De la feria. Verde.
San Francisco de Sales, obispo y doctor. Blanco.
María Reina de la Paz. Blanco..
Francisco, luego de recibirse de abogado, decidió seguir el camino del sacerdocio. Comprendió la necesidad de predicar la Palabra de Dios a través de nuevos medios y enfrentar a la doctrina calvinista. Así difundió las ideas católicas repartiendo de casa en casa un periódico que él mismo escribía y editaba. Sus obras más conocidas son El Tratado sobre el Amor de Dios y la Introducción a la vida devota. Murió el 28 de diciembre de 1622 en Lyon y fue canonizado en 1655.
La advocación de María, Reina de la Paz, se originó en la ciudad española de Toledo, a fines del siglo XI. De allí, se extendió por toda España y, más tarde, pasó a América. San Juan Pablo II, al rezar la oración Mariana del Ángelus un 1 de enero, dijo lo siguiente: “Que María, Reina de la Paz, nos ayude a todos a construir juntos este bien fundamental de la convivencia humana. Sólo de este modo se podrá avanzar por los caminos de la justicia y de la fraterna solidaridad”.
Antífona de entrada cf. Sal 65, 4
Toda la tierra se postra ante ti, Señor, y canta en tu honor, en honor de tu nombre.
Oración colecta
Dios todopoderoso y eterno, que gobiernas el cielo y la tierra, escucha las súplicas de tu pueblo y concede tu paz a nuestro tiempo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
O bien de san Francisco de Sales
Señor y Dios nuestro, que para la salvación de los hombres quisiste que el obispo san Francisco de Sales se hiciera todo para todos, concédenos que, a ejemplo suyo, manifestemos siempre la mansedumbre de tu amor en el servicio a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo…
O bien de María, Reina de la Paz
Padre santo, que por medio de tu Hijo único otorgas la verdadera paz a los hombres del mundo entero, concédenos; por la intercesión de la Virgen María, que todos gocemos de tranquilidad y permanezcamos unidos en el amor fraterno. Por nuestro Señor Jesucristo…
Oración sobre las ofrendas
Concédenos, Señor, participar dignamente de estos misterios, pues cada vez que celebramos el memorial del sacrificio de tu Hijo, se realiza la obra de nuestra redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Antífona de comunión cf. Sal 22, 5
Tú preparas ante mí una mesa, y mi copa rebosa.
O bien: 1Jn 4, 16
Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él.
Oración después de la comunión
Infunde en nosotros, Padre, tu espíritu de amor, para que, saciados con el único Pan de vida, permanezcamos unidos en la misma fe. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Lectura Heb 7, 25—8, 6
Lectura de la carta a los Hebreos.
Hermanos: Jesús puede salvar en forma definitiva a los que se acercan a Dios por su intermedio, ya que vive eternamente para interceder por ellos. Él es el Sumo Sacerdote que necesitábamos: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima del cielo. Él no tiene necesidad, como los otros sumos sacerdotes, de ofrecer sacrificios cada día, primero por sus pecados, y después por los del pueblo. Esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. La Ley, en efecto, establece como sumos sacerdotes a hombres débiles; en cambio, la palabra del juramento –que es posterior a la Ley– establece a un Hijo que llegó a ser perfecto para siempre. Este es el punto capital de lo que estamos diciendo: tenemos un Sumo Sacerdote tan grande que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo. Él es el ministro del Santuario y de la verdadera Morada, erigida no por un hombre, sino por el Señor. Ahora bien, todo Sumo Sacerdote es constituido para presentar ofrendas y sacrificios; de ahí la necesidad de que tenga algo que ofrecer. Si Jesús estuviera en la tierra, no podría ser sacerdote, porque ya hay aquí otros sacerdotes que presentan las ofrendas de acuerdo con la Ley. Pero el culto que ellos celebran es una imagen y una sombra de las realidades celestiales, como Dios advirtió a Moisés cuando éste iba a construir la Morada, diciéndole: “Tienes que hacerlo todo conforme al modelo que te fue mostrado en la montaña”. Pero ahora, Cristo ha recibido un ministerio muy superior, porque es el mediador de una Alianza más excelente, fundada sobre promesas mejores.
Palabra de Dios.
Comentario
El autor marca una gran diferencia entre el sacerdocio del Templo, y el de Jesús. Que el primero tenga que ofrecer sacrificios continuamente indica que es frágil y limitado, mientras que Cristo, al ser el sacerdote eterno, el hijo de Dios, ofrece un único sacrificio, para siempre.
Sal 39, 7-10. 17
R. ¡Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad!
Tú no quisiste víctima ni oblación; me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: “Aquí estoy”. R.
En el libro de la Ley está escrito que tengo que hacer: Yo amo. Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mí corazón. R.
Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea: no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor. R.
Que se alegren y se regocijen en ti todos los que te buscan y digan siempre los que desean tu victoria; “¡Qué grande es el Señor!”. R.

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