, sorprendidos, los Apóstoles le dicen: «¡Rabbí, mira!, la higuera que maldijiste está seca» (Mc 11,21). En respuesta, Jesucristo les habla de fe y de oración: «Tened fe en Dios» (Mc 11,22).

Hay gente que casi no reza, y, cuando lo hacen, es con vista a que Dios les resuelva un problema tan complicado que ya no ven en él solución. Y lo argumentan con las palabras de Jesús que acabamos de escuchar: «Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis» (Mc 11,24). Tienen razón y es muy humano, comprensible y lícito que, ante los problemas que nos superan, confiemos en Dios, en alguna fuerza superior a nosotros. 

Pero hay que añadir que toda oración es “inútil” («vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo»: Mt 6,8), en la medida en que no tiene una utilidad práctica directa, como —por ejemplo— encender una luz. No recibimos nada a cambio de rezar, porque todo lo que recibimos de Dios es gracia sobre gracia.

Por tanto, ¿no es necesario rezar? Al contrario: ya que ahora sabemos que no es sino gracia, es entonces cuando la oración tiene más valor: porque es “inútil” y es “gratuita”. Aun con todo, hay tres beneficios que nos da la oración de petición: paz interior (encontrar al amigo Jesús y confiar en Dios relaja); reflexionar sobre un problema, racionalizarlo, y saberlo plantear es ya tenerlo medio solucionado; y, en tercer lugar, nos ayuda a discernir entre aquello que es bueno y aquello que quizá por capricho queremos en nuestras intenciones de la oración. Entonces, a posteriori, entendemos con los ojos de la fe lo que dice Jesús: «Todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo» (Jn 14,13).

Propósito
Hacer un examen de mi estilo vida para evaluar qué tipo de testimonio doy de mi fe.

Diálogo con Cristo
Señor Jesús, qué difícil resulta ir contra corriente y qué fácil es auto engañarme para justificar mi falta de testimonio y coherencia vida. Te doy gracias por esta oportunidad de poder dialogar contigo, porque la oración tiene el poder de desterrar los vicios y actitudes negativas que me alejan del amor. Permite que me deje contagiar del celo que te devoraba por cumplir siempre, y en todo, la voluntad de Dios. 

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