Todos estamos de acuerdo en pensar que los niños deben tener varios Angeles de la Guarda. Y me imagino que tienen trabajo todo el día.
Es que los niños no suelen ver el peligro.
Los niños son capaces de exponerse a cualquier cosa porque no ven el peligro.
Lo sé por experiencia. Me encantaban los riesgos.
Subirme a los pinos, balancearme en las puntas e imitar a Tarzán tirándome de uno a otro y apostar a ver cuantos lograba pasar.
En los niños se entiende, porque son niños.
Pero ¿cuántos Angeles necesitaremos los mayores?
Porque, por muy mayores que seamos, también hemos perdido el miedo a muchas cosas.
¿No le hemos perdido miedo al pecado?
¿No le hemos perdido miedo a perder la gracia de Dios?
¿No le hemos perdido miedo a los peligros que nos pueden privar de la gracia?
¿No le hemos perdido miedo a olvidarnos de Dios en nuestras vidas?
¿No le hemos perdido miedo a alejarnos de Dios?
¿Y nos hemos preguntado el por qué?
¿No será porque:
Confiamos demasiado en nosotros?
Nos creemos autosuficientes?
Vivimos esclavos de nuestros instintos y pasiones?
Vivimos esclavos de nuestras ansias de tener?
Vivimos sin pensar en el más allá?
Pero sobre todo, por algo en lo que reflexionamos poco:
El pecado suele vestirse siempre de mentira.
El pecado se esconde siempre detrás de alicientes que nos atraen.
El pecado se suele camuflar de felicidad.
El pecado se suele camuflar de pasárnoslo a lo grande.
El pecado se suele maquillar de bondad.
El pecado se suele maquillar de “esto lo hacen todos”.
Por eso, las tentaciones de Jesús:
Comienzan terminado el Carnaval donde todos usamos máscaras.
Y porque el tentador se presenta no como un peligro.
Se presenta bajo la máscara de la adulación.
Se presenta bajo la máscara de la mentira.
No seas tonto pasando hambre cuando tú puedes convertir las piedras en panes.
Mira que todo el mundo te admira si te ve tirarte de la punta de la torre del templo.
Serás todo un espectáculo y además Dios te recogerá en sus manos para que no te hagas daño.
Mira los poderoso que serás cuando te dé todos los reinos de la tierra que serán tuyos si postrado me adoras.
No carecerás de nada.
Serás el más grande de todos.
Todos te servirán.
Las tres tentaciones presentan el pecado como envuelto en papel regalo.
Las tentaciones se presentan como triunfos en la vida.
No en vano Jesús, más tarde, le llamó “padre de la mentira”.
Porque el pecado nunca se presenta como pecado.
Se presenta:
Como placer.
Como éxito.
Como felicidad.
Como gustoso.
Jesús era demasiado listo para dejarse ganar tan fácilmente.
Lo que nos sucede a nosotros es lo contrario.
Creemos más fácilmente a la mentira que a la verdad.
Si me lo permiten yo diría que caemos “más que por malos”, por “tontos”.
Tengamos los ojos de la conciencia abiertos para que no nos metan gato por liebre.
Una aventura amorosa nos la pintan de colores.
Un aborto nos lo pintan como “evitar un problema”, además “el feto viene con defectos”.
Una contabilidad falsa se nos presenta como una oportunidad que demos perder.
Sólo los tontos pierden la ocasión.
Por eso, le hemos perdido miedo al pecado.
Porque hoy se dice que el pecado no existe.
Además el cielo está aquí en la tierra.
¡Ojo a la mentira que nos engaña con papel regalo!
Clemente Sobrado C. P.
Archivado en: Ciclo A, Cuaresma Tagged: demonio, diablo, pecado, tentacion
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