12 de junio. Miércoles de la X semana durante el año.

1. (Año I) 2 Corintios 3,4-11


a) «Nuestra capacidad nos viene de Dios». Pablo reconoce que no hubiera podido superar las dificultades que le han ido saliendo en el camino, si no hubiera sido por la ayuda de Dios, que es quien le ha dado el ministerio que tiene como apóstol. Ese ministerio apostólico que a Pablo le urge defender contra los ataques de sus enemigos.


Pablo compara el AT con el NT. Su apostolado es ser «servidor de una nueva Alianza».


La Alianza que selló Moisés era «letra», no valía para transmitir vida, sólo servia para denunciar. La que nos ha transmitido Jesús es «espíritu» y nos alcanza el perdón y la vida.


Si la Alianza de Moisés, caduca y grabada en piedra, se recibió con tanto resplandor, cuánto más la Nueva Alianza de Jesús, que es definitiva y nos da su propio Espíritu.


Aquí Pablo estudia la difícil relación entre la ley antigua y la nueva, un tema muy parecido al de la Carta a los Hebreos. Él está muy contento de que le haya tocado anunciar la Alianza de Jesús,y por eso no quiere que los fieles de Corinto se dejen engañar y vuelvan a la antigua.


b) En la vida de un cristiano, sobre todo si se dedica a algún tipo de apostolado, tiene que haber unas convicciones claras, sin las cuales le resultará difícil perseverar en su camino.


También nosotros, como Pablo, ponemos nuestra confianza en Dios: por la fuerza que él nos comunica, y no por nuestras cualidades, es como podemos seguir adelante, viviendo en cristiano y haciendo algo para el bien de los demás.


Lo que intentamos transmitir a otros, con nuestra palabra y nuestro testimonio de vida, es la novedad absoluta de Jesús, su estilo de vida, la Nueva Alianza sellada por su Espíritu, de la que participamos cada vez que celebramos la Eucaristía: «mi Sangre de la Nueva Alianza».


Si en el AT «Moisés y Aarón con sus sacerdotes invocaban al Señora y él les respondía», como nos ha hecho decir el salmo, y descubrían la cercanía de Dios en sus vidas, cuánto más nosotros, que conocemos y seguimos al Hijo mismo de Dios, el Sacerdote supremo, a quien nos unimos para alabar a Dios e interceder por la humanidad.


2. Mateo 5,17-19


a) Jesús, en el sermón de la montaña, compara el AT con el NT: un tema que no resultaba nada fácil para los primeros cristianos.


Jesús criticó repetidas veces las interpretaciones que se hacían de la ley de Moisés, pero no la desautorizó, sino que la cumplió e invitó a cumplirla, porque, durante siglos, había sido, para el pueblo elegido, la concretización de la voluntad de Dios.


No ha venido a abolir el AT, sino a perfeccionarlo, a llevarlo a su plenitud. Pondrá, sucesivamente, varios ejemplos (referentes a la caridad fraterna, la fidelidad conyugal, la claridad de la verdad). Siempre en la línea de una interiorización vivencial, sin conformarse con el mero cumplimiento exterior.


b) El AT no está derogado. Está perfeccionado por Jesús y su evangelio.


Los mandamientos de Moisés siguen siendo válidos. La Pascua de Israel ya fue salvación liberadora, aunque tiene su pleno cumplimiento en la Pascua de Cristo y en la nuestra. La Alianza del Sinaí (Juan Pablo II la llamó «la nunca derogada primera Alianza») ya era sacramento de salvación, pero ahora ha recibido su plenitud en el sacrificio pascual de Cristo en la cruz y en su celebración memorial de la Eucaristía. Lo mismo podemos decir de los sacrificios y del sacerdocio y del Templo y del Pueblo elegido de Dios: en el NT llegan a su realización definitiva en Cristo y su Iglesia.


Seguimos leyendo con interés el AT, como palabra eficaz de Dios e historia de salvación, como diálogo vivo entre la fidelidad de Dios y la manifiesta infidelidad de su pueblo. En algunos aspectos -el sábado, la circuncisión, el Templo, los sacrificios de corderos- la nueva comunidad de Jesús se ha distanciado de la ley antigua. Pero, en la mayoría de sus elementos, sigue consciente de la gracia salvadora de Dios que ya empezó entonces y continúa ahora: basta recordar cómo seguimos rezando los salmos del AT. Eso sí, conscientes de que Jesús ha llevado a su perfección todo lo que se nos dice en el AT, como lo ha hecho en este sermón de la montaña con el novedoso programa de sus bienaventuranzas. No nos lo ha hecho más fácil, sino más profundo e interior.


«Nuestra capacidad nos viene de Dios» (1ª lectura I)


«Quien cumpla y enseñe estos preceptos será grande en el Reino de los Cielos» (evangelio)




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