Volver a la Sierra


Esto es un diario y poco más. De momento me limito a mantener el globo en el aire. Quizá mañana remontemos el vuelo, si el Señor me echa una mano y me visitan las musas.
Acabo de volver a La Acebeda y aquí estaré hasta el próximo domingo por la mañana. Debo atender una convivencia, a la que asistirán, si no fallan todos los cálculos, una veintena de profesionales. Para mí será un tiempo de descanso, no sé si merecido. Sólo tendré que predicar una meditación por la mañana, confesar, charlar con quien quiera echar una parrafada, y, quizá, dar alguna clase.
He salido de Madrid hace una hora. El tiempo era espléndido y los termómetros subían camino de los 30 grados.  Aquí, en Miraflores de la Sierra, a 1.250 metros de altura, chispea sin mucha convicción y sopla una brisa fría estimulante.
Termino de deshacer la maleta y, después de comprobar que la wifi responde, salgo de mi habitación para saludar a los que van llegando.
--¿Y los pájaros?
Esta vez tendrán que venir ellos a devolverme la visita. Este otoño no invita a salir de casa.
13:26

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