Ya está aquí el viento sahariano que trae arena del desierto y dromedarios en suspensión que se precipitarán sobre nuestras cabezas el día menos pensado. Suena la alerta roja en toda la Península. Moriremos abrasados si no nos colocamos un sombrero panamá sobre la testa y nos olvidamos de beber tres o cuatro litros de agua cada día hasta sentir los primeros síntomas de ahogamiento. Protección solar, por favor; que nadie salga a la calle sin embadurnarse bien el cutis. Ojo a los insectos, que son muy malos y pueden traernos el ébola. El mosquito tigre ya enseña los dientes y la avispa china ataca sin piedad a nuestra encantadora avispa autóctona, que tanto nos ama. Los vencejos recién llegados de África gritan histéricos contra el cambio climático mientras vuelan como saetas en lo alto del Ministerio de Hacienda. Les está bien empleado (a los del ministerio, no a los vencejos). Desaparecen los gorriones por culpa de los gatos, que, a falta de niños, se han convertido en las mascotas preferidas del personal. Chillan las cotorras argentinas que han invadido nuestros jardines y responde las cotorras de Kramer, que pelean contra ellas con idénticas armas. Sube la cuenta de la luz por mor de los aparatos de aire acondicionado y las tiendas de chinos venden abanicos ilustrados con aves exóticas.
—¿Qué está pasando, amigo Homero?
—Elemental, colega: la tierra está saliendo de la llamada "Glaciación de Würm", que tuvo lugar en la etapa Cuaternaria y todavía dura. En aquella época, bien reciente, los casquetes ocuparon grandes superficies de los continentes, disminuyó la superficie de los océanos y las temperaturas en todo el globo se desplomaron. Ahora el Planeta se calienta poco a poco hasta que llegue la próxima glaciación.
—¿Y cuándo ocurrirá el cambio al revés?
—En noviembre, sin falta.
—¿Es verdad todo eso?
—Por supuesto que no; pero de algo hay que hablar ahora que llega el verano y hace muchísimo calor como toda la vida. Ponme una cervecita, anda.
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