Contemplar deriva de “templum”, templo. Antiguamente designaba un lugar abierto, desde el que la vista podía extenderse. En la perspectiva bíblica, sin embargo, el templo es el lugar en el que habita el Señor.
Pero el contemplativo ensancha desmesuradamente el área del templo. Porque descubre y ve que Dios está en acción, secretamente, en el mundo, en los acontecer de la historia, en el corazón del hombre. El templo es el mundo, lugar de la “manifestación escondida del Señor”.
A Dios no lo alcanzamos con los itinerarios complicados de la mente. Él nos alcanza con la Revelación. Y la contemplación constituye el instrumento privilegiado para esto.
A. Pronzato
A. Pronzato

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